BERSERKERS NORDICOS
El origen etimológico de esta palabra es incierto, una teoría dice que deriva de berr ('desnudo') y serkr (prenda de vestir similar a una camisa). Otra teoría afirma que deriva del germánico berr ('oso') ya que solían usar pieles de animales (osos, lobos y venados)
Los Úlfhéðnar mencionados en la saga Vatnsdœla, Haraldskvæði and the Völsunga saga, usaban la piel de un lobo sobre sus cabezas cuando entraban en batalla. A veces son descritos como los guerreros especiales de Odín, con la piel de lobo y una lanza como sus características distintivas.
La referencia más antigua al término ‘berserker’ está en Haraldskvæði, un poema escandinavo compuesto por Thórbiorn Hornklofi a fines de siglo IX en honor del rey Harald Fairhair, un famoso soberano de Noruega. El poema fue preservado por Snorri Sturluson. En este poema, el ejército de Harald habla sobre una pandilla de berserkers que luchan con el nombre del dios noruego de la guerra, Tyr, en la batalla de Hafrsfjord. En ella, se los describe como Úlfhéðnar (‘hombres vestidos con pieles de lobos’). Esto plantea una conexión entre los osos y los lobos en la cultura noruega bélica, y la suposición de que la palabra ‘berserker’ se origina a partir de hombres que usan la piel de un oso.
Se creía que los Berserker era insensibles al dolor. Lamían y mordían el hierro de sus escudos, echaban espuma por la boca y emitían espantosos alaridos. Algunos estudiosos sospechan que no cualquiera podía convertirse en Berserker y que, en realidad, éstos eran seleccionados cuidadosamente. Cuando un niño vikingo mostraba convulsiones (para nosotros, los primeros síntomas de epilepsia) era rápidamente alistado en las filas de estos pavorosos licántropos.
Eruditos menos extravagantes han elaborado otra teoría sobre el temperamento feroz de los Berserkers: su comportamiento era una consecuencia natural de su dieta.
Al parecer, los Berserkers se alimentaban exclusivamente de carne cruda, de amanita muscaria (un tipo de hongo alucinógeno), y una especie de pastel elaborado con cerveza y pan contaminados por el cornezuelo del centeno, el cual contenía altísimos niveles de ácido lisérgico (precusor del LSD), y bebían cerveza de beleño fermentado, una de las plantas alucinógenas más potentes.
Esta dieta forjaba a los Berserkers y los hacía incontrolables en la batalla. Su furia era tan intensa que los vikingos solían atarlos a sus embarcaciones (Drakkar) para que éstos no se arrojaran al mar antes de llegar a la costa.
El final de los Berserkers llegó con el cristianismo. Muchos de ellos fueron alistados en la guardia personal de reyes y príncipes, se los respetaba y temía como guerreros y hombres de temperamento volátil. Los primeros cristianos, al enterarse de las espeluznantes metamorfosis de los Berserkers, lanzaron una letal campaña de difamación. Se los acusó, como a tantos otros, de pactar con el diablo. Fueron recluídos por la sociedad, tenidos por locos, y pronto fueron barridos de los ejércitos y las cortes. Algunos reyes los conservaron a modo de mascotas.
Los Eddas escandinavos ofrecen una visión diferente sobre el comportamiento de los Berserkers. No niegan el uso de alcaloides, pero aseguran que su furia guerrera explotaba luego de severas meditaciones. Al contrario de lo que sucedía en oriente, los Berserkers meditaban para extraer la parte animal en nosotros, para suprimir sus rasgos humanos y emerger en una personalidad bestial, descontrolada.
Así se los describe en la saga de Haraldskvæði:
Hablaré de los berserks, los catadores de sangre,
Aquellos héroes intrépidos, ¿como trataban
A los que se vadean en la batalla?
Piel de lobo les llaman.
Portan escudos sangrientos.
De puntas rojas son sus lanzas cuando marchan.
Forman un grupo apretado, cerrando filas.
El príncipe, en su sabiduría, confía en ellos,
En los que cortan los escudos enemigos.
Snorri Sturlson los describe en la saga de Ynglinga.
Los hombres de Odin se precipitaron hacia adelante sin armadura, locos como perros o lobos, fuertes como osos o bueyes, masacran a los príncipes de un solo golpe, y ni el fuego ni el hierro los atemoriza. Su furia es conocida como Berserkergang.
