CAPÍTULO II
Cuando por fin se detuvo y apagó el coche, no toco bocina ni descendió de él. Solo se quedó inmóvil, con las manos sobre el volante. Minutos después una mujer de unos treinta y cinco años salió de la casa donde estaba estacionada.
-Te estábamos esperando- y abrió la puerta del auto.
-¡Hola Karina!... ¡Me alegra verte!
-A mí también.- Y se abrazaron. Tal vez ninguna de las dos notó, que el cuerpo de la otra, no dejaba de temblar.
-¡Todo esta muy cambiado! – Luego de bajar la maleta comenzaron a caminar tomadas de la mano.
-¡Si!... hay más vecinos. Cosa que es una suerte cuando te falta algo y no quieres ir hasta el pueblo para comprarlo. Además desde que mis padres no están, casi no puedo cuidar todo sola.- Al mirar alrededor, se veía un paisaje hermoso, pocas casas y entre ellas muchos árboles, se podía percibir que alguna vez todo aquello había sido un hermoso bosque. La fachada de la casa parecía descuidada, pero el patio tenía muchas flores que le daban a todo un toque cálido y el que estuviera frente a un lago la ponía en una postal maravillosa, un lugar en el mundo sin dudas, muy especial. Apenas llegaron a la puerta de entrada, dos mujeres más salieron del interior de la casa.
-¡Hola!... creí que no vendrías.
-¡Me alegra que estés con nosotras!
-¡No iba a dejarlas solas!
Se corrieron de la puerta y pasaron una a una. Se entraba directo en el living, un par de sofás que apenas combinaban uno con otro, las cortinas hacían juego con el tono verde de las paredes, un escritorio lleno de revistas y papeles en un rincón y algunas cajas de cartón con más papeles cerca de la escalera que conducía al piso de arriba, donde estaban los cuatro dormitorios. Si bien el lugar tenía ventanas grandes no se encontraba muy iluminado. Atravesando un corto pasillo llegaron a la cocina. Sobre la mesa había cuatro tazas, pero solo tres estaban llenas. En medio un plato con tostadas y muchos periódicos desparramados por todas partes. La recién llegada se acomodó en el lugar que le indicaron y se sirvió un poco de café. Las cuatro mujeres llevaron al unísono las tazas a sus bocas. Tal vez, por no tener qué decir. Karen las observó. Las recordó de jóvenes. Karina sin dudas, siempre había sido la líder del grupo la más popular en la escuela y quien organizaba las salidas, las reuniones, los cumpleaños; de hecho, a ella se le había ocurrido la idea de ir un fin de semana a acampar solas, antes que comenzaran las clases. No imaginaron en aquel momento todo lo que vendría después. Su cabello aún continuaba naturalmente negro, estaba muy delgada y su tono de voz era siempre elevado. Como queriéndose dar a escuchar en medio de una multitud. Su hermana Sandra era solo un año y cuatro meses menor que ella, aunque eran muy distintas en temperamento se llevaban muy bien. La recordaba como una muchacha muy alegre y curiosa. Con su piel blanca y sus ojos muy verdes siempre unida a su hermana. Al menos hasta ese momento lo habían sido, luego dejaron de verse. Sandra estuvo muchos años ausente del mundo y sobre todo, de su familia. Tal vez Karina se sentía culpable al ser la mayor y por eso también se había alejado, de diferente forma, pero también se alejó. En realidad las cuatro lo hicieron. Detuvo la mirada en cuanto llegó a Carla. Había sido tan hermosa y dulce no es que ahora no lo fuera. Pero si se la veía descuidada. Extremadamente delgada, con ojeras muy visibles, su cabello rubio revuelto y mal atado, apagando un cigarro y encendiendo otro casi instantáneamente. Fue Carla quien interrumpió el silencio arrojando un periódico frente a Karen.
-¿Viste esto?
Karen lo levantó y comenzó a leer.
“FUE ENCONTRADO TORTURADO Y ASESINADO EL CADAVER DE UN HOMBRE” (Decía el titular con letras grandes. Luego continuaba)
“El cuerpo de un hombre, que habría sido torturado durante algunos días antes de ser asesinado. Fue descubierto por dos personas que estaban acampado. La policía no ha brindado mayor información pero se sabe que el nombre del sujeto era Delmiro el mismo que hace veinte años estuviera involucrado en otro hecho delictivo.”
-¿Fue igual que con Daniel?
-Así es. No me permiten involucrarme en el caso – Dijo Karina, mientras le pasaba una carpeta con más papeles- Esa es la autopsia. Tenía marcas en las muñecas y en los tobillos. Sin dudas estuvo atado durante días, estaba deshidratado y tenía signos de haber sido electrocutado. Todo del mismo modo que ocurrió con el asesinato de su hermano Daniel. Tampoco encontramos huellas o mayores pistas. Pero es demasiada coincidencia. Me extraña que la policía no se haya puesto en contacto con ustedes.
-Seguramente porque no nos encontraron. – Interrumpió Carla, encendiendo el tercer cigarrillo desde que había llegado Karen.
-Es verdad. Nadie salvo nosotras sabemos como encontrarnos.
-¿Saben algo de los demás?
-Hasta ahora nada. De todos modos los policías han olvidado ese caso, no los han vinculado. Solo éste periodista lo ha mencionado. Es raro que alguien recuerde eso. Paso hace veinte años.
-Veintiuno- Dijo en seco Sandra. Y todas permanecieron nuevamente en silencio.
-Si bueno… como sea… nadie recuerda eso.
Y el sonido del viento soplando por entre las viejas maderas de la casa fue lo único que se dejó escuchar durante largo rato. Sin darse cuenta la luz natural del día se fue apagando. Solo salieron de su transe cuando ya casi no podían verse.
- ¿Quieren cenar algo? Compré algo de carne, pollo y también hay verduras Karen, por si continúas siendo vegetariana.
- ¡Gracias Karina!... en realidad hace años que decidí comer todo lo que me pongan en la mesa.
- Yo no tengo hambre. Si me disculpan prefiero darme un baño he ir a la cama.
- Claro Sandra. Si necesitas algo solo avísame.
- También fue mi casa Karina, sé donde están las cosas.
- No lo decía por eso, solo quería que te sintieras cómoda.
- Lo estoy gracias. ¡Buenas noches!
- ¡Buenas noches!- respondieron las tres mujeres que se quedaban en a mesa.
- También me voy a dormir. Estoy cansada, mañana con más calma hablamos de esto. Si es que hay algo de qué hablar.
- ¡Hasta mañana Carla!
Karina comenzó a revisar las puertas y las ventanas para ver que estuvieran bien cerradas. Karen iba detrás de ella apagando las luces, miró a su alrededor y acomodó unos papeles en unas cajas.
-¿Te parece que sus muertes no son coincidencia?
-No. No creo que lo sean. De todos modos, creo que solo el tiempo me dirá si tengo o no razón.
-¡Hasta mañana Karen!... gracias por venir.
-No tenés nada que agradecer. Al contrario. Sabes que te debo mucho Karina.
-Tanto como yo a vos.