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Guerrilla en Cuba (Cuento)

Paranormal3/16/2014


En algún centro de reunión de un bosque de Cuba, se encuentra Fidel Castro dando ordenes a su guerrilla... Éste, viendo que tenía un grupo de 6 personas malheridos, los manda junto con otros 4 soldados hacia la casa de unos buenos amigos campesinos. Tales les podrán brindar ayuda. El grupo está compuesto por Hugo, Daniel, Franco, Gabriel, Octavio, Miguel, Luis, James, Enrique y Pedro. Los últimos seis se encuentran sumamente lastimados.

Mientras planeaban cómo llegar al rancho de sus amigos, Franco y Daniel buscaban armamento.

Clemente, un hombre de piel negra, muy conservado y eficaz en el combate, se les acercó a Hugo y Gabriel, y les dijo:

-Camaradas mios, yo no les recomendaría cruzar la colina que queda al norte, por allá por la mata de mango bien vieja, ¿se ubican? Esa colina es bastante alta y larga... Por favor, compatriotas, ni piensen en cruzarla. Deben rodearla, porque lo que pasa por ahí... no es muy bonito que digamos.

Hugo, el más jocoso del grupo, se ríe a carcajadas. Le dice que esos son mitos. También le dijo que por favor no le dijera nada a los demás, mucho menos a los heridos... (Las demás personas del grupo eran muy supersticiosas).

Fidel, antes que partieran -como siempre-, les dio un buen abrazo a todos los integrantes del pequeño grupo. Las despedidas de éste son sumamente largas, pero en esta ocasión sólo duró cinco minutos.

Clemente mira como se va el equipo... Mirando tal escena, se tira al suelo y comienza a rezar.


15.55.
El ambiente es sumamente bello. Las aves vuelan por el lugar; ardillas juegan en los arboles; el resplandor del sol cubre sus caras apaciblemente; y el color verde domina con solemnidad el ambiente.



16.25.
-Hey -dice Gabriel-, allí está la montaña. Allá la última que se ve.



Se quedaron descansando hasta las 16.45.

Mientras Franco tomaba agua, se percató de alguien vestido de negro que caminaba a su derecha. Sacó su fusil rápidamente y apuntó hacia el lugar. Allí estaba una anciana albina. La miró, se le acercó y le pidió disculpas por su reacción... La mujer medía aproximadamente 1.52; tenía ojos negros; su mirada parecía perdida; su pelo era sumamente blanco; las arrugas fundamentaban su piel, y se mantenía encogida de hombros. La señora no habló en ningún momento; ni abrió la boca. Franco le ofreció agua, en lo que la anciana le hizo señas con su mano que no quería. James, uno de los enfermos, le dijo que si quería se podía venir con ellos, en lo que negó con la cabeza. La mujer se despidió en señas y se fue por la montaña, perdiéndose de la vista de los guerrilleros...


18.55.
Les faltaba muy poco para llegar a la montaña, detrás de ella se encontraba la casa de los campesinos.

-Hey -dijo James-, faltar muy poco.

Franco es un conocido de Fidel Estadounidense... Un hombre con grandes teorías socialistas.

20.50.
Descansaron un momento antes de empezar a subir la montaña.

21.46.
-Vamos -dice Franco-, tenemos que subir.
Al momento que entran en la montaña, el ambiente cambió de inmediato. Daniel empezó a estornudar sin razón. James tuvo un ataque de fiebre repentino.

Mientras subían, decidieron descansar: las condiciones en que estaban no eran muy buenas. Prendieron una fogata y se quedaron allí un buen rato.

Estaban todos hablando bastante tranquilos cuando, de pronto, se escuchó musica... En ella se escuchaban tambores y gritos de mujeres... Éstos eran un poco perturbadores. De repente, la música dejó de escucharse... Todos los soldados quedaron estupefactos. ¿Por qué iba haber personas celebrando de tal manera? ¿Por qué en este lugar? El desconcierto empezó a despertar en aquellos hombres. Franco decide ir con Gabriel a investigar. Iban caminando con su fusil apuntando al frente. Mientras exploraban, pudieron ver una luz... Era muy delicada... El fuego empezó a extenderse, donde ellos corrieron a ella para intentar apagarla. Logró extenderse mucho. Los hombres no podían hacer nada, donde decidieron irse donde su equipo e intentar cruzar la montaña. Su grupo, al verlos aproximarse a esa velocidad, tomaron sus fusiles, y empezaron a correr, obedeciendo ordenes. Mientras iban subiendo, pudieron ver la forma de un hombre negro, sumamente alto, desnudo y con una lanza en su mano. El hombre levantó su lanza y empezó a gritar: "Yayayayayayayayayaya". Ellos empezaron a dispararle, pero, por alguna razón, ninguno logró herirle.

La luna, que debía ser fiel compañera en estas experiencias, fue cobijada por las nubes...

De pronto, los guerrilleros comenzaron a escuchar tambores y cantos de todos lados. Franco empezó a disparar a todo lugar sin resultado alguno. El grupo comenzó a correr para llegar al otro lado de la montaña. Flechas y lanzas empezaron a llegar hacia ellos. Daniel, sumamente asustado, se arrodilló en el suelo y empezó a gritar hacia el cielo, pidiendo silencio. Cuando James le gritó "Sigue corriendo", pudo observar cómo una flecha le atravesó el cerebro.

Hugo, cuando apuntó su fusil hacia el frente, un hombre alto, desnudo y de color negro, con su cara pintada de blanco, le enterró un cuchillo en su boca. Lo tiró al suelo, y le pegó varias veces con una piedra en su cabeza, dejándolo muerto.

-¡Corre -le dice Franco a James-, debemos irnos!
-Pero qué...

El suelo comenzó a verse negro espeso... No se podían ver sus propios pies. Y de pronto, un grupo de indígenas con lanzas, cuchillos, martillos y demás, comenzaron a atacar de forma morbosa y sucia a los Guerrileros.

Franco pudo ser el único que no se quedó estupefacto. Corrió disparando a todo lugar, se cayó incontables de veces y sus piernas parecían quemarse... Y, nuevamente, se encontró al mismo hombre extremadamente alto y calvo del momento pasado. Franco le disparó con descontrol. Pudo ver en el hombre falta de ojos; como si tuviera unos agujeros de profundidad infinita. Éste le tomó por el cuello y lo alzó. Franco pudo sentir algo aproximarse. De repente, una mujer muy baja, color blanco, vestida de negro, llegó volando... Le gritó de forma escalofriante. Sus ojos estaban rodeados de sangre y sus dientes eran gigantes y afilados.

Franco aprovechó la oportunidad para huir de aquel terrorífico lugar.

Logró cruzar la montaña... Miró hacia atrás lamentando haber dejado a sus compatriotas solos. En eso, se escucharon muchos gritos diciendo "Yaya yaya yaya". Volteó y pudo observar la cabaña... Corrió hacia allá y, al llegar, tocó la puerta desesperadamente. Los campesinos le abrieron la puerta. Ellos le preguntaron qué pasaba, en lo cual le respondió que necesitaba ayuda... Y ahí se quedó, atormentado por aquella experiencia.

Cuando llevaba horas acostado, incomodo por las miradas de los campesinos, decidió tomar una silla y sentarse fuera de la casa, mirando la montaña.

Mientras iba saliendo el sol, pudo observar cómo la luz cubrió 9 grandes cruces adornadas con huesos humanos, de aproximadamente 17 metros de altura, ubicadas en la montaña... En ellas se encontraban crucificados sus 9 compañeros...
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