A pedido de un par de personas que me dijeron que sintetizara los mensajes de Camilo, van estos...
Recuerden leer la bibiografia para que se pongan en el contexto del hombre. Exitos.
Mensaje a los crstianos
Las convulsiones producidas por los acontecimientos políticos, religiosos y sociales de los últimos tiempos, posiblemente han llevado a los creistianos de Colombia a mucha confusión. Es necesario que en este momento decisivo para nuestra historia, los cristianos estemos firmes alrededor de las bases esenciales de nuestra religión.
Lo principal en el Catolicismo es el amor al prójimo. "El que ama a su prójimo cumple con su ley." (S. Pablo, Rom. XIII, 8). Este amor, para que sea verdadero, tiene que buscar eficacia. Si la beneficencia, la limosna, las pocas escuelas gratuitas, los pocos planes de vivienda, lo que se ha llamado "la caridad", no alcanza a dar de comer a la mayoría de los hambrientos, ni a vestir a la mayoría de los desnudos, ni a enseñar a la mayoría de los que no saben, tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías.
Esos medios no los van a buscar las minorías privilegiadas que tienen el poder, porque generalmente esos medios eficaces obligan a las minorías a sacrificar sus privilegios. Por ejemplo, para lograr que haya más trabajo en Colombia, sería mejor que no se sacaran los capitales en forma de dólares y que más bien se invirtieran en el país en fuentes de trabajo. Pero como el peso colombiano se desvaloriza todos los días, los que tienen el dinero y tienen el poder nunca van a prohibir la exportación del dinero, porque exportándolo se libran de la devaluación.
Es necesario entonces quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente es lo esencial de una revolución. La Revolución puede ser pacífica si las minorías no hacen resistencia violenta. La Revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo, no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos, sino para la mayoría de nuestros prójimos. Por eso la Revolución no solamente es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos. Es cierto que "no haya autoridad sino de parte de Dios" (S. Pablo, Rom. XXI, 1). Pero Santo Tomás dice que la atribución concreta de la autoridad la hace el pueblo.
Cuando hay una autoridad en contra del pueblo, esa autoridad no es legítima y se llama tiranía. Los cristianos podemos y debemos luchar contra la tiranía. El gobierno actual es tiránico porque no lo respalda sino el 20% de los electores y porque sus decisiones sales de las minorías privilegiadas.
Los defectos temporales de la Iglesia no nos deben escandalizar. La Iglesia es humana. Lo importante es creer también que es divina y que si nosotros los cristianos cumplimos con nuestra obligación de amar al prójimo, estamos fortaleciendo a la Iglesia.
Yo he dejado los privilegios y deberes del clero, pero no he dejado de ser sacerdote. Creo que me he entregado a la Revolución por amor al prójimo. He dejado de decir misa para realizar ese amor al prójimo, en el terreno temporal, económico y social. Cuando mi prójimo no tenga nada contra mí, cuando haya realizado la Revolución, volveré a ofrecer misa si Dios me lo permite. Creo que así sigo el mandato de Cristo: "Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (S. Mateo v, 23-24).
Después de la Revolución los cristianos tendremos la conciencia de que establecimos un sistema que está orientado por el amor al prójimo.
La lucha es larga, comencemos ya...
Camilo Torres
Agosto 3 1965.
Mensaje a los sindicalistas
Pocos grupos en Colombia tienen una tradición de lucha y de organización como los obreros, como los trabajadores urbanos.
A pesar de que la industrialización de Colombia no comienza a tener importancia nacional sino a partir de 1939, el sindicalismo colombiano, tanto rural como urbano, posee una tradición de lucha anterior a esta fecha.
Los motines de los bananeros son testigos de esa lucha. El gobierno de Alfonso López Michelsen señala una etapa fundamental en la organización obrera y en la lucha sindical colombiana. El sindicalismo surge como una fuerza beligerante e independiente, pero pronto, bajo regímenes retrógrados, comienza a desvirtuarse en elementos paternalista, imperialistas y esquiroles vendidos al gobierno. Nuestra clase dirigente logró también dividir a la clase obrera y después de debilitarla con pretextos religiosos y políticos, como ya había debilitado con los mismos pretextos a la clase popular, resuelve purgarla de elementos "comunistas" en el Congreso de Cartagena, sin descartar a todo elemento no sometido al patronalismo nacional y norteamericano.
Sin embargo, la presión del sistema era común a todos los obreros. El movimiento de Gaitán consolida una conciencia de clase que la violencia no ha logrado borrar en 19 años que lleva de existencia. Los dirigentes mercenarios, vendidos a la oligarquía, se descaran cada vez más y tienen que usar procedimientos siempre más arbitrarios, siempre más violentos para mantenerse en el poder.
El Frente Nacional1 acelera la lucha social en Colombia al intituirse como el primer partido de clase en Colombia, partido de la clase privilegiada, que consolida la unión de los opresores contra los oprimidos, lanzando un reto a la clase popular colombiana para que constituya, siguiendo los consejos de José Antonio Galán: "La unión de los oprimidos contra los opresores".
El gobierno del Frente Nacional realiza tres devaluaciones, aumenta en 200 por ciento los gastos públicos y bélicos y trata de subsanar la bancarrota fiscal gravando al pueblo colombiano con impuestos a las ventas, impuestos a la gasolina y "ponqués tributarios". El paro nacional del 25 de enero es la culminación de una levadura social que fue vendida a las oligarquías para que éstas hicieran un ponqué que habían de comerse ellas mismas.
Sin embargo, el sistema está tan desintegrado y corrompido que la maquinaria política parlamentaria no funcionó ni para el ponqué, ni para las facultades extraordinarias.
Entonces se recurre a instaurar la dictadura. Se aprovecha una huelga estudiantil para decretar un estado de sitio que continúa, contrariando la constitución, para legislar sobre asuntos económicos y hacer demagogia laboral. Lo más grave del actual sistema es que no es solamente los obreros, sino la oligarquía está descontenta y digo, más grave, porque cuando la oligarquía está descontenta la posibilidad de un golpe de Estado se hace más inmediata.
Cuando el equipo político fracasa, la oligarquía lo turna por el equipo militar. El gobierno militar que tome ahora el poder posiblemente despertará esperanzas mediante medidas demagógicas. Nuestro pueblo ha dado en forma unánime el grito de la revolución. Sin embargo, todavía carece de una conciencia suficiente y de una organización adecuada para resistir al engaño que predominará las medidas demagógicas después de la caída del odiado gobierno del Frente Nacional.
Una serie interminable de huelgas legales e ilegales se han iniciado en nuestro país, todas esas luchas o reinvindicaciones inmediatas fortalecen la lucha revolucionaria porque unifican, organizan y consolidan la conciencia del obrerismo colombiano. La base obrera de todas las centrales sindicales está unificada, así como muchos de sus dirigentes, alrededor de la Plataforma de Frente Unido del Pueblo. Los obreros, con los estudiantes, constituyen un bastión que puede hacerle frente a las nuevas formas de engaño que adoptará la oligarquía. Con todo es necesario que los obreros se decidan en utilizar su relativa capacidad financiera y su indiscutible capacidad organizadora en la lucha revolucionaria y en la organización del resto de la clase popular colombiana.
Se ha dicho que los sindicalistas son los oligarcas de la clase popular. Yo no lo creo así. Por la actitud explotadora de la oligarquía, aún aquellos sindicalistas que trabajan en empresas monopolistas y que, por lo tanto, gozan de una cuota de privilegio que tienen estas empresas, han asumido y por lo menos muchos de ellos, una actitud francamente reivindicatoria y revolucionaria.
Es necesario que la clase obrera Colombia, en este momento crucial de nuestra historia, dedique todos sus esfuerzos a la unidad y a la organización de la clase popular colombiana para la toma del poder.
Que cada lucha parcial por ventajas inmediatas, no pierda de vista el hecho de que la reivindicación total y definitiva obrera no podrá venir sino consecuencia de la toma del poder por parte de las mayorías, por parte de la clase popular colombiana.
De la unidad, de la organización y de la capacidad de lucha con las reinvindicaciones actuales dependen la unidad, la organización y la lucha por esa reivindicación definitiva.
Los mismos dirigentes sindicales que le tienen miedo a la divulgación de la plataforma del Frente Unido son aquellos que le tienen miedo a la unidad porque saben que la clase obrera unidad y organizada les cobrará duramente su entrega a las clases dirigentes nacionales y extranjeras.
La clase obrera, como el pueblo colombiano, ha sido superior a muchos de sus dirigentes. Cuando la clase obrera se unifique por la base hará la presión necesaria para que los dirigentes que no quieren la unión o no quieren la revolución sean arrojados a la orilla por el pueblo colombiano que como un torrente se ha desencadenado en busca de la toma del poder.
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1. Se refiere al pacto realizado entre el partido liberal y el conservador para alternarse cada cuatro años la gubernatura de Colombia, lo cual no permite y excluye la formación de partidos o movimientos de oposición, constituyéndose así un partido único de la oligarquía colombiana.
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http://www.patriagrande.net/colombia/camilo.torres/mensaje.a.los.sindicalistas.htm
Mensaje a las mujeres
La mujer colombiana, como la mujer de todo país subdesarrollado, ha estado siempre en condiciones de inferioridad respecto del hombre y la sociedad. Estas condiciones varían de acuerdo con el nivel de vida de las personas.
Dentro de la clase popular la mujer tiene muchos deberes de tipo material y casi ningún derecho espiritual. El más alto grado de analfabetismo lo tienen las mujeres de la clase popular. Tienen que trabajar duramente en las ocultas, pero en ocasiones muy duras labores del hogar y de las industrias menores (huertas, cerdos, gallinas, perros, etc.), sin consideración a las incomodidades y responsabilidades de la maternidad.
La mujer de la clase obrera no goza de ninguna protección social y mucho menos legal. Cuando, en un país como el nuestro, el hombre acosado por la miseria, la desocupación y enfrentando a las responsabilidades agobiantes de una familia numerosa, refugiándose falsamente en los vicios, abandona el hogar, la mujer tiene que afrontar todas las cargas de éste. Cuántas casas obreras se encuentran, durante las horas de trabajo, cerradas con un candado por fuera, llenas de niños semidesnudos y semihambrientos que esperan que su madre llegue del trabajo para recibir algo de comer.
La mujer de clase media también es explotada por los patronos. Es posible que, dentro de esa clase, las relaciones con los maridos sean más igualitarias. Sin embargo, estas familias no podrían subsistir sin el trabajo de la mujer y sabemos que la mujer trabajadora, la oficinista, la empleada, sufre explotaciones y presiones de toda clase por parte del patrón.
La mujer de la clase alta tiene que disimular con ociosidad, en juegos de naipes y reuniones sociales, la falta de oportunidades intelectuales y profesionales que existe en nuestra sociedad. En ésta, la fidelidad conyugal no se exige sino a la mujer. La censura no viene sino sobre ella en el caso de que cometa algún error en esta materia. Aunque la ley consagre la igualdad de derechos y deberes, en la realidad esta igualdad no existe.
En la política, los hombres de la clase popular han sido hasta ahora conducidos según el capricho de la oligarquía. La abstención ha sido el primer grito de rebeldía de toda una clase que no confía en las patrañas de la clase dirigente.
Ya existen otros síntomas de unificación y de organización de los descontentos. Sin embargo la oligarquía como un pulpo, comienza a extender sus tentáculos hacia las mujeres colombianas. Los hombres de esta clase les han dado el derecho de votar para continuar usándolas como instrumento.
Con todo, la mujer colombiana tiene valores de persona humana y no es simplemente un instrumento. La mujer colombiana tienen la conciencia de ser explotada no solamente por la sociedad, como la mayoría de los colombianos, sino también por el hombre. La mujer colombiana tiene disciplina de lucha, ha mostrado generosidad en su entrega a los demás, tiene más resistencia al dolor físico. La mujer colombiana, como toda mujer, tiene más sentimiento, más sensibilidad, más intuición. Todas estas cualidades, en una primera etapa, deben ser exaltadas y puestas al servicio, no de las oligarquías ni de los hombres como tales, sino de un ideal revolucionario convertido en el ideal de la mujer.
