El amuleto 1 La oscuridad había caído y Samuel se hallaba camino a casa. Tuvo un día sobresaliente, pues estuvo apunto de hablarle a Didi, su alma gemela. El delatador color rojo aun reinaba el cuerpo delgado de Samuel y un fuego vehemente se podía percibir en su mirada. Estaba más agitado y vivo que en cualquier otro momento de su corta existencia. Buenaventura es un lugar en el que hay que andarse con cuidado, escuchó decir a dos ancianas sentadas junto a él. Bajó rápidamente del cotidiano transporte público que lo dejaba a tan sólo unas cuadras de su casa. Grandes farolas iluminaban el pequeño pueblo. Caminó por la calle de Laureles con cierto cuidado, siempre percatándose de que nadie lo siguiera y apartándose un poco cuando otro transeúnte se le cruzaba. En la noche todo gato es pardo, recordaba paranoico. Dio vuelta a la calle, encontrándose con aquel parque, un poco lúgubre en la oscuridad, pero aun agradable, que debía cruzar todas las noches para por fin poder llegar a su cómodo hogar. Siguió su camino contemplando aquel desierto paraje, ocupado por decenas de niños juguetones por la mañana, y por unos cuantos adultos aventureros en la madrugada. Se imaginaba paseando con Didi, tomados de la mano, deteniéndose a ratos para calmar la resequedad de sus labios. Llegó justo a la mitad del parque cuando un extraño bulto blanco con rojo lo hizo detenerse, algo totalmente amorfo parecía intentar esconderse detrás de un gran árbol que se encontraba a unos pasos de Samuel. La curiosidad embriago su mente. Miró a su alrededor para asegurarse de estar completamente solo, no fuera que al verlo tan despreocupado, lo encontrasen abusable. Estando seguro de que era el único humano presente, rodeó el robusto árbol manteniéndose distante; así, si era un animal, no podría atacarlo. Una embrionaria confusión lo invadió al ver que no había nada allí atrás, salvo una especie de insecto blanco con alas, similar a una mosca, que parecía estar penetrando en la tierra. Desapareció en segundos, Samuel ni siquiera tuvo tiempo de comprobar si era real lo que veía. Se agacho y empezó excavar; primero de manera lenta e insegura, después de forma rápida, un tanto desesperada, pero todo fue en vano, allí solo había tierra y raíces. Se puso de pie sacudiéndose, completamente extrañado, estaba seguro de haber visto a una criatura moverse, o varias mejor dicho. Lo que parecía su cuerpo se agitaba cómo si cada centímetro tuviera vida propia, cómo si muchas criaturas hubieran decidido unirse para cometer un acto indescriptible. Recordaba una mancha roja desapareciendo conforme esa cosa avanzaba. Onírico, se dijo a si mismo, eso fue realmente onírico. Dispuesto a olvidar lo ocurrido y tomarlo como una simple pasada de la mente, siguió su sendero, logrando dar solo un par de pasos antes de escuchar un ligero crujir debajo de sus pies. Se hizo un lado y pudo ver que se trataba de un collar, lo levanto inmediatamente. Era de un color dorado brillante, se podría asegurar que estaba hecho de oro puro. Llevaba grabados extraños jeroglíficos a su alrededor que lo hacían parecer muy antiguo y tenia una hermosa perla enterrada en el centro. Debe valer mucho dinero, pensó Samuel, mirando a su alrededor para nuevamente asegurar su soledad, confirmada está, guardo el collar en su bolsillo y se apresuró a casa. Justo al salir del parque pudo ver a una pareja correr hacia los arbustos del fondo, eso le produjo una gran sonrisa en el rostro. 2 Pasaron 2 horas desde que encontró el amuleto. Sus padres saldrían el fin de semana y era hijo único, por lo que estaba completamente solo en su habitación, alcanzada únicamente por una tenue luz lunar, filtrada entre las persianas azules. La lluvia empezó a caer en apenas unas cuantas gotas. Estaba acostado boca arriba sobres su vieja cama de madera, mirando el amuleto que ya tenía colgado, sin razón alguna. Sentía como si lo hubieran obligado a hacerlo, pero eso no era de importancia, estaba exhausto y necesitaba descansar Lo dejo sobre su pecho y cerro los ojos con la intención de arrojarse a los brazos de Morfeo. No paso mucho tiempo antes de que un fuerte zumbido lo despertara. La lluvia incremento su intensidad, un enérgico granizar cubría poco a poco las calles de buenaventura. Samuel manoteo levemente en el aire logrando silenciar ese molesto sonido por un momento, pero volvió a