La guerra oculta contra el Rock and Roll.
John Lennon, Jimi Hendrix, Jim Morrison... Sus muertes llenaron de lágrimas los ojos de millones de admiradores en todo el mundo. Pero ese llanto hubiera sido de rabia de haberse sabido que estos músicos encontraron sus trágicos finales no como consecuencia de imprudencias o accidentes fortuitos, sino de un plan perfectamente organizado para poner freno a la contracultura norteamericana.
A lo largo de la Historia de Estados Unidos el asesinato político se ha convertido casi en una forma de arte. Los personajes más o menos molestos desaparecen oportunamente, víctimas eventuales de actores fanáticos, como en el caso de Lincoln; maníacos homicidas con extraordinaria puntería, como en el caso de Kennedy.
O delincuentes de poca monta que súbitamente se convierten en acérrimos racistas, como en el caso de Luther King, cuando no deciden suicidarse de la noche a la mañana como la pobre Marilyn Monroe.
Los intereses políticos y económicos de los grandes consorcios de comunicación norteamericanos hacen que sea muy poco conveniente que salgan a la luz historias sobre asesinatos de Estado en el país del dólar. Sin embargo, éstos existen, han existido y, dado el cariz que están tomando las cosas, existirán. Aqui vamos a tratar de aquellos que se relacionan directamente con las operaciones clandestinas que la Agencia Central de Inteligencia y el FBI han mantenido contra determinadas estrellas del rock, en aras de una estabilidad social mal entendida y sólo posibles merced a la mentalidad rígidamente conservadora y completamente irrespetuosa con los derechos humanos, que durante décadas imperó en la comunidad de inteligencia estadounidense. En efecto, los mismos mecanismos que en su momento sirvieron para instalar y mantener a las peores dictaduras tercermundistas fueron oportunamente adaptados a la situación doméstica para sujetar a determinados elementos considerados como “indeseables”. ¿Cómo calificar, sí no, a esos melenudos que hablaban de hacer el amor y no la guerra?.
¿Qué hacer con esos negros de los barrios bajos que protestaban contra los abusos policiales y se atrevían a exigir sus derechos?. Más allá de la leyenda negra del rock vive rápido, muere joven y harás un bonito cadáver, existen muchos casos en los que la desaparición de importantes figuras de la música ofrece dudas más que razonables de la intervención de agentes externos en la tragedia. Como veremos, en muchas ocasiones los blancos de estas acciones tenían constancia de que estaban en el ojo del huracán. De hecho, muchas de las víctimas sufrieron sorprendentes episodios de paranoia antes de sus sospechosas muertes.
Operación Caos
En 1967 una forma de música tildada de subversiva surgió en San Francisco. Rápidamente dejó de ser una simple manifestación artística para convertirse en un fenómeno social y político. Con la guerra de Vietnam en pleno apogeo, las minorías raciales reclamando sus derechos civiles y los soviéticos multiplicando su capacidad armamentística en progresión geométrica, el gobierno no podía tolerar que una pandilla de melenudos se pusiera a enredar las cosas más de lo que ya estaban. El FBI, tradicional guardián del modo de vida norteamericano, decidió poner a trabajar en el asunto a lo más granado de su departamento de operaciones clandestinas, el temido COINTELPRO. Paralelamente, la CIA, aficionada a bautizar sus actuaciones con nombres propios de una película de James Bond, puso en marcha la denominada “Operación Caos”, cuyo fin era terminar con el movimiento hippie o, al menos, volverlo inocuo. Las fuerzas vivas de la nación sentían que había que hacer algo contra aquellos jovenzuelos que se dejaban crecer la melena y se negaban a ser inmolados en el infierno asiático.
La desclasificación de gran número de archivos del FBI durante la década de los ochenta demostró que las principales figuras musicales de la época habían sido sometidas a estricta vigilancia por parte de las autoridades debido a su potencial “subversivo”. Allí había un informe dedicado en exclusiva a Jimi Hendrix, un grueso expediente de 89 páginas sobre las andanzas de Jim Morrison y ni más ni menos que 663 sobre Elvis Presley.