Para advertir la profunda significancia de los Berserkers deberíamos, en principio, verlos como algo más que guerreros. Eran místicos, en un sentido contrario al misticismo oriental, es decir, su autoexploración tenía como propósito extraer el horror en estado puro y trasmutarlo en una furia dirigida únicamente hacia sus enemigos.
Los Berserkers llegaron tan lejos como a las cortes de Bizancio, luchando bajo el mando de Constantino VII, donde eran considerados tropas de elite. En el oscuro De cerimoniis aulae byzantinae se detalla la Danza Gótica, una especie de ritual de transformación que los Berserkers efectuaban antes de entrar en combate.
Escandinavia los recluyó a los bosques y pequeñas compañías diseminadas en el yermo. Algunos melancólicos señalan que fueron los Berserkers quienes eligieron el olvido y la vida de los lobos.
El final de los Berserkers llegó con el cristianismo. Muchos de ellos fueron alistados en la guardia personal de reyes y príncipes, se los respetaba y temía como guerreros y hombres de temperamento volátil. Los primeros cristianos, al enterarse de las espeluznantes metamorfosis de los Berserkers, lanzaron una letal campaña de difamación. Se los acusó, como a tantos otros, de pactar con el diablo. Fueron recluídos por la sociedad, tenidos por locos, y pronto fueron barridos de los ejércitos y las cortes. Algunos reyes los conservaron a modo de mascotas.
Los Eddas escandinavos ofrecen una visión diferente sobre el comportamiento de los Berserkers. No niegan el uso de alcaloides, pero aseguran que su furia guerrera explotaba luego de severas meditaciones. Al contrario de lo que sucedía en oriente, los Berserkers meditaban para extraer la parte animal en nosotros, para suprimir sus rasgos humanos y emerger en una personalidad bestial, descontrolada.
Así se los describe en la saga de Haraldskvæði:
Hablaré de los berserks, los catadores de sangre,
Aquellos héroes intrépidos, ¿como trataban
A los que se vadean en la batalla?
Piel de lobo les llaman.
Portan escudos sangrientos.
De puntas rojas son sus lanzas cuando marchan.
Forman un grupo apretado, cerrando filas.
El príncipe, en su sabiduría, confía en ellos,
En los que cortan los escudos enemigos.
Snorri Sturlson los describe en la saga de Ynglinga.
Los hombres de Odin se precipitaron hacia adelante sin armadura, locos como perros o lobos, fuertes como osos o bueyes, masacran a los príncipes de un solo golpe, y ni el fuego ni el hierro los atemoriza. Su furia es conocida como Berserkergang.
Para advertir la profunda significancia de los Berserkers deberíamos, en principio, verlos como algo más que guerreros. Eran místicos, en un sentido contrario al misticismo oriental, es decir, su autoexploración tenía como propósito extraer el horror en estado puro y trasmutarlo en una furia dirigida únicamente hacia sus enemigos.
Los Berserkers llegaron tan lejos como a las cortes de Bizancio, luchando bajo el mando de Constantino VII, donde eran considerados tropas de elite. En el oscuro De cerimoniis aulae byzantinae se detalla la Danza Gótica, una especie de ritual de transformación que los Berserkers efectuaban antes de entrar en combate.
Escandinavia los recluyó a los bosques y pequeñas compañías diseminadas en el yermo. Algunos melancólicos señalan que fueron los Berserkers quienes eligieron el olvido y la vida de los lobos.
EL BERSERKERGANG O POSESIÓN
Antes del combate, los bersekers entraban juntos en un trance llamado berserksgangr o berserkergang. Este trance era el proceso de posesión, para el que no cualquiera estaba preparado, pues su energía podía destrozar el cuerpo del profano. Según la tradición escandinava, tal estado de éxtasis comenzaba con un siniestro escalofrío que recorría el cuerpo del poseído y le ponía los pelos de punta y la piel de gallina. A esto seguía la contracción de los músculos, un premonitorio temblor, el aumento de la presión arterial y de la tensión, y una serie de tics nerviosos en el rostro y en el cuello. La temperatura corporal comenzaba a subir. Las aletas nasales se dilataban. La mandíbula se apretaba y la boca se contraía en una mueca psicótica revelando la dentadura. Luego venía un inquietante rechinar de dientes, sus caras se inflaban y cambiaban de color, acabando en un tono púrpura. Empezaban a echar espuma por la boca
, a gruñir, a agitarse, a rugir y gritar como animales salvajes, a morder los bordes de sus escudos, a golpear sus cascos y sus escudos con sus armas y a rasgarse la ropa, invadidos por una fiebre que tomaba posesión de ellos y les convertía en una bestia, su ciego instrumento. Presenciar semejante transformación debía ser algo realmente alarmante y angustioso, evocador del más urgente pánico. Era una transformación iniciática en toda regla, y algunos han visto en ella el origen de las leyendas de hombres-lobo.
