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Los mejores jugadores que han pasado por la seleccion Argent

Info8/30/2008
Diego Armando Maradona

Para los argentinos, Diego Armando Maradona es un auténtico emblema del país. Trascendió todas las fronteras. Es de seguro
nuestro mejor "producto de exportación". Una marca registrada que brilla de manera perenne con luces propias. Su inigualable talento, carisma y hasta sus polémicas, lo convirtieron en el personaje más famoso del planeta. Para el pueblo futbolero argentino, el Dios de la pelota, un artista. Impredecible, mágico como el segundo gol a los ingleses en la Copa del Mundo México 1986, Diego cautivó como nunca un deportista lo había conseguido. Su enorme fama le trajo muchos sinsabores, a tal punto que en el libro "Yo soy el Diego de la gente", publicado en 2000, aseguró "yo viví 40 años pero valen por 70. Me pasó de todo. De una patada fui de Fiorito a la cima del mundo y ahí me tuve que arreglar solo". Su momento cúlmine lo tuvo en el citado Mundial, donde se convirtió en un verdadero regalo para los ojos. Figura del Campeón, Argentina y del Torneo. Hizo todo, hasta el gol más grande que registra esta competencia.
Nuestro fútbol cobijó notables jugadores. Pero ninguno como Diego Armando Maradona. Por consenso unánime, el mismo día de la celebración de su primer centenario, 21 de febrero de 1993, la Asociación del Fútbol Argentino distinguió a Diego como "el mejor futbolista argentino de la historia".

Nació en Lanús, el 30 de octubre de 1960. De familia humilde, a corta edad ya mostró su llamativa habilidad con la pelota. Francisco Cornejo fue su descubridor, aunque el dato es sólo una anécdota, porque su magia no tardaría en ser puesta en evidencia ante los ojos del mundo. A tal punto que el equipo infantil que integraba, Los Cebollitas, convocaba gran cantidad de público que iba a ver "al chico que la lleva atada y es capaz de hacer jueguito mil veces sin dejarla caer". Su incomparable talento permitió que, 10 días antes de cumplir los 16 años, el técnico de Argentinos Juniors, Juan Carlos Montes, lo hiciera debutar en Primera División, a los 20 minutos del segundo tiempo, en un partido que Talleres de Córdoba ganó 1-0. Fue el 20 de octubre de 1976. Día que empezó la otra historia. La del más grande. De ahí en más construyó una carrera inolvidable, que lo invitamos a repasar:



Selección Juvenil 1977-79:
Partidos: 23
Goles: 11

Selección Mayor 1977-1994:
Partidos: 91
Goles: 34


Argentinos Juniors 1976/80:
Partidos: 166
Goles: 116

Boca Juniors 1981:
Partidos: 40
Goles: 28

Barcelona, España 1982-83:
Partidos: 58. 36 (Liga), 9 (Copa del Rey), 7 (Copas de Europa) y 6 (Copas de Liga)
Goles: 38. 22 (Liga), 4 (Copa del Rey), 8 (Copas Europeas) y 4 (Copa de Liga)

Napoli, Italia 1984-91:
Partidos: 259. 188 (Liga), 46 (Copa Italia) y 25 (Copas Europeas)
Goles: 115. 81 (Liga), 29 (Copa Italia) y 5 (Copas Europeas)

Sevilla, España 1992-93:
Partidos: 29. 26 (Liga) y 3 (Copa del Rey)
Goles: 7. 4 (Liga) y 3 (Copa del Rey)

Newell´s Old Boys 1993: 5 partidos

Boca Juniors 1995-97:
Partidos 31. 30 (Liga) y 1 (Supercopa)
Goles 7.



La Selección, su gran amor:

Para él vestir la camiseta celeste y blanca fue la mayor satisfacción de su carrera deportiva. La consagración como el mejor jugador del mundo fue en el Mundial de México 1986, el título máximo y su más grande sueño desde chico. Diego siempre quiso jugar en la Selección. Cuando era un pibe, en un emocionante testimonio que quedó inmortalizado en un video, aseguró, en forma inocente, sincera: "mi primer sueño es jugar en la Selección y el segundo, ganar el Mundial".
Una frase suya resume el profundo placer que le provoca representar a nuestro país: "cuando me pongo la camiseta de la selección, el sólo roce de la tela ya me eriza la piel". Diego también ofreció su pensamiento acerca de su estilo de capitanía: "En enero de 1983 estaba en Lloret de Mar, en la Costa Brava española, recuperándome de la maldita hepatitis. Apareció Bilardo, que ya era el nuevo técnico del Seleccionado argentino.

- Quiero saber cómo estás y también comentarte mis planes para el Seleccionado, por si te interesa participar... Quiero saber si tenés alguna exigencia económica o algo.
- ¡¿Exigencia económica para jugar en el Seleccionado?! De eso olvídese, Carlos... Yo, por defender la camiseta argentina jamás voy a hacer un problema.
- Bueno, bárbaro, bárbaro... También quiero decirte que, si estás de acuerdo, vas a ser el capitán de la Selección.

"Lo primero que me propuse en ese momento fue construir algo, una conciencia: jugar por la Selección debía ser lo más importante del mundo. Si teníamos que viajar miles y miles de kilómetros, hacerlo; si teníamos cuatro partidos por semana, jugarlos; si teníamos que vivir en hotelitos que se caían a pedazos, aceptarlo... Todo, todo por la Selección, por la celeste y blanca. Ese era el estilo que quería transmitir". Ese era Maradona.

Una historia celeste y blanca:

El idilio recíproco comenzó una tarde de febrero de 1977, cuando después de una práctica de juveniles (él y sus compañeros) contra los mayores (ellos, Passarella, Gallego, Luque, Bertoni), el Flaco César Luis Menotti lo llamó aparte y le dijo, casi al oído, para que no se enterara nadie, que iba a quedar concentrado con los mayores, para el amistoso contra Hungría.
El 27 de febrero de 1977 se produjo el gran debut. Y aunque Diego sabía que sólo iba a entrar si el partido se ponía fácil, el "¡Maradóóó, Maradóóó!" bajó temprano de las tribunas, reclamando la presencia de ese pibe que apenas tenía 12 partidos en Primera División pero talento de experto. Diego jugó unos minutos.
Poco más de un mes después, el 28 de marzo de 1977, estuvo presente en el triunfo de la Selección Juvenil 3 a 2 al Combinado de Chascomús. Sólo cinco días luego, en Cipolletti, convirtió su primer gol con esa casaca. Pocos meses después vivió su primera frustración: integró el equipo que viajó a Venezuela y no pudo ganar ni un partido.
Sin embargo, no tardaría en llegar el golpe más duro, según él, el peor de todos: César Luis Menotti, a último momento, no lo convocó para el Mundial de 1978, justo en Argentina. Lloró sin consuelo, con bronca, rabia y desconsuelo. Le prometió a su mamá, a su papá, a su novia, a todo su entorno, que ganaría todos los trofeos que hubiese en el mundo y se los llevaría a su casa.
En el camino de cumplir esa promesa, sorprendió al alemán Franz Beckenbauer, nada menos. Después de un partido amistoso que le ganaron al Cosmos, en Tucumán, el 3 de noviembre de 1978, el gran Káiser le pidió su camiseta, como recuerdo.
En enero de 1979, Diego participó con la Sub 20 en el Sudamericano de Uruguay, que clasificaba para el Mundial Juvenil, que ese mismo año se iba a disputar en Tokio.
El Mundial de Japón empezó a darle grandes satisfacciones: "Nunca me divertí tanto dentro de una cancha. Sacando mis hijas, me cuesta encontrar una alegría semejante" definió el propio Diego varios años después. El equipo fue único, inolvidable. Formado por el querido Ernesto Duchini y moldeado por Menotti, la formación se podía recitar de memoria: Sergio García; Carabelli, Juan Simón, Rossi, Hugo Alves; Barbas, Rinaldi, Maradona; Escudero, Ramón Díaz, Gabriel Calderón.
El título de campeón del mundo Juvenil prenunciaba aún más gloria. Diego regresó a Buenos Aires con la copa, esa que les había prometido a Don Diego, a Doña Tota, a Claudia, a sus hermanos. E iba por más.