Por el contrario, la mujer ha visto con más intuición quizás cómo los hombres han sido engañados con los papeletas electorales y las luchas partidistas. La mujer colombiana todavía no está infectada con una egoísta tentación de poder. Los oligarcas las quieren infectar pero no saben que si los colombianos tienen malicia indígena, las mujeres la tienen mucho más. Ellas saben muy bien que el voto es la nueva forma de explotación que la oligarquía ha ideado y por eso sale a las plazas vibrando por ideales más altos y más patrióticos. La mujer colombiana se alista para la revolución. Ella ha sido y será el apoyo del hombre revolucionario. Ella tienen que ser el corazón de la revolución. Si cada hombre revolucionario cuenta en su hogar con una mujer que sabe respaldarlo, comprenderlo a ayudarlo, tendremos muchos más hombres que se decidan a la lucha. Después de realizada la revolución, la mujer sabrá que la igualdad de derechos y deberes no permanecerá solamente como letra muerta en el papel, sino que será una realidad que ella mismas, como fuerza popular y revolucionaria, podrá garantizar.
Los problemas del divorcio y del control de la natalidad que la mujer colombiana cree poder resolver dentro de un sistema conformista y de opresión, no podrán ser resueltos sino dentro de un régimen que respete la conciencia de las personas y los derechos individuales, familiares y sociales. No podrán ser resuelto sino cuando haya un Estado que tenga verdadera autonomía y a la vez respeto en relación a la jerarquía eclesiástica.
La mujer colombiana tiene la suficiente generosidad como para encuadrar sus problemas personales dentro de un ideal más amplio, en donde estos serán resueltos sin descuidar las demás necesidades de sus semejantes.
Este ideal no podrá ser sino en la realización de una auténtica revolución colombiana.
http://www.patriagrande.net/colombia/camilo.torres/mensaje.a.las.mujeres.htm
Mensaje a los estudiantes
Los estudiantes son un grupo privilegiado en todo país subdesarrollado. Las naciones pobres sostienen a costos muy altos a los pocos egresados de colegios y universidades. En Colombia, en particular, dada la gran cantidad de colegios y universidades privadas existentes, el factor económico se ha constituido en un factor determinante en la educación. En un país con un 60% de analfabetas funcionales, 8% de bachilleres y 1& de profesionales, los estudiantes son uno de los pocos grupos que tienen instrumentos de análisis sobre la situación colombiana, de comparación con otras situaciones y de información sobre las posibles soluciones.
Además el estudiante universitario (el de las universidades donde no hay delito de opinión) y el de los colegios donde hay libertad de expresión tiene, simultáneamente, dos privilegios: el de poder ascender en la escala social mediante el ascenso en los grados académicos, y el de poder ser inconforme y manifestar su rebeldía sin que esto impida este ascenso. Estas ventajas han hecho que los estudiantes sean un elemento decisivo en la revolución latinoamericana. En la fase agitacional de la revolución, la labor estudiantil ha sido de gran eficacia. En la fase organizativa su labor ha sido secundaria en Colombia. En la lucha directa, no obstante las honrosas excepciones que se han presentado en nuestra historia revolucionaria, el papel tampoco ha sido determinante.
Nosotros sabemos que la labor agitacional es importante pero que su efecto real se pierde si no va seguida de la organización y de la lucha por la toma del poder. Una de las causas principales para que la contribución del estudiante a la Revolución sea transitoria y superficial es la falta de compromiso del estudiante en la lucha económica, familiar y personal. Su inconformismo tiende a ser emocional (por sentimentalismo o por frustración) o puramente intelectual. Esto explica también el hecho de que al término de la carrera universitaria el inconformismo desaparezca o por lo menos se oculte y el estudiante rebelde deja de serlo para convertirse en un profesional burgués que para comprar los símbolos de prestigio de la burguesía tiene que vender su conciencia a cambio de una elevada remuneración.
Estas circunstancias pueden ocasionar graves peligros a una respuesta madura y responsable de los estudiantes al momento histórico que está viviendo Colombia. La crisis económica y política se está haciendo sentir con todo el rigor sobre los obreros y los campesinos. El estudiante, generalmente aislado de estos, puede creer que basta una actitud revolucionaria superficial o puramente especulativa. Esa misma falta de contacto puede hacer que el estudiante traicione su vocación histórica; que, cuando el país le exige una entrega total, el estudiante continúe con palabrería y buenas intenciones, nada más. Que cuando el movimiento de masas le exige un trabajo cotidiano y continuo, el estudiante se conforme con gritos, pedreas y manifestaciones esporádicas. Que cuando la clase popular les exige una presencia efectiva, disciplinada y responsable en sus filas, los estudiantes contesten con promesas vanas o disculpas.
Es necesario que la convicción revolucionaria del estudiante lo lleve a un compromiso real, hasta las últimas consecuencias. La pobreza y la persecución no se deben buscar. Pero, en el actual sistema, son las consecuencias lógicas de una lucha sin cuartel contra las estructuras vigentes. En el actual sistema, son los signos que autentifican una vida revolucionaria. La misma convicción debe llevar al estudiante a participar de las penurias económicas y de la persecución social de que participan los obreros y campesinos. Entonces, el compromiso con la revolución pasa de la teoría a la práctica. Si es total, es irreversible; el profesional no podrá volverse atrás sin una flagrante traición a su conciencia, a su pueblo y a su vocación histórica.
No quiero dogmatizar sobre el momento de la coyuntura revolucionaria que estamos viviendo. Quiero solamente exhortar a los estudiantes a que ellos tomen contacto con las auténticas fuentes de información para determinar cuál es el momento, cuál su responsabilidad, y cuál tendrá que ser en consecuencia la respuesta necesaria. Personalmente, creo que estamos acercándonos aceleradamente a la hora cero de la revolución colombiana. Pero esto no se lo podrán decir con la debida autoridad, sino los obreros y campesinos. Si ellos "ascienden a la clase popular", sin ninguna clase de paternalismo, con el ánimo más de aprender que de enseñar, podrán juzgar objetivamente el momento histórico.
Sería sin embargo estéril y desgraciado que los estudiantes colombianos que han sido la chispa de la revolución permanecieran al margen de ésta por cualquier causa; por falta de información, por superficialidad, por irresponsabilidad o por miedo.
Esperamos que los estudiantes respondan a la llamada que les hace su Patria en este momento trascendental de su historia y que para eso dispongan su ánimo para oírla y seguirla con una generosidad sin límites.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=25&Itemid=45
Mensaje a los campesinos
De acuerdo con los censos, la población campesina ha disminuido. Sin embargo, en ellos se considera que la población que vive en los centros urbanos de más de mil quinientos habitantes es población urbana. En realidad eso no es así. Podemos decir que la mayoría de la población colombiana es rural.
Además de la cantidad, lo más importante es que el mayor aporte al ingreso nacional lo hacen los campesinos. El 90 por ciento de las exportaciones son agrícolas (café, banano, tabaco, azúcar). Sin agricultura no tendríamos forma de importar máquinas ni la comida que nos falta. Desgraciadamente el aporte de los campesinos, como todo en ese sistema, no sirve sino para unos pocos. Los que manejan las federaciones (de cafetaleros, de algodoneros, la United Fruit, de bananeros, de tabacaleros, etc.) y los que manejan los bancos (especialmente el banco de la república) concentran todas las ganancias. Las ganancias que aprovecha el gobierno se emplean en lo que éste llama "funcionamiento", es decir en pagar empleados (que se han duplicado para conservar la paridad) y para comprar armas viejas, para matar a los campesinos que han dado el dinero para comprarlas.
En contraste entre la importancia económica y social de los campesinos y el trato que reciben del presente sistema es manifiestamente escandaloso. La violencia ha sido principalmente campesina. El gobierno fue el iniciador de la violencia; desde 1947 fue el que produjo con la policía primero y con el ejército después, desde 1948.
Los oligarcas liberales pagaban a los campesinos liberales y los oligarcas conservadores pagaban a los campesinos conservadores para que los campesinos se mataran entre si. A los oligarcas no les hicieron ni un rasguño. Cuando la oligarquía no necesitó más de ellos, los declaró bandoleros, los cazó "como a fieras" y luego, cuando los asesinó, publicó fotos de sus cadáveres en la primera página de la gran prensa haciendo alarde del triunfo obtenido en nombre de la paz, la justicia y la legalidad.
Esa violencia gubernamental y financiada por las oligarquías después enseñó muchas cosas a los campesinos: les enseñó a reconocer en la oligarquía a su verdadero enemigo. Los enseñó a huir primero. Defenderse después y les enseñó a atacar para obtener lo que las oligarquías obtenían con la violencia: fincas, cosechas, ganado, poder. Estas cosas no se las daba el sistema. Todo lo contrario. Los salarios más bajos, el menor número de escuelas, las peores viviendas, las menores posibilidades de progresar, las tienen los campesinos.
Cuando acabaron con los cabecillas notorios quedaban zonas campesinas controladas por los mismos agricultores.
La política represiva de los estados Unidos impuestas a sus gobernantes, los gobernantes colombianos, no podía permitir zonas "sospechosas" aunque fueran pacíficas. El ejército necesitaba aumentar su importancia, para mostrar que era necesario y aumentar su presupuesto.
El Gobierno dice que los campesinos iniciaron la violencia. Los campesinos dicen que fue el gobierno. En Francia intelectuales de todas las corrientes, después de haber investigado, dicen que los campesinos tienen la razón.
Yo quiero retar al gobierno, para que pida, si se atreve, una comisión investigadora a las Naciones Unidas, constituida por países neutrales para que juzguen los casos de Marquetalia, Pato, Guayabero y Río Chiquito.
Sabemos que la similitud del desembarco de los "marines" en Santo Domingo son los desembarcos del ejército colombiano, dirigidos por la misión militar norteamericana en las "repúblicas independientes".
Estos desembarcos continuarán. Ayer, en Río Chiquito, mañana Sumapaz, pasado mañana el Ariari y los Llanos. El ejército empieza con la acción cívico militar y acaba con los bombardeos, empieza sacando muelas y acaba metiendo bala. Los campesinos ya saben que los militares llevan una mano adelante con el pan y otra atrás con el puñal. La "república independiente" de Colombia seguirá obedeciendo a los norteamericanos para que destruya a sangre y fuego las otras repúblicas de colombianos independientes. Así lo ha decretado la Cámara norteamericana. Nuestros campesinos, ya saben a que atenerse. Ya saben para qué se tienen que preparar. Ellos no se lanzan a una aventura pero no rehuyen la lucha. Ya la oligarquía, con el estado de sitio, ha sacado al pueblo a las plazas públicas. Ya lo persigue con ametralladoras en recintos cerrados, como en Medellín. Cuando nos haga la vida imposible en la ciudad, tenemos que ir al campo. Y del campo no podemos botarnos al mar. Allí tendremos que resistir. Para eso debe prepararse el campesino, organizando ahora los comandos del Frente Unido con grupos de cinco o de diez. Purificando las zonas de traidores a la causa del pueblo. Haciendo depósitos de comida y de ropa. Preparándose para esa lucha prolongada. No dejándose provocar, ni presentar resistencia cuando las condiciones sean desfavorable para el pueblo.
La oligarquía seguirá reafirmando a los campesinos en su convencimiento de que tienen que apoyar a las fuerzas revolucionarias. ¿Por qué no se han acabado con la guerrilla de Simacota?. Únicamente por el apoyo de los campesinos.
Cuando la oligarquía no deje otro camino, los campesinos tendrán que darnos refugio a los revolucionarios, a los obreros y estudiantes.
Por el momento deben unificarse y organizarse para recibirnos con el fin de emprender la larga lucha final.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=31&Itemid=52
Mensaje a los desempleados
Si bien es cierto que en todos los países capitalistas, incluyendo a los más desarrollados como los Estados Unidos, siempre existe una gran porcentaje de población desempleada, es necesario comprender que en los países subdesarrollados ese porcentaje es todavía mayor. La falta de trabajo para millones de hombres y mujeres constituye precisamente una de las características de esos países subdesarrollados. Y tenemos entonces que en un país rico como Colombia, nuestra oligarquía ha sido incapaz de crear industrias suficientes para dar trabajo a los miles de colombianos que todos los años llegan a la edad en que quieren entrar a producir, en que quieren convertirse en hombres y mujeres útiles para la sociedad.
Esa oligarquía ni quiere ni puede abrir nuevas fuentes de trabajo. No quiere, porque es una oligarquía que piensa más en ella que en el país. Prefiere sacar su dinero para el Canadá o para Suiza antes que invertirlo nuevamente en el país. Es una oligarquía que porque sabe cuántos dolores le ha causado al pueblo, le tiene miedo, le tiene miedo a la revolución, y por eso prefiere sacar su dinero antes que abrir nuevas industrias. Prefiere invertirlo en clubes lujosos y en gastos suntuarios antes que invertirlo en nuevas fábricas. Ella no tiene interés en crearse nuevas incomodidades disputándole el mercado a las empresas norteamericanas, ni tiene personalidad ni empuje suficiente para buscar en otros países - fuera de Estados Unidos - la ayuda técnica y económica necesariia para industrializar nuestro país. Es una oligarquía conformista que "nació cansada", y que siempre ha pensado más en ella y en sus socios extranjeros que en las verdaderas necesidades del pueblo colombiano.
