EL PRIMER CONTACTO Sucedió hace mucho, como a principios de los noventas, tendría 4 o 5 años, vivo en Lima -ciudad capital de Perú- por ese entonces el terrorismo -o la guerra civil, para no dar pie a defensores o detractores- atacaban las centrales eléctricas y en todas partes ocurrían apagones, era algo frecuente... Mi casa se divide en dos secciones, una que da a la calle, luego sigue un patio y detrás de este se encontraban más habitaciones, del lado a la calle vivíamos mis abuelos y yo, del lado detrás del patio habitaban mis padres y mis hermanos; irónicamente, donde me criaron era un lugar donde siempre había una luz tenue, nunca completamente claro, nunca completamente oscuro, con antigüedades y esculturas o pinturas de santos; siempre observándote, algunos empolvados, algunos deteriorados, todos atentos. Del otro lado del patio, mis padres y hermanos tenían todo, era como comparar una fotografía antigua con una tomada por una cámara de alta resolución, mis ojos tenían una extraña sensación cuando corría atravesando el patio y entraba a la otra sección de la casa. Una noche -como de costumbre- ocurrió un apagón, en toda la casa se pusieron velas, jugábamos a las sombras con mis hermanos, toda la casa como que se teñía del mismo color. Llegada la hora de dormir, sucedió. Estaba en un cuarto que pertenecía a la del lado de mis padres, iba a dormir en la cama de mi hermana mayor, mientras estaba recostado observé que había una mancha, era una sombra demasiada oscura, luego me di cuenta que esa "sombra" no era proyección de objeto alguno. Me quedé pasmado. Llegó mi hermana y me empezó a acariciar la frente, yo estaba petrificado del miedo porque esa mancha se movía en esa esquina de la pared; cuando ella se fue y empezaban a apagar las velas, la mancha se hacía más grande, me cubrí el rostro con una almohada pero me ganó la curiosidad, lentamente bajé la mirada y la mancha me la devolvió, con un ojo, luego con dos, luego con tres - la mancha crecía-, esos ojos que se tornaban innumerables, estaban dispuestos asimétricamente en lo que parecía un vacío que consumía la pared, a ello se sumó un sonido constante, era como un OM proyectándose al infinito… El mismo que ahora escucho cada vez que me quedo hasta muy tarde sin dormir.
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