Queridos kelpers: hay osos para todos
De todas las acciones diplomáticas argentinas sobre la cuestión de Malvinas, el envío de ositos de Winnie The Pooh en 1998 fue, sin duda, el episodio más bizarro. El destino insólito de aquellos regalos.

Si el menemismo fue, por definición, una forma de hacer política que orillaba la frivolidad y pecaba de absoluta falta de seriedad en muchos ámbitos, entonces no debería asombrarnos que la diplomacia de entonces produjera episodios como éste: en 1998, el canciller Guido Di Tella envió regalos navideños a los kelpers. El combo era una verdadera artillería de ternura: peluches del osito Winnie The Pooh, videos de Pingu y ejemplares de El Principito.
La justificación de tamaña osadía diplomática no está por ninguna parte. El extravagante ministro de Relaciones Exteriores de entonces declaró que le parecían “simples y tiernos” y formaban parte de la política de la seducción.
En la basura y en Bosnia
El recibimiento de aquellos obsequios, según constato en una nota de 1999 firmada por Natasha Niebieskikwiat, puede calificarse de muchas formas. Pero no encaja con la idea de que se los ha “seducido”.
Cuenta el artículo que muchos ositos de Winnie Pooh jamás fueron retirados del correo local y algunos terminaron directamente en la basura. Incluso, por cuestiones de solidaridad internacional, los videos del pingüinito tierno terminaron en manos de niños bosnios víctimas de la guerra.

ENVUÉLVALOS PARA REGALO. Guido Di Tella no tuvo ningún problema en adjudicarse la idea.
El indescriptible Di Tella fue canciller durante casi 9 años y murió en 2001. En Malvinas, eso sí, ha dejado un recuerdo hilarante. Para la consejera de gobierno local, Sharon Halford sus regalos eran simplemente “los coleccionables de un excéntrico” que, además, cada tanto la llamaba por teléfono.

