Tim Flach tiene que armarse de paciencia y disparar su cámara cientos y cientos de veces para captar ese gesto, esa mirada, postura o movimiento que hace que sus fotografías de animales sean tan especiales, admiradas y bellas, y, sobre todo, que los retratados parezcan tan humanos o más que muchos seres humanos.
"Más que humanos" es precisamente el título del último libro de este londinense, de 54 años, en el que ha recopilado sus instantáneas más recientes. A través de la fotografía de animales, domésticos y salvajes, libres o en cautividad, está empeñado en hacernos ver "cómo los humanos moldeamos la naturaleza y como ésta nos moldea a nosotros".
El resultado es un universo fotográfico "un tanto irónico", reconoce, que él moldea "como si fuera un óleo, un cuadro". "Me divierte comprobar -dice- cómo muchas personas, cuando miran una de mis fotografías, se preguntan si lo que están viendo es real, natural, o un montaje".
Tim Flach insiste una y otra vez que en su fotografía no "hay truco de ningún tipo". "Todo es real y el resultado de muchas horas de paciente trabajo" en su estudio, a donde lógicamente sólo puede llevar animales domésticos, en parques zoológicos e, incluso, en plena naturaleza.
"No es fácil ponerse delante de un animal y proyectar nuestros propios valores en ellos. Hay siempre una barrera de comprensión", continúa Flach, a quien mueve "exclusivamente" ayudar a quien contemple su obra a "que entienda que los animales, todos los animales, tienen algo de humanos, y sobre todo en su mirada".
Para que sea más fácil descubrir eso "que compartimos", el fotógrafo aisla al animal retratado de su entorno natural, de ahí que los fondos de sus fotografías sean neutros y, casi siempre, negros o en colores oscuros. "Ello contribuye -explica- a crear un sentido de proximidad con el animal. Mis fotografías son momentos fragmentados en el espacio y en el tiempo".
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