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La inesperada contribución de The Beatles a la neurociencia

Arte3/7/2013


La inesperada contribución de The Beatles a la neurociencia



El cerebro humano es admirable, entre otras razones, porque nos permite realizar lo mismo las acciones más elementales como las más sublimes, lo mismo respirar y caminar que conmovernos con una película o una obra literaria o, en el caso de la que algunos consideran la manifestación artística perfecta, escuchar y apreciar música.

Y es justo en la música donde ambos extremos de las capacidades cerebrales se reúnen. De acuerdo con una investigación reciente, es el sistema motor del cerebro el mismo que nos ayuda a recordar lo que escuchamos. En particular se trata de un refinado mecanismo que almacena secuencias de información que lo mismo pueden ser notas musicales que palabras y sucesos específicos.

Curiosamente, este hallazgo nunca hubiera sucedido sin la existencia de una de las bandas más importantes en la historia musical de la humanidad: The Beatles.

De acuerdo con el testimonio de Josef Rauschecker, neurocientífico de la Universidad de Georgetown que colaboró en la investigación, fue su gusto desmedido por el legendario grupo inglés lo que de alguna manera determinó la pregunta de su actividad científica.

Cuando joven, Rauschecker escuchaba una y otra vez la música de los Beatles, incluso en detrimento de su capacidad de concentración cuando estudiaba, Previsiblemente, la afición terminó por convertir las pistas de sus 3 álbumes preferidos —Rubber Soul (1965), Revolver (1966) y The White Album (1968) — en un sello indeleble en su cerebro, en ese cúmulo de archivos a veces azaroso, a veces predecible, pero casi siempre gratificante que es la memoria musical.

El investigador experimentó algo que sin duda compartimos muchos con nuestros discos favoritos: el hecho de que no solo sabemos de memoria cada una de sus pistas, sino también ese lapso justo entre una y otra pistas, el momento exacto en que termina una y comienza la siguiente, lo cual, digamos, nos permite entrar cantando al parejo que el artista por quien estamos fascinados —como confiesa el propio Rauschecker que le sucedió hace poco, cuando volvió a tocar uno de sus viejos LPs.

Paradójicamente esa memoria no permite precisar el orden de las pistas, y es posible que si bien, al escuchar el álbum, el recuerdo de su secuencia sea perfecto, quitando esa variable se vuelve casi imposible enumerar el orden de las canciones.

Intrigado por este fenómeno, Rauschecker se preguntó por las zonas del cerebro que estaban involucradas en el mismo. Él y su equipo pidieron a un grupo de voluntarios que escucharan su álbum favorito al tiempo que escaneaban sus cerebros.

Para sorpresa de todos, la actividad cerebral se reveló no en las regiones identificadas con la escucha, sino en las del control motriz, lo cual añadió otro elemento de enigma al asunto.

Para resolver esto, la siguiente etapa de la investigación fue cambiar la música escuchada. Esta vez la predilecta fue sustituida por música atonal: una frase musical hecha de muchas notas y después esta misma frase pero seguida de una nueva, con lo cual se consiguió el efecto de que, al final, las primeras frases se repetían una treintena de ocasiones contra solo un par de las últimas.

El escáner cerebral mostró que las áreas motoras del cerebro se activaron al escuchar las frases nuevas, pero se mantuvieron relativamente calmadas con las notas ya conocidas.

“Conforme progresas hacia una secuencia familiar, esas áreas se vuelven menos y menos importantes”, explica al respecto Brannon Green, estudiante con quien Rauschecker llevó a cabo el estudio, al parecer porque si bien las áreas del cerebro dedicadas a la audición registran los sonidos, son las del sistema motriz las que les dan a estos orden u sentido, de ahí que la motricidad sea también la responsable de secuenciar lo que escuchamos.

“Porque eso es lo que el sistema motor hace cuando realizas una secuencia de baile o desciendes esquiando una pendiente: tienes que programar tus músculos en una secuencia particular, especialmente cuando estás aprendiendo algo”, añadió Rauschecker.

Un descubrimiento admirable que hace todavía más sorprendente la experiencia musical, en la cual, según parece, hay involucrado mucho más de nosotros de lo que creemos en un principio.
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