Redes Sociales, Vista mis



Anunciantes que se fugan, búsqueda de ingresos a costa de sus “usuarios” (clientes del servicio), inversores primarios rentabilizando su apuesta y un mar de optimismo ante lo que muchos consideran la nueva Google en cuanto a generación de dinero y potencial. Nada más lejos de la realidad inmediata.
Facebook es altamente dependiente de una publicidad que no funciona. Sus formatos publicitarios sociales no son ni una cosa, ni la otra. Los juegos buscarán nuevas vías para salirse de la Facebook dependencia y buscar en la movilidad mejores experiencias y menores peajes. Juegos y publicidad son el 95% de los ingresos de la actual Facebook de los 82.000 millones de dólares. Ambas entradas de capital se tambalean ante la ciega mirada del inversor. La nueva Facebook es menos misión y más empresa. Esto le llevará a plantearse cobros a usuarios que harán del mundo de las comunicaciones un lugar más abierto, pero más caro. Todo, sabiendo que no deben dar opciones a competidores locales a los que llevan barriendo desde 2010. Solo China y Rusia parecen infranqueables. El resto es o será azul.

Un cambio de Facebook altera al usuario, pero no al sector. Un cambio en el algoritmo de Google es capaz de tumbar un negocio digital. Google ya pasa de frivolidades de eslogan barato y filosofía de almacén y compite apretando los dientes. En un mes facturan lo mismo que Facebook en un año, pero han de consolidar esa distancia ante las amenazas legales.

Jugar a la bolsa tiene esa lúdica armonía entre el azar y la rigurosidad en la inversión, pero eso no quiere decir que Facebook pueda llegar a ser como Google. La codicia del inversor es siempre mayor que su memoria, por eso miran a Facebook emparentándola a otras tecnológicas de éxito y no fijándose en que su activo es la “impresión”, ya sea publicitaria o no.

Esa moneda de intercambio es a la que juega Yahoo! (para bien y para mal), lo medios y otros secundarios de Internet, cuya acción no llega a la mitad de la especulación del Facebook boom. Las mismas empresas que buscan desesperadamente vías de ingresos para consolidar estructuras bajo un prisma digital. Y Facebook está en esa pelea, como Twitter y otras. Eso sí, bendecida por la ambición de un nuevo estigma puntocom, a medias entre burbujas y la realidad pecuniaria de Google. Pero Google, de momento, solo hay una. Quedando también al margen de esta reflexión los grandes del comercio electrónico, que está por ver, además, si eso del social e-commerce renta más que adwords. Más madera.
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