InicioArteManuel Alvarez Bravo: Los ojos del siglo.

Hay que entender..

El arte hay que entenderlo, o de menos intentar entenderlo.

No hay que definirlo,no es necesario

Ni hay que censurarlo, obstruirlo o detenerlo.

Es cómo detener el paso de la evolución. No tiene sentido.

Toda civilización partió de una manifestación artística y es el reflejo de cada eslabón del tiempo.

Nos hace infinitos sin hacernos eternos.

Es una enfermedad pero también es la cura.

Es un arma de construcción masiva que no necesita contenerse.

Y no hay que avergonzarse por lo que nos enseña,

Porque solamente desnudos

volvemos a nuestra verdadera esencia…

Texto de @Dave70



Texto: Lelia Drisen Edición: @redblak_monster


Manuel Alvarez Bravo: Los ojos del siglo.



"Nací en la Ciudad de México, detrás de Catedral, en el lugar donde fueron construidos los templos de los antiguos dioses aztecas".

Manuel Alvarez Bravo.


Desde muy joven, cuando ensayaba sus primeros pasos en la fotografía y era amigo y discípulo de Tina Modotti, Manuel Alvarez Bravo tuvo relación con la Escuela Mexicana de Pintura. Esta relación fue tan dinámica que en 1927 el autor fundó, junto con su esposa Lola, una galería en la que expusieron José Clemente Orozco, Frida Kahlo y Rufino Tamayo, entre otros. Antes, desde 1925, el matrimonio Alvarez Bravo vivió tres años en Oaxaca, y fue allá donde comenzó su actividad fotográfica. Pero en un momento previo, en 1923, don Manuel conoció a Hugo Brehme, que lo inició en el aprendizaje de la fotografía. Como se recordará, Brehme llegó a ser, junto a Agustín Casasola, uno de los principales documentalistas de los hechos revolucionarios; ambos atestiguaron actos, cobates, situaciones diversas de la vertiginosa cadena de instantes fulgurantes que conformaron la Revolución Mexicana.




Parábola óptica.

En esta fotografía me gusta y me interesa el juego que hace don Manuel entre la imagen y las palabras.
Parábola es la narración de un suceso fingido que se deduce por semejanza. esto se logra por que la imagen original está invertida en su impresión, lo que a mi parecer constituye uno de los documentos de la cultura surrealista más importantes de nuestro país. Otra cuestión que hace mágica esta imagen es la cantidad de reflejos de ojos: ojos que ven, que son testigos y que logran la "parábola óptica". Para mí, las fotografías de Alvarez Bravo siempre tienen un doble mensaje: el estético y el semántico.




El Ensueño.

Las imágenes de Alvarez Bravo son poesía pura: mediante su fijación en la escena que retrata logra transmitirnos un momento que ni la poesía escrita es capaz de describir, sobre todo en El ensueño. Me conmueve la actitud de la adolescente en un momento de contemplación; no puede haber un momento más humano. Proyecta para mí un instante magnífico del hombre que es el ensueño, por el que vale la pena vivir.
En esta fotografía y en muchas más encuentro una sensibilidad única, una pureza y un sentido plástico que nunca es pictórico: es un sentido plástico puro en el que la belleza es la escena. En un principio criticaba los títulos de Alvarez Bravo, ahora me gustan más que nunca.





Caja de visiones.

En general me encantan las fotos de Alvarez Bravo, pero Caja de visiones me gusta especialmente.
La anécdota que conozco es que, en la época en que fue tomada la foto, había señores que iban por las calles con sus cajas de visiones y la gente se podía asomar y ver ciertas imágenes. parece ser que cuando Alvarez Bravo vivía con Lola vieron a un señor con su caja que pasaba por la calle y le pidieron que subiera a la azotea. Alvarez Bravo tomó la foto: Lola, cubierta por una tela negra, y la caja. es una foto mágica: todo lo que se puede ver a través de esa caja y, al mismo tiempo, todo lo que uno puede ver a través de la foto. Alvarez Bravo nos regala una estampa en la que nuestra imaginación corre.




La buena fama durmiendo.

Me intriga saber por qué Alvarez Bravo hizo esta fotografía. Aunque hay quien la considera surrealista, para mí es muy contemporánea y va más allá del surrealismo. Es una imagen que provoca lecturas distintas. Su composición es muy sencilla, y, en estricto sentido, no está bien compuesta, pues del lado derecho hay una parte del brazo de la mujer que roza la esquina. Pero no importa: me interesa lo que la foto sugiere y la cantidad de relaciones que propone respecto al cuerpo. Más que concluir ideas, La buena fama durmiendo abre puertas hacia la reflexión. Creo que es un parteaguas en la historia de la fotografía mexicana, y para mí es un detonante de muchas ideas. Esta es la foto de Alvarez Bravo que encuentro más relacionada con mi propio trabajo: la utilización del cuerpo y las metáforas que se pueden construir más allá del desnudo per se.





El umbral.

Me gusta la sencillez de esta foto: el movimiento de los pies, los dedos, la tensión. Como decía Henri Cartier-Bresson: siento que estamos ante el instante; esta foto no sería ni un segundo antes ni un segundo después. Me atrae la composición: el elemento humano en el que no hace falta ver ni rostro ni manos para que sea un cuerpo expresivo. Y el juego de las luces. Se trata de una foto sencilla, pero precisamente en eso estriba su importancia. Es una de las primeras fotos de Alvarez Bravo que descubrí; cuando la vi, sentí que quería hacer fotos a la manera de don Manuel. Es una foto que evoca; a mí me evocó ciertas vivencias de cuando hacía trabajo etnográfico en diferentes comunidades. La imagen tiene la virtud de la síntesis. En mi búsqueda de un lenguaje personal como fotógrafo le debo mucho a Alvarez Bravo; sin ser su discípulo, aprendí a mirar a través de sus fotos.





Lucía.

En esta foto Alvarez Bravo hace hace un juego con mucho más sentido del humor del que suele tener su obra. A veces juega con el título de la imagen y a veces, como en este caso, con la composición, para compartir con nosotros ese humor refinado. Obviamente no es un momento encontrado, sino recreado: en juego seductor con su modelo, el autor arma los componentes de esta imagen como si fuera a realizar una travesura visual, para luego mostrarnos lo que hicieron. Uno de los aspectos menos comentados e la obra de Alvarez Bravo es su cachondería con la figura femenina. Siempre cuida las formas pero no por ello está menos dispuesto a descubrir la sensualidad, que recorre palmo a palmo con los ojos bien abiertos.




El arte siempre me interesó y viví con la ilusión, muy extendida en aquel entonces, de que la fotografia era el medio de expresión artistica más simple. Cuando recuerdo mis ensayos de aquella época en otros géneros artísticos, me doy cuenta de que finalmente, he encontrado mi camino.
Manuel Álvarez Bravo.


Otras obras de Manuel Alvarez Bravo:



Calabaza y caracol.



Trabajadores del fuego.



Castillo en el Barrio del Niño.



Fruta prohibida.



Juan Rulfo.



Diego Rivera, León Trosky, André Breton.



Espejo negro.



Angeles en camión.



Como la tierra misma.



El soñador.




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