El señor “D”
Tenía una forma particular de caminar, cojeaba de la pierna izquierda. Usaba un sombrero Outback de fieltro, bien centrado, en su mano izquierda portaba un bastón blanco.
-Señorita Florencia, deténgase un momento.
-Como sabe mi nombre ¿Usted quién es?
-Soy el señor “D” y tengo que entregarle este papel, léalo cuando yo me haya ido.
-Pero…pero…
El señor “D” se perdió en la multitud de la gran ciudad y Florencia lo perdió de vista, no le dio mucha importancia y guardó el papel en su cartera. Al llegar a su trabajo, saca el celular de un bolsillo de la cartera y cae el papel prolijamente doblado en la mitad lo abre y lo que leyó le cambió la vida para siempre.
Al mes siguiente, se enteró que estaba embarazada, entonces rompió el papel y lo quemó, como le habían dicho.
Hernán, joven talentoso deportista, llevaba una vida sana, llena de ímpetu respecto a lo correcto. Nada de lo que hacía se tergiversaba de su proyecto de vida, de sus metas tangibles de la realidad que había elegido…ser sano.
-Pero que hace viejo, no ve que estoy corriendo, no se dio cuenta que vengo de este lado y usted de ese, ¿Por qué se cruzó de su lugar?
-Perdón Hernán, es que tengo que date algo.
-Quién es usted para llamarme por mi nombre, yo no lo conozco…
-Soy el señor “D” te pido perdón y te entrego este papel. Adiós.
-Espere –Hernán se dio vuelta y el viejo no estaba más, leyó el papel, lo destrozó en mil pedazos y siguió corriendo, lo encontraron muerto a cien metros de allí, dicen que murió de un paro cardíaco.
Jorge, cincuentón, de buena presencia, audaz con las mujeres y el descontrol, se manejaba de noche, sumergido en el alcohol y los excesos de todas sus formas, drogas, cigarros, etc. Le gustaba ir a boliches de música electrónica, sabía que allí las jóvenes deambulaban acérrimamente, eran su debilidad y el las cazaba como un lobo feroz. Ellas estaba de acuerdo en ir con él, tenían sexo consensuado, a veces…
En ocasiones se despertaba en hoteles de mala muerte, con señoritas desconocidas, hediento de noche y sexo. Ese día se despierta, y estaba él al pie de la cama.
-¿Que hace usted acá, quién es, qué quiere?
-Uf..cuantas preguntas, soy el señor “D” y tengo que entregarle este papel. Que tenga buen día – y se retiró.
Desenrosco el papel que el viejo le había dado cual pergamino, y lo leyó en voz alta…la niña que tienes al lado es tu hija y la has asesinado, tú vivirás hasta los 98 años, con ese dolor en el alma.
…y así fueron pasando historias, momentos, circunstancias, sorpresas. Ahora te dejo tu papel en ese link, hace click y verás…verás.
El link. Click aquí y sabrás tu destino...si te animas.
Mxyad(Ricardo) www.puertoarial.com