Espero que lo leas,
al menos que lo veas.
Hoy soy yo, saliendo de las letras,
ahora sos vos escuchandome con tu cabeza.
Debería decirte un millón de palabras,
pero no alcanzarían para explicar lo que pasa,
nunca escuché a nadie tanto como a vos,
no tengo Dios y necesito una voz.
Últimamente ya no hablamos tanto,
se diluyeron nuestros momentos de privacidad,
sufro de cosas que son un espanto,
pero me cuesta mucho contartelás.
Sos mi papá, tu sangre está en mis venas,
esta es la vida y el tiempo no se frena,
no hay pausas, ni retrocesos,
es todo ahora, no existen los procesos.
¿Por qué voy a esperar para ser lo que quiero?
Sé que costará que me apoyes en todo esto,
pero hoy quiero ser libre y jugarme por mi instinto,
sólo se puede ser feliz, pensando distinto.
Somos historias, nada más que eso,
y mi pequeña historia tiene mucho de tu peso,
gracias por eso, perdón por las ausencias,
vos sabes muy bien como son nuestras cabezas,
también tuviste veinte,
que ahora pasan por tu mente,
entendes que para aprender,
hay que golpearse fuerte.
El mismo corazón, nos resume en las acciones,
somos canciones, somos momentos,
somos lentos, lentos pero contentos;
eso es lo que vale para mí;
sólo con eso soy feliz,
con tardes de cielo gris,
bebiendo frente a la puerta,
pensando en lo que vivimos,
las historias que llevamos a cuestas.
¿Cuánto hay que no sabemos del otro?
¿Cuántos años estuvimos lejos?
¿Cuántas veces te necesité?
¿Cuántas veces me llamaste con tu instinto?
Los teléfonos no son archivos,
son sólo aparatos,
nuestras memorias son mucho más felices.
En esta pequeña poesía,
sólo quería mostrarte como amo escribir,
y mientras pasa cada día,
tengo más cosas por decir.
Gracias por dar vida a este loco,
que es reflejo de tus locuras,
y aunque hoy hablemos poco,
sabemos que nuestra conexión es la más pura.
al menos que lo veas.
Hoy soy yo, saliendo de las letras,
ahora sos vos escuchandome con tu cabeza.
Debería decirte un millón de palabras,
pero no alcanzarían para explicar lo que pasa,
nunca escuché a nadie tanto como a vos,
no tengo Dios y necesito una voz.
Últimamente ya no hablamos tanto,
se diluyeron nuestros momentos de privacidad,
sufro de cosas que son un espanto,
pero me cuesta mucho contartelás.
Sos mi papá, tu sangre está en mis venas,
esta es la vida y el tiempo no se frena,
no hay pausas, ni retrocesos,
es todo ahora, no existen los procesos.
¿Por qué voy a esperar para ser lo que quiero?
Sé que costará que me apoyes en todo esto,
pero hoy quiero ser libre y jugarme por mi instinto,
sólo se puede ser feliz, pensando distinto.
Somos historias, nada más que eso,
y mi pequeña historia tiene mucho de tu peso,
gracias por eso, perdón por las ausencias,
vos sabes muy bien como son nuestras cabezas,
también tuviste veinte,
que ahora pasan por tu mente,
entendes que para aprender,
hay que golpearse fuerte.
El mismo corazón, nos resume en las acciones,
somos canciones, somos momentos,
somos lentos, lentos pero contentos;
eso es lo que vale para mí;
sólo con eso soy feliz,
con tardes de cielo gris,
bebiendo frente a la puerta,
pensando en lo que vivimos,
las historias que llevamos a cuestas.
¿Cuánto hay que no sabemos del otro?
¿Cuántos años estuvimos lejos?
¿Cuántas veces te necesité?
¿Cuántas veces me llamaste con tu instinto?
Los teléfonos no son archivos,
son sólo aparatos,
nuestras memorias son mucho más felices.
En esta pequeña poesía,
sólo quería mostrarte como amo escribir,
y mientras pasa cada día,
tengo más cosas por decir.
Gracias por dar vida a este loco,
que es reflejo de tus locuras,
y aunque hoy hablemos poco,
sabemos que nuestra conexión es la más pura.