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Historia de la homosexualidad contada para fundamentalistas

Info7/9/2012
Historia de la homosexualidad contada para fundamentalistas (5ª y última parte) Finalizamos esta serie con un último artículo sobre las últimas conquistas del movimiento LGTBI y las consiguientes reacciones de distintos grupos retrógrados. ¡Esperamos que os haya gustado este breve repaso! 13. Despatologización de la homosexualidad. Con la aparición del psicoanálisis en la década de 1890 se produjo un cambio de la percepción de la homosexualidad como una conducta viciosa, pecadora o delincuente para pasar a ser tratada como una enfermedad mental. Esto supuso una losa de dimensiones importantes, porque ya no sólo se tenía que luchar contra los estamentos políticos y eclesiásticos, sino que ahora también se tenía que luchar contra la comunidad psiquiátrica. Los homosexuales, incluso en los lugares donde no era delito, corrían el riesgo de que se les intentara “curar”. Muchos de ellos fueron internados, voluntaria o forzosamente, en centros psiquiátricos en donde eran sometidos a “terapias de reorientación sexual”, que incluían métodos tan “infalibles” como el electroshock o la lobotomía a lo largo del siglo XX. El primer paso hacia la despatologización de la homosexualidad se produjo en 1973, cuando la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) votó de manera unánime sacar la homosexualidad de la sección “desviaciones sexuales” de la segunda edición del “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales”. Esta decisión se confirmó oficialmente por mayoría simple de los miembros generales de la APA en 1974, en donde se decidió sustituir ese diagnóstico por la categoría más suave de “perturbaciones de la orientación sexual”, el cual se sustituiría en la tercera edición por el término “homosexualidad egodistónica”, que terminó eliminándola de la lista en la revisión que se hizo de esa misma edición en 1986. El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) retiró la homosexualidad de la “Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Otros Problemas de Salud”, desposeyendo definitivamente la homosexualidad de cualquier atributo patológico. Esta acción fue seguida posteriormente por la mayoría de las organizaciones médicas del mundo, y así en 1994 lo hizo el Reino Unido, en 1999 el Ministerio de Salud ruso y en el 2001 la Sociedad China de Psiquiatría. Por primera vez en la Historia, las losas que machacaban la homosexualidad desaparecieron definitivamente aceptándola la sociedad como una forma de vida más, que no tenía nada que ver ni con la depravación, ni con el vicio, ni con la enfermedad mental. Desde entonces, los homosexuales no pueden ser discriminados por considerarlos enfermos o trastornados, ni tienen que sufrir las peligrosas terapias de reorientación sexual. 14. El contraataque de los fundamentalismos monoteístas y los “neocon”. Como todo no podía ser tan bonito, ante la despatologización de la homosexualidad comenzaron a surgir voces que decían que ésta no se había retirado de las listas de perversiones por motivos científicos, sino por presiones políticas. Dos han sido los grupos más importantes en esta labor: los fundamentalistas provenientes de religiones monoteístas abrahámicas (tanto de las ramas del cristianismo como del Islam), y las corrientes neoconservadoras ultracapitalistas de algunas formaciones políticas. Atendamos, por tanto, estos dos grupos en dos apartados diferenciados. Los grupos fundamentalistas monoteístas. Dentro del cristianismo, hay diferentes posturas con respecto a la homosexualidad, desde las más rancias posturas que defienden que la homosexualidad es una depravación a los ojos de Dios, hasta las posturas más tolerantes que han integrado la homosexualidad como una forma de vida y celebran matrimonios entre personas del mismo sexo, e incluso ordenan sacerdotes con una clara orientación homosexual. En la punta de lanza del primer grupo se encuentra sin duda la Iglesia Católica Romana. Si bien es cierto que dentro de la Iglesia Católica hay grupos de personas que luchan por la igualdad, como pueden ser “Somos Iglesia” o la plataforma “Redes Cristianas”, la postura oficial de la Iglesia respecto de este tema se define por el rechazo absoluto de las prácticas homosexuales y la aceptación de homosexuales y lesbianas en su seno siempre que su conducta se mantenga casta. Es decir, dentro de la Iglesia Católica no es pecado ser homosexual, pero sí lo es mantener relaciones homosexuales. Esto lo explica claramente una nota emitida por la Conferencia Episcopal Española en 1994 a raíz de una resolución del Parlamento Europeo sobre la igualdad de derechos de homosexuales y lesbianas, la cual dice: “la inclinación homosexual, aunque no sea en sí misma pecaminosa, debe ser considerada como objetivamente desordenada, ya que es una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral, […] no se puede legitimar el desorden moral”. Irónicamente, el título de la nota era “Matrimonio, familia y uniones homosexuales”. Si la interpretación que hace la Iglesia Católica es perversa, mucho más lo es la interpretación que hacen algunos grupos cristianos protestantes. La mayoría de ellos basan su argumentación en la interpretación literal de algunos pasajes de la Biblia, en concreto la “Epístola a los romanos”, y la “Primera