La mayor:

Luego de su debut ante Hungría, en febrero de 1977 y tras 9 partidos, Maradona gritó un gol propio por primera vez. Fue el 2 de junio de 1979, en Glasgow, contra Escocia. La Argentina ganó 3 a 1. Los escoceses aplaudieron de pie la celebración del primer tanto de ese pibe con el pelo cortito, que se preparaba para cumplir con el servicio militar, del que finalmente fue eximido. Y tanto le gustó el festejo, que en el siguiente partido lo patentó, saltando al aire, las piernas abiertas, la rodilla derecha más arriba y el puño del mismo lado revoleado al cielo: fue en el Monumental, el 25 de junio de 1979, contra los fenómenos de Resto del Mundo.
Hacer goles se le hizo costumbre. Marcó ante Bolivia, República de Irlanda, Polonia, la Unión Soviética y Brasil. Engolosinado como estaba, en Viena, el 21 de mayo de 1980 le hizo 3 a Austria. El "monstruo" pisaba cada vez más fuerte.
.En 1981 jugó apenas 2 encuentros no marcó. Todo una novedad. Enseguida llegó la vigilia del Mundial '82, que la apuró con la disputa de 5 cotejos.
Para un ganador como Diego, España '82 fue una gran frustración. Ya transferido al Barcelona, todos los ojos estaban posados sobre él, esperando la explosión del número uno. No pudo ser. Y por razones varias: un grupo sin demasiado hambre, fallas tácticas, carencias individuales y muy poca protección arbitral. Si se busca una alegría de aquel debut mundialista, es posible encontrarla en sus dos primeros goles a semejante nivel: los dos a Hungría, el 18 de junio de 1982, para el 4 a 1. A los golpes, después, el italiano Claudio Gentile empezó a empujarlo. Y una sobrada de los brasileños provocó la definitiva salida: planchazo en los genitales a Dirceu, tarjeta roja y la despedida primera Copa del Mundo, el 2 de julio de 1982.
Volvió a jugar en el seleccionado casi tres años después. Ya era jugador del Napoli. Carlos Salvador Bilardo lo eligió y él aceptó: sería capitán, sería titular, sería bandera. Fue, quizás, el mayor acierto de Bilardo en toda su carrera. El compromiso de Diego fue tan grande que aquel 9 de mayo de 1985, cuando se puso otra vez la camiseta albiceleste, contra Paraguay, 1 a 1, quedará en la historia por eso y por el agotador periplo que aceptó realizar el "Diez", símbolo de un compromiso sin reservas, que sería la marca registrada de los seleccionados argentinos durante mucho tiempo. Cruzar el Atlántico no era cansador para él si del otro lado estaba el equipo nacional.
La pelea, entonces, fue otra: nadie, salvo los jugadores y el cuerpo técnico, quería al seleccionado. Y la clasificación agónica para el México '86 no ayudó nada de nada. Pero Diego confiaba. Y Bilardo confiaba en Diego.
Nadie es capaz de refutar que la influencia de Diego Armando Maradona en aquel equipo campeón del mundo no tiene comparación. Y que pocas veces en la historia hubo un número uno tan definido. Debería bastar con la mención del mejor gol de todos los tiempos: 22 de junio de 1986, estadio Azteca, México, toda Inglaterra en el camino, la pelota en el arco... Hay más, hay otro tanto histórico en el mismo partido, con La Mano de Dios. Como robarle la billetera a los ingleses, éste; vengar a los pibes de Malvinas, aquel. Definiciones de Maradona, todas. Tras tocar el cielo con las manos, vinieron tiempos de lucha. Dos Copa América, 1987 en la Argentina y 1989 en Brasil, para olvidar rápido. Y enseguida, el desafío de Italia '90, para defender lo que era suyo: la Copa del Mundo. A ningún Mundial llegó Maradona como a aquel. Venía de lograr su segundo scudetto con el Napoli, volaba físicamente. Hasta que una uña encarnada del dedo gordo del pie derecho le puso un bache en el camino, una gripe inoportuna otro más y las patadas de los cameruneses finalmente lo detuvieron. Fue el 8 de junio de 1990, en el Giusseppe Meazza de Milano; Camerún 1, Argentina 0; una de las derrotas más dolorosas en la carrera de Maradona.
Como tantas otras veces, enojarse y arrancar de nuevo fue la fórmula. A fuerza de pura garra, un inolvidable pase a Claudio Caniggia para eliminar a los brasileños y la fortuna de los penales con Yugoslavia e Italia, Argentina alcanzó otra final. Tras una confusa jugada en la que el árbitro mexicano Edgardo Codesal cobró penal para los alemanes, fue subcampeonato. Para Diego, inservible. Los segundos puestos no se festejan. Diego lloró en la cancha, al final. Lloró con la grandeza que no tuvo el público para entender esa tristeza y silbó. Para Diego, fue uno de los peores golpes de su vida: "Nunca imaginé que hubiera gente que se alegre por mi tristeza", dijo entonces.
Le costó volver al seleccionado después de tanto dolor. Poco más de dos años y medio. El 18 de febrero de 1993, en el marco de los festejos por el centenario de la Asociación del Fútbol Argentino, jugó contra Brasil, en el Monumental. Ya había sido nombrado, con justicia, qué duda cabe, el más grande futbolista argentino de la historia.
Y cuando pocos pensaban que volvería, tras aquella suspensión por 15 meses del '91, allí estuvo, liderando al equipo del Coco Alfio Basile hacia la clasificación para el Mundial de 1994. En Estados Unidos mostró que su magia estaba intacta. Distendido, maduro y con ganas de hacer historia, Diego se mostró en muy buena condición. En los entrenamientos hacía jueguito con una mandarina, una pelotita de golf, una piedra. Buen humor y un equipo que alimentaba la esperanza. Gritó su gol inolvidable contra Grecia, el 21 de junio de 1994, y luchó contra los nigerianos. Al final de ese encuentro, fue sometido al control antidoping. Dio positivo y fue separado del plantel. Fue su último partido en la Selección.
Se volvió a calzar la celeste y blanca el 10 de noviembre de 2001, el día de su partido homenaje en La Bombonera. La AFA puso a su disposición el plantel completo de la Selección Argentina que 7 meses después jugó el Mundial de Corea Japón. Diego actuó un tiempo para la Selección y otro para un Combinado de Estrellas. Maradona cerró esa fiesta inolvidable con una frase que marcó a fuego a sus seguidores: "El fútbol es el deporte más lindo y sano que existe en el mundo. Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha ...".



