IV
-Es curioso Helm, como habiendo investigado durante dos días enteros a hombres con bigote se haya olvidado de que yo, su jefe, tengo uno. ¿No le parece?
El oficial estaba paralizado. Su jefe lo miraba en su enorme silla y sonreía bajo su mostacho.
-Estamos en un lio ¿No cree? No puedo matarlo en esta oficina vidriada por que si así lo hago toda la comisaria se enterara y no quiero perder esta silla tan cómoda. Así que le propongo un plan.
-Nunca. Usted es un traidor.
El jefe soltó una enorme carcajada, de esas que, a pesar de que era de día, podía aterrar a cualquiera.
-¿Yo? ¿Traidor? ¿No sabe nada de bigotes no es cierto? No diría eso si lo supiera.
Helm dio media vuelta y corrió hacia la puerta en un rápido movimiento, pero el jefe por algo tenía su silla y era el jefe de esa seccional. Dos oficiales corpulentos lo tomaron del brazo apenas puso un pie fuera de la oficina.
-Entre.
-¿Gomez? ¿Sanchez?
Sonreían bajo su bigote.
-No. Por favor…
Lo metieron dentro y bajaron cada una de las persianas.
-¿Le dije que estamos en un lio? Mire, a pesar de estas persianas tampoco puedo matarlo. ¿Quién mas sabe de esto?
-N-nadie. Solo yo.
-Mmm ¿Qué dicen Gomez y Sanchez?
El más corpulento, Gomez, hablo.
-Su compañero, Salengue, está en el archivo desde antes de que este viniera para acá.
-¡Entonces vaya a buscarlo! ¿Qué carajo hace acá?
La “mole” salió rápidamente de la habitación y cerró la puerta con un particular ruido a vidrio y madera.
-A ver Helm… ¿Qué voy a hacer con usted?
En lo único que el detective pensaba era en que Salengue no fuese tan estúpido como para no notar el bigote de Gomez y, sobre todo, su arma desenfundada.
-No lo podemos matar ¿No es cierto? Pero se me ocurre algo. Sanchez sáquele el arma y démela.
El oficial se acerco a Helm, que seguía parado enfrente del escritorio, le saco el arma de la funda y se la entrego a su jefe. Este la tomo con una mano enguantada, como solía tener.
-A ver, muévase un poquito Sanchez. Mas a la derecha, un poquito a la izquierda. ¡Ahí esta! ¡Genial!
Y disparo.
De cómo Marcos Salengue se enfrento a un oficial corpulento y salvo la vida y la carrera de Patrick Helm
Gomez atravesó la puerta del Archivo y dijo:
-¡Salengue! Te busca el Capitán.
-Decile que ya voy.
-Dijo que es urgente.
-Decile que ya voy.
A pesar de que la voz de Marcos se oía cerca, las enormes paredes de archivos le impedían a Gomez encontrarlo.
-Ya sabemos que sabes todo Salengue, no te hagas el boludo conmigo.
Nadie contesto. Para el corpulento oficial esto fue más que suficiente y se adentro en la enorme habitación laberíntica.
Marcos no perdió el tiempo. Apenas Gomez traspaso la primera intersección salto por detrás y le propino tres golpes con su cachiporra en la nuca. El enorme oficial se tambaleo y cayó de costado, golpeándose la cabeza contra una de las estanterías de acero. Un hilo de sangre caía por su rostro, pero Salengue no se detuvo a mirar. Abandono a las corridas la biblioteca y esquivo a varios oficiales en su camino hacia la sala vidriada que tenía sus cortinas bajas.
Mientras corría, y estaba a menos de veinte metros de la puerta, se oyó un disparo. Toda la comisaria se alborotó, pero Salengue acelero y traspaso la entrada de una patada. Antes de que Helm, el jefe o el moribundo Sanchez se dieran cuenta, el saco su arma y le propino un certero disparo a la mano derecha del pequeño hombrecito. Pateo a Helm a un costado que, entre insultos, cayó sobre una pequeña mesita partiéndola al medio.
