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El canto de la lluvia - Badr Shakir al-Sayyab

Arte3/22/2010

BADR SHAKIR AL SAYYAB (1926-1964)
EL CANTO DE LA LLUVIA



Tus ojos son dos bosques de palmeras al alba

o dos almenas de las que se va alejando la luna.

Tus ojos, cuando sonríen, echan hojas las vides

y bailan las luces... cual lunas en un río

que estremeciera el remo débilmente al alba.

Se diría que en sus profundidades brillaran las estrellas.



Se ahogan en nieblas de una tristeza transparente

como el mar sobre el cual la tarde extiende sus manos

llevando el calor del invierno, el temblor del otoño

la muerte, el nacimiento, la oscuridad, la luz.

Despiertan todo mi espíritu el temblor del llanto

y una embriaguez salvaje que abraza al cielo

como el delirio del niño cuando teme a la luna.

Se diría que el arco iris bebiera de las nubes

y gota a gota se fundiera en la lluvia...,

parlotearan los niños en los lechos de las vides

e hiciera cosquillas al silencio de los pájaros en los árboles

el canto de la lluvia...

Lluvia...

Lluvia...

Lluvia...

Bosteza la tarde y las nubes aún siguen

goteando sus pesadas lágrimas.

Al igual que un niño que balbucea antes de dormir

porque su madre, se despertó hace un año

y no la encontró, después de insistir

le dijeron: "mañana volverá..."

Sin duda volverá.

Aunque los amigos murmuren que ella está aquí

junto a la colina, durmiendo el sueño de las tumbas,

comiendo a puñados de su tierra, bebiendo la lluvia.

Al igual que un pescador triste recoge las redes,

maldice las aguas y el destino

y esparce la canción mientras se oculta la luna.

Lluvia...

Lluvia...

¿Sabes qué tristeza suscita la lluvia,

cómo sollozan los canales cuando se derrama,

qué perdido se siente el que está solo?

Sin fin, como la sangre derramada, como los hambrientos,

como el amor, como los niños, como los muertos, ¡es la lluvia!

Tus pupilas me rodean con la lluvia

y a través de las olas del golfo peinan los relámpagos

las costas de Iraq con estrellas y madreperlas

como si desearan la salida del sol

pero la noche extiende sobre ellas un manto de sangre.

Grito al Golfo: "¡Golfo,

tú, que das perlas, madreperlas y muerte!

Regresa el eco

como si gimiese:

"¡Golfo,

tú, que das madreperlas y muerte...!"



Casi puedo oír a Iraq atesorar truenos,

apilar relámpagos en las llanuras y los montes,

cuando arrancan su sello los hombres

y los vientos no dejan de Thamud

un solo resto en el valle.

Casi puedo oír a las palmeras beber lluvia,

oír a las aldeas gemir, a los emigrantes

luchar con remos y velas

contra los temporales del golfo y los truenos cantando:

"Lluvia...

Lluvia...

Lluvia...

En Iraq hay hambre

y la época de la cosecha esparce los granos

para que se sacien los cuervos y las langostas

mientras pulveriza los graneros y las piedras

una muela que gira en los campos... A su alrededor,

hombres.

Lluvia...

Lluvia...

Lluvia...

¡Cuántas lágrimas derramamos la noche de la partida!

Después nos distrajimos por temor a hacernos reproches, con la lluvia...

Lluvia...

Lluvia...

Desde que éramos pequeños, estaba el cielo

cubierto en invierno

y caía a cántaros la lluvia.

Cada año, cuando la tierra se cubría de hierba, sentíamos hambre,

no pasó un solo año en Iraq que no hubiese hambre.

Lluvia...

Lluvia...

Lluvia...

En cada gota de lluvia

hay un brote rojo o amarillo, de los jardines de las flores.

Cada lágrima de los hambrientos y los desnudos,

cada gota derramada de la sangre de los esclavos

es una sonrisa que espera una nueva boca

o un pezón que se sonrosa sobre la boca del nacido

en un mundo joven del mañana, ¡dador de vida!

Lluvia...

Lluvia...

Lluvia...

Se cubrirá de hierba Iraq con la lluvia..."

Grito al Golfo: "¡Golfo,

tú que das perlas, madreperlas y muerte!"

Regresa el eco

como si gimiese:

"¡Golfo,

tú, que das madreperlas y muerte...!"

Esparce el golfo parte de sus grandes tesoros

sobre las arenas: espuma de salobre, madreperlas,

fragmentos de huesos de un miserable ahogado

emigrante que sigue bebiendo la muerte

del fondo del golfo y de su abismo.

En Iraq mil víboras beben el néctar

de una flor que el Éufrates alimenta con rocío.

Oigo al eco

sonar en el golfo:

"Lluvia...

Lluvia...

Lluvia...

En cada gota de lluvia

hay un brote rojo o amarillo de los jardines de las flores.

Cada lágrima de los hambrientos y los desnudos,

cada gota derramada de la sangre de los esclavos

es una sonrisa esperando una nueva boca

o un pezón sonrosado sobre la boca de un niño

en el mundo joven del mañana, ¡dador de vida!

Y llueve a cántaros...





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Traducción del árabe por:

Carolina Fraile
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