Tras este proceso, los bersekers recibían el Odr u Od (llamado Wut en Germania y Wod en Inglaterra), la inspiración que Odín concedía a algunos guerreros, iniciados y poetas, tocándoles con la punta de su lanza Gugnir ("estremecedora". Con ello se convertían en un furioso torbellino de sangre y metal. La fuerza física del "inspirado" por la fiebre Od aumentaba de manera sobrehumana e inexplicable, y también se incrementaban su resistencia, su agresividad y su fanatismo combativo. Desaparecían el dolor, el miedo o la fatiga, y lo que los reemplazaba era una embriagante sensación de voluntad, imparable poder y ganas de destruir, arrasar, matar, aniquilar y derribar. Una buena referencia a la versión celta del berserkergang, la podemos encontrar en "The Táin", que describe la transformación del héroe Cuchulain antes de las batallas:
El espasmo de furia se apoderó de él: parecía que cada cabello estaba martilleado a su cabeza, pues todos los pelos se le enderezaron verticalmente, y se podría jurar que un punto de fuego coronaba la punta de cada uno. Uno de sus ojos se cerró más estrecho que el ojal de una aguja, y el otro se abrió más ancho que la boca de una copa. Sus mandíbulas se desencajaron hasta las orejas, y sus labios se apartaron revelando sus encías. El halo del héroe ascendió desde la corona de su cabeza.
Los bersekers pasaban a luchar furiosamente sin importarles en absoluto su propia vida o seguridad física. Muchos preferían llevar una espada y un hacha en vez de una sola arma con el escudo. En grupos de doce, cargaban salvajemente contra el enemigo sin importar su inferioridad numérica, y heridas que matarían a cualquiera no los inmutaban lo más mínimo. En casos de defensa contra multitudes avasallantes, formaban un círculo impenetrable desde el cual se batían hasta la muerte del último hombre.
PARA TERMINAR UN POCO DE BUEN VIKING METAL.
Este ultimo es Folk pero tambien ta bueno
El origen etimológico de esta palabra es incierto, una teoría dice que deriva de berr ('desnudo') y serkr (prenda de vestir similar a una camisa). Otra teoría afirma que deriva del germánico berr ('oso') ya que solían usar pieles de animales (osos, lobos y venados)
Los Úlfhéðnar mencionados en la saga Vatnsdœla, Haraldskvæði and the Völsunga saga, usaban la piel de un lobo sobre sus cabezas cuando entraban en batalla. A veces son descritos como los guerreros especiales de Odín, con la piel de lobo y una lanza como sus características distintivas.
La referencia más antigua al término ‘berserker’ está en Haraldskvæði, un poema escandinavo compuesto por Thórbiorn Hornklofi a fines de siglo IX en honor del rey Harald Fairhair, un famoso soberano de Noruega. El poema fue preservado por Snorri Sturluson. En este poema, el ejército de Harald habla sobre una pandilla de berserkers que luchan con el nombre del dios noruego de la guerra, Tyr, en la batalla de Hafrsfjord. En ella, se los describe como Úlfhéðnar (‘hombres vestidos con pieles de lobos’). Esto plantea una conexión entre los osos y los lobos en la cultura noruega bélica, y la suposición de que la palabra ‘berserker’ se origina a partir de hombres que usan la piel de un oso.
Se creía que los Berserker era insensibles al dolor. Lamían y mordían el hierro de sus escudos, echaban espuma por la boca y emitían espantosos alaridos. Algunos estudiosos sospechan que no cualquiera podía convertirse en Berserker y que, en realidad, éstos eran seleccionados cuidadosamente. Cuando un niño vikingo mostraba convulsiones (para nosotros, los primeros síntomas de epilepsia) era rápidamente alistado en las filas de estos pavorosos licántropos.
Eruditos menos extravagantes han elaborado otra teoría sobre el temperamento feroz de los Berserkers: su comportamiento era una consecuencia natural de su dieta.
Al parecer, los Berserkers se alimentaban exclusivamente de carne cruda, de amanita muscaria (un tipo de hongo alucinógeno), y una especie de pastel elaborado con cerveza y pan contaminados por el cornezuelo del centeno, el cual contenía altísimos niveles de ácido lisérgico (precusor del LSD), y bebían cerveza de beleño fermentado, una de las plantas alucinógenas más potentes.