aparecer, esta vez más fuerte. Irritado abrió los ojos aun cansados, una enorme mosca blanca, tan grande como un abejorro, estaba parada en la perla del collar. Era igual a la que vio en el parque. Un vago rumor advertidor le recorría la cabeza. Asqueado por aquel raro espécimen tomo un zapato de debajo de su cama y lo aplasto en el amuleto, tirándolo aun lado después. Debió de ocultarse en mi ropa cuando me agache para encontrarlo, se dijo tranquilizándose, mañana temprano examinare esa cosa para sacarme las dudas. El silencio impero en la habitación. Intentó dormir nuevamente y otro zumbido se hizo escuchar. Esta vez se despertó de súbito. Ahora eran dos las moscas que estaban en el amuleto, tomó la almohada y las aplastó allí donde estaban, ¡Muéranse malditas! gritó enojado. Se llevó la mano a la cabeza para limpiarse la pequeña gota de sudor que bajaba de su frente, su situación le estaba pareciendo muy extraña, la ansiedad iba en aumento. Terminó explotando al sentir esos rápidos aleteos bajo la almohada. La levanto solo para darse cuenta de que las dos moscas se habían convertido en 10. Un escalofrió recorrió todo su cuerpo, al verlas frotando sus asquerosas patas sobre el, viéndolo directo a los ojos. Las sacudió con los manos y se puso en pie de un salto, agitándose intento librarse de aquella pesadilla, sin embargo no lo lograba, perecían aumentar cada segundo, comenzó a emitir leves gemidos de desesperación. De donde salen tantas, se preguntó. El guardarropa que tenia a un lado lo hizo tropezar, golpeando el interruptor de la luz con la cabeza. Aquel sospechoso amuleto quedo frente a sus ojos, y pudo ver a las moscas salir, una a una, de la hipnótica perla blanca. El amuleto, ¡Claro! ¡El maldito amuleto! Tengo que quitármelo. Lo tocó, golpeó, alzó; por mas que intento no pudo quitárselo, lo empujo con todas sus fuerzas y seguía colgado sobre el. Una extraña energía lo mantenía en su pecho. Por un momento pudo sentir la fuerza de un ser superior a todo lo conocido, caer sobre el. ¡Tiene que haber algo, tiene que haber algo! Temblando decidió ir hacia el baño, abrió la regadera y comenzó a tallarse con todas sus fuerzas, pero nada funcionaba. Se dejo caer sollozando fuertemente, su cuerpo estaba tan caliente como la arena en la playa y el color preluzco iba en aumento. Mientras más tallaba más incrementaba el número de moscas que tenia sobre su cuerpo, cada rincón era cubierto. Lo hacia con tal fuerza que su piel empezaba a sangrar, eso parecía gustarles, por que se lanzaron de inmediato a la piel dañada. Un repentino ardor le hizo dar un gran grito. Fue en ese momento cuando creyó comprender cual era la intención de sus acosadores. Lo iban a devorar. El ardor se incremento y Samuel gritó lo más fuerte que pudo. El pánico lo domino haciéndolo salir del cuarto de baño, torpemente tropezó con las escaleras y así las bajo. Salió de su casa corriendo como un loco, llegando al parque donde se encontraba solo hace unas horas. Las moscas ya estaban comiendo sus músculos, las piernas dejaron de responder, el dolor era demasiado. Cayó frente a un árbol y allí se entrego al insoportable dolor. Poco a poco sus extremidades eran consumidas, apenas unas gotas de sangre lograban escapar de las bocas voraces de aquellas moscas. Ya había perdido su lengua, por lo que ningún sonido podía salir de si. Estaba inmóvil, aterrorizado, en ese momento perdió toda esperanza de seguir viviendo. Solo sus ojos seguían descubiertos y con ellos pudo ver un último horror. Se trataba de un ser grande, peludo, de un terrible color igualmente blanco; con una anatomía jamás registrada por los biólogos. Tenía dos grandes ojos cristalinos iguales a los de una mosca que no dejaban de mirarlo, 4 extremidades con pequeños bellos negros salían de su torso, con dos mas al final de cada una; se sostenía en dos piernas de aspecto similar a las de un orangután, parecía respirar por una tubo delgado en forma de trompeta y tenia una pequeña boca con colmillos afilados que abría alegre, como si estuviera sonriendo. Nada de el quedo en este universo. 