
¿Como está tu vida? ¿En estos días?. Seguramente la ola de estimulantes eléctricos te dieron una nueva vuelta en el carrusel. Seguramente el miedo apretó un poco más, y te desorbitó los ojos, descubriendo nuevas sensaciones, de aquellas que veías tan frecuentemente en el mundo del éxito.
Todo gramo marca la diferencia. Y corrés a tu rincón a contar las monedas. Luego volvés por una nueva goleada de tu dios chatarra. Sentado ante la escena luminosa, donde te somete lo que crees que te descansa.
Te señalan, te callan, te maldicen. Todo lo aceptás, como una caricia. Te envolvés en sus brazos y te hacés más pequeño. Quisieras llorar pero ya no sabés de qué, y tampoco recordás como se hace. Mirás al lado y los demás son de piedra, ¿por que existe esta gente? pensás, y dejás de existir también.
El pozo se traga tu luz, te devora de a poco. Te oscurece, te ridiculiza y se ríe. Pero sabés muy bien que todo puede recubrirse con una bonita vestidura de papel. Una en la que podés anotar todos tus logros, tus trofeos concretos. Cotillón y maqueta que podés mostrar a los demás, recubriendo tu cuerpo destruído.
Condicionas la vida. Sos bueno, y hacés para ellos. Así te querrán, crees. Y te ganás el aplauso.
Tu boca no para de digerir, y tus ojos se excitan con el producto. El olor a rancio no te espanta, así huele todo hoy, así te justificás.
Poco a poco te comés el parásito, que crece dentro tuyo, y te hacés el tonto.
Ya soy un hombre grande, pensás, y corrés a abrazar la tostadora.
Escrito propio