Diagnóstico Hamlet,
loco el príncipe, loco quien lo maneja
loco el príncipe, loco quien lo maneja
Pelmànec presenta una impecable recreación actualizada de Shakespeare
Una habitación acolchada, de color verde claro, una rejilla deja entrever la luz de la luna, y un personaje se demora mirando por entre las láminas al exterior. Max ha enloquecido, su padre ha muerto, su madre se casó de nuevo y por algunas de sus vivencias familiares se identifica con Hamlet.
Nuestro personaje protagonista se esconde en un armario que ha pintado con graffiti y dibujos variados, y donde guarda sus artilugios de pintar y escribir, pero no logra salir de allí por sí mismo, tal vez porque pese a su gran tamaño, es de trapo, y alguien debe manipularlo y darle vida.
Estamos ante un increíble espectáculo en el que el personaje real, al que da vida Miquel Gallardo, se confunde con sus títeres, que le poseen y le envuelven en una conversación en la que parece ser ajeno y árbitro, pese a las circunstancias que se evidencian en la historia.
Hamlet y su terapeuta (Miquel Gallardo).
Foto: Julio Castro.
Foto: Julio Castro.
Las tres marionetas, de tamaño natural, parecen convertirse en auténticos personajes reales a manos de su manipulador, de manera que Miquel logra trasladar el protagonismo en todo momento hacia ell@s, pese a la naturalidad con la que les da vida. También es evidente la situación de enfermo, porque Max Flaubert es un enfermo con principios psicóticos y de trastorno de personalidad, que traslada sus problemas a los muñecos que maneja, para evidenciar y exteriorizar aquello que le retiene en el centro médico. Pero, pese a que es imposible no conocer cuál es la situación, la obra y su desarrollo logran conducirnos por caminos en los que nos ocultará esa evidente realidad para creer que verdaderamente Hamlet, el muñeco es el loco, que su madre le visita y trata de ayudarle, que Ofelia es una rockera con la que nuestro único personaje humano trata de enrollarse.
En un cierto momento la voz de la enfermera nos saca de la realidad-ficción creada, y aún así, Miguel Gallardo y sus personajes de trapo consiguen volver a envolvernos en esa historia que sabemos imposible, y que finalmente logrará la emoción que pretende con un desenlace que podríamos esperar, pero transformado en monólogo.
En definitiva, no sólo el interés de la manipulación de títeres, o la propia actuación de nuestro único auténtico actor en escena, sino que el texto, la construcción dramática, logra dar un empaque completo a la historia, consigue dejarte pensar que la mentira que crea tu mente es real, y que lo que piensas no es cierto.
La madre de Hamlet hace su aparición con el doctor (Miquel Gallardo).
Foto: Julio Castro.
Foto: Julio Castro.
En medio de la tragedia, pinceladas de humor, especialmente en el papel de la madre, que con acento argentino suelta afirmaciones que sólo le afectan a ella, mezcladas con otras que no ayudarán mucho al hijo “Max no suele salir del armario”, dice, para luego arrancarse con aquello de “teatro, lo tuyo es puro teatro”, que cantaba La Lupe. Quizá me sobren buena parte de las proyecciones de video que aparecen, porque todo el resto ya tiene construcción suficiente, en un montaje que podría contar tan solo con el monólogo del Max real, el personaje principal, pero que en este caso se enriquece con el juego de títeres.
Un excelente trabajo que pudimos ver presentado en MadFeria 2013, y que seguro que veremos en más escenarios. Todo preparado, para llevarnos hasta la tragedia de saber cuál es el loco y quién ayuda a quién.