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Mi mundo en las estrellas (cuento-coincidir-Marisol)

Arte10/13/2009
Hay situaciones que son mágicas por naturaleza, otras que las personas las hacen mágicas. Hay lugares que cuentan historias maravillosas de personas increíbles. Están ahí solo hay que saber mirar. …con mundos Seres únicos,exquisitos, mundos que solo con parten con quienes tienen la dicha de sabes escuchar… a veces los pobres que no saben comprender confunden esa magia…con locura, con inmadurez. Conozco gente que decide no madurar, no hoy, no como la mayoría del gentío. A todas esas personas, que viajan seguido a las estrellas, que comparten sus mundos, que sienten que cualquier cosa bella es posible…gracias por coincidir. Marisol A. Si me robo una estrella. ¿Alguien se dará cuenta? Continuó mirando hacia el cielo. Definitivamente creía que no. Mirándolo bien, pensó que se veía muy misterioso esta noche. Continuó caminando. El hecho de que no hiciera frío hacía que el caminar fuera más placentero. Se sentó en un banco libre de una plaza cualquiera. Solo deseaba estar solo. Y tratar de comprender. ¡Cielos comprender! ¿Era eso posible? La luna daba una luz tan intensa que nada escapaba a su vista. Se tiró hacia atrás, acomodó su cabeza en el respaldar del asiento. Así le era más fácil observar el cielo. - ¿Cuántas estrellas habrá?- no se dio cuenta que la pregunta no la había hecho solo en su cabeza. - ¡Demasiadas!- escuchó que le respondieron.- ¿Te molesta si me siento?- y señalaba el espacio vació junto a él. - ¡No claro que, no!- decidió moverse un poco para hacerle mas lugar a la recién llegada. - ¡Qué bueno…gracias!...toma- con mucha naturalidad le pasaba el helado que llevaba en la mano mientras se sentaba. - No gracias- dijo él. Mirándola confundido. Es que le sorprendía la naturalidad con la que esa chica lo trataba. Por un momento creyó conocerla de alguna parte.No es normal que alguien se comporte de esa manera con un desconocido y menos por la noche. Pero no. Se sonrió. No la conocía. - Dale…no me digas que sos de esas personas raras a las que no les gusta el helado…desde ya te digo que no te voy a creer.- y continuaba con el helado extendido frente a su cara. Ahora sentada a su lado. Se había acomodado con las piernas cruzadas como “indio”. Él continuaba sonriendo. No entendía, si lo que le estaba ocurriendo era real o no. Su alma estaba destrozada y esta chica se lo había hecho olvidar de la manera más irrisoria. - ¡No...no para nada!... ¡Sí me gusta el helado! - ¿ y entonces?- se lo acercaba más aún - Bueno esta bien- comprendió que sería inútil seguir rechazándoselo.- ¡Gracias! - De nada- apoyando la cabeza en el l banco.- Ayer me robé una.- continuó diciendo- - ¿Qué?- ahora sí creía que estaba totalmente perdido, en la conversación y en todo. - Una estrella- dijo. Y señalo el cielo- anoche me robé una. Pero nadie se dio cuenta. Es que como te decía hay demasiadas. Nadie lo nota si falta una. En realidad creo que ya nadie nota a ninguna de ellas. - ¡Ah! – no lograba salir de su asombro. Comía el helado pero miraba para todos lados. Por un momento creyó que sus amigos le estaban jugando una broma. Esa chica no podía ser real. Es que además de parecer un ángel por lo bella, le resultaba exquisitamente loca. - Anoche el cielo estaba más hermosos que hoy. Tanto que te invitaba a mirarlo de continuo. Las estrellas te desafiaban con su belleza. Así que extendí mi mano, tomé una y me la guardé en un bolsillo. Hoy vine aquí para regresarla. No quiero que este triste.- mientras decía todo esto no dejaba de mirar al cielo seriamente. El hombre no lograba decir palabra alguna, pero parecía que tampoco podía dejar de mirarla. - Si yo tomara una estrella, no creo que pudiera regresarla. Me cuesta deshacerme de las cosas. Entonces como salida de un transe, lo miró. Parecía como si lo hiciera por primera vez. Continuaron mirando las estrellas. ÉL le regresaba lo que quedaba del helado. Ella no protestó para tomarlo. - Deberíamos ir ha visitarlas. En lugar de traerlas para acá. - ¿Te parece? ¿Y si te reconocen como las que se las roba?