Hugo Orlando Gatti

Hugo Orlando Gatti, desgarbado, alto, pelo largo, pantalones bermudas, flaco, muy flaco. Un desenfadado, un adelantado, que era más jugador que arquero. Y que por su porte se ganó el mote de “Beatle”, en homenaje a los más que famosos músicos y cantantes de Liverpool, Inglaterra, que también rompieron todos los moldes. Poco y nada que ver con los arqueros de su época. En verdad era lo que él pretendía: no parecerse a nadie, aunque de alguna manera, estaba ligado a la escuela de un innovador del puesto: Amadeo Raúl Carrizo. A poco de empezar su carrera en Atlanta, la vida, con una de sus tantas volteretas, juntó al maestro y al más adelantado de sus alumnos en River Plate. Por lo general Carrizo era el titular y Gatti el suplente. Un suplente de lujo que siempre dejaba la impresión que estaba para cosas grandes...Y así fue.

“El Loco”, como también era conocido, nació en Carlos Tejedor, Provincia de Buenos Aires, el 19 de agosto de 1944. Su vocación por defender los tres palos, lo depositaron en Atlanta, donde hizo las divisiones inferiores. Sus espectaculares labores en las juveniles lo colocaron rápidamente en Primera. En sus presentaciones se lo veía como un arquero diferente, un guardavallas que no respetaba a rajatabla la vieja tradición de los porteros nacionales.

Las grandes actuaciones que tuvo en el conjunto de Villa Crespo despertaron el interés de River Plate. En 1964, el equipo de Nuñez lo fichó con el objetivo de convertirlo en el sucesor del gran Amadeo Carrizo. Algo que nunca llegó a concretarse, porque Carrizo extendió su carrera hasta límites casi desconocidos para la época.

Gatti decía, no sin razón, que él estaba para algo más que el banco de suplentes.

Pero no todas eran malas para él en su paso por el Monumental, ya que en 1966 a pesar de ser suplente fue convocado como tercer arquero para el Mundial de Inglaterra 1966.

Debido a su no disimulado malestar, en 1969 fue transferido a Gimnasia y Esgrima La Plata. Pese a pasar de uno de los equipos más grandes del país a uno que estaba algún escalón más abajo, Gatti obtuvo un incomún contrato y hasta pasó a ser la figura excluyente de un famoso aviso publicitario. El cambio de aire le sentó de la mejor manera al “Loco”, pues se consolidó en Primera y alcanzó un volumen de juego superlativo. Los hinchas lo adoptaron como ídolo, por su gran labor y por su “extraña” manera de cuidar el arco.

La fuerte personalidad, le permitió, pese a su pasado riverplatense, ganarse la simpatía de la más que particular parcialidad xeneize. El impensado idilio comenzó un domingo por la tarde en la Bombonera. Para hostigarlo, la hinchada de Boca le tiró una escoba. Primero se levantó el buzo y mostró que abajo llevaba una camiseta de Boca; no conforme con esta muestra de cariño, tomo la escoba y se puso a barrer el área grande.

No hizo falta nada más. Allí mismo empezó a gestarse su pase. Algo que ocurrió unos años más tarde, cuando en 1975, Juan Carlos “Toto” Lorenzo se hizo cargo de la dirección técnica de Boca Juniors. El “Toto”, que el año anterior había dirigido Unión de Santa Fe, club que sustentado en las excentricidades, la seguridad y la calidad de Gatti, hizo una gran campaña.

En Boca, con el irrestricto respaldo de su presidente Alberto J. Armando, Lorenzo hizo una gran reestructuración e incorporó una gran cantidad de jugadores, la casi totalidad de ellos, con bastantes años en sus espaldas y una enorme y valiosa cuota de experiencia en sus mochilas.

Defendiendo el arco xeneize cosechó 6 títulos: Metropolitano y Nacional de 1976, Copa Libertadores 1977 y 1978, Intercontinental 1978 y Metropolitano 1981.

Enamoró a los hinchas con sus excentricidades y con su terrible agilidad. Rompió con los libros que decían que el arquero tenía sólo que estar debajo de los 3 palos, él buscó darle protagonismo a un puesto que siempre estuvo en las sombras. Creador de la “la de Dios”, acción en la que, arrodillado, enfrentaba él sólo a los delanteros en los mano a mano. Su gran actuación y moderna manera de cuidar la portería lo transformaron en un prestigioso jugador de Selección. En el combinado nacional jugó 18 partidos entre 1967 y 1977.

Para Gatti, el retiro en Boca llegó en 1988, a los 44 años. Es el futbolista argentino que más encuentros disputó en partidos oficiales de los torneos de la AFA y el que llegó a actuar con mayor edad. También, junto con Ubaldo Fillol, es el guardavallas que más penales atajó (26) sin contar las definiciones desde los 12 pasos. El 3 de diciembre de 1998, el “Loco” tuvo su merecido partido homenaje en la Bombonera, en donde se le reconoció su talento, forma de ser y grandes momentos que vivió en aquella mítica cancha.

Gatti puede ser amado u odiado, considerado un héroe o simplemente un gran arquero. Lo que no cabe dudas es que fue un jugador determinante en momentos claves, con fuerte personalidad, con una agilidad admirable y que en cierta forma con su excéntrica manera de atajar le abrió la puerta a generaciones futuras que aún hoy siguen intentándolo imitar. Aunque el “Loco” Gatti es inimitable.

. Su carrera:

Debut en la Selección Nacional: 12 de octubre de 1967, Paraguay 1 – Argentina 1; amistoso en el estadio Puerto Sajonia (Defensores del Chaco), Asunción.

Selección Nacional (1967/1977)

Partidos: 18.

Debut en Primera División: 5 de agosto de 1962, Gimnasia y Esgrima La Plata 2 – Atlanta 0.

Atlanta (1962/6363)

Partidos: 38.

River Plate (1964/68)

Partidos: 77.

Gimnasia Esgrima La Plata (1969/74)

Partidos: 224.

Unión de Santa Fe (1975)

Partidos: 45.

Boca Juniors (1976-88)

Partidos: 381.

. Títulos:

Boca Juniors: Metropolitano y Nacional de 1976, Copa Libertadores 1977 y 1978, Intercontinental 1978 y Metropolitano 1981.



René Orlando Houseman

Sin lugar a dudas, uno de los grandes punteros derechos de la historia del fútbol argentino, que a su innata habilidad y desparpajo para encarar por las bandas, sumó un claro poder definidor. René Orlando Houseman heredó el apelativo de “Loco”, que parece caberle a todos los “wines” del fútbol argentino, y le hizo honor dentro y fuera de la cancha. En el campo de juego, con improvisaciones que dejaban a sus rivales muchas veces en ridículo; en la vida, con actitudes de las que seguramente él fue el menos culpable, pero que incidieron para que su estrella se apagara en forma prematura. Campeón en el ascenso con Defensores de Belgrano, luego fue pieza fundamental del Huracán del “Flaco” Menotti, que deslumbró y ganó el torneo de Primera en 1973, y figura desequilibrante en la Selección Argentina, con la que se consagró campeón mundial en 1978. En su ocaso, llegó a clubes grandes como River e Independiente, aunque terminó su carrera en el ascenso, en el club del que siempre fue hincha: Excursionistas. Para definir a Houseman sólo cabe una palabra: genio.