-¡Queda detenido por asesinato y conspiración!
Más de diez oficiales entraron a las corridas. El jefe grito señalando a Salengue.
-¡Deténganlo! ¡Deténganlo!
Helm busco bigotes, pero no los encontró. Rápidamente cogió su arma del escritorio, que estaba pocos metros suyo, disparo contra el vidrio y abandono la oficina a las corridas.
-¡Persíganlo!
Salengue comenzó a disparar al techo descontroladamente, y los diez oficiales presente se olvidaron de Patrick y se abalanzaron contra él.
De cómo Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia fue casi asesinado por La Conspiración del Bigote
Antes de que Flipper entrara seguido por un extraño hombre, el señor Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia estaba convencido de que esa noche formaría parte del cielo lunar. Ya se veia recorriendo los enormes cráteres áridos con sus pies forrados de celofán (para evitar el desgaste de los polvos mágicos lunares) y sus enormes saltos de miles de metros que lo depositaban en grandes bancos de polvo lunático.
Pero su sueño irreal no pudo darse ya que su perro violeta y su vecino entraron corriendo y atacaron al primer hombre de bigote. Era un hombre fornido, de apariencia malévola, pero el puñetazo del otro lo hizo caer al piso.
La casa de Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia estaba abarrotada de papeles, todos ordenados, aunque no parecía, minuciosamente, para que nada se perdiera. Todas esas cartas astrales, esos mapas, esos informes del Área 51, se esparcieron por todos los sitios habidos y por haber por la cruenta lucha entre su vecino y los dos hombres de bigote. A diferencia de la valentía de su, ahora en mas, mejor amigo; Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia no logro contagiarse del valor suficiente para enfrentarse a los atacantes. Lo único que atino a hacer es a saltar como un descontrolado vitoreando a su vecino.
Flipper, en cambio, mordía sin ton ni son en las piernas a sus atacantes, mientras estos se revolcaban por toda la casa.
La lucha era pareja, el señor Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia no pudo describir cuanto duro, pero más de veinte minutos seguramente. El vecino tumbo a uno de los atacantes con un derechazo. Este cayó sobre un banquito de madera, que se partió en dos, quedo tendido en el suelo con un charco de sangre en su costado. El segundo atacante fue mucho más vivo que el hombre “sin bigote”. Lo tomo por la cintura, tal como los jugadores de rugby lo hacen cuando embisten en el Scrum, y lo empujo hacia una pared. El vecino de Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia soltó un grito ahogado, al quedarse sin aire, y el hombre de Bigote no tuvo piedad. Le propino cuatro golpes en el estomago, dos con cada mano. El golpeado se agacho y su atacante le propino un derechazo que lo dejo tendido en el piso, a pocos metros del otro.
Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia comenzó a gritar desesperado. Flipper se había retirado del combate y ladraba, al compas de su dueño.
-Cállense… Ey. ¡Ey! ¿Me escuchas?
Dijo el hombre con bigote a su compañero herido.
-Hijo de puta…
Murmuro y se levanto lentamente. Tenía el costado cortado por las pequeñas esquirlas del banco que se le habían clavado.
-Vamos, hay que llevarlo.
Tomaron al vecino de Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia por debajo de los hombros, luego de que el herido se levantara, y lo arrastraron fuera de la casa.
Patrick Helm llego tarde. Solo unos minutos después de que los Hombres del Bigote se llevaran al pobre individuo. Ese fue el primer contacto que el Detective tuvo con el perro violeta y ese extraño Lunático. No pudo recaudar ninguna información. Pero algo podía intuir, ese hombre sabía algo, y Arnaldo Patricio Carlos Gimenez Moralez Garcia era intocable para La Conspiración del Bigote.
Al salir de la casa, con su compañero Marcos Salengue, Helm encontró la única salvación (A su despido, a su encarcelamiento, a su muerte, a la muerte del vecino) posible en un anciano, de apariencia Venerable, que lo enfrento cuando bajaba el escalón del porche y ponía un pie en la calle.