Cuando perdida me veas
Cuando perdida me veas,
cuando perdido te encuentres,
no llames a mi puerta, pues ya me fui.
Mas allá de la pesadillesca luna,
Del pesado rincón inolvidable,
Del instinto cazador, yo no estoy,
Me cubro entre la nieve, entre los arboles,
Me oculto de la luz, de la sátira femenina,
De la seda y el satín, de los labios carmín.
Cuando perdida me veas,
cuando deseoso te encuentres,
no me beses a mi, nunca a mi.
Pues no soy de hazañas ciegas,
De placeres pasajeros, y miradas cautivas,
No hago los inviernos cálidos, ni las noches tibias,
No me vuelvo rosa en primavera, bella y olorosa,
Soy corona de espinas en mi eterno otoño,
Perenne, hiriente, temerosa, doliente.
Cuando perdida me veas,
cuando sediento te encuentres,
no me busques a mi, jamás a mi.
Entre los lastres de la lujuria te mueves,
Y mueres, bebes, nos bebemos,
Nos odiamos, y miramos, en lo oscuro,
En la noche vívida, llena de angustia,
Llorando la tragedia, amamantando la muerte,
La desidia del corazón, nuestra insensata razón.
Cuando perdida me veas,
cuando moribundo te encuentres,
llega a mi, siempre mi.
Vida mía, soledad de mi, tormento del espíritu,
Bañado en rosas y jazmín, guardapelo de mi alma,
Mi amor maldito y condenado, bella epifanía,
Sagrado sea tu corazón, no el amor profanado,
Que la muerte te lleve a mi, siempre a mi,
Pues ni el cielo nos ha ganado, ni el infierno nos merece.
Cuando perdida me veas,
cuando perdido te encuentres,
no llames a mi puerta, pues ya me fui.
Mas allá de la pesadillesca luna,
Del pesado rincón inolvidable,
Del instinto cazador, yo no estoy,
Me cubro entre la nieve, entre los arboles,
Me oculto de la luz, de la sátira femenina,
De la seda y el satín, de los labios carmín.
Cuando perdida me veas,
cuando deseoso te encuentres,
no me beses a mi, nunca a mi.
Pues no soy de hazañas ciegas,
De placeres pasajeros, y miradas cautivas,
No hago los inviernos cálidos, ni las noches tibias,
No me vuelvo rosa en primavera, bella y olorosa,
Soy corona de espinas en mi eterno otoño,
Perenne, hiriente, temerosa, doliente.
Cuando perdida me veas,
cuando sediento te encuentres,
no me busques a mi, jamás a mi.
Entre los lastres de la lujuria te mueves,
Y mueres, bebes, nos bebemos,
Nos odiamos, y miramos, en lo oscuro,
En la noche vívida, llena de angustia,
Llorando la tragedia, amamantando la muerte,
La desidia del corazón, nuestra insensata razón.
Cuando perdida me veas,
cuando moribundo te encuentres,
llega a mi, siempre mi.
Vida mía, soledad de mi, tormento del espíritu,
Bañado en rosas y jazmín, guardapelo de mi alma,
Mi amor maldito y condenado, bella epifanía,
Sagrado sea tu corazón, no el amor profanado,
Que la muerte te lleve a mi, siempre a mi,
Pues ni el cielo nos ha ganado, ni el infierno nos merece.