René Orlando Houseman nació en La Banda, Santiago del Estero, el 19 de julio de 1953. A los 4 años, su familia se trasladó a la Capital Federal y pasó a engrosar los núcleos de provincianos que se asentaban en las villas de emergencia, en este caso en una del Bajo Flores a la espera de que las cosas mejoraran, lo que en la mayoría de las veces no ocurría. Así fue que René, con sus 4 añitos, pasó a ser uno de los tantos pibes a los que la vida hace (lo sigue haciendo) crecer de golpe entre los estrechos pasillos del asentamiento y el campito lindero para jugar al fútbol. Allí, comenzó a hacer las delicias de los vecinos que muy pronto empezaron a hablar del flaquito que la “descosía” de la mañana a la noche en interminables “picados” contra tipos más grandes que él.

Alguien lo vio y tras un breve paso por el club de sus amores, Excursionistas, ingresó a las divisiones inferiores del rival acérrimo: Defensores de Belgrano. Debutó en la Primera con 16 años y se convirtió en figura y atracción de un equipo con el que terminaría siendo campeón del Ascenso en 1972.

La notoriedad que el “Loco” había alcanzado en ese certamen provocó el interés de varios equipos de primera, y finalmente, con 19 años, el pibe que había deslumbrado en los potreros de la villa y los desparejos campos de la segunda división, llegó a la Primera A. Fue en el Huracán que César Luis Menotti forjó a su estilo y en el que había talentos como Baley, Basile, Carrascosa, Brindisi, Babington, Avallay...

Con ese equipo de estrellas se consagró campeón en 1973, al tiempo que se catapultó a la Selección Nacional que preparaba su participación en el Mundial de Alemania de 1974. Y a pesar que la actuación argentina no fue más allá de los octavos de final, El “Loco” Houseman fue notable figura y goleador del equipo, con 3 tantos.

Su trayectoria continuó en el Globito hasta 1980, cuando los dirigentes decidieron transferirlo a River. Pero esa es otra historia, porque es allí donde aparecen los primeros e inocultables signos del ocaso. Antes, había llegado el pico de la gloria en el Mundial 78, donde se clasificó campeón y aportó su gran fútbol a un equipo dirigido justamente por quien lo llevara al Huracán del 73, el “Flaco” Menotti, quizás el que mejor lo conoció y supo aprovechar sus condiciones inmejorables.

Volvemos al 81 y aquella temporada en River, en la que sólo jugó 12 partidos. Al año siguiente intentó fortuna en Colo Colo y luego, tras un efímero regreso a Huracán, en 1983 mostró su magia en cuentagotas en un fútbol por entonces incipiente como el sudafricano, en el club Amazulu. Era impensable que un tipo como René pudiera mantenerse mucho tiempo en la rígida Sudáfrica del apartheid, por eso no sorprendió que al año siguiente estuviera en la Argentina y probara fortuna en Independiente, donde apenas disputó 3 encuentros.

El definitivo adiós al fútbol llegaría en 1985, en el club de sus amores: Excursionistas. Por entonces, parecía que el esplendor del “Loco” era cosa de la prehistoria, y sin embargo se había consagrado campeón del mundo apenas siete años atrás. Tenía 32 años, pero su rostro (también su físico, claro) mostraba las huellas de una vida cargada de excesos, que jamás pudo controlar. Es que a René, de repente, le habían puesto en las manos una Ferrari sin que nadie le enseñara a manejar...

Lo que perdurará por siempre es su fútbol inmenso, esa alegría que desparramó por los campos de juego, pero que lamentablemente no lo acompañó en la vida.

. Su carrera:

Debut en la Selección Nacional: 17 de mayo de 1973, Argentina 1 – Uruguay 1, Copa Lipton, estadio de Vélez Sársfield, Buenos Aires.

Selección Argentina (1973/79)

Partidos: 55.

Goles. 13.

Debut en Primera División: 5 de mayo de 1973, Huracán 6 - Argentinos Juniors 1.

Defensores de Belgrano (1971 y 1982)


Huracán (1973/80 y 1982/83)

Partidos: 266.

Goles: 108.

River Plate (1981)

Partidos: 12.

Goles: 1.

Colo Colo de Chile (1982)

Amazulu de Sudáfrica (1983)

Independiente (1984)

Partidos: 3

Excursionistas (1985)

. Títulos:

Selección Nacional: Campeonato Mundial Argentina 1978.

Huracán: Metropolitano 1973.

Defensores de Belgrano: Campeonato de 2ª 1972.



Jorge Luis Burruchaga

Jorge Luis Burruchaga es parte de esta sección por varios y sobrados motivos. Descolló en Arsenal, cuando el equipo de Sarandí estaba en el ascenso, fue figura indiscutida en Independiente (los que saben lo ubican entre 10 mejores de toda la historia), triunfó en Europa... “Y por si esto fuera poco”, como vocearía cualquier vendedor ambulante en el subte: marcó el gol del campeonato, en el Mundial de México ‘86. Pergaminos y modestia le sobran. Hoy sigue ligado al fútbol, pero detrás de la línea de cal... Y lo hizo sin abandonar su libreto: el del fútbol bien jugado. Por de pronto subió a Arsenal a Primera División y hasta se dio el lujo de hacerlo jugar una Copa Internacional (Nissan Sudamericana 2004). En 2006 asumió como director técnico del Club Atlético Independiente. Nació el 9 de octubre de 1962 en Gualeguaychú, Entre Ríos. Pero sus primeros pasos en el fútbol grande los dio lejos de su ciudad de origen, en Sarandi, partido de Avellaneda.

Fue en Arsenal, el club donde “Burru”, como cariñosamente se lo apodó, empezó a tirar paredes, asombrar con sus gambetas, su sobriedad, inteligencia y facilidad para jugar y encima por marcar goles. Veloz de cuerpo y de mente. Uno de los pocos del que se puede decir que dominó el catálogo del fútbol Luego de mostrar condiciones espectaculares, Burruchaga dejó Sarandi pero no Avellaneda, Ciudad en la que escribió buena parte de su gloriosa trayectoria: se incorporó a Independiente, el de la doble visera, el de los míticos triunfos coperos. Debutó con la camiseta de los “Diablos Rojos” el 12 de febrero 1982. Quince días más tarde llegó el primer gol con la camiseta roja. Y así de rápido se consolido en la Primera División del “Rojo” y en corazón de su gente. Ganó un título local y tres internacionales. Su fama, asentada en la solidez de su talento en permanente crecimiento, no demoró en escaparle a las fronteras. Tres años después de su llegada a Avellaneda, cuando su romance con el buen juego y con la red, parecían no tener techo, emigró al fútbol francés donde jugó en el Nantes y en el Valenciennes.

