PARTIDAZO!! Es el titulo de un libro de Pablo Vignone, de Abril 2010, que encontré azarosamente entre las ofertas de una librería y me animo a recomendar.
Básicamente son anecdotas, circunstancias, datos e información, sobre determinados partidos claves, en los sucesivos mundiales de fútbol a partir de 1930.
Están ubicados aleatoriamente y paso a transcribir el primer capitulo del libro titulado "Mundiales, hora cero".
Uruguay 4 - Argentina 2.
30 de Julio de 1930/Montevideo/Mundial de Uruguay.
Ahora, cada vez que hay un Mundial, las compañías se desesperan para hacer una pelota nueva. Más liviana, más atractiva, más seductora.
Que la Tango, que la Etrusco, que la Questra, la Fevernova, la Teamgeist, ahora Sudafrica, viene la Jabulani...Bueno, en 1930, cuando el fútbol todavía era una incipiente locura que no había conquistado el planeta, no había siquiera pelota: apenas si había una cosa nueva llamado Mundial.
Y entonces Argentina quería jugar con la suya, la que se fabricaba y usaba acá. De tientos y vejiga. Pero bien nacional. Y los uruguayos querían jugar con la de ellos, que era importada. Alguna solución había que encontrarle, porque.....¡El partido tenía que jugarse! ¿Y como no? ¡Si era la primera final de la Copa del Mundo!!
¿Resultado? Se jugó un tiempo con cada una. En el primero, con la pelota argentina, la selección ganaba 2 a 1. En el complementario, con la oriental, Uruguay marcó tres tantos y fue el primer campeón del mundo.
En la Argentina ni suquiera existía el fútbol profesional. Tanto que el capitán de aquel equipo, Manuel Nolo Ferreira, aceptó ir a jugar el Mundial pero aclarando ante los dirigentes que lo habían convocado que uno de esos días de torneo, tenía que estar en Buenos Aires para rendir una materia de su carrera de escribano. "Para mi es muy importante -subrayó- así que el segundo partido del Mundial, no voy a poder jugarlo".
El goleador de la selección era Guillermo Sabile, el artillero de Huracán, el club que era supercampeón en el amateurismo pero que luego, en la era profesional, solo logró un titulo en su dilatada historia. "Yo tenía 19 años y jugaba en Gimnasia, recuerda Pancho Varallo, el sobreviviente de aquella final- y cobraba 10 pesos por partido como amateur.
Trabajando en la policía como escribiente, ganaba 130 pesos por mes..."
Pese a todo, el fútbol más logrado del mundo se producía en el Rio de la Plata, "lo que era obvio para todo el mundo que por fuera de Inglaterra" señala el historiador Jonathan Wilson. Finalistas en los Juego Olímpicos, finalistas en el Mundial. Una enorme, extraordinaria, casi explosiva rivalidad.
"Al arbitro, Jan Langenus, que era Belga, lo eligieron apenas tres horas antes, por seguridad. Exigió una custodia especial, una póliza de seguro de vida en beneficio de su familia y un barco listo para partir a Europa una hora después del pitazo final" recuerda Varallo.
Estadio Centenario de Montevideo. Apenas 60 mil personas, a causa de un meduloso operativo de seguridad. ¿Los uniformes? Es invierno: manga larga y cuello cerrado con un extraño cordón. Última moda de los años 30. Y como si jugaran el encuentro en camara rápida, como si se hubieran olvidado de que la pelota es la argentina, los charrúas empezaron a apoyar su mano sobre la Copa a los 12 minutos: Dorado remata cruzado y el arquero argentino Juan Botasso no logra impedir que la pelota ingrese al arco por entre medio de sus piernas. "Yo me acuerdo de lo nervioso que estaba Botasso" recuerda Nolo Ferreira en "El fútbol de la cabeza a los pies", de Enrique Escande.
"Se le coló entre las piernas! ¡Vea que handicap dábamos! Lo único bueno que mostró Argentina fue (el lateral izquierdo Pedro) Arico Suárez".
La respuesta argentina no tardó en llegar. Fue a los 20. Un tiro libre ejecutado por Mario Evaristo desde la izquierda, cruza toda el área para llegar a los pies de Carlos Peucelle, quien remata con potencia al palo izquierdo de Ballestero. Peucelle, el mismo cuyo pase de Sportivo Buenos Aires a River Plate en 1931, que involucraba 10 mil pesos, se traduciría en el mote de millonarios para el club que, todavía, no era de Nuñez....