Este último expediente es especialmente interesante ya que podríamos considerarlo como la prehistoria de la Operación Caos. En efecto, el informe comienza en los años cincuenta, cuando el propio J. Edgard Hoover plantea la necesidad de “hacer algo” para detener este decadente ejemplo para la juventud norteamericana. Los informes contienen perlas como la siguiente: “Me siento en la obligación de poner en su conocimiento que Presley es un peligro definido para la seguridad de los Estados Unidos”. Siguiendo las consignas de la CIA, la mafia instaló en diversos enclaves del país laboratorios clandestinos para abastecer el mercado de las drogas. Incluso se llegó a constituir una “mafia hippie”, un grupo llamado “La hermandad del amor eterno” que, liderado por el agente de la CIA Ronald Stark, logró hacerse con el monopolio del tráfico de LSD en Estados Unidos; todo ello con el propósito de socavar los cimientos de la floreciente revolución de las flores a golpe de alucinógeno. Sangre y LSD.
La investigadora Mae Brussell, referente obligado en Estados Unidos cuando se habla de conspiraciones, revelaba en un manuscrito inédito algunas de las claves de esta Operación Caos, relacionándola de alguna manera con el asesinato de la actriz Sharon Tate por parte de Charles Manson y su grupo de seguidores, “la familia”
Charles Manson, músico fracasado supo reorientar su talento hacia el estrellato como gurú de una secta de asesinos en serie.
En Agosto de 1967, el Grupo Especial de Operaciones se centró en la juventud. En Julio de 1968, la Operación Caos fue puesta en marcha contra los “jóvenes rebeldes”. A mediados del verano de 1969, un mes antes de la masacre perpetrada por la familia Manson, la Operación Caos entró en su fase de máxima seguridad. Habían puesto en circulación una cantidad de LSD tal que la droga se encontraría relacionada con cada acto violento o síntoma de violencia que ocurriese en Los Ángeles o Altamont. Era como dar caramelos envenenados en Halloween. El LSD fue la fuerza principal, la causa tras la matanza de Sharon Tate.
En 1969, el equipo de servicios especiales del FBI unió sus fuerzas al Departamento de Justicia y a la Operación Caos de la CIA. Bobby Beausoleil, un espécimen de no mucha catadura, y el integrante de los Beach Boys Dennis Wilson, encontrado ahogado en extrañas circunstancias en 1988, fueron algunos de los conejillos de indias empleados en esta operación. En el centro de este festival de la psicopatía alucinógena, e íntima amiga de los tres anteriores, estaba Mama Cass Eliot líder de The mamas & the papas, que murió en 1974 a consecuencia de un paro cardíaco, según el forense, aunque su amigo Paul Kassner piensa que fue asesinada: “Sabía demasiadas cosas sobre las conexiones criminales entre Hollywood, Washington y Las Vegas... También era amiga de Sharon Tate. En el Reino Unido las cosas no eran muy diferentes. Allí, el mayor enemigo para la moral y las buenas costumbres eran los Rolling Stones. El grupo fue sometido a un incesante acoso por parte de las autoridades, que culminó en una trampa tendida por un confidente que dio con los huesos de los componentes del grupo en una celda por posesión de narcóticos. Peor suerte corrió Bryan Jones uno de los miembros más carismáticos de la organización, que fue encontrado ahogado en su piscina el 2 de Julio de 1969. El caso fue archivado como muerte accidental pero en 1994 el diario británico The Independent sacó a la luz hechos y testimonios que inducen a pensar que pudo tratarse de un asesinato.
Altamont y Hendrix
Cinco meses después del “accidente” de Jones, la imagen del movimiento hippie quedaba definitivamente por el piso cuando un festival de música celebrado en Altamont, cerca de San Francisco, terminaba en una batalla campal muy alejada de la filosofía del Flower Power. En teoría, el festival de Altamont estaba destinado a ser un segundo Woodstock pero terminó en una tragedia que quedaría registrada en toda su crudeza en un documental titulado Gimme Shelter. El acto central del festival debía ser el concierto que darían los Stones el 6 de Diciembre de 1969. El organizador del evento fue el abogado Melvin Belli, conocido en la profesión como un oportunista carente de escrúpulos. Pero el letrado Belli tenía además una vida secreta como estrecho colaborador de la CIA, y entre sus más distinguidos clientes se encontraban Jack Ruby, el asesino de Lee Harvey Oswald, y Sirhan Sirhan, el presunto asesino de Robert Kennedy. Belli puso al frente de la seguridad del festival a Ralph “Sonny” Barger, líder de “Los ángeles del Infierno”, una banda de motociclistas con centenares de integrantes en todo el país y que con el paso de los años había crecido hasta convertirse en una auténtica mafia sobre ruedas. Hubo numerosos disturbios con heridos y un joven muerto, apuñalado por un motociclista cuando presuntamente alzaba una pistola contra Mick Jagger.