Estuvo poco más de mil doscientos días en Avellaneda. Tiempo más que suficiente para que la hinchada de Independiente, famosa por su “paladar negro”, lo convirtiera en ídolo indiscutido y lo ubicara entre los grandes de todos los tiempos. El amor fue mutuo. En Avellaneda le dejaron la puerta abierta y, aunque demoró algunos años, volvió en 1995 para cerrar su carrera en el equipo adonde siempre ocupó el sitial reservado para unos pocos elegidos, donde consiguió dos títulos internacionales: la Supercopa y Recopa (1995). Tras quedar libre en 1998 anunció su retiro para iniciar su trayectoria como técnico al año siguiente en el club Defensa y Justicia de la Primera B Nacional.

Claro que también hubo un antes. Cuando Carlos Salvador Bilardo se hizo cargo de la Selección Nacional, pasó a ser uno de los insustituibles, un referente dentro del plantel nacional. En el Mundial de México, donde había estrellas como para regalarle al cielo, donde brillaba al punto de encandilar el superlucero, Diego Armando Maradona, “Burru” integró un cuadrado mágico junto al “Negro Enrique, Giusti y Batista. Media cancha perfecta preparada para quitar, dormir o acelerar el juego de acuerdo a las necesidades del partido. Y hasta para definirlo si hacía falta. Y cuando hizo falta, lo hizo. Y como no podía ser de otra manera tratándose de él, con su sello, a lo grande.

Entre muchos fenómenos (Valdano, Brown, Ruggeri, Olarticoechea...) “Burru”, lejos de desentonar, más de una vez fue figura. Como ese domingo 29 de junio en el estadio Azteca, cuando tras un mágico pase de Maradona, corrió cerca de media cancha. Y cuando Schumacher salía desesperado de su arco y el gigante Briegel llegaba al cierre, con preciso y suave toque de derecha vulneró el arco alemán, puso el 3-2 definitivo sobre los 38 minutos del segundo tiempo y rubricó el éxito. Y le dio a la Argentina el segundo Campeonato Mundial, primero en condición de visitante. Y le dio forma al éxito más importante de nuestro país hasta ese momento. Corrida histórica. Gol histórico. Jugador histórico. La mejor definición que se nos ocurre para Jorge Burruchaga.

Un grande de verdad. Cuatro años más tarde participó como titular indiscutido en el Mundial de Italia 1990, donde el Seleccionado Nacional llegó muy debilitado por las lesiones y algún árbitro travieso, hasta la final. Argentina, castigada con un inexistente penal a minutos del cierre, cayó 1-0 ante Alemania. Historia amarga, por no decir indigerible, que marcó el cierre de la etapa celeste y blanca, al menos como jugador, en la vida de Jorge Burruchaga.

El romance de “Burru” y el fútbol tendría un nuevo capitulo. Como siempre, casi en silencio, encaró un nuevo desafío: la dirección técnica. La primera oportunidad se la brindó Defensa y Justicia. Luego retornó a Arsenal, justamente el club que lo vio dar sus primeros pasos con los cortos. En Sarandi, como entrenador consiguió el ascenso a primera división, logró estabilizarlo y no demoró en clasificarlo para un torneo internacional: la Copa Sudamericana. Claro, que su modesto y querido Arsenal no se conformó con esos no menores logros. Tanto es así que entre sus no demoraron en aparecer varios de los grandes interesados en sus servicios. Las buenas notas conseguidas lo catapultaron primero a Estudiantes de la Plata y luego, casi sin demoras, le permitieron darse el gran gusto de su vida: dirigir a Independiente...

Como él mismo dijo: “se me fueron cumpliendo los sueños; quemé las etapas con prudencia. Y nadie puede negarme que yo ayudé mucho a cristalizarlos, con un método a mi entender infalible: estudio, seriedad y trabajo”. El jugador y el técnico usaron la misma fórmula. Los resultados, como no podía ser de otra manera, no dejaron de acompañarlo. Un triunfador y un hombre querido por el celoso ambiente del fútbol, supo encontrar la vuelta para tener la gloria rendida a sus pies.


. Su carrera:

Debut en la Selección Nacional: 12 de mayo de 1983, Argentina 2 - Chile 2 en Buenos Aires.

Selección Argentina (1983/90):
59 partidos.
13 goles.

Debut en Primera División: 14 de febrero de 1982, Estudiantes de Santiago del Estero 1 - Independiente 4.

Arsenal 1979/81:
Partidos 47.
Goles 19.

Independiente 1982/85 / 1995/98:
Partidos 262. 235 (Liga), 11 (Copa Libertadores), 14 (Supercopa), 1 (Recopa) y 1 (Intercontinental).
Goles 78. 72 (Liga) y 6 (Copa Libertadores).

Debut en la Liga Francesa: 16 de julio de 1985, Toulon 0 - Nantes 0.

Nantes, Francia 1985/92:
Partidos: 140 (Liga).
Goles: 27 (Liga).

Valenciennes, Francia 1992/93:
Partidos: 32 (Liga).
Goles: 10 (Liga).

. Títulos:

Selección Nacional: Copa Mundial de 1986.
Independiente: Metropolitano ´83, Copa Libertadores 1984 -donde fue el goleador con 6 conquistas - y la Copa Intercontinental 1984, Supercopa 1995 y Recopa 1995.



Mario Alberto Kempes

El “Matador” Mario Alberto Kempes fue uno de los goleadores más importantes de la historia del fútbol argentino. Su potencia, su velocidad, su coraje, su destreza y su zurda casi infalible, le daban forma a un cóctel letal de puntería y contundencia que hacía tambalear defensas y sufrir a los arqueros. Su sociedad con la mayor y más festejada verdad del fútbol, el gol, mantuvo su vigencia durante toda su carrera. Millones de gargantas quedaron sin voz gracias a su condición de romperedes.

Saltó a la fama muy rápido. En 1970, cuando era titular indiscutido en Talleres de Bell Ville de su córdoba natal: hizo 6 de los 12 goles con que su equipo ganó 12-1. No hay mejor pasaporte a la popularidad que desairar arqueros. Las noticias vuelan a la velocidad del sonido y la cotización aumenta aún por sobre los metales preciosos. En 1972 saltó de Bell Ville al también cordobés Instituto. A esta altura medio país ya hablaba de él.

Instituto no lo pudo retener por mucho tiempo el 5 de febrero de 1974 Rosario Central, le ganó la pulseada a Boca Juniors y al Standard Lieja de Bélgica y consiguió sus servicios por 9 millones de pesos de aquella época. Una de las mejores inversiones de los rosarinos. Un verdadero suceso: 85 goles en 105 partidos.

Su fama no demoró trascendido todas las fronteras. En 1976 Valencia de España lo adquirió en 30 millones de pesetas. Desde el punto económico un negocio redondo para el conjunto rosarino. En lo afectivo y en lo deportivo, el espacio que dejó no fue posible de cubrir, dado que la mercadería que él ofrecía domingo a domingo, se consigue en muy pocos mercados del mundo. Y se sabe que cuando la demanda excede con largueza a la oferta, los valores trepan a valores impensados.

Instalado en la Costa del Sol, no demoró en rendirle los mejores frutos a su nuevo club: obtuvo el cotizado premio “pichichi”, que distingue a los máximos goleadores de la Liga Española, por 2 veces consecutivas en las temporadas 76/77 y 77/78 con 24 goles en la primera y 28 en la segunda.