3 Resumen de un artículo publicado en El informante el 25 de mayo del 2013. Antiguo collar encontrado en un misterioso caso de desaparición. El día 20 de mayo del presente año, la señora Patricia Domínguez reportó la desaparición de su hijo, Rafael Medina Domínguez. La policía registró su apartamento, donde fue encontrada una pistola automática que, según peritos, fue disparada una vez. Además de esta excepción, no se tiene rastro alguno de Rafael, pero lo curioso de este caso, es que en el suelo se hallaba un antiguo collar Indio. El collar había sido robado el 15 de marzo de 1937 del ahora extinto museo de Salem en Massachusetts Estados Unidos. Parece ser que los bandidos consiguieron emigrar a México y así fue como llego a estas tierras. Es una pieza única ya que, según datos del museo, data del 10.000a.c, fecha no aprobada por muchos historiadores, que aseguran, es miles de años mas antigua. El amuleto fue conservada con mucho celo, por las primeras tribus de las que se tiene evidencia, desde los Andenes hasta los Mohicanos, pasando de generación en generación. Se sabe que era guardada secretamente por los líderes, pues según ellos “poseía poderes desastrosos e invocaba fuerzas mas halla de nuestro entendimiento”. Próximamente será devuelta a la ciudad Massachusetts para su investigación. Pese a todo, ofrecemos nuestras condolencias a la familia Medina y esperamos que todo se resuelva prontamente. Una foto de Rafael y el número a llamar en caso de verlo, se puede encontrar en la página 38. Fragmento de un manuscrito adjudicado a Von Juntz, traducido al español. Hoy he podido presenciar el raro amuleto de Catep, aquel que dicen fue el peor regalo brindado alguna vez a la humanidad. Según eh investigado fue entregado a la sabia raza de K´naa y ellos explotaron toda la fuerza que el amuleto almacenaba. Cuándo la ciudad de Mu cayó, arrastrando consigo a K´naa, el amuleto se perdió por millones de años. Fue encontrado por un viejo sacerdote que inicio una ciudad con su nombre en gratitud de los beneficios que otorgaba. A pesar de la basta ayuda que concedía, los hechiceros querían probar todo su poder. Convencieron a los pobladores de dejarlos liberar al que creían, dormía allí adentro. Fue entonces cuando el gran Catep fue despertado y se presento ante los hombres. Había sido creado con el fin de que nunca lo hiciera, así que no le dieron ningún tipo de conocimiento, sin embargo, posee algo parecido a un cerebro, según se sabe, si no, no realizaría esos terribles actos que tanto disfruta. Los sacerdotes al ver a una criatura tan majestuosa, hicieron lo que mejor sabían hacer, le realizaron cientos de sacrificios. Le entregaron miles de cuerpos jóvenes y los humanos pasaron a ser el plato favorito de Catep. Vivió un tiempo en la categoría de un dios bondadoso, siendo su adoración más beneficiosa para los humanos, que la de cualquier otro dios. Lo que nadie esperaba era que desarrollara una inteligencia tan terriblemente creativa. Paso a el mismo asesinar a los que le eran sacrificados, de múltiples maneras, tan variadas como los números. Esto empezó a ser mal visto por los sacerdotes de mayor prestigio, que temerosos de Catep, pidieron ayuda a los dioses arquetipos para crear un hechizo que lo encerrara de nuevo, en caso de resultar peligroso. Sus sospechas se cumplieron un lamentable día. Conforme Catep se desarrollaba, iba creciendo su desprecio hacia el género humano, considerándolo inferior y desechable. Así decidió crear su propia raza, echa a su imagen y semejanza. El día del cielo blanco llego entonces. Los sacrificios realizados ya no le bastaban para alimentarse y enfurecido por la negación de los sacerdotes de brindarle más victimas, atacó, con su ejército de hijas, a todo el pueblo de Catep, arrasándolo casi por completo. Los pocos sobrevivientes lograron conjurar el hechizo que lo encerró de manera permanente, solo dejándolo salir, cuando alguien, por su voluntad, decidiera colgarse el amuleto, ritual que representaba la aceptación del Dios. Catep siguió siendo adorado de manera secreta por distintas culturas, desarrollándose un culto que fue altamente perseguido. Lo convocaban para formar parte de las más crueles reuniones orgiásticas. El amuleto por fin cayó en manos conocedoras y temerosas, aquí lo tengo, junto a mí, el anciano que lo protege me a advertido que no mire fijamente su perla, o seré hipnotizado por el astuto Dios de la suciedad. En honor a los mitos de Chtulhu Gracias por haber visitado este post. Toda critica es bienvenida .
Datos archivados del Taringa! original
23puntos
212visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos: