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Hola bienvenidos a mis post, les traigo un cuento de mi autoria publicado en la red social Falsaria... espero que les guste

Los Idiotas

por Gerhardo van Junker


Alberto Las Guerras nació chocho, no se le podía decir otra cosa. Chocho, es todo lo que le decían ¡”Chocho”! año tras año cada uno de sus cinco hermanos mayores se encargaba de repetirlo hasta el cansancio. Chocho. No solo en su casa; la escuela secundaria se volvió insoportable. El termino “chocho” también se había dispersado en ese entorno -inclusive sus profesores lo llamaban así a sus espaldas-.

Paso prácticamente sus años de secundaria en la biblioteca, leía cada minuto que lo encontraba libre. Su mochila era habitual de libros; esta afirmación tiene tanta seguridad que es comparable con la noche, y que después de la hora más oscura, amanece.

En casa, debía compartir su cuarto con dos hermanos, estos eran un par de demonios idiotas practicantes de un pseudo-deporte poco común: “ruido”. Se sobre entiende que el ruido no es un deporte, pero ellos lo tomaban de esa manera. La competencia consistía en ser bulliciosos y molestos cuando aparecía Alberto. El primero que lograra despertar la ira del miembro mas pequeño de la familia anotaba un “gol”; quien lograra sacarlo más veces de sus cabales antes de dormir, ganaba el “partido”. La diferencia siempre terminaba en victorias muy ajustadas y por día los resultados solían ser 20-18, 15-19 o en lunes (cuando comenzaban la semana escolar, momento que odiaban) podía darse el resultado de 25-25.

Luego de transcurrido su primer año de secundario. Descubrió la filosofía. El arte de meditar, ordenar los pensamientos. Meditó y logró desarrollar una manera de ignorar a sus hermanos.

Esa tarde cuando regresó de la escuela. Entró en su cuarto, se sacó el guardapolvo, los zapatos, cambió sus pantalones por unos cortos y se sentó en la cama a leer “la legión de antihéroes”

Cuando el primero de sus hermanos vino a la carga quedo atónito. Por más ruido que causase no logró alterarlo. El segundo imitó la embestida y no consiguió resultado diferente para la ecuación.

La imaginación de Al, tenia tal fuerza que era capaz de generar una burbuja a prueba de ruido. Se sumergía como en trance, formaba parte del libro como cual protagonista, narrador o espectador de primera fila.

Los idiotas “pensaban” que el amante de los libros había comprado tapones para los oídos: “los que hacen natación usan esas cosas” se decían “-debe estar chocho. Pero que choto. Chocho y choto”. Revisaron a su hermano en busca de tapón alguno u otro dispositivo que cumpliera el mismo objetivo. ¡Oh se sorprendieron cuando encontraron con lo oídos descubiertos!, sin obstrucción que impidiese la entrada del “quilombo” suyo.

A veces la solución ideal seria una venganza; una cucharada de su propia medicina. A este extremo no quería, ni debía llegar nuestro ávido lector. Uno nunca debe llegar al nivel de rebajarse ante el idiota porque el rival tiene mas cancha y nos gana por goleada.

Los idiotas planearon cosas peores para su pequeñín.

-Es una oveja descarriada, hay que meterla en el corral.

-¡Hermano, hermano! Mejor que sea un perrito al que tenemos que enseñar nuevos trucos.

-Es un chocho.

-Y un choto -graznaron los insípidos entre risotadas estúpidas.

Plan híper súper mega archí efectivo #1

Como era costumbre para Al, cuando estaba en la cama sus chancletas siempre estaban del lado derecho (a la izquierda hay una pared). Los reyes de “boludacia” los llenaron de dulce de leche para que cuando se los calzara, las medias se ensuciaran. Pues fallaron, al no tomar en cuenta que tenia zapatillas, se las calzó y caminó al lavadero con las chancletas en la mano donde las limpió.

Enfurecidos en los días siguientes idearon el “plan híper súper mega archí efectivo #2″: consistía en volver antes de la escuela y sacar el colchón de su cama y ponerlo debajo, el tendría que ordenar todo para sentarse a leer y con el autoestima debilitado avanzar con el ruido para poder al fin tener su ansiado partido.