Esta dieta forjaba a los Berserkers y los hacía incontrolables en la batalla. Su furia era tan intensa que los vikingos solían atarlos a sus embarcaciones (Drakkar) para que éstos no se arrojaran al mar antes de llegar a la costa.
El final de los Berserkers llegó con el cristianismo. Muchos de ellos fueron alistados en la guardia personal de reyes y príncipes, se los respetaba y temía como guerreros y hombres de temperamento volátil. Los primeros cristianos, al enterarse de las espeluznantes metamorfosis de los Berserkers, lanzaron una letal campaña de difamación. Se los acusó, como a tantos otros, de pactar con el diablo. Fueron recluídos por la sociedad, tenidos por locos, y pronto fueron barridos de los ejércitos y las cortes. Algunos reyes los conservaron a modo de mascotas.
Los Eddas escandinavos ofrecen una visión diferente sobre el comportamiento de los Berserkers. No niegan el uso de alcaloides, pero aseguran que su furia guerrera explotaba luego de severas meditaciones. Al contrario de lo que sucedía en oriente, los Berserkers meditaban para extraer la parte animal en nosotros, para suprimir sus rasgos humanos y emerger en una personalidad bestial, descontrolada.
Así se los describe en la saga de Haraldskvæði:
Hablaré de los berserks, los catadores de sangre,
Aquellos héroes intrépidos, ¿como trataban
A los que se vadean en la batalla?
Piel de lobo les llaman.
Portan escudos sangrientos.
De puntas rojas son sus lanzas cuando marchan.
Forman un grupo apretado, cerrando filas.
El príncipe, en su sabiduría, confía en ellos,
En los que cortan los escudos enemigos.
Snorri Sturlson los describe en la saga de Ynglinga.
Los hombres de Odin se precipitaron hacia adelante sin armadura, locos como perros o lobos, fuertes como osos o bueyes, masacran a los príncipes de un solo golpe, y ni el fuego ni el hierro los atemoriza. Su furia es conocida como Berserkergang.
Para advertir la profunda significancia de los Berserkers deberíamos, en principio, verlos como algo más que guerreros. Eran místicos, en un sentido contrario al misticismo oriental, es decir, su autoexploración tenía como propósito extraer el horror en estado puro y trasmutarlo en una furia dirigida únicamente hacia sus enemigos.
Los Berserkers llegaron tan lejos como a las cortes de Bizancio, luchando bajo el mando de Constantino VII, donde eran considerados tropas de elite. En el oscuro De cerimoniis aulae byzantinae se detalla la Danza Gótica, una especie de ritual de transformación que los Berserkers efectuaban antes de entrar en combate.
Escandinavia los recluyó a los bosques y pequeñas compañías diseminadas en el yermo. Algunos melancólicos señalan que fueron los Berserkers quienes eligieron el olvido y la vida de los lobos.
El final de los Berserkers llegó con el cristianismo. Muchos de ellos fueron alistados en la guardia personal de reyes y príncipes, se los respetaba y temía como guerreros y hombres de temperamento volátil. Los primeros cristianos, al enterarse de las espeluznantes metamorfosis de los Berserkers, lanzaron una letal campaña de difamación. Se los acusó, como a tantos otros, de pactar con el diablo. Fueron recluídos por la sociedad, tenidos por locos, y pronto fueron barridos de los ejércitos y las cortes. Algunos reyes los conservaron a modo de mascotas.
Los Eddas escandinavos ofrecen una visión diferente sobre el comportamiento de los Berserkers. No niegan el uso de alcaloides, pero aseguran que su furia guerrera explotaba luego de severas meditaciones. Al contrario de lo que sucedía en oriente, los Berserkers meditaban para extraer la parte animal en nosotros, para suprimir sus rasgos humanos y emerger en una personalidad bestial, descontrolada.
Así se los describe en la saga de Haraldskvæði:
Hablaré de los berserks, los catadores de sangre,
Aquellos héroes intrépidos, ¿como trataban
A los que se vadean en la batalla?
Piel de lobo les llaman.
Portan escudos sangrientos.
De puntas rojas son sus lanzas cuando marchan.
Forman un grupo apretado, cerrando filas.
El príncipe, en su sabiduría, confía en ellos,
En los que cortan los escudos enemigos.
Snorri Sturlson los describe en la saga de Ynglinga.