En ese 1978, año glorioso para el fútbol Argentino, logró una marca que opacó para siempre el muy preciado “pichichi”. Fue el mayor artillero del Campeonato Mundial de Fútbol, que por primera vez obtuvo la Argentina. Kempes, el cordobés Mario Kempes, el “Matador”, inscribió su nombre con indelebles letras de molde, entre los más grandes. Y como sólo hacen aquellos que están tocados por la varita mágica, la mejor página de esa historia la escribió en la cancha de River. En la final del Mundial, ya en el alargue (el partido había finalizado 1-1), cuando todos están al límite de sus posibilidades, el Matador “mató”: hizo un gol propio de su sello: arrastrando y desparramando gente, guapeando, poniendo el alma y algo más. Finalmente Argentina, con todo derecho se consagró campeón. Y Kempes, fue el indiscutido goleador con 6 tantos. La fiesta que se desató en todo el país minutos después del éxito Argentino sobre Holanda (3-1) había tenido dos protagonistas excluyentes: el demoledor Kempes y el casi invencible Ubaldo Matido Fillol.

Vuelto a España y al Valencia, siguió cosechando títulos y sumando goles. Una constante en su triunfal carrera. En 1979,el equipo valenciano obtuvo la Copa del Rey al vencer en la final 2-0 a Real Madrid. Los goles, como no podía ser de otra manera, fueron del “Matador”. Un año más tarde, el 14 de marzo de 1980, Valencia logró la Recopa Europea tras superar por penales al Arsenal inglés; Kempes también se anotó en el marcador. Valencia y Kempes despidieron el año de mejor manera: sobre el final de 1980, el equipo español se adjudicó la Supercopa de Europa tras derrotar al mejor equipo del continente: el Nottingham Forest de Inglaterra.

Kempes volvió a Argentina en marzo del 1981. River Plate, que necesitaba de alguna manera opacar el pase de Diego Armando Maradona a su tradicional rival Boca Juniors, hizo frente a una poco común transferencia de 300 millones de pesetas. Todo fue espectacular: el día que fue presentado a la prensa, el “Matador” bajó de un helicóptero. River, que sólo pudo pagar una parte de esa cifra (130 millones de pesetas) se vio obligado a devolverlo a Valencia, pero con el objetivo logrado: ganó el campeonato nacional.

En su regreso a Europa jugó en su nuevo viejo club las temporadas temporadas 82/83 y en 1984 quedó libre en el Valencia para hacer un breve paso por el fútbol de salón . En 1985 firmó para el Hércules de España y luego en forma sucesiva pasó por el Wienner Sport Club de Austria, el Sankt Polten de Austria, Krems, Fernández Vial de Chile y el Pelitta Hyatt de Indonesia, donde en 1996 abandonó el fútbol.

Fue el máximo goleador de la selección argentina campeona de la Copa Mundial de Fútbol de 1978 con 6 goles, marcando 2 en la final ante Holanda y proclamándose así campeón del mundo y recibiendo la Bota de Oro del Mundial ‘78.

Pese al rótulo de candidato, la base del mundial 78 y la suma de jugadores importantes, el seleccionado argentino no pudo repetir el título en España '82 y quedó eliminado sin ningún tanto del goleador. Tras ese año, el "Matador" le cedió su camiseta número 10 al ascendente Diego Maradona, quien señaló a Kempes como el “gran impulsor del fútbol argentino” en su autobiografía. Eso sí, el cordobés no sólo será recordado por sus goles, sino también por el juego limpio: en toda su carrera en la selección nunca recibió una tarjeta roja.

Como técnico su carrera en 1993 comenzó como ayudante de campo del uruguayo Héctor Núñez en Valencia durante un año. En 1995 la gobernación de Mendoza le ofreció junto a Leopoldo Luque ser instructor del fútbol juvenil, maestros con los mejores pergaminos. En el Pelitta Hyatt de Indonesia fue técnico y jugador y, hacia fines de 1996 se trasladó a Albania para dirigir al SK Lushnja, donde dirigió solamente 2 encuentros. Su periplo como entrenador continuó en 1998 en Mineros de Venezuela, al año siguiente dirigió The Strongest de Bolivia (campeón del Clausura y subcampeón de la temporada) y luego pasó a conducir los destinos de Independiente Petrolero.

Su biografía ha sido publicada en el libro "El Matador", escrito por el periodista Federico Chaine con un prólogo del entrenador César Luís Menotti, y editada por Homo Sapiens Ediciones.

En la actualidad, Kempes trabaja como locutor de partidos de fútbol para la cadena estadounidense ESPN. Pero, tiene programado en el corto plazo retomar sus actividades como director técnico.

. Su carrera:

Debut en la Selección Nacional: 9 de septiembre de 1973, Argentina 1 - Bolivia 0 en Buenos Aires.

Selección Nacional (1973/82)
Partidos: 43.
Goles: 20.

Debut en Primera División: 5 de octubre de 1973, Instituto 0 - Newell’s Old Boys 1.

Instituto 1973-1974:
Partidos 13.
Goles: 11.

Rosario Central 1974/76:
Partidos: 107.
Goles: 89.

Valencia (España) 1976/81 – 1982/84:
Partidos: 184.
Goles: 116.

River Plate 1981/82:
Partidos: 29.
Goles: 15.

Hércules (España) 1984/86:
Partidos: 38.
Goles: 10.

Wiener Sport Club (Austria) 1986/87:

Sankt Polten (Austria) 1987:

Krems (Austria) 1990-92:

Fernández Vial (Chile) 1995:

Pelitta Hyatt (Indonesia) 1996:

. Títulos:

Selección Nacional: Copa Mundial de 1978.
Valencia (España): Copa del Rey 1978/79, Recopa Europea 1979/80 y Supercopa Europea 1980.
River Plate: Nacional 1981.

. Su carrera como técnico:

1993 Ayudante táctico de Héctor Núñez en Valencia
1996 Pelita Hyatt de Indonesia
1996: SK Lushnja (Albania)
1997-1998: Mineros de Guayana (Venezuela)
1999: The Strongest (Bolivia)
2000-2001: Independiente Petrolero (Bolivia)


Ubaldo Matildo Fillol

Uno de los mejores arqueros de la historia. Artífice indiscutido del éxito obtenido por nuestra Selección Nacional en el Campeonato Mundial de 1978. Demoró en llegar al equipo que logró el título, el primero de Argentina, pero desde el mismo día de su debut se convirtió en inamovible. Una fiera bajo los palos. Voz de mando. Ganador a carta cabal. El "Pato" como era conocido desde su infancia parecía tener la llave del arco. Y sus compañeros jugaban tranquilos, porque sabían que muy, pero muy rara vez la "prestaba".

Nació el 21 de julio de 1950 en San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires. Diecinueve años más tarde debutó en Primera División en Quilmes. No demoró en llamar la atención. Su físico, su agilidad y su poco común espíritu ganador, no demoraron en ubicarlo en la cima.
Lo que se veía venir no demoró en producirse: en 1972 pasó a uno de los equipos con más historia del fútbol Argentino: Racing Club de Avellaneda. Temporada magistral: atajó seis penales junto con miles y miles de pelotas.