En marcha como tren, iba en carriles hasta que Alberto llegó a casa. Se sacó el guardapolvo, los zapatos, cambio cortos por largos cuando vio la cama…

-¡Simplemente se fue al sillón!

-¡Pero que choto!

-¡Que chocho!

-Y encima mamá nos mando a acomodar a nosotros toda la pieza por no tender las camas!

-¡Estúpido te tocaba a vos hoy!

-¡No, a vos!

-¡A vos!

-¡A vos!

Una pelea infructuosa puesto que nunca hacia sus camas ni ordenaban el cuarto pero esta vez tuvieron la vigilancia de la madre celadora.

Mientras los idiotas renegaban. A Alberto se le había ido la mano, no solo su habilidad se había desarrollado, sino que ahora estaba abordando el plano psíquico. La mente oculta habilidades excepcionales que -una vez despiertas- logran maravillas. Independientemente del disparador (en este caso imaginación, pero en otros dolor, marginación mental, etc.) la fortaleza adquirida por el diario ataque de los mensos, resultaba una practica maravillosa, sin embargo (de verdad no embarga, chiste laisequeano), un par de persistentes y faltos de dedos en la frente como quien diría se adentraron en el “plan final para híper súper mega archí derrotar al chocho”. La tercera es la vencida pensaban. Sera su “raknaroff”… y acá debo abrir un paréntesis obligado (los idiotas si bien no tenían la menor idea de lo que era el Ragnaroff, vieron en el cine la película de Thor y oyeron al “que hacia de malo” -Loki- decir esa palabra antes de ocasionar una gran destrucción) o al menos esa fue su intensión.

Los idiotas como no tenían mucha imaginación, decidieron mezclar sus bromas pesadas. En la parte del colchón abajo de la cama, lo ejecutaron de idéntica manera; pero en vez de decorar las chancletas con dulce de leche, los artesanos imbéciles se las agarraron con los pobres e inocentes libros.

Quedaban minutos para que AL regresara del colegio. abrió la puerta de la casa; en ese momento dedujo que algo andaba mal. El aire era tenso con un silencio atroz invadía la casa. Un estricto hermetismo. Caminó hacia la habitación: la cama echa un revoltijo pero la cuchetas estaban arregladas. No se altero ni inmuto, ni un pelo se le movió. Fue a tomar el libro que comenzó hace algunos días. Cuando lo vio preparado a manera de sándwich…

El aire se quebró con un grito, desgarrador y penoso:

-¡Idiotas!

Los otros aparecieron entre risitas como hienas.

-¡Meterse con los libros me demuestra que no son idiotas, son animales descerebrados!

-¿Ah si? ¿Qué vas a hacer chocho? -esto ultimo con tono burlón.

Deberían haberse detenido cuando tuvieron la oportunidad. La ira de Albertito desató todo su poder. Sus ojos se pusieron rojos. Los levantó por el aire con la mente y los arrojo a la pared. Los estrelló trece veces. Esa era la cantidad de páginas que mancharon. Desordenó sus cuchetas al tiempo que ordenaba la suya. Los llevo a la ducha mientras que los gaznápiros gritaban como bebes. Los baño 10 minutos con agua fría. Finalmente los dejó.

Los idiotas ya en tierra firme y empapados, lloraban, moqueaban, estornudaban pero sobre todo temían a el chocho que demostró el fin de su paciencia. Al los miró con odio y les hablo sin mover los labios, sin exclamar sonido alguno:

“El poder de la mente es misterioso. No se metan con la gente que lee libros.”

Hoy se puede ver a dos idiotas sentados con temor y libros en las manos tratando de entender libros de Freud o El Principito. Sueñan con llegar a despertar los mismos poderes que su hermano. Les falta comprender que el grado de estupidez que poseen es incurable. Ni siquiera comprenden porque el lobo del cuento de la caperucita nunca se pudo comer a esta. Sin embargo, no pierden la fé.



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