- no dejaba de sonreír mientras lo decía. - No creo que me hagan daño saben que lo hago por una buena causa. - ¿¡Ah si!? ¿Cuál?- la voz masculina sonó desafiante. Entonces ella se sentó frente a él aún más desafiante, lo miró a los ojos, y con un leve cambio en el tono de voz (que él no supo interpretar), le dijo- ¿De verdad queres que te cuente? Puede ser una historia aburrida. - Contame. Tengo toda la noche para escuchar. - Bien entonces. Comienzo, no me interrumpas por favor- se acomodaba en su sitio…carraspeaba su garganta para que su voz se escuchara mejor. Todo un rito que hacia que él no pudiera dejar de reír. Hace unos minutos creía que nada en el mundo lo haría olvidar su tristeza y ahora ésta chica loca salida de quien sabe donde. Lo invitaba con su helado favorito. Y lograba que se olvidara de todo lo malo - No interrumpo tranquila.- le respondía con la seriedad que toda aquella ceremonia merecía, pero sin dejar de sonreír. Estaba feliz. - Te contare. Trabajo en una heladería cerca de donde estamos. Hace poco más de un mes comenzó a ir una pareja. Una como tantas, como todas…supongo. Una compañera que los atendía, comentó un día en que hablábamos de algunos clientes que al parecer no eran novios, sino solo amigos. ¡Qué pena! “pensé”. Hacen una linda pareja. Él nunca me vio. Es que no atiendo al público pero sí noté a que hora venía. A veces solo, otras con su amiga. No sé bien como o porque pero comenzó a gustarme. Claro que él no veía a nadie más que no fuera su “sol”. Realmente lo notaba muy enamorado de su amiga. Hace dos semanas, una noche cuando salía del trabajo. Los ví. En ésta misma plaza, parecían discutir. Creo que por fin él se declaró y ella lo rechazó. Entonces se quedó solo, sentado en éste mismo banco. Mirando hacia el cielo, buscando una respuesta en las estrellas talvez. Quise acercarme, hablarle, abrazarlo, decirle que todo estaría bien. Pero cuando lo vi llorar…simplemente no pude. – él no la interrumpía, la escuchaba pero sus ojos miraban el cielo.- Lo veo llegar a ésta plaza cada noche, sentarse en éste banco y mirar las estrellas. Claro que él nunca me ve. Pero yo a él si. Así que anoche mientras lo miraba desde lejos (como siempre). Me robé una estrella y le dije que si él me veía la regresaría con las suyas. ¿Sabes qué es lo raro? - ¿Qué?- preguntó aún sin mirarla. - Nunca me había fijado en las estrellas hasta que vi que él lo hacía. Comencé a preguntarme como sería su mundo cuando estaba en las estrellas. Llegué a la conclusión que no lo sabría hasta que no me parara frente a él, me presentara y se lo preguntara.- Hubo un silencio. La noche había avanzado sin que ellos lo notaran. Las parejas que estaban caminando al principio por las calles habían desaparecido casi todas. El transito también era menor. Entonces se puso de pie. - ¡Hola!...me llamo Vanesa.- interrumpió el silencio que pareció no incomodarla. Nuevamente apareció la sonrisa en el rostro masculino. - ¡Soy Maxi!... ¡Mucho gusto Vanesa! - El gusto es mío Maxi- y le plantó un beso en la mejilla. Maxi llevó una de sus manos hacia su mejilla, pero no dijo nada. Parecía menos asombrado ya. - ¿Cómo es tu mundo cuando estás en las estrellas?- preguntó muy seria pero con un brillo en los ojos que llenó de ternura el corazón del hombre. - Ven te muestro- la tomó de la mano, tan tiernamente. Que instantáneamente Vanesa cerró sus ojos y se dispuso ha viajar. Las personas continuaron pasando por la plaza, junto a ese mismo banco. Pero nadie los veía. Es que ahora ellos estaban en su propio mundo. Uno que nadie más lograba ver. marisol...mio
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