Pero aún si quisiera, nuestra oligarquía tampoco podría industrializar a Colombia. Esto no se lo van a permitir sus socios norteamericanos. Todos sabemos que hay muchas empresas que parecen colombianas, pero que son más norteamericanas que colombianas: Avianca, Peldar, Icollantas, Croydon, etc. Todos sabemos que nuestra economía depende de las ventas de café que le hacemos principalmente a los Estados Unidos y de las "ayudas" que esos mismos Estados Unidos nos dan. Todos sabemos que el nuestro es un Estado limosnero que está dependiendo de las migajas que nos quieran dar los norteamericanos, y que ellos tampoco están interesados en industrializar al país. Las "ayudas" que nos dan son para construir algunas escuelitas, algún barrio piloto, tal vez algunas letrinas, pero nunca nos van a ayudar a crear nuevas fábricas de maquinaria pesada, fábricas que a su vez produzcan nuevas fábricas y abran por consiguiente nuevos frentes de trabajo. A Norte América lo que le interesa es tener países que le suministren materias primas - minerales y agrícolas - baratas, que le compren a ella a precios elevados todos los carros, todas las máquinas, todos los productos de su industria que nosotros necesitamos para nuestro uso. Norte América domina nuestra economía, y nuestra oligarquía está muy contenta de ser aquí su agente y su servidora.
Por eso son los desempleados los que más duramente soportan las consecuencias de nuestro subdesarrollo. La miseria de sus hogares, la angustia de no poder llevar al hogar el mercado necesario, de no poder pagar el arrendamiento, de no poder educar a los hijos, les está demostrando a todos los desempleados la necesidad de emprender la lucha definitiva contra el sistema. Ellos saben más que nadie que no son pobres porque no quieran trabajar, sino porque no hay dónde trabajar. Ellos saben que no es que el pueblo sea perezoso, sino que la oligarquía que ahora es dueña de las fuentes de trabajo y es "dueña" del Estado, no hace nada eficaz para solucionar verdaderamente nuestros problemas. Por eso los desempleados deben estar también a la cabeza de nuestra lucha por arrebatarle el poder a esa minoría y entregárselo a las mayorías. Ellos deben ser los primeros en comprender la necesidad de que el pueblo se organice, ellos que están padeciendo como ninguno el peso del sistema, deben ser los primeros en comprender que mientras el pueblo no se haya tomado el poder, será imposible solucionar los problemas de nuestra economía y por consiguiente será imposible solucionar los problemas de cada uno de los hogares colombianos que hoy padecen las consecuencias de la desocupación.
Pero lo más grave está en que esa situación de desempleo crónico no tiende a solucionarse, sino que por el contrario cada día el problema se hace más agudo. En el Ministerio de Trabajo hay varios de cientos de peticiones de empresas que solicitan autorización para licenciar personal. Y hay muchas otras que lo licencian sin pedir autorización. Todos sabemos a diario de nuevos casos de despidos colectivos, y sabemos que muchas pequeñas industrias que están quebrando a consecuencia del alza del dólar que a su vez elevó dramáticamente los costos de las materias primas.
Por otra parte, cientos de miles de personas han sido desplazadas del campo a la ciudad por la violencia que la oligarquía desató contra nuestros campesinos. Todos ellos deben comprender que la solución de sus problemas no deben esperarlo de sus propios verdugos, de los que crearon la violencia, de los que tienen hipotecado al país, de los que precisamente causan la miseria, sino que la solución está en manos de las mayorías, uno de cuyos sectores más importantes numéricamente es el de los desempleados.
La crisis cada día se agudiza más. La oligarquía, por ser cada día más mezquina, más egoísta y más antinacional, está lanzando todos los días nuevos contingentes del pueblo a la lucha revolucionaria. Cuando un hombre o una mujer no tienen nada que perder - ni siquiera un empleo con salario de hambre -, cuando al participar en la lucha lo tiene todo por ganar y sólo sus cadenas por perder, y cuando es la situación de todo un pueblo, significa que la hora de nuestra liberación está cada minuto más cercana.
Esta es la lucha de todo un pueblo contra un puñado de opresores cuyo único sostén son las armas y el apoyo extranjero, y en esa lucha el pueblo vencerá porque no hay fuerza capaz de impedir la victoria de un pueblo unido que lucha por sus derechos, que lucha inspirado en ideales nobles y generosos. Antes que morir de hambre o de frío, antes que padecer más miserias y humillaciones, el pueblo prefiere luchar por conquistar definitivamente el poder. A ello lo ha obligado la oligarquía. La oligarquía ha retado a nuestro pueblo, y hemos aceptado el reto.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=33&Itemid=54
Mensaje a los comunistas
Las relaciones tradicionales entre los cristianos y los marxistas, entre la Iglesia y el partido comunista pueden hacer surgir sospechas y suposiciones a las relaciones que en el FRENTE UNIDO se establezcan entre cristianos y marxistas y entre un sacerdote y el partido comunista.
Por eso creo necesario que mis relaciones con el partido comunista y su posición dentro del Frente Unido queden muy claras ante el pueblo colombiano.
Yo he dicho que soy revolucionario como colombiano, como sociólogo, como cristiano, como sacerdote. Considero que el partido comunista tiene elementos auténticamente revolucionarios y, por lo tanto, no puedo ser anticomunista ni como colombiano, ni como sociólogo, ni como cristiano, ni como sacerdote.
No soy anticomunista como colombiano, porque el anticomunismo se orienta para perseguir a compatriotas inconformes, comunistas o no, de los cuales la mayoría es gente pobre.
No soy anticomunista como sociólogo, porque en los planteamientos comunistas para combatir la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la falta de vivienda, la falta de servicios para el pueblo, se encuentran soluciones eficaces y científicas.
No soy anticomunista como cristiano, porque creo que el anticomunismo acarrea una condenación en bloque de todo lo que defienden los comunistas y, entre lo que ellos defienden, hay cosas justas e injustas. Al condenarlos en conjunto, nos exponen a condenar igualmente lo justo y lo injusto, y eso es anticristiano.
No soy anticomunista como sacerdote, porque aunque los mismos comunistas no lo sepan, entre ellos pueden haber muchos que son auténticos cristianos. Si están de buena fe, pueden tener la gracia santificante y si tienen la gracia santificante y aman al prójimo se salvarán. Mi papel como sacerdote, aunque no esté en el ejercicio del culto externo, es lograr que los hombres se encuentren con Dios, y, para eso, el medio más eficaz es hacer que los hombres sirvan al prójimo de acuerdo a su conciencia.
Yo no pienso hacer proselitismo respecto de mis hermanos los comunistas, tratando de llevarlos a que acepten el dogma y a que practiquen el culto de la Iglesia. Pretendo, eso sí, que todos los hombres obren de acuerdo con su conciencia, busquen sinceramente la verdad y amen a su prójimo de forma eficaz.
Los comunistas deben saber muy bien que yo tampoco ingresaré a sus filas, que no soy ni seré comunista, ni como colombiano, ni como sociólogo, ni como cristiano, ni como sacerdote.
Sin embargo, estoy dispuesto a luchar con ellos por objetivos comunes: contra la oligarquía y el dominio de los Estados Unidos, para la toma del poder por parte de la clase popular.
No quiero que la opinión pública me identifique con los comunistas y por eso siempre he querido aparecer ante ella en compañía no solamente de estos, sino de todos los revolucionarios independientes y de otras corrientes.
No importa que la gran prensa se obstine en presentarme como comunista. Prefiero seguir mi conciencia a plegarme a la presión de la oligarquía. Prefiero seguir las normas de los Pontífices de la Iglesia antes que las de los pontífices de nuestras clases dirigentes. Juan XXIII me autoriza para marchar en unidad de acción con los comunistas, cuando dice en su encíclica Pacem in terris:
"Se ha de distinguir también cuidadosamente entre las teorías filosóficas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre, y las iniciativas de orden económico, social, cultural o político, por más que tales iniciativas hayan sido originadas e inspiradas en tales teorías filosóficas; porque las doctrinas, una vez elaboradas y definidas, ya no cambian, mientras que tales iniciativas encontrándose en situaciones históricas continuamente variables, están forzosamente sujetas a los mismos cambios. Además, ¿quién puede negar que, en dictados de la recta razón e intérpretes de las justas aspiraciones del hombre, puedan tener elementos buenos y merecedores de aprobación?".
"Teniendo presente esto, puede a veces suceder que ciertos contactos de orden práctico , que hasta aquí se consideraban como inútiles en absoluto, hoy por el contrario sean provechosos, o puedan llegar a serlo. Determinar si tal momento ha llegado o no, como también establecer las formas y el grado en que hayan de realizarse contactos en orden a conseguir metas positivas, ya sea en el campo económico o social, ya también en el campo cultural o político, son puntos que sólo puede enseñar la virtud de la prudencia, como reguladora que es de todas las virtudes que rigen la vida moral tanto individual como social."
Cuando la clase popular se tome el poder, gracias a la colaboración de todos los revolucionarios, nuestro pueblo discutirá sobre su orientación religiosa.
El ejemplo de Polonia nos muestra que se puede construir el socialismo sin destruir lo esencial que hay en el cristianismo. Como decía un sacerdote polaco: "Los cristianos tenemos la obligación de contribuir a la construcción del estado socialista siempre y cuando se nos permita adorar a Dios como queremos".
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=27&Itemid=48
Mensaje a los militares
Después de haber experimentado en la ciudad de Girardot el poder que tenían 40 hombres armados y disciplinados contra una multitud de 4.000 personas, he tomado la decisión de hacer un llamamiento vehemente a las fuerzas armadas de Colombia para que tomen conciencia del momento histórico que estamos viviendo y que se decidan a planificar desde ahora las formas como deberán participar en la lucha revolucionaria.
En varias ocasiones he visto a campesinos y obreros uniformados dentro de los cuales nunca he encontrado elementos de la clase dirigente, golpear y perseguir a campesinos, obreros y estudiantes que representan a la mayoría de los colombianos. Ni dentro de los suboficiales, ni dentro de los oficiales, con raras excepciones, he encontrado a miembros de la oligarquía. Todo el que contemple el contraste de las mayorías colombianas clamando por la revolución y unas pequeñas minorías militares reprimiendo al pueblo para proteger a unas pocas familias privilegiadas tiene que preguntarse por las razones que inducen a estos elementos del pueblo a perseguir a sus semejantes.
No pueden ser las ventajas económicas. Todo el personal de las fuerzas armadas está muy mal pagado. A los militares no se les permite, en general, hacer estudios que les faciliten una vida fuera del ejército. Cuando llegan al grado de mayor tratan de comprar una casa de esquina para poner una tienda con la cual puedan subsistir en su retiro. He visto generales y coroneles consiguiendo puesto de profesor de educación física en colegios de segunda enseñanza y de vendedores de seguros. Los sueldos del personal en servicio activo son reducidos, pero los son más aún los del personal retirado. Este personal no recibe atención médica ni ninguna otra ventaja económica. Sin embargo sabemos que la tercera parte de nuestro presupuesto nacional está consagrado a las fuerzas armadas. Como es obvio el presupuesto de guerra no se consagra a pagar a los militares colombianos sino que se dedica a comprar la chatarra que nos venden los Estados Unidos, se dedica al mantenimiento de los elementos materiales, se dedica a alimentar la represión interna en la que los colombianos matan a sus propios hermanos.
Puede ser que el motivo para que los militares obren así sea la entrega a las leyes, a la constitución y a la Patria. Pero la Patria colombiana consiste principalmente en sus hombres y la mayoría de estos sufre y no disfruta del poder. La Constitución es violada constantemente al no dar trabajo, propiedad, ni libertad, ni participación en el poder a un pueblo que debe ser, de acuerdo con la Constitución, el que decida de los asuntos políticos en el país. La Constitución es violada cuando se mantiene un estado de sitio después de haber cesado las causas que fueron el pretexto para su declaración. Las leyes son violadas cuando se detiene a los ciudadanos sin orden de captura, cuando se retiene la correspondencia, cuando se impide transitar por las calles a los ciudadanos, cuando se controlan los teléfonos y se miente y se engaña para perseguir a los revolucionarios.
Quizás es necesario informar más a los militares sobre el lugar en donde está la patria, la constitución y las leyes, para que no crean que la patria está formada por las 24 familias que actualmente protegen, por quienes dan su sangre y de quienes reciben tan mala remuneración.
