
¡Censúrame! Soy el hombre pequeño. Tan pequeño como tu índice lo señale.
Se que te veo agitarte entre tus anécdotas. Suspirando palabas de peligro. Pero mi asombro es apenas simulación, un miedo de mostrar mi asqueo.
Sé que fuiste infiel. Y tu contexto te excitó más que ella, y lo seguirá haciendo, cada vez que lo cuentes.
Se que fuiste rebelde, a veces. Aunque no supieras por que te movías. Motivado por la multitud de ojos.
Se que a cada palabra te recubrís de oro y vestiduras. Bronce y tus trofeos sociales, tan valiosos para tu corazón.
¿Que tan loco sos? Veamos si ya no engañás.
Soy yo aquí abajo. En el mundo de los inofensivos, los planos. Quizás no te importen mis palabras, porque mi apariencia no arde. Pero mi vida si lo hace, y sus acrobacias entre fuerzas espontáneas siempre te dejarán en ridículo, aunque nunca lo pienses, a vos y tu monotonía de cuerda calculada.
Se que vivis entre fuegos, propios inventados. Como tus enemigos, y su envidia. Dejás boquiabiertas a mujeres, de aquellas escandalizables por despojos televisivos. Tu abanico de cartas bajo la manga, solo son trucos de cotillón. Apenas puede salir algo con fuerza de adentro, si no se pierde en tu prisión.
Así es tu vida. Aventurado convencional, siempre en el mismo papel, el usual.
Escrito propio