La Argentina domina sensiblemente el juego pese a la reciedumbre uruguaya, y a los 37 minutos, tras un gran pase de Luis Monti, Stabile anotaba su octavo gol en la Copa del Mundo. Ni la derrota le impediría ser goleador del torneo. "Yo pensé, chau, son nuestros", reconoce Varallo, "pero en el vestuario, en el entretiempo, empecé a escuchar cosas raras. -Si ganamos acá nos matan!!- dijo uno de mis compañeros., El conejo (Alejandro) Scopelli no quería ni jugar, tenía miedo. Y otros se veían tiernitos para un partido así"
El que parecía verdaderamente preocupado era Luis Monti, victimazado por los uruguayos y amenazado antes del partido. "Esos anónimos-reveló Ferreira- le habían dejado el ánimo destrozado. Debió haber jugado Chividini".
Para Varallo "se la habían agarrado con el porque venía de muchos líos con los uruguayos. Jugó con mucha presión, se caía un rival y el lo ayudaba a levantarse....".
Las esperanzas argentinas se mantienen intactas durante casi un cuarto de hora. "Varayito, pará un poco con la pelota, porque sino, vamos a tener que empezar a darte", lo apretaba sutilmente el capitán uruguayo, Jose Nasazzi, al joven delantero argentino.
Pero en el minuto 57 Uruguay empieza a revertir la situación.
Tras la ejecución de un tiro libre en el centro del campo, Castro recibe y Scarone la deja pasar para la llegad de Cea, quien supera a Botasso. Gol uruguayo. Es el 2 - 2.
"Yo nunca me achiqué -reconoce Varallo, que jugó lastimado ese partido -. Si algo siempre tuve, fue guapeza. Igual que Stabille y Peucelle, que tampoco aflojaron la pierna aquella tarde".
Para Ferreira, "los uruguayos no dieron tantas patadas. Jugaron fuerte como siempre lo hicieron. Las causas de la derrota fueron otras. De otra manera no se puede explicar que ganando nosotros 2 - 1 en el primer tiempo, hayamos perdido después 4 a 2".
Diez minutos más tarde, Iriarte probaba con un remate desde casi cuarenta metros y ¡No fallaba! "Iriarte le marcó a Botasso ese de 35 metros, -insiste Ferreira- Apenas puso una mano para atajar la pelota".
Según Varallo, "Botasso estaba lesionado".
A un minuto del final, cuando la alegría se expresaba toda mediante una murga uruguaya, un hombre clave cabeceaba poniéndole punto final al encuentro: Castro marcaba el 4 - 2 definitivo a favor de la celeste.
"Tanto como es posible juzgar desde los reportes contemporáneos -señala el historiador Jonathan Wilson- la ventaja de Uruguay parece haber sido, más allá de todo su arte y el clamor de Ondino Viera de una cruda espontaneidad, la posibilidad de sostener una actitud defensiva, mientras que el individualismo argentino condujo por momentos a la confusión".
Segú Ferreira, "ese clima creado y los incidentes causaron un impacto entre los nuestros y disminuyó considerablemente el rendimiento del equipo. De no haber sido así, seguramente hubiéramos salido campeones" opinó.
"La verdad es que dimos mucha ventaja. ¡Como habrá sido que en el entretiempo, pese a estar ganando 2 a 1, querían retirar el equipo!!! Estaban locos!!!
¿Acaso nos iban a matar?" Que pregunta.....
"Los orientales son la resistencia, la continuidad, la tradición, la historia mestiza que llega con distorsiones hasta hoy. Los argentinos representan la fluidez de la modernidad, la oscilación estilista, el continuo riesgo de poner la identidad en jugo. Los uruguayos llevaran siempre consigo la gloria y la desgracia de haber sido; los argentinos, por años, la soberbia maldición de creerse lo que nunca pudieron demostrar que fueron" Reflexiona Juan Sasturian en "La Argentina en los Mundiales".
Mundiales, ese fue el primero.
La primera final argentina, la primera perdida, puntapié inicial de una riquísima historia de potencia futbolista. Vamos a seguirla.
Capitulo Uno. ¡Partidazo! de Pablo Vignone.
Esto fue todo, gracias por pasar.
Lean el libro, tiene datos que les puede servir a todos.

