Aquí les dejo un video en el que se me dio por recitar el poema "Emerger", incluido en mi próximo libro: "Gran Sombra", que ya casi termino de corregir. El piano de fondo corresponde con la musicalización de un poema de Ezequiel D' León Masís, quien alguna vez dijo: "La canción me recuerda a John Cage", y tiene razón. La composición es de la autoría de David Parker.
Quienes no sepan quién es Ezequiel, es uno de los poetas jóvenes más trascendentes de Nicaragua; también es un excelente crítico. Su Blog es muy recomendable: Blog de Ezequiel D' León Maís . David Parker, por su parte, es un compositor norteamericano radicado en Nicaragua. Su página web está caída desde hace varios años y es (casi) un perfecto desconocido, pero es un geneio.
Nota: Disculpen la ansiedad en el video... Es el primero que hago para compartirlo; el poema empieza en el minuto 1:50.
Emerger
Debió ser muy parecido haber levantado un acta en el aire:
un mal óleo mesurando los arañazos ateridos.
Mortífero en mi sueño fetal,
nunca quise empuñar hacia dentro,
ser más grave, tener que resultar,
y es tan fútil, si lo piensas, veinticinco años más tarde.
¿Dónde arderán los niños que mueren muchísimo antes?
Desconocía el porqué.
Tú dijiste: sé, y yo te obedecí.
No sé si tenía uñas entonces.
Ni siquiera tenía años.
Destellaba un diente y tomó,
quizá, igual número de células
nadar siempre adelante en el jugoso torbellino.
Pero tú comprendías; me dejaste elegir primero.
Por eso: emergí, mas nadie me advirtió
que se trataría del mundo.
Todo hijo es un hacha al interior de su madre,
pero el mundo dobla hachas
como desbarata ángeles, explota senos envenenados,
de las horcas cuelga pieles de nudillos.
Mis recuerdos crocan en el aire
como hielo que no arrastra el río.
Así te velaste: el interior del huevo
de una sinfonía manchó mi pecho cobarde.
Por nueve meses luchamos como dos ufanos enemigos.
¿Y qué motivo reporta esta fragancia sangrante?
Haberte sorbido todo; haberte nombrado nadie.
Las vísceras de tu madre vetaron el jugo de tus costillas.
Debió haber sido otra:
al segundo día hizo que murieras.
y al nacer, hiciste que yo muriera.
Si tan solo pudiera, pero es tarde;
soñar que levo el ancla a casa,
junto las brasas, zarpo hacia nadie.
Es tan fútil, en verdad, veinticinco años más tarde.
A veces, yo también he querido prenderme fuego.
© Hanzel Lacayo
También visita mi Blog:
Galería de Fotografía Conceptual:
un mal óleo mesurando los arañazos ateridos.
Mortífero en mi sueño fetal,
nunca quise empuñar hacia dentro,
ser más grave, tener que resultar,
y es tan fútil, si lo piensas, veinticinco años más tarde.
¿Dónde arderán los niños que mueren muchísimo antes?
Desconocía el porqué.
Tú dijiste: sé, y yo te obedecí.
No sé si tenía uñas entonces.
Ni siquiera tenía años.
Destellaba un diente y tomó,
quizá, igual número de células
nadar siempre adelante en el jugoso torbellino.
Pero tú comprendías; me dejaste elegir primero.
Por eso: emergí, mas nadie me advirtió
que se trataría del mundo.
Todo hijo es un hacha al interior de su madre,
pero el mundo dobla hachas
como desbarata ángeles, explota senos envenenados,
de las horcas cuelga pieles de nudillos.
Mis recuerdos crocan en el aire
como hielo que no arrastra el río.
Así te velaste: el interior del huevo
de una sinfonía manchó mi pecho cobarde.
Por nueve meses luchamos como dos ufanos enemigos.
¿Y qué motivo reporta esta fragancia sangrante?
Haberte sorbido todo; haberte nombrado nadie.
Las vísceras de tu madre vetaron el jugo de tus costillas.
Debió haber sido otra:
al segundo día hizo que murieras.
y al nacer, hiciste que yo muriera.
Si tan solo pudiera, pero es tarde;
soñar que levo el ancla a casa,
junto las brasas, zarpo hacia nadie.
Es tan fútil, en verdad, veinticinco años más tarde.
A veces, yo también he querido prenderme fuego.
© Hanzel Lacayo
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