Quizás el motivo principal para que los militares continúen siendo el brazo armado de la oligarquía sea la falta de oportunidades en otros campos de la actividad humana que existe en Colombia. Los militares deben comprender que cuando triunfe la revolución se planificará la economía, se abrirán las escuelas, los colegios y las universidades a todos los colombianos, y no solamente ellos sino sus hijos tendrán la oportunidad de empleos remunerativos y de carreras liberales. Mientras perdure el enemigo reaccionario habrá un ejército no para la defensa de las minorías privilegiadas sino para la defensa del pueblo. Los sacrificios que se hagan entonces serán para construir la patria y no para destruirla.
El honor de las fuerzas armadas no será entonces mancillado por el capricho de la oligarquía y de los lacayos que tengan a su servicio las fuerzas armadas. No veremos más a generales de tres soles ser destituidos por haber hablado de reformas de estructura y de grupos de presión. No veremos más a generales que tienen un origen en la clase media echados por contrabandistas con escándalos públicos mientras que los superiores de la clase alta o relacionados con la oligarquía colombiana hacen un contrabando que logran mantener oculto, contrabando que va más directamente contra los intereses del país y contra la soberanía nacional.
Militares: el Frente Unido les promete unificar a la clase popular y organizarla para la toma del poder. No dejen de concurrir a la cita en el campo de batalla donde le daremos el golpe mortal a esa oligarquía que oprime a todos los colombianos, que los oprime a ustedes como nos oprime a nosotros.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=28&Itemid=49
Mensaje a los no alineados
Los síntomas de putrefacción y relajamiento del Frente Nacional son comunes a todos los que presentan todos los regímenes caducos en los últimos estertores de su existencia. Los dirigentes ahogan en fiestas y bacanales las inquietudes que el fermento popular les produce y consagran su actividad política a componendas de camarilla, a luchas intestinas entre los directorios anacrónicos e impopulares; al pueblo ya no le interesan las discusiones entre los Lleras, los Gómez, los Ospinas, los Santos y otros nombres de nuestra aristocracia feudal.
El pueblo tiene hambre. Está descontento. Está decidido a unificarse y a organizarse. El pueblo, sobre todo, tiene la decisión inquebrantable de tomar el poder.
En las pasadas elecciones la oligarquía aún no tenía necesidad de inventar votos (si nosotros permitimos que las próximas elecciones se efectúen, entonces sí tendrá que inventar la existencia de muchos votos).
Los abstencionistas revelaron ser la mayoría de los electores. El 70% de los colombianos no acudió a las urnas. Cualquiera que tenga un conocimiento elemental de la gente colombiana, cualquiera que haya asistido conmigo a las concentraciones populares tiene que haber llegado al convencimiento de que los abstencionistas son opositores al frente nacional y a la oligarquía.
Los abstencionistas en general son aquellos revolucionarios que no están organizados en grupos políticos. Si bien gracias al espíritu revolucionario y antisectario que han revelado los grupos políticos que han ingresado al Frente Unido, les ha permitido a estos conseguir un mayor número de adherentes, la mayoría de los Colombianos se ha incorporado al Frente Unido sin inscribirse en los grupos políticos ya existentes. Estos mismos grupos tienen que comprender que la actividad principal del Frente Unido debe ser la organización de los no alineados.
La organización de los no alineados deberá hacerse de abajo hacia arriba con jefes propios y con una autoridad férrea pero despojada de todo carácter caudillista. Actualmente el vínculo principal de unión entre ellos es la Plataforma del Frente Unido del Pueblo que yo he presentado como propuesta a la clase popular colombiana. Es posible que mi nombre tenga aún demasiada importancia dentro de este grupo y en una etapa inicial, mientras mi nombre sirva para estimular la agitación y la organización revolucionaria, puede ser de bastante utilidad. Sin embargo, sería infantil producir los mismos errores que han producido el fracaso de anteriores movimientos revolucionarios. Ya vimos cómo la oligarquía asesinó a Jorge Eliécer Gaitán. Ya vimos cómo la reacción del pueblo en este momento no fue la de reagruparse en torno a jefes revolucionarios sino la de recurrir a los jefes de la oligarquía que sobre los hombros del pueblo llegaron al palacio presidencial a vender el movimiento revolucionario. Ya vimos cómo el pueblo desorganizado quiso dar la batalla en las ciudades en donde el enemigo es más fuerte. Ya vimos cómo el pueblo se dejó desconcertar y se dedicó al incendio y al robo en lugar de replegarse hacia los campos en donde el enemigo es más débil y los revolucionarios tienen más recursos.
Estamos apostando una carrera con la oligarquía. Es posible que ésta me asesine antes de haber logrado una sólida organización entre los no alineados. Creo que sería demasiado torpe que me encarcelen o me inventaran un proceso de guerra verbal. Por eso creo más en el asesinato. Lo importante es que el pueblo colombiano tenga consignas precisas si esto llega a ocurrir.
La primera es la de replegarse hacia el campo y no librar la batalla en la ciudad.
La segunda es la de no ejercer ninguna acción ofensiva mientras no haya una organización rural capaz de mantenerla.
Con todo es necesario que los no alineados se den cuenta de la gravedad del momento y de su responsabilidad histórica. Cada minuto que perdamos en organizaciones es un minuto que le estamos dando de ventaja a la oligarquía.
Las manifestaciones multitudinarias, el entusiasmo y la agitación revolucionarios son útiles en cuanto se reflejan inmediatamente en una organización por la base.
Es necesario que cada campesino raso, que cada obrero raso, que cada revolucionario se sienta responsable de formar un comando del Frente Unido con algunos compañeros o amigos, sin esperar directivas y sin esperar órdenes.
Se deben reunir: (1) para discutir y divulgar la plataforma del Frente Unido; (2) divulgar y financiar el Periódico Frente Unido; (3) cumplir las consignas inmediatas de acción; (4) coordinarse con los otros comandos de base para formar comandos veredales, de barrio, de fábrica, de colegio o universidad, de municipio, de región y de departamento; (5) preparar a los delegados a la gran convención nacional del pueblo para el 11 ó 12 de diciembre de 1965.
La manifestación popular del 10 de octubre en la plaza de Bolívar a las cinco de la tarde será la ocasión de que los no alineados se presenten en forma organizada por comandos y por agremiaciones. En esa manifestación el pueblo colombiano, y especialmente el de la capital, protestará por el Estado de Sitio y todas sus consecuencias represivas contra el pueblo colombiano: los consejos de guerra verbales, la persecución sindical, la persecución a los jefes de la oposición, los nuevos impuestos, la última devaluación, etc., etc.
La abstención electoral, por sí sola, no es un arma de combate revolucionaria; ella tiene que estar acompañada de una organización y de una disciplina beligerante y activa. Los no alineados, los revolucionarios sin partido, tendrán que transformarse de una masa amorfa y débil en un ariete que no dejará de golpear contra el sistema hasta verlo totalmente derrumbado.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=29&Itemid=50
Mensaje a los presos politicos
El pueblo colombiano debe comprender que la minoría que hoy tiene el poder, no nos lo va a entregar sin defenderlo. Es necesario recordar cómo fue de dura la lucha contra los españoles el siglo pasado y cuántas penalidades debieron pasar los revolucionarios de esa época. Puede decirse que un buen termómetro para saber si una persona o una organización son revolucionarios, consiste en darse cuenta si la oligarquía la persigue o no. Entre más revolucionario sea, con toda seguridad más la va a perseguir. Tanto los extranjeros como la oligarquía saben distinguir muy bien quien quiere verdaderamente arrebatarles el poder para dárselo al pueblo, y quién sólo busca ventajas personales o de otro tipo.
La oligarquía sabe así cuáles son sus verdaderos enemigos, y a esos es a los que persigue con saña. Por eso Nariño, por ejemplo, que peleó con las armas en la mano y que no buscaba solamente ventajas para los criollos ricos sino mejorar la suerte de todo el pueblo, tuvo que pasar tantos años en la cárcel, combatido no solamente por los españoles, sino también por muchos "próceres" pertenecientes a la oligarquía de entonces, de la cual descienden los "próceres" de ahora.
Por eso la oligarquía nos va a perseguir cada día con mayor ferocidad. Cuando se dé cuenta de que sí estamos decididos a llegar hasta las últimas consecuencias en la lucha por la toma del poder para el pueblo, esa minoría que no ha vacilado en lanzar al país a la violencia, en vender la soberanía al extranjero, en convertir a nuestros soldados en un ejército ocupante de su propia patria, esa minoría a la que no le ha temblado la mano para mandar asesinar a los dirigentes populares, va a lanzar contra el Frente Unido del Pueblo y contra las organizaciones populares todo el peso de su aparato represivo.
Eso no nos debe sorprender, ni nos debe asustar. La oligarquía tiene una doble moral, de la cual se vale, por ejemplo, para condenar la violencia revolucionaria mientras ella asesina y encarcela a los defensores y representantes de la clase popular. Es la misma doble moral que tienen los Estados Unidos, que mientras hablan de paz, están bombardeando a Viet Nam y desembarcando en Santo Domingo. Por eso se entienden tan bien. Pero como nosotros sabemos que a todo el pueblo no lo van a poder encarcelar, ni los campesinos armados y organizados se van a dejar echar al mar, no nos asustamos de la represión que realicen contra nosotros.
Yo ya he dicho que es un deber de los revolucionarios no dejarse asesinar. Que si nos persiguen en las ciudades, nos iremos a los campos, en donde estaremos en igualdad de condiciones con los enviados de la oligarquía. Desgraciadamente, no todos los revolucionarios pueden ni deben tomar esa medida extrema, y a muchos de ellos el gobierno de la oligarquía los apresará y quizás llegue, como todos los gobiernos tiránicos, hasta a torturarlos. Pero el revolucionario que sea apresado, no deja de ser por eso un elemento valioso en la lucha revolucionaria.
Desde la cárcel, el revolucionario debe dar ejemplo al pueblo de su valor y decisión, de espíritu, de sacrificio y de lealtad a la revolución. Su tiempo allí debe ser empleado en estudiar, en prepararse mejor para comprender la justicia de los ideales revolucionarios, en templarse más aún para el día en que recobre la libertad. Además, el preso político debe demostrarle a los guardianes y a los otros presos, que hay una diferencia profunda entre él y un delincuente común. El revolucionario debe exigir con su conducta que sus carceleros le den un trato de acuerdo a su condición de luchador por el pueblo. No hay nada más desmoralizador para el enemigo que nuestro propio valor, que nuestra propia entereza. Antes que sentir vergüenza por estar preso, el revolucionario debe sentirse orgulloso del temor con que la oligarquía lo ve, debe sentirse orgulloso de "sufrir persecuciones por la justicia".
Por su parte, la clase popular debe ver en el revolucionario preso un estímulo más para luchar contra la oligarquía. Debe ver en él a un combatiente de vanguardia, que merece todo el aprecio y todo el respaldo. Debe darle por consiguiente toda su solidaridad, a través de exigencias para que le sea devuelta la libertad y con actos concretos tales como hacerles llegar información, comida, dinero, cobijas, libros, etc. Sin embargo, la mayor ayuda que las organizaciones populares y los revolucionarios en particular, pueden dar a un preso, es aumentar su lucha. Es necesario que nuestro compañero privado de libertad sepa que mientras él está tras las rejas, miles y miles de hombres y mujeres luchan por realizar la revolución, luchan por devolverle su libertad. La mejor manera de evitar que haya presos del pueblo, es que el pueblo se tome el poder.
No importa, pues, que la oligarquía quiera atemorizar a los revolucionarios. No importa que ella claudique de sus principios "democráticos", y le entregue todo el poder judicial a los militares para lavarse las manos y obligar al ejército a que peque nuevamente ante los ojos del pueblo, condenando en consejos de guerra verbales a los revolucionarios. Quizás los propios militares lleguen a darse cuenta algún día de la hipocresía y la conducta farisáica de nuestras 24 familias millonarias y los políticos inescrupulosos que le sirven de voceros. Por nuestra parte, nada nos hará desistir de nuestra lucha por organizar al pueblo e ir con él hasta la toma del poder, cueste lo que cueste. Y lo decimos, porque sabemos que es una decisión de las mayorías, sin cuyo apoyo y participación activa, ni la cárcel, ni las penalidades de la lucha tendrían sentido ni esperanza.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=34&Itemid=55
Viene la contunuacion.
Recuerden leer la bibiografia para que se pongan en el contexto del hombre. Exitos.
Mensaje a los crstianos
Las convulsiones producidas por los acontecimientos políticos, religiosos y sociales de los últimos tiempos, posiblemente han llevado a los creistianos de Colombia a mucha confusión. Es necesario que en este momento decisivo para nuestra historia, los cristianos estemos firmes alrededor de las bases esenciales de nuestra religión.