Jamás se supo quién había blandido el cuchillo. Tiempo después, Barger declaró ante un tribunal que llevaba años haciendo “trabajitos” para las autoridades, la mayoría de ellos como parte de tratos para librar a alguno de sus muchachos de prisión. Se cuenta que cuando huyó a Argelia el líder de los Panteras Negras, Eldridge Cleaver, la ATF la oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de fuego, una de las agencias gubernamentales más duras de Estados Unidos, responsable entre otras “hazañas” de la masacre de Waco negoció con Barger para que lo trajera de vuelta a casa “dentro de una caja”. Quizá sabotear el festival de Altamont fuera otro de estos encargos. Los sicarios de la Operación Caos contaban sus intervenciones por éxitos cuando Jimi Hendrix, el exótico y pacifista “Elvis negro de los 60”, se convirtió en uno de sus blancos prioritarios.
¿Fue Hendrix asesinado mientras se encontraba bajo el efecto de los barbitúricos
La versión de la muerte de Hendrix que divulgaron los medios de comunicación se centraba en la consabida sobredosis que tan oportunamente se ha llevado por delante a tantas estrellas del rock. Nadie, sin embargo, dio en su momento publicidad a una serie de irregularidades que ya había denunciado el encargado de la autopsia, el doctor Bannister, quien informó que en el momento de limpiar su esófago “cantidades ingentes” de vino tinto “salieron a través de su boca y nariz”. Asimismo encontraron gran volumen de líquido en sus pulmones: “Es notable -declaró el médico, porque les aseguro que uno no tiene todos los días la ocasión de examinar un cadáver ahogado en vino. Tenía algo alrededor del cuello -creo que era una toalla, y estaba también empapada de esta bebida”.
Éste es solamente un hecho de un largo informe que aporta datos suficientes como para sospechar de un asesinato. Lo más curioso es que los detalles proporcionados por Bannister no fueron dados a conocer hasta muchos años después de la muerte del artista, fomentando durante ese tiempo la imagen de Hendrix como la de un drogadicto que murió ahogado en su propio vómito. Pero ¿por qué matar a alguien como Hendrix?. El FBI vigilaba estrechamente todos los movimientos del artista y veía con seria preocupación cómo sus posturas políticas y sus manifestaciones públicas se iban radicalizando cada vez más, acercándose a los sectores más revolucionarios del movimiento por los derechos civiles, en especial a los Panteras Negras. Esta actitud se hacía también patente en sus declaraciones, como en una entrevista concedida en Suecia al periódico Gotesborgs- Tidningen: “En Estados Unidos tienes que elegir de qué lado estás. Puedes ser un rebelde o puedes ser como Frank Sinatra”. Para las mentes de los responsables de COINTELPRO esta postura equivalía a una declaración de guerra por parte de alguien que, como los ya silenciados Martin Luther King o Malcolm X, ejercía un fuerte liderazgo sobre la comunidad negra norteamericana.
Morrison
El cuerpo sin vida del líder de los Doors, el cantante y poeta Jim Morrison, fue encontrado por su esposa Pamela Courson en la bañera de su piso de París en las primeras horas de la mañana del 3 de Julio de 1971. Al contrario de lo sucedido con Hendrix, la mayoría de sus conocidos reconocieron no sentirse especialmente sorprendidos por esta muerte. Durante meses lo habían visto capitular lentamente, vencido por la desesperación en que lo tenía sumido una intensa depresión y una creciente paranoia, que le hacía desconfiar de todo y de todos. Como en el caso de Hendrix, Morrison ocupaba una innegable posición de liderazgo en el ámbito de la nueva izquierda, era el poeta misterioso e inasequible que necesitan todas las revoluciones y por ello COINTELPRO llevaba acosándolo desde hacía tiempo. El doctor Max Vasille, el forense que procedió al levantamiento del cadáver, puso en el certificado de defunción como causa del deceso: “Muerte natural debida a un paro cardíaco”. Sin embargo, una vez más, la prensa achacó la muerte a una presunta sobredosis, cuando era de sobra conocido que Morrison, espantado por la muerte de Janis Joplin, había renegado de las drogas y meditaba seriamente sobre la posibilidad de cambiar de vida.
