"Te vuelves parte de mi ser en mis palabras
Estás aquí tocando el centro de mi alma
Como un eclipse sin final de sol y luna
Como lo eterno del amor en una alianza.
Podría hacer que el mar se junte con el cielo
Para lograr la inmensidad que hay en el vuelo
Que me regala tu mirada y tu desvelo
Bajo la luna cuando danzas en mis sueños."
Estás aquí tocando el centro de mi alma
Como un eclipse sin final de sol y luna
Como lo eterno del amor en una alianza.
Podría hacer que el mar se junte con el cielo
Para lograr la inmensidad que hay en el vuelo
Que me regala tu mirada y tu desvelo
Bajo la luna cuando danzas en mis sueños."
Después de aquella situación, mi mente estaba confusa, no solo porque inesperadamente había encontrado a la persona que técnicamente nunca más volvería a ver, sino porque no entendía y tampoco sabía que lo había llevado a regresar nuevamente por aquel sitio.
A pesar de haber estado mucho tiempo cerca de él, también había pasado bastante tiempo lejos de él, sentía que lo conocía de siempre y a la vez era todo un extraño para mi.
Sentía curiosidad por saber más fondo sobre su vida, pero a la vez me sentía extraña por no poder entablar muchas palabras coherentes cerca de él.
volverlo a ver fué bueno y malo, fué bueno porque lamentablemente más allá de lo extraño de la situación había llenado de alegría mi corazón, me sentía diferente, sentía que estaba más feliz que nunca, y fué malo porque cuando regrese a casa, sentía que había muchas cosas que no había preguntado, y para mi mala suerte ocupaba toda mi mente y concentración, ir a dormir significaba un nuevo encuentro con él dentro de mis sueños, pero aparte de eso también era malo porque no sabía donde estaba y si volvería a verlo otra vez, además de que el interrogante que más me llemaba la atención era poder saber que había pensado él de mi.
Luego de dos semanas, yo ya estaba preparando nuevamente mi regreso a lo que llamaba mi nuevo hogar y por supuesto no lo había vuelto a ver, lo cual me produjo tristeza.
Entonces nuevamente volvió a ocurrir, inesperadamente tocaron la puerta de mi casa, tarde un rato en llegar, pero cuando abrí la puerta ahí estaba parado, cuando lo mire su rostro estaba serio pero enseguida saludo regalándome una sonrisa, yo estaba concentrada observándolo, ya que parecía un modelo sacado de revista, en el fondo de mi alma, sentía que era perfectamente hermoso, no podía creer que me llamará tanto la atención alguien que había estado cerca de mi una buen parte de mi vida, jamás lo había visto de ese modo, me preguntaba a mi misma como se había producido ese cambio tan grande en él.
Como yo no me movía y tampoco salio un "hola" de mis labios, él me miro con una sonrisa nuevamente y sacudiendo su cabeza hacia un lado volvió a saludar, entonces me di cuenta de que tenía que decir "hola", enseguida lo salude, y lo invite a pasar a mi casa, pero el se negó a entrar y automáticamente me pregunto si podíamos salir a caminar, por supuesto yo respondí con un "si".
Ese recorrido fue totalmente nostálgico y especial porque al fin pudimos conectarnos entre los dos y al fin rompimos esa barrera que nos separaba y nos hacia sentir como dos extraños. .
Primero pasamos enfrente de su antigua casa, el la miró algo desilusionado, ya que sus nuevos ocupantes la habían modificado totalmente, y ya no se encontraba ese jardín precioso que daba hacía la vereda, sino que habían agregado un anexo para que la casa fuera más grande, solo entonces tuve que confesar que no eran los vecinos que yo más apreciará, en principio porque no tenían un hijo como él (obvio eso no lo confesé) en vez de eso tenían una hija con la cual habíamos tenido más de una vez algún que otro problema, y tampoco simpatizaba con ellos, por el simple echo de que eran molestos.
Mientras seguíamos avanzando le conté un poco más sobre mi vida actual, sobre mi mudanza hacía otra ciudad, sobre mis estudios, amigos, etc. Entonces también le tuve que decir que en unos cinco o seis días más tenía que regresar a mi nuevo hogar. Por como me miro tal vez no se esperaba esa noticia, sin darnos cuenta habíamos llegado a la plaza en donde nos habíamos cansado de jugar, y me horrorice al ver la nostalgia que había en su mirada, lo peor del caso es que no tenía palabras que decirle en aquel escenario, él camino hacia un banco y yo lo seguí sin decir palabras, entonces fué en ese momento en el que abrió su corazón para contarme sobre lo mucho que había extrañado su casa, me contó que al principio le costo adaptarse a su nuevo hogar, que vivió humillaciones y justo en ese momento me tomo de la mano llevándome hacia él, para darme un pequeño abrazo rápido de unos segundos, los dos nos miramos fijamente y me pregunto si me había dolido su desprecio, su ignorancia y el haberse ido sin despedirse.
Pro supuesto, me había dolido en el alma, me había sentido inferior por un buen tiempo, había llorado y cada vez que lo miraba los últimos días de su estadía se me hacia un nudo en la garganta, me había dolido lo suficiente como para odiarlo, pero no me atreví a confesarle eso, ya que su mirada cada vez era más triste y melancólica sus ojos estaban brillantes como si quisiera llorar, por lo que decidí decirle que me había sentido triste, pero que rápidamente me había olvidado, y decidí confesarle que no le guardaba rencor y que solo recordaba mis momentos más felices con él, porque realmente así era.
El me miro apretando fuerte sus labios, nuevamente me abrazo y me sorprendí porque por primera vez un hombre lloraba en mis brazos, que más que un hombre parecía un niño buscando refugio en mis brazos.