Lo principal en el Catolicismo es el amor al prójimo. "El que ama a su prójimo cumple con su ley." (S. Pablo, Rom. XIII, 8). Este amor, para que sea verdadero, tiene que buscar eficacia. Si la beneficencia, la limosna, las pocas escuelas gratuitas, los pocos planes de vivienda, lo que se ha llamado "la caridad", no alcanza a dar de comer a la mayoría de los hambrientos, ni a vestir a la mayoría de los desnudos, ni a enseñar a la mayoría de los que no saben, tenemos que buscar medios eficaces para el bienestar de las mayorías.
Esos medios no los van a buscar las minorías privilegiadas que tienen el poder, porque generalmente esos medios eficaces obligan a las minorías a sacrificar sus privilegios. Por ejemplo, para lograr que haya más trabajo en Colombia, sería mejor que no se sacaran los capitales en forma de dólares y que más bien se invirtieran en el país en fuentes de trabajo. Pero como el peso colombiano se desvaloriza todos los días, los que tienen el dinero y tienen el poder nunca van a prohibir la exportación del dinero, porque exportándolo se libran de la devaluación.
Es necesario entonces quitarles el poder a las minorías privilegiadas para dárselo a las mayorías pobres. Esto, si se hace rápidamente es lo esencial de una revolución. La Revolución puede ser pacífica si las minorías no hacen resistencia violenta. La Revolución, por lo tanto, es la forma de lograr un gobierno que dé de comer al hambriento, que vista al desnudo, que enseñe al que no sabe, que cumpla con las obras de caridad, de amor al prójimo, no solamente en forma ocasional y transitoria, no solamente para unos pocos, sino para la mayoría de nuestros prójimos. Por eso la Revolución no solamente es permitida sino obligatoria para los cristianos que vean en ella la única manera eficaz y amplia de realizar el amor para todos. Es cierto que "no haya autoridad sino de parte de Dios" (S. Pablo, Rom. XXI, 1). Pero Santo Tomás dice que la atribución concreta de la autoridad la hace el pueblo.
Cuando hay una autoridad en contra del pueblo, esa autoridad no es legítima y se llama tiranía. Los cristianos podemos y debemos luchar contra la tiranía. El gobierno actual es tiránico porque no lo respalda sino el 20% de los electores y porque sus decisiones sales de las minorías privilegiadas.
Los defectos temporales de la Iglesia no nos deben escandalizar. La Iglesia es humana. Lo importante es creer también que es divina y que si nosotros los cristianos cumplimos con nuestra obligación de amar al prójimo, estamos fortaleciendo a la Iglesia.
Yo he dejado los privilegios y deberes del clero, pero no he dejado de ser sacerdote. Creo que me he entregado a la Revolución por amor al prójimo. He dejado de decir misa para realizar ese amor al prójimo, en el terreno temporal, económico y social. Cuando mi prójimo no tenga nada contra mí, cuando haya realizado la Revolución, volveré a ofrecer misa si Dios me lo permite. Creo que así sigo el mandato de Cristo: "Si traes tu ofrenda al altar y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (S. Mateo v, 23-24).
Después de la Revolución los cristianos tendremos la conciencia de que establecimos un sistema que está orientado por el amor al prójimo.
La lucha es larga, comencemos ya...
Camilo Torres
Agosto 3 1965.
Mensaje a los sindicalistas
Pocos grupos en Colombia tienen una tradición de lucha y de organización como los obreros, como los trabajadores urbanos.
A pesar de que la industrialización de Colombia no comienza a tener importancia nacional sino a partir de 1939, el sindicalismo colombiano, tanto rural como urbano, posee una tradición de lucha anterior a esta fecha.
Los motines de los bananeros son testigos de esa lucha. El gobierno de Alfonso López Michelsen señala una etapa fundamental en la organización obrera y en la lucha sindical colombiana. El sindicalismo surge como una fuerza beligerante e independiente, pero pronto, bajo regímenes retrógrados, comienza a desvirtuarse en elementos paternalista, imperialistas y esquiroles vendidos al gobierno. Nuestra clase dirigente logró también dividir a la clase obrera y después de debilitarla con pretextos religiosos y políticos, como ya había debilitado con los mismos pretextos a la clase popular, resuelve purgarla de elementos "comunistas" en el Congreso de Cartagena, sin descartar a todo elemento no sometido al patronalismo nacional y norteamericano.
Sin embargo, la presión del sistema era común a todos los obreros. El movimiento de Gaitán consolida una conciencia de clase que la violencia no ha logrado borrar en 19 años que lleva de existencia. Los dirigentes mercenarios, vendidos a la oligarquía, se descaran cada vez más y tienen que usar procedimientos siempre más arbitrarios, siempre más violentos para mantenerse en el poder.
El Frente Nacional1 acelera la lucha social en Colombia al intituirse como el primer partido de clase en Colombia, partido de la clase privilegiada, que consolida la unión de los opresores contra los oprimidos, lanzando un reto a la clase popular colombiana para que constituya, siguiendo los consejos de José Antonio Galán: "La unión de los oprimidos contra los opresores".
El gobierno del Frente Nacional realiza tres devaluaciones, aumenta en 200 por ciento los gastos públicos y bélicos y trata de subsanar la bancarrota fiscal gravando al pueblo colombiano con impuestos a las ventas, impuestos a la gasolina y "ponqués tributarios". El paro nacional del 25 de enero es la culminación de una levadura social que fue vendida a las oligarquías para que éstas hicieran un ponqué que habían de comerse ellas mismas.
Sin embargo, el sistema está tan desintegrado y corrompido que la maquinaria política parlamentaria no funcionó ni para el ponqué, ni para las facultades extraordinarias.
Entonces se recurre a instaurar la dictadura. Se aprovecha una huelga estudiantil para decretar un estado de sitio que continúa, contrariando la constitución, para legislar sobre asuntos económicos y hacer demagogia laboral. Lo más grave del actual sistema es que no es solamente los obreros, sino la oligarquía está descontenta y digo, más grave, porque cuando la oligarquía está descontenta la posibilidad de un golpe de Estado se hace más inmediata.
Cuando el equipo político fracasa, la oligarquía lo turna por el equipo militar. El gobierno militar que tome ahora el poder posiblemente despertará esperanzas mediante medidas demagógicas. Nuestro pueblo ha dado en forma unánime el grito de la revolución. Sin embargo, todavía carece de una conciencia suficiente y de una organización adecuada para resistir al engaño que predominará las medidas demagógicas después de la caída del odiado gobierno del Frente Nacional.
Una serie interminable de huelgas legales e ilegales se han iniciado en nuestro país, todas esas luchas o reinvindicaciones inmediatas fortalecen la lucha revolucionaria porque unifican, organizan y consolidan la conciencia del obrerismo colombiano. La base obrera de todas las centrales sindicales está unificada, así como muchos de sus dirigentes, alrededor de la Plataforma de Frente Unido del Pueblo. Los obreros, con los estudiantes, constituyen un bastión que puede hacerle frente a las nuevas formas de engaño que adoptará la oligarquía. Con todo es necesario que los obreros se decidan en utilizar su relativa capacidad financiera y su indiscutible capacidad organizadora en la lucha revolucionaria y en la organización del resto de la clase popular colombiana.
Se ha dicho que los sindicalistas son los oligarcas de la clase popular. Yo no lo creo así. Por la actitud explotadora de la oligarquía, aún aquellos sindicalistas que trabajan en empresas monopolistas y que, por lo tanto, gozan de una cuota de privilegio que tienen estas empresas, han asumido y por lo menos muchos de ellos, una actitud francamente reivindicatoria y revolucionaria.
Es necesario que la clase obrera Colombia, en este momento crucial de nuestra historia, dedique todos sus esfuerzos a la unidad y a la organización de la clase popular colombiana para la toma del poder.
Que cada lucha parcial por ventajas inmediatas, no pierda de vista el hecho de que la reivindicación total y definitiva obrera no podrá venir sino consecuencia de la toma del poder por parte de las mayorías, por parte de la clase popular colombiana.
De la unidad, de la organización y de la capacidad de lucha con las reinvindicaciones actuales dependen la unidad, la organización y la lucha por esa reivindicación definitiva.
Los mismos dirigentes sindicales que le tienen miedo a la divulgación de la plataforma del Frente Unido son aquellos que le tienen miedo a la unidad porque saben que la clase obrera unidad y organizada les cobrará duramente su entrega a las clases dirigentes nacionales y extranjeras.
La clase obrera, como el pueblo colombiano, ha sido superior a muchos de sus dirigentes. Cuando la clase obrera se unifique por la base hará la presión necesaria para que los dirigentes que no quieren la unión o no quieren la revolución sean arrojados a la orilla por el pueblo colombiano que como un torrente se ha desencadenado en busca de la toma del poder.
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1. Se refiere al pacto realizado entre el partido liberal y el conservador para alternarse cada cuatro años la gubernatura de Colombia, lo cual no permite y excluye la formación de partidos o movimientos de oposición, constituyéndose así un partido único de la oligarquía colombiana.
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http://www.patriagrande.net/colombia/camilo.torres/mensaje.a.los.sindicalistas.htm
Mensaje a las mujeres
La mujer colombiana, como la mujer de todo país subdesarrollado, ha estado siempre en condiciones de inferioridad respecto del hombre y la sociedad. Estas condiciones varían de acuerdo con el nivel de vida de las personas.
Dentro de la clase popular la mujer tiene muchos deberes de tipo material y casi ningún derecho espiritual. El más alto grado de analfabetismo lo tienen las mujeres de la clase popular. Tienen que trabajar duramente en las ocultas, pero en ocasiones muy duras labores del hogar y de las industrias menores (huertas, cerdos, gallinas, perros, etc.), sin consideración a las incomodidades y responsabilidades de la maternidad.
La mujer de la clase obrera no goza de ninguna protección social y mucho menos legal. Cuando, en un país como el nuestro, el hombre acosado por la miseria, la desocupación y enfrentando a las responsabilidades agobiantes de una familia numerosa, refugiándose falsamente en los vicios, abandona el hogar, la mujer tiene que afrontar todas las cargas de éste. Cuántas casas obreras se encuentran, durante las horas de trabajo, cerradas con un candado por fuera, llenas de niños semidesnudos y semihambrientos que esperan que su madre llegue del trabajo para recibir algo de comer.
La mujer de clase media también es explotada por los patronos. Es posible que, dentro de esa clase, las relaciones con los maridos sean más igualitarias. Sin embargo, estas familias no podrían subsistir sin el trabajo de la mujer y sabemos que la mujer trabajadora, la oficinista, la empleada, sufre explotaciones y presiones de toda clase por parte del patrón.
La mujer de la clase alta tiene que disimular con ociosidad, en juegos de naipes y reuniones sociales, la falta de oportunidades intelectuales y profesionales que existe en nuestra sociedad. En ésta, la fidelidad conyugal no se exige sino a la mujer. La censura no viene sino sobre ella en el caso de que cometa algún error en esta materia. Aunque la ley consagre la igualdad de derechos y deberes, en la realidad esta igualdad no existe.
En la política, los hombres de la clase popular han sido hasta ahora conducidos según el capricho de la oligarquía. La abstención ha sido el primer grito de rebeldía de toda una clase que no confía en las patrañas de la clase dirigente.
Ya existen otros síntomas de unificación y de organización de los descontentos. Sin embargo la oligarquía como un pulpo, comienza a extender sus tentáculos hacia las mujeres colombianas. Los hombres de esta clase les han dado el derecho de votar para continuar usándolas como instrumento.
Con todo, la mujer colombiana tiene valores de persona humana y no es simplemente un instrumento. La mujer colombiana tienen la conciencia de ser explotada no solamente por la sociedad, como la mayoría de los colombianos, sino también por el hombre. La mujer colombiana tiene disciplina de lucha, ha mostrado generosidad en su entrega a los demás, tiene más resistencia al dolor físico. La mujer colombiana, como toda mujer, tiene más sentimiento, más sensibilidad, más intuición. Todas estas cualidades, en una primera etapa, deben ser exaltadas y puestas al servicio, no de las oligarquías ni de los hombres como tales, sino de un ideal revolucionario convertido en el ideal de la mujer.
