Resurrección (Relato propio) Del salón en el ángulo oscuro, de su dueña tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, como el pájaro duerme en las ramas, esperando la mano de nieve que sabe arrancarlas! ¡Ay!, pensé, ¡cuántas veces el genio así duerme en el fondo del alma, y una voz como Lázaro espera que le diga "¡Levántate y anda!" Gustavo Adolfo Bécquer Silenciosa y cubierta de polvo.... oxidándose tu metal, agrietándose la madera. Sola, quieta, gritando mudamente, ahogando tu voz el maldito polvo. Y las cuerdas ... la cuerdas tensas, bien prietas, negándote al hastío, esperando una mano de nieve que nunca llega. Y esa mano ha llegado, alguien te ha tocado y te ha librado del polvo y de la oscuridad. Te ha tocado, te ha dado vida. Cuando sientes esa mano de tanto afán de revivir te equivocas. Crees que es el músico que sacará tus notas día tras día. Pero no. Y es que con el ansia no le has hecho las preguntas de rigor. ¿Cómo ha oido tus mudos lamentos? ¿Cómo te ha encontrado en ese oscuro rincón? No es un músico, es un ángel. Magia, ¿quien si no? Tus notas salen, efervescentes, volando más allá de lo que hubieras soñado, quieren ir lejos, bien lejos. Demasidado lejos. Alto música, detente, vista atrás, nadie te sigue. Sentado en el quicio de la ventana, escuchándote ir queda tu ángel. - ¿Por qué no vienes conmigo? - Porque soy un ángel. - Pero los angeles vuelan... - Tengo más asuntos que desempolvar. No soy de tu uso exclusivo. - Me diste vida ¿qué hago con ella? - Eres especial porque eres música. Tú también tienes alas, vete y vuela. - Si sigo sola sin que ni tú ni nadie me escuche ¿para quién seré especial? Ahora lo comprendes, antes no. Vuelves al salón y esperas una mano de nieve que pueda acompañarte en otro vuelo. Dedicado a mis chic@s, todo lo que hago es por y para sus locos corazones.
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