epístola a los corintios” de Pablo de Tarso. Para ellos, la homosexualidad es un pecado abyecto que debe ser erradicado, basado en el vicio y la corrupción del alma por parte de Satanás. Estos grupos son especialmente peligrosos en el llamado Cinturón Bíblico de los Estados Unidos, así como en algunos países de América Latina, en donde el sometimiento de la Iglesia Católica durante siglos ha permitido el avance de una nueva “concepción del cristianismo” entre las clases más populares, inculcando por tanto todas sus doctrinas represoras entre la población. No obstante, dentro de las corrientes cristianas también hay congregaciones que han aceptado la homosexualidad como una forma de vida normal. Tales son el caso de la Iglesia Anglicana, de la Asociación Unitaria Universalista y de gran parte del movimiento cuáquero. Dentro de estos últimos hay una profunda división entre los cuáqueros “liberales”, que aceptan la homosexualidad sin trabas, y que están concentrados sobre todo en el Canadá, Australia y Nueva Zelanda, y los cuáqueros “evangelistas” o “conservadores”, que la siguen viendo como un pecado, y que radican principalmente en los Estados Unidos. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida popularmente como “mormones”, ejerce un claro rechazo hacia la homosexualidad considerándola un pecado, y haciendo las mismas distinciones de la Iglesia Católica entre “tendencia homosexual” y “acto homosexual”. También los Testigos de Jehová consideran la homosexualidad un pecado, aunque ellos basan sus creencias en los textos del Levítico y la “Primera epístola a los corintios”. En definitiva, aquellas iglesias cristianas que consideran la homosexualidad un pecado, tienden a tener un discurso de compasión hacia las personas gays por considerarlas atrapadas en las manos del Maligno, y su labor es, por consiguiente, la de ayudar a estas personas a librarse de ese mal. Dentro de las diferentes ramas del Islam también hay diversidad de opiniones respecto de las opciones sexuales, desde las más moderadas encabezadas por la iglesia islámica de Turquía, Indonesia, Argelia y Túnez, hasta las más radicales encabezadas por la sharía (o Ley Islámica) implantada en territorios como Arabia Saudí, Afganistán o Irán. Tanto el Corán como el Hadiz contienen condenas expresas a la homosexualidad. Dos suras citan la historia del pueblo de Lot y su castigo por practicar la sodomía, y a ella se aferran muchas escuelas jurídicas musulmanas para considerar la homosexualidad como un delito. En concreto, en aquellos países en donde se aplica la citada sharía, el castigo por cometer actos homosexuales es la muerte. Algunos países incluso vetan la entrada en sus territorios a todas aquellas personas homosexuales, como es el caso de Arabia Saudí, y en otros, como es el caso de Irán, la homosexualidad se trata como una enfermedad y se obliga a éstos a someterse a una intervención de reasignación de sexo. Es decir, se considera que todas las personas homosexuales en realidad son transexuales que deben ser tratados médicamente. La gran mayoría de los países musulmanes del mundo tienen en sus cuerpos jurídicos leyes contra la práctica de la homosexualidad, que suele tener como condena el pago de una multa o incluso el internamiento en prisión durante cortas estancias. El caso más aberrante en este sentido es el de Marruecos, que siendo un país netamente occidental, castiga con una pena de tres años de cárcel la práctica de la homosexualidad. También dentro del judaísmo hay corrientes que, basándose en la Torá, consideran la homosexualidad un pecado, sobre todo dentro del judaísmo ortodoxo y el judaísmo mesiánico, aunque es cierto que el Estado de Israel, profundamente teocrático, tiene leyes que protegen los derechos de los homosexuales. En este sentido, la acción más controvertida fue llevada a cabo por la diputada laborista Yael Dayan, que en sede parlamentaria de la Knesset afirmó en 1993 que el bíblico rey David en realidad era homosexual y mantenía una relación afectiva con Jonatán. Para ello, citaba varios fragmentos del Libro de Samuel, en donde Jonatán le decía a David: “Al finalizar de hablar el joven David con el rey Saúl, Jonatán se encariñó con David, y lo amó Jonatán como a sí mismo.”, y también “Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe”. E incluso en el canto póstumo que David hace a Jonatán después de la batalla con los filisteos: “¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era para mí más maravilloso que el amor de las mujeres”. Concluía diciendo que la interpretación de estas palabras tendría más sentido si en realidad David y Jonatán fueran homosexuales. Los “neocon”. Los denominados “neocon” son grupos políticos fuertemente influenciados por las tesis más retrógradas de los movimientos cristianos y consideran la homosexualidad como una plaga que ha conseguido formar un lobby de presión política para conseguir sus objetivos. Ven en las luchas de los homosexuales una especie de “normalización” de la conducta desviada de la “natural”, y por tanto recelan de toda aquella familia que no sea la tradicional compuesta por un hombre y una mujer, a ser posible, de la misma raza. Su influencia en algunas zonas de los Estados Unidos es tan grande, que han conseguido tirar para atrás leyes de unión civil de parejas del mismo sexo, así como cualquier intento por parte de los grupos de liberación