No hacía falta más. Un año más tarde, en 1973, lo compró River Plate, donde entre muchas figuras de nivel nacional e internacional, lejos de ser uno más, era un indiscutido "numero uno".
En el conjunto "Millonario" ganó 7 campeonatos: Metropolitano 1975, 1977, 1979 y 1980; Nacional 1975, 1979 y 1981. El de 1975 fue el torneo más esperado por los simpatizantes riverplatenses que venían de 18 años de "sequía". Ese equipo pasó a la historia. Y en esas páginas, con caracteres indelebles siempre podrá leerse que Fillol fue uno de los más grandes protagonistas.

Su gran nivel lo llevó a la Selección Argentina. En 1974 fue tercer arquero en el Mundial de Alemania. Pero 4 años más tarde tocó el cielo con las manos, fue campeón del mundo en el Mundial de 1978. Su rendimiento fue majestuoso, atajó balones imposibles y fue una de las grandes figuras del equipo argentino. Consiguió el cariño eterno de la gente y su imagen empezó a ser reconocida como la de un arquero sin errores que debajo de los tres palos lucía impenetrable. Cuidó el arco celeste y blanco en 58 ocasiones entre 1974 y 1985. Sus atajadas mundialistas hoy siguen en la memoria de todo los argentinos.

En 1983 tras un conflicto económico con River fue transferido a Argentinos Juniors. En el conjunto de La Paternal jugó 17 encuentros. Ese mismo año partió hacia el Flamengo de Brasil, donde no desentonó y mantuvo su gran nivel hasta 1985. Luego cuidó el arco del Atlético de Madrid hasta 1986.
El año 1987 regresó de manera triunfal a Racing Club para ganar en 1988 la Supercopa. Ídolo. Respetado y admirado por los hinchas del fútbol argentino decidió terminar su carrera repleta de gloria en Vélez Sársfield. Su último partido fue brillante, cuidando el arco de la "V azulada" enfrentó a River y se lució. Atajó un penal; completó 90 minutos fenomenales y le quitó la chance a su ex equipo de dar la vuelta olímpica.

Ya retirado incursionó en la dirección técnica. Primero fue entrenador de arqueros en la Selección Nacional, luego dirigió uno de los clubes de sus amores: Racing Club y no demoró en volver a la Selección como instructor de arqueros y como orientador de juveniles para formar parte del cuerpo técnico mundialista de Alemania 2006.

. Su carrera:

Debut en la Selección Nacional: 3 de julio de 1974, Alemania Oriental 1 - Argentina 1.

Selección Nacional 1973/1985:
Partidos: 58.

Debut en Primera División: 1 de mayo de 1969, Huracán 6 - Quilmes 3.

Quilmes 1969/71:
Partidos 34.

Racing 1972 y 1987/1989:
Partidos: 137.

River Plate 1973/1983:
Partidos: 361.

Argentinos Juniors 1983:
Partidos: 17.

Debut en la Liga Brasileña: 28 de enero de 1984, Flamengo 1 - Palmeiras 0.

Flamengo, Brasil 1984/1985:
Partidos: 35.

Debut en la Liga Española: 1 de septiembre de 1985, Atlético Madrid 3 - Sevilla 0.

Atlético Madrid, España 1985/1987:
Partidos: 17.

Vélez 1989:
Partidos: 43.

. Títulos:

Selección Nacional: Campeonato del Mundo 1978.
River Plate: Metropolitano 1975, Nacional 1975, Metropolitano y Nacional 1977, Metropolitano y Nacional 1979, Torneo Cuarto Centenario Ciudad Buenos Aires 1980, Nacional 1981.
Flamengo: Copa Guanabara 1984.
Racing Club: Supercopa 1988.

. Su carrera como técnico:

Racing Club y entrenador Selección Argentina Sub 15 y de arqueros en todas las Selecciones, incluyendo la Mayor.




Daniel Alberto Passarella

Por su talento innato, su fuerte temperamento y su gran personalidad, Daniel Alberto Passarella cumplió el sueño de millones de compatriotas: levantar una Copa del Mundo como capitán de la Selección Nacional. Fue el 25 de junio en 1978, en la cancha de River Plate, tras la victoria sobre Holanda (3-1, en el alargue): Primer Campeonato Mundial de Argentina.
Su alma de caudillo se empezó a forjar en Chacabuco, Provincia de Buenos Aires que lo vio nacer el 25 de mayo de 1953. En su pueblo natal comenzó a familiarizarse con la pelota y cuando aún era un joven adolescente debutó en la primera del club Argentino de Chacabuco. Pero no lo hizo como marcador central, posición en la que se convirtió en un suceso, sino como delantero. Años más tarde, aún siendo joven, fichó para Sarmiento de Junín, club que militaba en la Primera "C" de los Torneos de la AFA. Allí dejó las gambetas con la mira puesta en el área rival, para convertirse en un defensor de raza.
El delantero devenido defensor tenía un sueño: jugar en el fútbol grande, con más precisión en el club de sus amores de niño: Boca Juniors. Viajó a la Capital para darle forma a su deseo, pero fue desechado. La suerte quiso que el otro grande del fútbol argentino pusiera sus ojos en él. Por lo que no demoró en saltar a la fama nada menos que en River Plate.
River vio en este joven cualidades extraordinarias, las que de manera increíble no había observado su eterno rival. Y no dudó en incorporarlo a su plantel. Corría el año 1974. Poco después, formó parte del equipo de River Plate que obtuvo un campeonato luego de 18 años de sequía: en 1975. Entró en la historia muy rápido. Y lo hizo por méritos propios, nadie le había regalado nada. Muestra de su temperamento fue lo que le respondió al técnico Néstor "Pipo" Rossi cuando le preguntó el 14 de abril de 1974 ante Central si se animaba a entrar: la respuesta de Passarella fue terminante: "Discúlpeme que le conteste, yo me animo a jugar, hay que ver si usted se anima a ponerme".
Con la banda roja en el pecho no demoró en convertirse en imprescindible: temperamental, caudillo e ídolo. Marcador casi inexpugnable que rara vez perdía una pelota dividida, aseguraba casi el cero en su arco; no conforme con ello, debido a sus potentes y bien dirigidos remates y a sus temibles cabezazos, muy a menudo sacudía las redes rivales. Casi el ideal. Las estadísticas marcan que es el defensor que más goles anotó en fútbol local: 99.
Sus buenas actuaciones y sus logros obtenidos lo llevaron a integrar primero las selecciones juveniles y luego la mayor. Pero su máximo momento de gloria lo vivió en el Mundial Argentina'78. Con la cinta de capitán en su brazo y un despliegue inmenso se transformó en uno de los pilares más importantes del Seleccionado Campeón. Un país entero lo recuerda elevando la copa al cielo, la primera obtenida por nuestro país. El "Gran Capitán" cuatro años más tarde volvería a representar a nuestro país en el Mundial de España 1982, esta vez sin la misma suerte. Tal vez, la más grande decepción de su carrera fue no haber podido participar del Mundial de México'86. Formó parte del equipo, integró el equipo titular hasta el último amistoso disputado en la ciudad de Barranquilla (el 15 de mayo de ese año, ante el Junior de Colombia que terminó 0-0), pero una afección estomacal primero y luego un desgarro lo dejaron fuera del certamen. Tuvo empero un premio consuelo: colgarse la medalla de campeón.
En 1982, sin sospechar todas las peripecias que su vibrante carrera le pondría enfrente, dejó el fútbol local para desplegar todo su potencial en el por entonces campeonato más cotizado del mundo: el italiano. Desembarcó en la Fiorentina. Muy pronto, a fuerza de buenas actuaciones se convirtió en estrella de su equipo y hombre temido por las delanteras más poderosas de la Liga Italiana. El Inter de Milán lo fichó en 1986, donde continuó reafirmando su talento hasta 1988 cuando decidió emprender el regreso a River.
La vuelta al Monumental de Núñez en 1988 empezó a marcar el final de su carrera, como siempre: con buenas actuaciones y sin bajar su rendimiento. El 27 de julio de 1989 tras ganar un clásico contra Boca por 2 a 1, decidió retirarse de la actividad futbolística. Ese mismo día qué, con la azul y oro debutaba alguien que después triunfó en River: Sergio "La Bruja" Berti.
Su descanso no duró mucho: en 1990 debutó como técnico, por supuesto en River Plate. El éxito le sonrió muy pronto: completó el mandato de su ex compañero Reinaldo Carlos Merlo y obtuvo el Campeonato 89/90 y los Aperturas 1991 y 1993. Su ciclo se caracterizó por una permanente promoción de jóvenes valores. Sus triunfos lo catapultaron a la selección nacional. Fue en 1994. En 1995 ganó los Juegos Panamericanos en Mar del Plata tras vencer por penales a México en la final. Las eliminatorias Sudamericanas para el Mundial de Francia en 1998 fueron unos de sus mejores galardones: Argentina se clasificó primero. Este título instaló en el seno de la comunidad futbolística grandes esperanzas para el Mundial, pero las expectativas se frustraron en cuatros de final: sobre la hora, Argentina fue eliminada por Holanda, que le ganó 2-1.
Luego fue entrenador de la Selección Uruguaya; del Parma de Italia; de Monterrey de México donde se coronó campeón y tras un efímero paso por Corinthians de Brasil que se había reforzado con Carlos Tevez, volvió a su primer amor: River Plate. Fue en enero de 2006, donde por esas cosas de las vida, también asumió tras la renuncia de Reinaldo Carlos Merlo.
La suya es una carrera transitada por el mejor de los caminos: el que sólo recorren los grandes, los elegidos, los ídolos indiscutidos. Triunfos, glorias y emociones. Un reconocimiento que no sabe de fronteras ni de divisas. Daniel Alberto Passarella: una marca registrada, indeleble. Un grande de verdad. Un fenómeno con pergaminos suficientes para integrar un seleccionado ideal de todas las épocas.