Los hombres de Odin se precipitaron hacia adelante sin armadura, locos como perros o lobos, fuertes como osos o bueyes, masacran a los príncipes de un solo golpe, y ni el fuego ni el hierro los atemoriza. Su furia es conocida como Berserkergang.
Para advertir la profunda significancia de los Berserkers deberíamos, en principio, verlos como algo más que guerreros. Eran místicos, en un sentido contrario al misticismo oriental, es decir, su autoexploración tenía como propósito extraer el horror en estado puro y trasmutarlo en una furia dirigida únicamente hacia sus enemigos.
Los Berserkers llegaron tan lejos como a las cortes de Bizancio, luchando bajo el mando de Constantino VII, donde eran considerados tropas de elite. En el oscuro De cerimoniis aulae byzantinae se detalla la Danza Gótica, una especie de ritual de transformación que los Berserkers efectuaban antes de entrar en combate.
Escandinavia los recluyó a los bosques y pequeñas compañías diseminadas en el yermo. Algunos melancólicos señalan que fueron los Berserkers quienes eligieron el olvido y la vida de los lobos.
EL BERSERKERGANG O POSESIÓN
Antes del combate, los bersekers entraban juntos en un trance llamado berserksgangr o berserkergang. Este trance era el proceso de posesión, para el que no cualquiera estaba preparado, pues su energía podía destrozar el cuerpo del profano. Según la tradición escandinava, tal estado de éxtasis comenzaba con un siniestro escalofrío que recorría el cuerpo del poseído y le ponía los pelos de punta y la piel de gallina. A esto seguía la contracción de los músculos, un premonitorio temblor, el aumento de la presión arterial y de la tensión, y una serie de tics nerviosos en el rostro y en el cuello. La temperatura corporal comenzaba a subir. Las aletas nasales se dilataban. La mandíbula se apretaba y la boca se contraía en una mueca psicótica revelando la dentadura. Luego venía un inquietante rechinar de dientes, sus caras se inflaban y cambiaban de color, acabando en un tono púrpura. Empezaban a echar espuma por la boca
, a gruñir, a agitarse, a rugir y gritar como animales salvajes, a morder los bordes de sus escudos, a golpear sus cascos y sus escudos con sus armas y a rasgarse la ropa, invadidos por una fiebre que tomaba posesión de ellos y les convertía en una bestia, su ciego instrumento. Presenciar semejante transformación debía ser algo realmente alarmante y angustioso, evocador del más urgente pánico. Era una transformación iniciática en toda regla, y algunos han visto en ella el origen de las leyendas de hombres-lobo.
Tras este proceso, los bersekers recibían el Odr u Od (llamado Wut en Germania y Wod en Inglaterra), la inspiración que Odín concedía a algunos guerreros, iniciados y poetas, tocándoles con la punta de su lanza Gugnir ("estremecedora". Con ello se convertían en un furioso torbellino de sangre y metal. La fuerza física del "inspirado" por la fiebre Od aumentaba de manera sobrehumana e inexplicable, y también se incrementaban su resistencia, su agresividad y su fanatismo combativo. Desaparecían el dolor, el miedo o la fatiga, y lo que los reemplazaba era una embriagante sensación de voluntad, imparable poder y ganas de destruir, arrasar, matar, aniquilar y derribar. Una buena referencia a la versión celta del berserkergang, la podemos encontrar en "The Táin", que describe la transformación del héroe Cuchulain antes de las batallas:
El espasmo de furia se apoderó de él: parecía que cada cabello estaba martilleado a su cabeza, pues todos los pelos se le enderezaron verticalmente, y se podría jurar que un punto de fuego coronaba la punta de cada uno. Uno de sus ojos se cerró más estrecho que el ojal de una aguja, y el otro se abrió más ancho que la boca de una copa. Sus mandíbulas se desencajaron hasta las orejas, y sus labios se apartaron revelando sus encías. El halo del héroe ascendió desde la corona de su cabeza.
Los bersekers pasaban a luchar furiosamente sin importarles en absoluto su propia vida o seguridad física. Muchos preferían llevar una espada y un hacha en vez de una sola arma con el escudo. En grupos de doce, cargaban salvajemente contra el enemigo sin importar su inferioridad numérica, y heridas que matarían a cualquiera no los inmutaban lo más mínimo. En casos de defensa contra multitudes avasallantes, formaban un círculo impenetrable desde el cual se batían hasta la muerte del último hombre.
PARA TERMINAR UN POCO DE BUEN VIKING METAL.
Este ultimo es Folk pero tambien ta bueno

