Era de noche, había mucha neblina y el frío comenzaba a adormecer la piel, en la oscuridad una sombra se movía con pasos cansados por un camino campestre, donde la vegetación se hacía más y más espesa, hasta casi cerrar la senda. Separó los arbustos espinosos con sus manos y pudo ver una pequeña construcción, que en sus mejores momentos fue una casa de campo, pero ya solo ruinas quedaron en pie.
Dudoso ingreso al lugar.
-Te he estado esperando- una voz suave y tenebrosa a la vez retumbo haciendo eco.
Era la voz de una niña, el volteo la cabeza hacia un rincón y pudo ver como un pequeño bulto hundía su rostro en un libro. No había velas, ni fuente lumínica alguna, pero un brillo llenaba la habitación.
Se puso de pie y levantó el libro a la altura de sus ojos y comenzó a leer en voz baja, casi inaudible , de repente todo se hizo más claro, como si fuera mediodía.
-Te he estado esperando por mucho tiempo, desde que cambié mi vida para que tu vivieras ,sabía que un día vendrías a devolverme el favor, y sabía que ese día seria hoy...Papa.
el hombre apretó sus manos contra su rostro intentando entender la situación , pero su cabeza parecía estar vacía.
-Papa … ¿no me recuerdas? ... quiero que me cuentes como han pasado estos quince años de mi ausencia, ¿fueron felices mama y tu? ¿como es la vida de mi pequeño hermanito?..
de repente los recuerdos comenzaron a fluir ,uno detrás de otro, como la correntada de un río durante una tormenta. El hombre cayó de rodillas, quitó las manos de su rostro y miró fijamente a los ojos de la pequeña.
-Dalia , tu eres mi Dalia,- susurro el hombre.
La niña sonrió al escuchar su nombre ,fue como una confirmación de que no había sido olvidada.
- mi pequeña , no tengo nada que contarte, estos últimos años , no hice nada más que arruinarlo todo, he desperdiciado todos estos años, hija por favor perdóname...