La sabiduría interior nos aconseja sacarle todo el jugo a situaciones extravagantes que se nos cruzan por la vida... Las oportunidades, una vez que pasaron, ya no están y no van a volver. Porque el tiempo y la ocasión nunca están de vuelta; son como una flecha que, una vez lanzada, no regresa a nosotros.
Pero ¡qué cosas digo! No nos pongamos tan formales. Sensato es reconocer nuestros defectos, sobre todo, nuestros defectos humanos, esos que compartimos con el resto de los mortales. ¿Qué decir de la insolencia de la juventud? Lo mismo que de la insolencia de la vejez.
No creo en los ángeles, pero a veces se me quedan pegados en el parabrisas. Como que los chocás sin darte cuenta, y se quedan muertos y a veces es un dolor de huevos limpiarlo.
En fin, yo también sé que Harry Potter no existe. Después de todo, con la paliza que le dio el Cuco, si sobrevivía, era el nuevo Mesías. Porque el Cuco es muy fuerte. Sí, niños, cuando papi o mami les hablen del Cuco, no cometan la idiotez de decir que no existe. Al Cuco le encanta atacar a los niños que no creen en él, pero lo hace de noche, cuando están dormidos y cuando menos se lo esperan... El Cuco, a veces, adopta forma humana o, por lo menos, lo intenta. Yo creo que muchos supuestos seres humanos son distintos Cucos, que se hacen pasar por personas, especialmente los más feos, porque su habilidad con los disfraces suele no ser muy buena. Pero el Cuco, en sí, puede ser cualquiera: un amigo, tu papá, tu abuela, el sodero, el kiosquero, el perro grandote del vecino... Y hay que tener mucho cuidado.
Pero, como es susceptible de saberse, mucha gente no cree en el Cuco, para su propio mal. El Cuco principal se llama Bill Gates, y nos incita a todos a volvernos capitalistas. Te instala un microchip en la cabeza, para que adores Windows, a pesar de la porquería que es. Y, si eso no es suficiente, también crea el hambre, la guerra, la pobreza, la ignorancia y la desocupación... El interés principal del Cuco es volverse el dueño de todo, monopolizar el mundo. Y si él solo no puede, que lo ayuden otros cucos menores.
Si no me creen, expliquenme ustedes cómo es posible que en un mundo lleno de buenas personas todo esté así, tan mal. Pregúntele a cualquiera que tenga cerca si se considera una buena persona y verá que la mayoría responderá que sí. Sin embargo, si el mundo está lleno de buenas personas, ¿por qué hay tanto mal en él? ¿Basta el poder de una minoría (de los que dicen no ser buenas personas) para aplastar al resto? Yo creo que pensar eso es una locura.
Entonces, ¿cuál es la explicación lógica a todo esto? Sin duda, que todo es obra del indomable poder de los Cucos, el que mantiene al mundo en este estado lamentable. Porque te dirán que estamos mejor que antes, pero ellos no vieron ese "antes" del que hablan. Ellos escuchan historias, historias que los hacen ser conformistas con todo lo que le dan los Cucos. Creen saber que el Pasado fue peor, y eso los hace sentirse mejor con el Presente. Cuántos mueran no importa, mientras mueran lejos o, al menos, mientras tengan la delicadeza de morirse detrás de una cortina. No se preocupen, que los ruidos del homicidio no serán escuchados y tampoco los gritos de socorro de la víctima. Están extremadamente preparados para eso: si alguien se muere, siempre es culpa de él. Si lo matan, obviamente se lo buscó, por andar irritando a otro. Si la causa es desconocida, seguro que es culpa de él. Así piensan en el mundo actual, en este páramo de Cucos y Harry Potteres muertos.
Entonces, me calcé unos borceguíes, me puse un pantalón negro de bolsillos a los costados, remera negra con un pentagrama rojo y la cabeza de un fauno saliendo desde adentro, unas muñequeras de tachas, un ank, me paré el pelo con el gel y, al salir a la calle, nadie me reconoció. De allí en más, yo fui el Cuco para todo el mundo, y eso que no maté a nadie, ni me inventé el hambre y todas esas cosas, pero así estábamos.
Al instante de salir, no pude evitar ver a un señor, que tenía ropa extraña, cara, y parecía ejecutivo. Por un momento, creí que era un condenado a la horca, porque llevaba una especie de tela multicolor atada al cuello, pero, dadas las aclamaciones de mis semejantes, llegué a la conclusión de que el individuo gozaba del mayor de los respetos y que nadie lo iba a matar. Es más, se suponía que su ropa era elegante (con tela al cuello y todo).
No pude evitar sonreír, y reírme de las costumbres de las personas, pero no por mucho tiempo: Papá Noel no llegó nunca. Yo jamás creí en él, pero el regalo llegaba para todos... ¿por qué no para mí? Pero es que Papá Noel sólo es bueno con los que creen en él, aunque hay muchos que creían y no recibieron nada, pero siguieron creyendo. ¡Qué lástima que Papá Noel sea tan mentiroso y la gente tan crédula! ¡Qué lástima que yo no sea Dios, para hacer el mundo de nuevo!