Morrison pudo ser una víctima de la Operación Caos o no, eso posiblemente nunca lo sepamos, pero lo más extraño de su caso comienza justo tras el funeral. Con la muerte de Jim Morrison sucede algo parecido a lo que ocurriría años después con Elvis Presley. No tardaron en surgir diversas voces que afirmaban que Morrison estaba realmente vivo. La leyenda urbana que comenzó a extenderse como un reguero de pólvora por todo el mundo sostenía que el artista había decidido fingir su muerte harto ya de las presiones y servidumbres de la vida de una estrella del rock, y que ahora llevaba una existencia anónima en Francia, dedicado a pasear por el campo y a escribir poesía. Todo esto no pasaría de ser un desvarío de los periódicos de no ser porque parece que la leyenda fue difundida y mantenida por los propios servicios de inteligencia estadounidenses, que durante años han tenido a un agente suplantando la identidad de Morrison, manteniendo activo su pasaporte y varias cuentas bancarias a su nombre y para añadir un toque de surrealismo al asunto incluso escribiendo un libro firmado por el difunto.
John Lennon
Según documentos desclasificados del FBI, John Lennon fue considerado un “Problema de Seguridad Nacional” para los Estados Unidos por su gran influencia en la sociedad y por su activismo político, que era calificado como “extremista” por esta misma agencia de investigación. Esta consideración de amenaza para el gobierno estadounidense hizo que los servicios secretos no dejaran de espiarle y de acosarle hasta el final de sus días.
El propio John Lennon confesó, ante las cámaras de televisión, haber sentido miedo en más de una ocasión, y llegó a decirle a un amigo que si a él o a Yoko les ocurría alguna vez algo grave, no sería un accidente.
Tras conocer a Yoko Ono, John Lennon empezó a vincularse muy estrechamente con los movimientos contra la guerra del Vietnam y por los derechos civiles (defensa de los derechos de los trabajadores, reivindicación del derecho a la autodeterminación de Irlanda), patrocinando mítines políticos y abanderando manifestaciones en defensa de los derechos humanos y contra los abusos del poder gubernamental. El concierto en el que Lennon pidió la libertad para John Sinclair, encarcelado por haber vendido marihuana a un agente encubierto, y pidió la libertad de todos aquellos que injustamente van a prisión, fue sin duda alguna la gota que colmó el vaso de la paciencia de las autoridades norteamericanas, que a partir de entonces trataron de echarle del país con la excusa de que su permiso de residencia no estaba en regla.
El 8 de diciembre de 1980 a las 11 de la noche, al regresar de su estudio de grabación John Lennon es asesinado. Cuando la policía llegó al lugar de los hechos, detuvo a Mark David Chapman, que se encontraba sentado leyendo tranquilamente un libro. Inmediatamente es acusado de asesinato en segundo grado, y aunque su abogado, Jonathan Marks, le aconseja que se declarase inocente, Chapman confiesa haber sido el autor de los disparos que acabaron con la vida del ex miembro de los Beatles.
Inmediatamente la prensa hace circular la versión que, hasta la fecha, ha permanecido como oficial: “un loco solitario, que quería pasar a la historia, asesina a John Lennon, con quien estaba obsesinado”. De nuevo un loco solitario, igual que en los asesinatos de Lincoln, los Kennedy o Martin Luther King. Un recurso muy útil para evitar que el gran público se haga preguntas.
También resulta sospechoso que, entre los documentos sobre Lennon desclasificados por el FBI, haya muchos totalmente tachados con marcador negro y, en algunos casos, páginas enteras eliminadas de los archivos. Además, el FBI se niega aún a desclasificar muchos documentos sobre Lennon por considerarlos asuntos de Seguridad Nacional.
Éstos no fueron los últimos casos de muertes poco claras entre músicos de gran popularidad. Los más que extraños suicidios de David Hutchance, líder del grupo INXS y activista en movimientos como Greenpeace y Amnistía Internacional, o de Kurt Cobain, alma del grupo Nirvana, y potencialmente una figura de la talla de Morrison o Lennon, nos hacen sospechar que la Operación Caos podría gozar en nuestros días de un magnífico estado de salud.