Por el contrario, la mujer ha visto con más intuición quizás cómo los hombres han sido engañados con los papeletas electorales y las luchas partidistas. La mujer colombiana todavía no está infectada con una egoísta tentación de poder. Los oligarcas las quieren infectar pero no saben que si los colombianos tienen malicia indígena, las mujeres la tienen mucho más. Ellas saben muy bien que el voto es la nueva forma de explotación que la oligarquía ha ideado y por eso sale a las plazas vibrando por ideales más altos y más patrióticos. La mujer colombiana se alista para la revolución. Ella ha sido y será el apoyo del hombre revolucionario. Ella tienen que ser el corazón de la revolución. Si cada hombre revolucionario cuenta en su hogar con una mujer que sabe respaldarlo, comprenderlo a ayudarlo, tendremos muchos más hombres que se decidan a la lucha. Después de realizada la revolución, la mujer sabrá que la igualdad de derechos y deberes no permanecerá solamente como letra muerta en el papel, sino que será una realidad que ella mismas, como fuerza popular y revolucionaria, podrá garantizar.
Los problemas del divorcio y del control de la natalidad que la mujer colombiana cree poder resolver dentro de un sistema conformista y de opresión, no podrán ser resueltos sino dentro de un régimen que respete la conciencia de las personas y los derechos individuales, familiares y sociales. No podrán ser resuelto sino cuando haya un Estado que tenga verdadera autonomía y a la vez respeto en relación a la jerarquía eclesiástica.
La mujer colombiana tiene la suficiente generosidad como para encuadrar sus problemas personales dentro de un ideal más amplio, en donde estos serán resueltos sin descuidar las demás necesidades de sus semejantes.
Este ideal no podrá ser sino en la realización de una auténtica revolución colombiana.
http://www.patriagrande.net/colombia/camilo.torres/mensaje.a.las.mujeres.htm
Mensaje a los estudiantes
Los estudiantes son un grupo privilegiado en todo país subdesarrollado. Las naciones pobres sostienen a costos muy altos a los pocos egresados de colegios y universidades. En Colombia, en particular, dada la gran cantidad de colegios y universidades privadas existentes, el factor económico se ha constituido en un factor determinante en la educación. En un país con un 60% de analfabetas funcionales, 8% de bachilleres y 1& de profesionales, los estudiantes son uno de los pocos grupos que tienen instrumentos de análisis sobre la situación colombiana, de comparación con otras situaciones y de información sobre las posibles soluciones.
Además el estudiante universitario (el de las universidades donde no hay delito de opinión) y el de los colegios donde hay libertad de expresión tiene, simultáneamente, dos privilegios: el de poder ascender en la escala social mediante el ascenso en los grados académicos, y el de poder ser inconforme y manifestar su rebeldía sin que esto impida este ascenso. Estas ventajas han hecho que los estudiantes sean un elemento decisivo en la revolución latinoamericana. En la fase agitacional de la revolución, la labor estudiantil ha sido de gran eficacia. En la fase organizativa su labor ha sido secundaria en Colombia. En la lucha directa, no obstante las honrosas excepciones que se han presentado en nuestra historia revolucionaria, el papel tampoco ha sido determinante.
Nosotros sabemos que la labor agitacional es importante pero que su efecto real se pierde si no va seguida de la organización y de la lucha por la toma del poder. Una de las causas principales para que la contribución del estudiante a la Revolución sea transitoria y superficial es la falta de compromiso del estudiante en la lucha económica, familiar y personal. Su inconformismo tiende a ser emocional (por sentimentalismo o por frustración) o puramente intelectual. Esto explica también el hecho de que al término de la carrera universitaria el inconformismo desaparezca o por lo menos se oculte y el estudiante rebelde deja de serlo para convertirse en un profesional burgués que para comprar los símbolos de prestigio de la burguesía tiene que vender su conciencia a cambio de una elevada remuneración.
Estas circunstancias pueden ocasionar graves peligros a una respuesta madura y responsable de los estudiantes al momento histórico que está viviendo Colombia. La crisis económica y política se está haciendo sentir con todo el rigor sobre los obreros y los campesinos. El estudiante, generalmente aislado de estos, puede creer que basta una actitud revolucionaria superficial o puramente especulativa. Esa misma falta de contacto puede hacer que el estudiante traicione su vocación histórica; que, cuando el país le exige una entrega total, el estudiante continúe con palabrería y buenas intenciones, nada más. Que cuando el movimiento de masas le exige un trabajo cotidiano y continuo, el estudiante se conforme con gritos, pedreas y manifestaciones esporádicas. Que cuando la clase popular les exige una presencia efectiva, disciplinada y responsable en sus filas, los estudiantes contesten con promesas vanas o disculpas.
Es necesario que la convicción revolucionaria del estudiante lo lleve a un compromiso real, hasta las últimas consecuencias. La pobreza y la persecución no se deben buscar. Pero, en el actual sistema, son las consecuencias lógicas de una lucha sin cuartel contra las estructuras vigentes. En el actual sistema, son los signos que autentifican una vida revolucionaria. La misma convicción debe llevar al estudiante a participar de las penurias económicas y de la persecución social de que participan los obreros y campesinos. Entonces, el compromiso con la revolución pasa de la teoría a la práctica. Si es total, es irreversible; el profesional no podrá volverse atrás sin una flagrante traición a su conciencia, a su pueblo y a su vocación histórica.
No quiero dogmatizar sobre el momento de la coyuntura revolucionaria que estamos viviendo. Quiero solamente exhortar a los estudiantes a que ellos tomen contacto con las auténticas fuentes de información para determinar cuál es el momento, cuál su responsabilidad, y cuál tendrá que ser en consecuencia la respuesta necesaria. Personalmente, creo que estamos acercándonos aceleradamente a la hora cero de la revolución colombiana. Pero esto no se lo podrán decir con la debida autoridad, sino los obreros y campesinos. Si ellos "ascienden a la clase popular", sin ninguna clase de paternalismo, con el ánimo más de aprender que de enseñar, podrán juzgar objetivamente el momento histórico.
Sería sin embargo estéril y desgraciado que los estudiantes colombianos que han sido la chispa de la revolución permanecieran al margen de ésta por cualquier causa; por falta de información, por superficialidad, por irresponsabilidad o por miedo.
Esperamos que los estudiantes respondan a la llamada que les hace su Patria en este momento trascendental de su historia y que para eso dispongan su ánimo para oírla y seguirla con una generosidad sin límites.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=25&Itemid=45
Mensaje a los campesinos
De acuerdo con los censos, la población campesina ha disminuido. Sin embargo, en ellos se considera que la población que vive en los centros urbanos de más de mil quinientos habitantes es población urbana. En realidad eso no es así. Podemos decir que la mayoría de la población colombiana es rural.
Además de la cantidad, lo más importante es que el mayor aporte al ingreso nacional lo hacen los campesinos. El 90 por ciento de las exportaciones son agrícolas (café, banano, tabaco, azúcar). Sin agricultura no tendríamos forma de importar máquinas ni la comida que nos falta. Desgraciadamente el aporte de los campesinos, como todo en ese sistema, no sirve sino para unos pocos. Los que manejan las federaciones (de cafetaleros, de algodoneros, la United Fruit, de bananeros, de tabacaleros, etc.) y los que manejan los bancos (especialmente el banco de la república) concentran todas las ganancias. Las ganancias que aprovecha el gobierno se emplean en lo que éste llama "funcionamiento", es decir en pagar empleados (que se han duplicado para conservar la paridad) y para comprar armas viejas, para matar a los campesinos que han dado el dinero para comprarlas.
En contraste entre la importancia económica y social de los campesinos y el trato que reciben del presente sistema es manifiestamente escandaloso. La violencia ha sido principalmente campesina. El gobierno fue el iniciador de la violencia; desde 1947 fue el que produjo con la policía primero y con el ejército después, desde 1948.
Los oligarcas liberales pagaban a los campesinos liberales y los oligarcas conservadores pagaban a los campesinos conservadores para que los campesinos se mataran entre si. A los oligarcas no les hicieron ni un rasguño. Cuando la oligarquía no necesitó más de ellos, los declaró bandoleros, los cazó "como a fieras" y luego, cuando los asesinó, publicó fotos de sus cadáveres en la primera página de la gran prensa haciendo alarde del triunfo obtenido en nombre de la paz, la justicia y la legalidad.
Esa violencia gubernamental y financiada por las oligarquías después enseñó muchas cosas a los campesinos: les enseñó a reconocer en la oligarquía a su verdadero enemigo. Los enseñó a huir primero. Defenderse después y les enseñó a atacar para obtener lo que las oligarquías obtenían con la violencia: fincas, cosechas, ganado, poder. Estas cosas no se las daba el sistema. Todo lo contrario. Los salarios más bajos, el menor número de escuelas, las peores viviendas, las menores posibilidades de progresar, las tienen los campesinos.
Cuando acabaron con los cabecillas notorios quedaban zonas campesinas controladas por los mismos agricultores.
La política represiva de los estados Unidos impuestas a sus gobernantes, los gobernantes colombianos, no podía permitir zonas "sospechosas" aunque fueran pacíficas. El ejército necesitaba aumentar su importancia, para mostrar que era necesario y aumentar su presupuesto.
El Gobierno dice que los campesinos iniciaron la violencia. Los campesinos dicen que fue el gobierno. En Francia intelectuales de todas las corrientes, después de haber investigado, dicen que los campesinos tienen la razón.
Yo quiero retar al gobierno, para que pida, si se atreve, una comisión investigadora a las Naciones Unidas, constituida por países neutrales para que juzguen los casos de Marquetalia, Pato, Guayabero y Río Chiquito.
Sabemos que la similitud del desembarco de los "marines" en Santo Domingo son los desembarcos del ejército colombiano, dirigidos por la misión militar norteamericana en las "repúblicas independientes".
Estos desembarcos continuarán. Ayer, en Río Chiquito, mañana Sumapaz, pasado mañana el Ariari y los Llanos. El ejército empieza con la acción cívico militar y acaba con los bombardeos, empieza sacando muelas y acaba metiendo bala. Los campesinos ya saben que los militares llevan una mano adelante con el pan y otra atrás con el puñal. La "república independiente" de Colombia seguirá obedeciendo a los norteamericanos para que destruya a sangre y fuego las otras repúblicas de colombianos independientes. Así lo ha decretado la Cámara norteamericana. Nuestros campesinos, ya saben a que atenerse. Ya saben para qué se tienen que preparar. Ellos no se lanzan a una aventura pero no rehuyen la lucha. Ya la oligarquía, con el estado de sitio, ha sacado al pueblo a las plazas públicas. Ya lo persigue con ametralladoras en recintos cerrados, como en Medellín. Cuando nos haga la vida imposible en la ciudad, tenemos que ir al campo. Y del campo no podemos botarnos al mar. Allí tendremos que resistir. Para eso debe prepararse el campesino, organizando ahora los comandos del Frente Unido con grupos de cinco o de diez. Purificando las zonas de traidores a la causa del pueblo. Haciendo depósitos de comida y de ropa. Preparándose para esa lucha prolongada. No dejándose provocar, ni presentar resistencia cuando las condiciones sean desfavorable para el pueblo.
La oligarquía seguirá reafirmando a los campesinos en su convencimiento de que tienen que apoyar a las fuerzas revolucionarias. ¿Por qué no se han acabado con la guerrilla de Simacota?. Únicamente por el apoyo de los campesinos.
Cuando la oligarquía no deje otro camino, los campesinos tendrán que darnos refugio a los revolucionarios, a los obreros y estudiantes.
Por el momento deben unificarse y organizarse para recibirnos con el fin de emprender la larga lucha final.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=31&Itemid=52
Mensaje a los desempleados
Si bien es cierto que en todos los países capitalistas, incluyendo a los más desarrollados como los Estados Unidos, siempre existe una gran porcentaje de población desempleada, es necesario comprender que en los países subdesarrollados ese porcentaje es todavía mayor. La falta de trabajo para millones de hombres y mujeres constituye precisamente una de las características de esos países subdesarrollados. Y tenemos entonces que en un país rico como Colombia, nuestra oligarquía ha sido incapaz de crear industrias suficientes para dar trabajo a los miles de colombianos que todos los años llegan a la edad en que quieren entrar a producir, en que quieren convertirse en hombres y mujeres útiles para la sociedad.
Esa oligarquía ni quiere ni puede abrir nuevas fuentes de trabajo. No quiere, porque es una oligarquía que piensa más en ella que en el país. Prefiere sacar su dinero para el Canadá o para Suiza antes que invertirlo nuevamente en el país. Es una oligarquía que porque sabe cuántos dolores le ha causado al pueblo, le tiene miedo, le tiene miedo a la revolución, y por eso prefiere sacar su dinero antes que abrir nuevas industrias. Prefiere invertirlo en clubes lujosos y en gastos suntuarios antes que invertirlo en nuevas fábricas. Ella no tiene interés en crearse nuevas incomodidades disputándole el mercado a las empresas norteamericanas, ni tiene personalidad ni empuje suficiente para buscar en otros países - fuera de Estados Unidos - la ayuda técnica y económica necesariia para industrializar nuestro país. Es una oligarquía conformista que "nació cansada", y que siempre ha pensado más en ella y en sus socios extranjeros que en las verdaderas necesidades del pueblo colombiano.
