Happy Birthday
By
Gabriel Castll
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Gabriel Castll
A Jesús un individuo fue porque su hija estaba enferma de juventud. Jesús le recibió apaciblemente porque sabia, que tendría que trabajar mucho para echarle el demonio fuera a la niña. Aquel hombre entonces quiso pagar a Jesús por sus servicios, pero Jesús sabiendose amo y señor del universo se negó a cobrar por sus milagros; con el simple goce de la niña sería suficiente para él, como pago.
El hombre marchó y Jesús detrás de él con un par de los suyos ¡pero a distancia, ya que deseaba imaginar como sería hacer a la merecedora del reino ¡una mujer de rostro radiante!, cuando hubo visualizado todo detalle sonrió y apresuró la marcha. Llegaron a casa de aquel individuo que amaba a su hijita, sitio donde las mujeres lloraban porque no había hombre sabio que curase a la niña en su dolor y hombres que trataban de trepar a la casa de aquel padre de la jovencita, para descender por el techo (casi me brinco la barda) blanco y ayudar a la niña, a ser salva del tormento que le embargaba muy dentro.
Jesús entonces habló fuerte para que los hombres huyeran, las mujeres tuvieran paciencia y le esperasen para después rezar con él, ¡Ave María Purísima! Y con el pecado concebido de manos de Jesús el ungido. Todos se apartaron menos las mujeres que deseaban entrar con él, pero aquel las detuvo; ya que eran mayores y la niña necesitaba conocer el reino de dios, antes de morir en los brazos del hijo del hombre para después, ser de nueva cuenta resucitada, recogiendola de sus aposentos para ser elevada por los cielos en vivas y ayes de mucho goce por parte de Jesús y de los suyos y la envidia de aquellos, que no fueron invitados a la consagración de una niña al cuerpo del Cristo. Todas se quedaron con las lagrimas bañandoles los ya húmedos ojos y Jesús feliz, entró solo a la habitación de la jovencita, aquella tan pronto le miró se supo dichosa ya que en su cumpleaños se le concedía el milagro de ser visitada por Jesús; el afamado pollino de rostro noble y riqueza espiritual inmensa, además de ser dotado de gran cultura y como todo caballero... cedía el lugar donde permanecía sentado ¡a toda dama!, para que fuera el alma de la fiesta. Jesús se supo admirado por la jovencita y haciendo uso de toda su simpatía le contó un chiste a la niña, aquella se ruborizó (como ya comprenderás ¡Reina mía!) Y mostró cuan dichosa era por la compañía de Jesús, Jesús entonces le mostró una velita mágica a la niña y aquella mostró al hijo de dios, su maravilloso pastel de vainilla (bello pastel para decorar con betun).
Jesús se supo dichoso, era quien iba a otorgar regalo y favor, para colmar de bendiciones a la nueva mujer del reino y aquella, le obsequiaba su pastel, le recibía amablemente en su casa y de paso, le concedería el honor de ser el único hombre que tendría parte en su fiesta, la de su cumpleaños, ese mágico aniversario en el que la niña ¡trasciende a mujer!. Jesús entonces otorgó a la niña el regalo y con éste, su velita mágica; aquella sopló y sopló y Jesús se hinchó de emoción, se ruborizó al sentirse amado por una jovencita y alegre dejó escapar una sonrisaç; su radiante rostro fue besado en agradecimiento por aquel gesto, por la niñita, niñita que le enjugó las lagrimas que de los rollizos ojos escapaban por tanta felicidad en la fiesta de cumpleaños, de una santa.
Jesús y niña se fundieron en un abrazo, pero el diablo que no deseaba que hubiera paz entre aquellas dos almas se interponía entre uno y otra, pero aquellos sacando fuerzas del espíritu luchaban para no dejarse vencer y en tentación, hacían temblar al diablo por la majestuosa forma en que se amaban (se entendían perfectamente). El diablo no pudo mas y se proclamó derrotado, la mujer se supo dichosa al poder vencer al demonio que la tentaba y la hacia entrar en confrontación con el Cristo, Jesús en cambio se supo derrotado, pero tendría tiempo para recuperar fuerzas y con tan buen pastel en mano, comenzó a comerlo y compartió el betún con la santa mujer. Varón y hembra se abrazaron de nueva a cuenta y dieron rienda suelta a su alegría, con tanta felicidad que se proporcionaban al estár unidos en tan natural milagro (pero no todo era felicidad, se peleaban, luego se reconciliaban porque se extrañaban, luego se volvían a pelear, luego juntos cual niños estaban y en constantes peleas y reconciliaciones, su dichosa existencia transcurría).
Fuera del reino de la niña todo era envidia por parte de los hombres que habían regresado y alegría, por aquellas que ya habían sido llevadas al cielo y sentadas a la diestra y con siniestra por parte de dios y de sus tres invitados a las bodas y el banquete, banquete que es proporcionado por la mujer y en la cual sirve el hombre, su mejor ración, su mejor talento y el único don, que la mujer le envidia.
¡Feliz cumpleaños! No se me ocurría nada por eso me tardé en felicitarte, pero gracias a mi buena memoria y a mí maliciosa mente (como tú... comprenderás), pude lograr escribir tan bella historia, que parece irreal, pero que tu, yo y aquel, sabemos que es la verdad absoluta.