gay de normalización. Se definen por ser grupos extremadamente ultracapitalistas, que defienden un modelo patriarcal en donde cada uno de los dos sexos tiene unas funciones dadas por el género de nacimiento que no pueden cambiar. Esta visión no dista mucho de la que tenían los fascistas de principios del siglo XX, en donde quien traía los dineros a casa era el hombre, mientras la mujer tenía como función genética la de atender la casa y a los hijos. Como se puede ver en este capítulo, ambos grupos están interconectados entre sí, aprovechándose de su influencia religiosa para implantar de forma legal sus postulados, lo que hace que la lucha de los homosexuales en algunos puntos del planeta sea todavía ardua al encontrarse de frente con un modelo patriarcal compacto y hermético que no permite la entrada de modificaciones de ningún tipo. 14. La última conquista… por ahora: el matrimonio homosexual y la equiparación de derechos. El movimiento LGTBI lleva luchando por la equiparación de derechos desde el siglo XIX, y como consecuencia de esto, la Declaración Universal de los Derechos Humanos recogió esta reivindicación. Los artículos 1 y 2 de la citada Declaración, dicen: Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Una vez que en toda Europa y casi toda América se consiguiera la despenalización de la homosexualidad, aunque no sin algunas dificultades en países tan democráticos como los Estados Unidos, donde tuvo que ser el Tribunal Supremo el que derogara las leyes que condenaban la sodomía en algunos Estados todavía en el año 2003, la siguiente lucha de los grupos de liberación a finales del siglo XX y principios del XXI fue, además de luchar por la despenalización de la sodomía en el resto del mundo, conseguir el reconocimiento de las uniones civiles y los matrimonios entre personas del mismo sexo para equiparar los derechos de los homosexuales a los del resto de las personas en materias tan básicas como la herencia, los beneficios fiscales, el acceso a la seguridad social del compañero, o incluso el derecho de pensión de viudedad. El primer Estado del mundo en reconocer los matrimonios homosexuales fueron los Países Bajos en el año 2001. A Holanda, le siguieron Bélgica (2003), España y el Canadá (2005), Sudáfrica (2006), Noruega y Suecia (2009), y Portugal, Islandia y la Argentina (2010). También se reconoce el matrimonio en México D.F. y en seis Estados de los Estados Unidos. En este último país continúa todavía la lucha jurídica y política, ya que los primeros matrimonios no fueron producto de legislaciones que lo permitieran, sino de resoluciones judiciales que terminaron con la discriminación en sus respectivos Estados. Y mientras que en Estados como Vermont o Nueva Jersey se ha aprobado una forma de unión civil con restricciones, por ejemplo, a la adopción, en treinta Estados se aprobaron enmiendas constitucionales que prohíben de forma explícita el matrimonio homosexual, de los cuales veinticinco tienen leyes específicas que circunscriben el matrimonio a la unión de un hombre con una mujer. El caso más sangrante es el del Estado de California, que tras aprobar el matrimonio homosexual se volvió a prohibir en una enmienda constitucional en el año 2008. El debate sigue abierto en gran parte del mundo, ya que mientras en algunos países se están aprobando leyes de unión civil que equiparan en derechos a las parejas heterosexuales, excepto en el nombre, en otros se están aprobando fórmulas intermedias de unión civil que tienen restricciones. Algunos abogados civiles consideran estas restricciones como un claro ejemplo de la “tiranía de la mayoría” en acción. El camino que los homosexuales hemos hecho en nuestra Historia ha sido largo y muy duro. Hemos sido objeto de vejaciones, de leyes injustas, de la ira de los dioses, de la sinrazón humana en su máxima expresión, de la perversión de la medicina, de los fundamentalismos más extremos… pero aún queda mucha lucha por delante en muchos aspectos. Todavía nuestra equiparación no es plena con los heterosexuales, mucho menos la de las compañeras lesbianas, que a su lucha contra la discriminación por razón de opción sexual tienen que añadir su lucha contra el patriarcado que las quiere quietecitas y modosas en sus casas, o la de las personas transexuales e intersexuales que todavía tienen que luchar contra el estigma de la patologización. Así que la próxima vez que te sientas escandalizado cuando veas a dos hombres caminando cogidos de la mano, o una marcha del Orgullo Gay, piensa por qué todavía tenemos que salir a la calle. A TODOS MIS SEGUIDORES, LES DIGO: NO ES AL PEDO..GRACIAS POR ESTAR AHÍ! "Si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas."Noam Chomsky CUALQUIER COMENTARIO QUE VIOLE EL PROTOCOLO, ATAQUE LA FUENTE O AL POSTEADOR SERÁ ELIMINADO.SE ACEPTAN COMENTARIOS CON EDUCACIÓN Y RESPETO.EVITE EL FOROBARDO. Tenga en cuenta ... La información que usted encuentre en este post puede, o no, estar en desacuerdo con su visión personal o religiosa de la realidad. Si usted encuentra que su visión de la realidad está siendo contradicha, desacreditada o atacada en cualquier forma posible, recuerde siempre que todo eso está en su cabeza y como tal, no es responsabilidad mia ni de nadie mas. Después de todo, yo no escogí su visión alternativa de la realidad, usted fue quien lo hizo.
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