Pero aún si quisiera, nuestra oligarquía tampoco podría industrializar a Colombia. Esto no se lo van a permitir sus socios norteamericanos. Todos sabemos que hay muchas empresas que parecen colombianas, pero que son más norteamericanas que colombianas: Avianca, Peldar, Icollantas, Croydon, etc. Todos sabemos que nuestra economía depende de las ventas de café que le hacemos principalmente a los Estados Unidos y de las "ayudas" que esos mismos Estados Unidos nos dan. Todos sabemos que el nuestro es un Estado limosnero que está dependiendo de las migajas que nos quieran dar los norteamericanos, y que ellos tampoco están interesados en industrializar al país. Las "ayudas" que nos dan son para construir algunas escuelitas, algún barrio piloto, tal vez algunas letrinas, pero nunca nos van a ayudar a crear nuevas fábricas de maquinaria pesada, fábricas que a su vez produzcan nuevas fábricas y abran por consiguiente nuevos frentes de trabajo. A Norte América lo que le interesa es tener países que le suministren materias primas - minerales y agrícolas - baratas, que le compren a ella a precios elevados todos los carros, todas las máquinas, todos los productos de su industria que nosotros necesitamos para nuestro uso. Norte América domina nuestra economía, y nuestra oligarquía está muy contenta de ser aquí su agente y su servidora.
Por eso son los desempleados los que más duramente soportan las consecuencias de nuestro subdesarrollo. La miseria de sus hogares, la angustia de no poder llevar al hogar el mercado necesario, de no poder pagar el arrendamiento, de no poder educar a los hijos, les está demostrando a todos los desempleados la necesidad de emprender la lucha definitiva contra el sistema. Ellos saben más que nadie que no son pobres porque no quieran trabajar, sino porque no hay dónde trabajar. Ellos saben que no es que el pueblo sea perezoso, sino que la oligarquía que ahora es dueña de las fuentes de trabajo y es "dueña" del Estado, no hace nada eficaz para solucionar verdaderamente nuestros problemas. Por eso los desempleados deben estar también a la cabeza de nuestra lucha por arrebatarle el poder a esa minoría y entregárselo a las mayorías. Ellos deben ser los primeros en comprender la necesidad de que el pueblo se organice, ellos que están padeciendo como ninguno el peso del sistema, deben ser los primeros en comprender que mientras el pueblo no se haya tomado el poder, será imposible solucionar los problemas de nuestra economía y por consiguiente será imposible solucionar los problemas de cada uno de los hogares colombianos que hoy padecen las consecuencias de la desocupación.
Pero lo más grave está en que esa situación de desempleo crónico no tiende a solucionarse, sino que por el contrario cada día el problema se hace más agudo. En el Ministerio de Trabajo hay varios de cientos de peticiones de empresas que solicitan autorización para licenciar personal. Y hay muchas otras que lo licencian sin pedir autorización. Todos sabemos a diario de nuevos casos de despidos colectivos, y sabemos que muchas pequeñas industrias que están quebrando a consecuencia del alza del dólar que a su vez elevó dramáticamente los costos de las materias primas.
Por otra parte, cientos de miles de personas han sido desplazadas del campo a la ciudad por la violencia que la oligarquía desató contra nuestros campesinos. Todos ellos deben comprender que la solución de sus problemas no deben esperarlo de sus propios verdugos, de los que crearon la violencia, de los que tienen hipotecado al país, de los que precisamente causan la miseria, sino que la solución está en manos de las mayorías, uno de cuyos sectores más importantes numéricamente es el de los desempleados.
La crisis cada día se agudiza más. La oligarquía, por ser cada día más mezquina, más egoísta y más antinacional, está lanzando todos los días nuevos contingentes del pueblo a la lucha revolucionaria. Cuando un hombre o una mujer no tienen nada que perder - ni siquiera un empleo con salario de hambre -, cuando al participar en la lucha lo tiene todo por ganar y sólo sus cadenas por perder, y cuando es la situación de todo un pueblo, significa que la hora de nuestra liberación está cada minuto más cercana.
Esta es la lucha de todo un pueblo contra un puñado de opresores cuyo único sostén son las armas y el apoyo extranjero, y en esa lucha el pueblo vencerá porque no hay fuerza capaz de impedir la victoria de un pueblo unido que lucha por sus derechos, que lucha inspirado en ideales nobles y generosos. Antes que morir de hambre o de frío, antes que padecer más miserias y humillaciones, el pueblo prefiere luchar por conquistar definitivamente el poder. A ello lo ha obligado la oligarquía. La oligarquía ha retado a nuestro pueblo, y hemos aceptado el reto.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=33&Itemid=54
Mensaje a los comunistas
Las relaciones tradicionales entre los cristianos y los marxistas, entre la Iglesia y el partido comunista pueden hacer surgir sospechas y suposiciones a las relaciones que en el FRENTE UNIDO se establezcan entre cristianos y marxistas y entre un sacerdote y el partido comunista.
Por eso creo necesario que mis relaciones con el partido comunista y su posición dentro del Frente Unido queden muy claras ante el pueblo colombiano.
Yo he dicho que soy revolucionario como colombiano, como sociólogo, como cristiano, como sacerdote. Considero que el partido comunista tiene elementos auténticamente revolucionarios y, por lo tanto, no puedo ser anticomunista ni como colombiano, ni como sociólogo, ni como cristiano, ni como sacerdote.
No soy anticomunista como colombiano, porque el anticomunismo se orienta para perseguir a compatriotas inconformes, comunistas o no, de los cuales la mayoría es gente pobre.
No soy anticomunista como sociólogo, porque en los planteamientos comunistas para combatir la pobreza, el hambre, el analfabetismo, la falta de vivienda, la falta de servicios para el pueblo, se encuentran soluciones eficaces y científicas.
No soy anticomunista como cristiano, porque creo que el anticomunismo acarrea una condenación en bloque de todo lo que defienden los comunistas y, entre lo que ellos defienden, hay cosas justas e injustas. Al condenarlos en conjunto, nos exponen a condenar igualmente lo justo y lo injusto, y eso es anticristiano.
No soy anticomunista como sacerdote, porque aunque los mismos comunistas no lo sepan, entre ellos pueden haber muchos que son auténticos cristianos. Si están de buena fe, pueden tener la gracia santificante y si tienen la gracia santificante y aman al prójimo se salvarán. Mi papel como sacerdote, aunque no esté en el ejercicio del culto externo, es lograr que los hombres se encuentren con Dios, y, para eso, el medio más eficaz es hacer que los hombres sirvan al prójimo de acuerdo a su conciencia.
Yo no pienso hacer proselitismo respecto de mis hermanos los comunistas, tratando de llevarlos a que acepten el dogma y a que practiquen el culto de la Iglesia. Pretendo, eso sí, que todos los hombres obren de acuerdo con su conciencia, busquen sinceramente la verdad y amen a su prójimo de forma eficaz.
Los comunistas deben saber muy bien que yo tampoco ingresaré a sus filas, que no soy ni seré comunista, ni como colombiano, ni como sociólogo, ni como cristiano, ni como sacerdote.
Sin embargo, estoy dispuesto a luchar con ellos por objetivos comunes: contra la oligarquía y el dominio de los Estados Unidos, para la toma del poder por parte de la clase popular.
No quiero que la opinión pública me identifique con los comunistas y por eso siempre he querido aparecer ante ella en compañía no solamente de estos, sino de todos los revolucionarios independientes y de otras corrientes.
No importa que la gran prensa se obstine en presentarme como comunista. Prefiero seguir mi conciencia a plegarme a la presión de la oligarquía. Prefiero seguir las normas de los Pontífices de la Iglesia antes que las de los pontífices de nuestras clases dirigentes. Juan XXIII me autoriza para marchar en unidad de acción con los comunistas, cuando dice en su encíclica Pacem in terris:
"Se ha de distinguir también cuidadosamente entre las teorías filosóficas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre, y las iniciativas de orden económico, social, cultural o político, por más que tales iniciativas hayan sido originadas e inspiradas en tales teorías filosóficas; porque las doctrinas, una vez elaboradas y definidas, ya no cambian, mientras que tales iniciativas encontrándose en situaciones históricas continuamente variables, están forzosamente sujetas a los mismos cambios. Además, ¿quién puede negar que, en dictados de la recta razón e intérpretes de las justas aspiraciones del hombre, puedan tener elementos buenos y merecedores de aprobación?".
"Teniendo presente esto, puede a veces suceder que ciertos contactos de orden práctico , que hasta aquí se consideraban como inútiles en absoluto, hoy por el contrario sean provechosos, o puedan llegar a serlo. Determinar si tal momento ha llegado o no, como también establecer las formas y el grado en que hayan de realizarse contactos en orden a conseguir metas positivas, ya sea en el campo económico o social, ya también en el campo cultural o político, son puntos que sólo puede enseñar la virtud de la prudencia, como reguladora que es de todas las virtudes que rigen la vida moral tanto individual como social."
Cuando la clase popular se tome el poder, gracias a la colaboración de todos los revolucionarios, nuestro pueblo discutirá sobre su orientación religiosa.
El ejemplo de Polonia nos muestra que se puede construir el socialismo sin destruir lo esencial que hay en el cristianismo. Como decía un sacerdote polaco: "Los cristianos tenemos la obligación de contribuir a la construcción del estado socialista siempre y cuando se nos permita adorar a Dios como queremos".
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=27&Itemid=48
Mensaje a los militares
Después de haber experimentado en la ciudad de Girardot el poder que tenían 40 hombres armados y disciplinados contra una multitud de 4.000 personas, he tomado la decisión de hacer un llamamiento vehemente a las fuerzas armadas de Colombia para que tomen conciencia del momento histórico que estamos viviendo y que se decidan a planificar desde ahora las formas como deberán participar en la lucha revolucionaria.
En varias ocasiones he visto a campesinos y obreros uniformados dentro de los cuales nunca he encontrado elementos de la clase dirigente, golpear y perseguir a campesinos, obreros y estudiantes que representan a la mayoría de los colombianos. Ni dentro de los suboficiales, ni dentro de los oficiales, con raras excepciones, he encontrado a miembros de la oligarquía. Todo el que contemple el contraste de las mayorías colombianas clamando por la revolución y unas pequeñas minorías militares reprimiendo al pueblo para proteger a unas pocas familias privilegiadas tiene que preguntarse por las razones que inducen a estos elementos del pueblo a perseguir a sus semejantes.
No pueden ser las ventajas económicas. Todo el personal de las fuerzas armadas está muy mal pagado. A los militares no se les permite, en general, hacer estudios que les faciliten una vida fuera del ejército. Cuando llegan al grado de mayor tratan de comprar una casa de esquina para poner una tienda con la cual puedan subsistir en su retiro. He visto generales y coroneles consiguiendo puesto de profesor de educación física en colegios de segunda enseñanza y de vendedores de seguros. Los sueldos del personal en servicio activo son reducidos, pero los son más aún los del personal retirado. Este personal no recibe atención médica ni ninguna otra ventaja económica. Sin embargo sabemos que la tercera parte de nuestro presupuesto nacional está consagrado a las fuerzas armadas. Como es obvio el presupuesto de guerra no se consagra a pagar a los militares colombianos sino que se dedica a comprar la chatarra que nos venden los Estados Unidos, se dedica al mantenimiento de los elementos materiales, se dedica a alimentar la represión interna en la que los colombianos matan a sus propios hermanos.
Puede ser que el motivo para que los militares obren así sea la entrega a las leyes, a la constitución y a la Patria. Pero la Patria colombiana consiste principalmente en sus hombres y la mayoría de estos sufre y no disfruta del poder. La Constitución es violada constantemente al no dar trabajo, propiedad, ni libertad, ni participación en el poder a un pueblo que debe ser, de acuerdo con la Constitución, el que decida de los asuntos políticos en el país. La Constitución es violada cuando se mantiene un estado de sitio después de haber cesado las causas que fueron el pretexto para su declaración. Las leyes son violadas cuando se detiene a los ciudadanos sin orden de captura, cuando se retiene la correspondencia, cuando se impide transitar por las calles a los ciudadanos, cuando se controlan los teléfonos y se miente y se engaña para perseguir a los revolucionarios.
