Puentes.
Punza la huella del alerce su cieno.
Estrépito de la orilla espejada.
Ameriza.
Escarcha rugosa.
Suda la garganta quejumbrosa.
Los pasos fisgones se balancean
en el rechinar de la historia.
Con brío fresco, draga la mesura.
Palidecer consonante.
Combate cáustico.
Cadera y liebre.
Espesa y tibia la verdad en mi boca.
Limítrofe.
Nos separa la enagua.
fino destino de la urdimbre.
Rezuma mi fortuna en tu muslo.
Y me pregunto si haré bien dejando hablar al cuerpo.
Y te preguntas si harás bien dejándolo gritar.
La fuerza de mi voluntad zaguera.
El punto de unión de nuestro olvido.
-No te recuerdo- goteó en mi odio.
La tundra que nos ceñía ardió con vehemencia.
Los argumentos cascados fueron los primeros en bramar.
Me volví turbado sobre su ladera.
Le suspiré.
-Yo tampoco,
volvamos a olvidarnos-
Manifiesto.
Una brisa en la boca.
La ondulación fugaz que imprimen los dedos en el río.
El rumor de los parpados al juntarse.
La comisura turbada por la sonrisa.
La música de los pasos que se alejan,
El instante en que la noche perece
y nace la pausa que tizna con luz su voluntad.
El horizonte sin bordes.
El sosiego en la garganta.
El roció de los ojos sobre mis pómulos.
La tibieza recorriendo el espacio que conformo.
La madera cruda, llamarla árbol.
Los rincones eternos del afecto.
Provocar con la espalda al cielo,
dibujando en lo verde la afición por el barro.
Desmenuzar el tiempo con promesas creíbles.
Ingerir la simpleza de los rasgos fundidos.
No extrañar más, todo aquello que hierve en los llantos.
La culpa.
Una duda. Silencio en inviernos de miel.
Tus ojos. Conjunto de pausas, cristales de ausencia.
Se acerca un sonido canela, me vuelvo a lo espeso de la culpa,
con la certeza que me hace mujer, muerta sobre verdes,
sin alma, sin risa.
Me encuentran liviana, más que un cordero,
latiendo las curvas de los caprichos del tiempo.
Marcaron mi lengua vapores de lágrima.
Contradicción.
La desmedida.
http://soundcloud.com/santimartinezz/la-desmedida-de-santi-mart-nez