Este es algo que escribí en un momento de desesperación por ciertas cosas que me pasaron.
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Niña buena
Y mientras caminaba y esa opresión en el pecho aumentaba y disminuía al mismo tiempo, dudaba, preguntaba y replanteaba el por qué.
¿Por qué?
No lo sabía hace unos días atrás cuando ese atroz vaivén de seños fruncidos en preocupación y oraciones a medio decir comenzó, y mucho menos lo sé ahora.
Una oración inconclusa, una palabra que se escapó, un pensamiento que se verbalizó; todo para hacer de mi existencia más preocupante y lastimera.
El por qué sin respuesta aún.
Y como duele...
(Duele como una cortada por un cuchillo. Como la torcedura de un tobillo.
Así duele.
Mucho)
Es la desesperación de saber que te ocultan la verdad, de ser la niña buena.
De ser la estúpida que no sabe nada, que no tiene ojos que ven, oídos que escuchan, cerebro que piensa o corazón que siente.
No, porque las niñas buenas no ven, ni oyen, ni piensan, ni sienten.
(Porque las niñas buenas simplemente sonríen en su mundo rosa de cristal irrompible.
Pero yo no soy una niña,
y sé que existen muchos colores, infinitos,
y también sé que el cristal es muy frágil, y siempre se rompe.
Pero sonrío)
Sonrío por lo que piensan y el qué dirán. Porque soy una niña buena y tengo que hacer felices a los demás, o por lo menos dejar que piensen que la tapada infelicidad sigue así, tapada. Sonrío porque soy fuerte, y lloro.
(Porque soy una niña buena y fuerte, pero también soy un ser humano y soy débil.
Soy una niña buena, fuerte y débil,
que llora en silencio por algo que no sabe y sonríe para que los demás no se preocupen más.
Sí, soy así.
Soy una niña buena, fuerte, débil y desesperada)
Esa soy.
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¡Good bye people!
¡Good bye people!