Quizás es necesario informar más a los militares sobre el lugar en donde está la patria, la constitución y las leyes, para que no crean que la patria está formada por las 24 familias que actualmente protegen, por quienes dan su sangre y de quienes reciben tan mala remuneración.
Quizás el motivo principal para que los militares continúen siendo el brazo armado de la oligarquía sea la falta de oportunidades en otros campos de la actividad humana que existe en Colombia. Los militares deben comprender que cuando triunfe la revolución se planificará la economía, se abrirán las escuelas, los colegios y las universidades a todos los colombianos, y no solamente ellos sino sus hijos tendrán la oportunidad de empleos remunerativos y de carreras liberales. Mientras perdure el enemigo reaccionario habrá un ejército no para la defensa de las minorías privilegiadas sino para la defensa del pueblo. Los sacrificios que se hagan entonces serán para construir la patria y no para destruirla.
El honor de las fuerzas armadas no será entonces mancillado por el capricho de la oligarquía y de los lacayos que tengan a su servicio las fuerzas armadas. No veremos más a generales de tres soles ser destituidos por haber hablado de reformas de estructura y de grupos de presión. No veremos más a generales que tienen un origen en la clase media echados por contrabandistas con escándalos públicos mientras que los superiores de la clase alta o relacionados con la oligarquía colombiana hacen un contrabando que logran mantener oculto, contrabando que va más directamente contra los intereses del país y contra la soberanía nacional.
Militares: el Frente Unido les promete unificar a la clase popular y organizarla para la toma del poder. No dejen de concurrir a la cita en el campo de batalla donde le daremos el golpe mortal a esa oligarquía que oprime a todos los colombianos, que los oprime a ustedes como nos oprime a nosotros.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=28&Itemid=49
Mensaje a los no alineados
Los síntomas de putrefacción y relajamiento del Frente Nacional son comunes a todos los que presentan todos los regímenes caducos en los últimos estertores de su existencia. Los dirigentes ahogan en fiestas y bacanales las inquietudes que el fermento popular les produce y consagran su actividad política a componendas de camarilla, a luchas intestinas entre los directorios anacrónicos e impopulares; al pueblo ya no le interesan las discusiones entre los Lleras, los Gómez, los Ospinas, los Santos y otros nombres de nuestra aristocracia feudal.
El pueblo tiene hambre. Está descontento. Está decidido a unificarse y a organizarse. El pueblo, sobre todo, tiene la decisión inquebrantable de tomar el poder.
En las pasadas elecciones la oligarquía aún no tenía necesidad de inventar votos (si nosotros permitimos que las próximas elecciones se efectúen, entonces sí tendrá que inventar la existencia de muchos votos).
Los abstencionistas revelaron ser la mayoría de los electores. El 70% de los colombianos no acudió a las urnas. Cualquiera que tenga un conocimiento elemental de la gente colombiana, cualquiera que haya asistido conmigo a las concentraciones populares tiene que haber llegado al convencimiento de que los abstencionistas son opositores al frente nacional y a la oligarquía.
Los abstencionistas en general son aquellos revolucionarios que no están organizados en grupos políticos. Si bien gracias al espíritu revolucionario y antisectario que han revelado los grupos políticos que han ingresado al Frente Unido, les ha permitido a estos conseguir un mayor número de adherentes, la mayoría de los Colombianos se ha incorporado al Frente Unido sin inscribirse en los grupos políticos ya existentes. Estos mismos grupos tienen que comprender que la actividad principal del Frente Unido debe ser la organización de los no alineados.
La organización de los no alineados deberá hacerse de abajo hacia arriba con jefes propios y con una autoridad férrea pero despojada de todo carácter caudillista. Actualmente el vínculo principal de unión entre ellos es la Plataforma del Frente Unido del Pueblo que yo he presentado como propuesta a la clase popular colombiana. Es posible que mi nombre tenga aún demasiada importancia dentro de este grupo y en una etapa inicial, mientras mi nombre sirva para estimular la agitación y la organización revolucionaria, puede ser de bastante utilidad. Sin embargo, sería infantil producir los mismos errores que han producido el fracaso de anteriores movimientos revolucionarios. Ya vimos cómo la oligarquía asesinó a Jorge Eliécer Gaitán. Ya vimos cómo la reacción del pueblo en este momento no fue la de reagruparse en torno a jefes revolucionarios sino la de recurrir a los jefes de la oligarquía que sobre los hombros del pueblo llegaron al palacio presidencial a vender el movimiento revolucionario. Ya vimos cómo el pueblo desorganizado quiso dar la batalla en las ciudades en donde el enemigo es más fuerte. Ya vimos cómo el pueblo se dejó desconcertar y se dedicó al incendio y al robo en lugar de replegarse hacia los campos en donde el enemigo es más débil y los revolucionarios tienen más recursos.
Estamos apostando una carrera con la oligarquía. Es posible que ésta me asesine antes de haber logrado una sólida organización entre los no alineados. Creo que sería demasiado torpe que me encarcelen o me inventaran un proceso de guerra verbal. Por eso creo más en el asesinato. Lo importante es que el pueblo colombiano tenga consignas precisas si esto llega a ocurrir.
La primera es la de replegarse hacia el campo y no librar la batalla en la ciudad.
La segunda es la de no ejercer ninguna acción ofensiva mientras no haya una organización rural capaz de mantenerla.
Con todo es necesario que los no alineados se den cuenta de la gravedad del momento y de su responsabilidad histórica. Cada minuto que perdamos en organizaciones es un minuto que le estamos dando de ventaja a la oligarquía.
Las manifestaciones multitudinarias, el entusiasmo y la agitación revolucionarios son útiles en cuanto se reflejan inmediatamente en una organización por la base.
Es necesario que cada campesino raso, que cada obrero raso, que cada revolucionario se sienta responsable de formar un comando del Frente Unido con algunos compañeros o amigos, sin esperar directivas y sin esperar órdenes.
Se deben reunir: (1) para discutir y divulgar la plataforma del Frente Unido; (2) divulgar y financiar el Periódico Frente Unido; (3) cumplir las consignas inmediatas de acción; (4) coordinarse con los otros comandos de base para formar comandos veredales, de barrio, de fábrica, de colegio o universidad, de municipio, de región y de departamento; (5) preparar a los delegados a la gran convención nacional del pueblo para el 11 ó 12 de diciembre de 1965.
La manifestación popular del 10 de octubre en la plaza de Bolívar a las cinco de la tarde será la ocasión de que los no alineados se presenten en forma organizada por comandos y por agremiaciones. En esa manifestación el pueblo colombiano, y especialmente el de la capital, protestará por el Estado de Sitio y todas sus consecuencias represivas contra el pueblo colombiano: los consejos de guerra verbales, la persecución sindical, la persecución a los jefes de la oposición, los nuevos impuestos, la última devaluación, etc., etc.
La abstención electoral, por sí sola, no es un arma de combate revolucionaria; ella tiene que estar acompañada de una organización y de una disciplina beligerante y activa. Los no alineados, los revolucionarios sin partido, tendrán que transformarse de una masa amorfa y débil en un ariete que no dejará de golpear contra el sistema hasta verlo totalmente derrumbado.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=29&Itemid=50
Mensaje a los presos politicos
El pueblo colombiano debe comprender que la minoría que hoy tiene el poder, no nos lo va a entregar sin defenderlo. Es necesario recordar cómo fue de dura la lucha contra los españoles el siglo pasado y cuántas penalidades debieron pasar los revolucionarios de esa época. Puede decirse que un buen termómetro para saber si una persona o una organización son revolucionarios, consiste en darse cuenta si la oligarquía la persigue o no. Entre más revolucionario sea, con toda seguridad más la va a perseguir. Tanto los extranjeros como la oligarquía saben distinguir muy bien quien quiere verdaderamente arrebatarles el poder para dárselo al pueblo, y quién sólo busca ventajas personales o de otro tipo.
La oligarquía sabe así cuáles son sus verdaderos enemigos, y a esos es a los que persigue con saña. Por eso Nariño, por ejemplo, que peleó con las armas en la mano y que no buscaba solamente ventajas para los criollos ricos sino mejorar la suerte de todo el pueblo, tuvo que pasar tantos años en la cárcel, combatido no solamente por los españoles, sino también por muchos "próceres" pertenecientes a la oligarquía de entonces, de la cual descienden los "próceres" de ahora.
Por eso la oligarquía nos va a perseguir cada día con mayor ferocidad. Cuando se dé cuenta de que sí estamos decididos a llegar hasta las últimas consecuencias en la lucha por la toma del poder para el pueblo, esa minoría que no ha vacilado en lanzar al país a la violencia, en vender la soberanía al extranjero, en convertir a nuestros soldados en un ejército ocupante de su propia patria, esa minoría a la que no le ha temblado la mano para mandar asesinar a los dirigentes populares, va a lanzar contra el Frente Unido del Pueblo y contra las organizaciones populares todo el peso de su aparato represivo.
Eso no nos debe sorprender, ni nos debe asustar. La oligarquía tiene una doble moral, de la cual se vale, por ejemplo, para condenar la violencia revolucionaria mientras ella asesina y encarcela a los defensores y representantes de la clase popular. Es la misma doble moral que tienen los Estados Unidos, que mientras hablan de paz, están bombardeando a Viet Nam y desembarcando en Santo Domingo. Por eso se entienden tan bien. Pero como nosotros sabemos que a todo el pueblo no lo van a poder encarcelar, ni los campesinos armados y organizados se van a dejar echar al mar, no nos asustamos de la represión que realicen contra nosotros.
Yo ya he dicho que es un deber de los revolucionarios no dejarse asesinar. Que si nos persiguen en las ciudades, nos iremos a los campos, en donde estaremos en igualdad de condiciones con los enviados de la oligarquía. Desgraciadamente, no todos los revolucionarios pueden ni deben tomar esa medida extrema, y a muchos de ellos el gobierno de la oligarquía los apresará y quizás llegue, como todos los gobiernos tiránicos, hasta a torturarlos. Pero el revolucionario que sea apresado, no deja de ser por eso un elemento valioso en la lucha revolucionaria.
Desde la cárcel, el revolucionario debe dar ejemplo al pueblo de su valor y decisión, de espíritu, de sacrificio y de lealtad a la revolución. Su tiempo allí debe ser empleado en estudiar, en prepararse mejor para comprender la justicia de los ideales revolucionarios, en templarse más aún para el día en que recobre la libertad. Además, el preso político debe demostrarle a los guardianes y a los otros presos, que hay una diferencia profunda entre él y un delincuente común. El revolucionario debe exigir con su conducta que sus carceleros le den un trato de acuerdo a su condición de luchador por el pueblo. No hay nada más desmoralizador para el enemigo que nuestro propio valor, que nuestra propia entereza. Antes que sentir vergüenza por estar preso, el revolucionario debe sentirse orgulloso del temor con que la oligarquía lo ve, debe sentirse orgulloso de "sufrir persecuciones por la justicia".
Por su parte, la clase popular debe ver en el revolucionario preso un estímulo más para luchar contra la oligarquía. Debe ver en él a un combatiente de vanguardia, que merece todo el aprecio y todo el respaldo. Debe darle por consiguiente toda su solidaridad, a través de exigencias para que le sea devuelta la libertad y con actos concretos tales como hacerles llegar información, comida, dinero, cobijas, libros, etc. Sin embargo, la mayor ayuda que las organizaciones populares y los revolucionarios en particular, pueden dar a un preso, es aumentar su lucha. Es necesario que nuestro compañero privado de libertad sepa que mientras él está tras las rejas, miles y miles de hombres y mujeres luchan por realizar la revolución, luchan por devolverle su libertad. La mejor manera de evitar que haya presos del pueblo, es que el pueblo se tome el poder.
No importa, pues, que la oligarquía quiera atemorizar a los revolucionarios. No importa que ella claudique de sus principios "democráticos", y le entregue todo el poder judicial a los militares para lavarse las manos y obligar al ejército a que peque nuevamente ante los ojos del pueblo, condenando en consejos de guerra verbales a los revolucionarios. Quizás los propios militares lleguen a darse cuenta algún día de la hipocresía y la conducta farisáica de nuestras 24 familias millonarias y los políticos inescrupulosos que le sirven de voceros. Por nuestra parte, nada nos hará desistir de nuestra lucha por organizar al pueblo e ir con él hasta la toma del poder, cueste lo que cueste. Y lo decimos, porque sabemos que es una decisión de las mayorías, sin cuyo apoyo y participación activa, ni la cárcel, ni las penalidades de la lucha tendrían sentido ni esperanza.
http://www.camilovive.org/crono/index.php?option=com_content&task=view&id=34&Itemid=55
Viene la contunuacion.