. Su carrera:

Debut en la Selección Nacional: 20 de marzo de 1976, Unión Soviética 0 - Argentina 1 en Kiev.

Selección Argentina Clase "A" (1976/86):
70 partidos.
22 goles.

Selección Clase "B":
15 partidos.
3 goles.

Debut en Primera División: 14 de abril de 1974, Rosario Central 1 - River Plate 0.

Sarmiento de Junín 1973:
Partidos 36.
Goles 9.

River Plate 1974-1982 / 1988/89:
Partidos 330. 298 (Liga) y 32 (Copa Libertadores).
Goles 103. 99 (Liga) y 4 (Copa Libertadores).

Debut en la Liga Italiana 12 de septiembre de 1982, Firorentina 4 - Catanzaro 0.

Fiorentina, Italia 1982/86:
Partidos: 109 (liga), 25 Copa Italia y 5 Copa UEFA.
Goles: 39. 26 (Liga), 8 copa Italia y 1 copa UEFA.

Internazionale, Italia 1986/88:
Partidos: 69. 43 (Liga), 15 Copa Italia y 11 Copa UEFA.
Goles: 15. 9 (Liga) y 1 (Copa Italia) y 5 Copa UEFA.

. Títulos:

Selección Nacional: Copas Mundiales de 1978 y 1986, Torneo Esperanzas de Toulon 1975.
River Plate: Metropolitano 1975, Nacional 1975, Metropolitano 1977, Metropolitano 1979, Nacional 1979, Metropolitano 1980 y Nacional 1981.

. Su carrera como técnico:

River Plate 1990/94
Selección Argentina 1994/98
Selección Uruguaya 1999/2001
Parma, Italia 2001/02
Monterrey, México 2002/03
Corinthians, Brasil 2005
River Plate 2006/07

. Títulos como técnico:

Selección Nacional: Medalla de oro en los Juegos Panamericanos 1995 y de plata en los Juegos Olímpicos Atlanta 1996.

River Plate: Torneo 1989/90, Apertura 1991 y Apertura 1993.

Monterrey, México: Apertura 2003.



Amadeo Raúl Carrizo

Un innovador en el arco. A lo largo de su exitosa trayectoria sorprendió de manera permanente por su exquisita técnica. Elegante y de buen físico, no demoró en sobresalir por sus dotes de jugador-arquero. Un sello distintivo bajo los tres palos y fuera de ellos. Su habilidad le permitía estar siempre unos segundos adelante. Bueno para anticipar. Bueno para atajar. Y muy bueno para salir jugando y forjar contraataques. Alguien dijo que "de no haber existido el arco, lo hubiera inventado Amadeo". No cometió ninguna exageración. Jugó en la Primera de River Plate desde 1945 hasta 1968.

Nació el 12 de mayo de 1926 en Rufino, cuna del Gran Bernabé Ferreyra. En su Ciudad natal empezó a incursionar en el mundo del fútbol como centrodelantero. Años más tarde dejaría la tarea de convertir goles para dedicarse a evitarlos. La habilidad, la ubicación en el campo y el manejo de la pelota fueron herramientas que muy bien utilizó en su nueva posición de guardavallas.

Tuvo su bautismo en el fútbol profesional el 6 de mayo de 1945 en el partido River Plate (2) - Independiente (1). No demoró en sobresalir.
Con el conjunto de Núñez, Amadeo cosechó 7 campeonatos: 1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957. Fue el arquero de "La Máquina", legendario equipo de River que con su juego brillante y efectividad enamoró a propios y ajenos. El 14 de julio de 1968 dejó la institución que lo vio nacer, quedó con el pase en su poder. En su último encuentro en el estadio de Vélez, un gol de Carlos Bianchi puso punto final a un invicto de 769 minutos sin recibir goles en su valla.

Ya en sus postrimerías, defendiendo el arco de Alianza Lima, Perú, disputó un recordado partido ante Dinamo de Moscú, donde atajó Lev Yashin, que era considerado el mejor arquero del mundo. Luego pasó a Millonarios de Colombia, donde tras 2 temporadas, decidió ponerle fin a su carrera repleta de éxitos. Tenía 44 años.
En su dilatada trayectoria, defendió el arco de la Selección Nacional en 20 encuentros entre 1954 y 1964. Participó del Mundial de Suecia en 1958 y fue artífice del primer gran título internacional de nuestro país: La Copa de las Naciones de 1964 en Brasil. Argentina ganó sus 3 partidos (2-0 a Portugal, 1, 1-0 a Inglaterra y 3-0 a Brasil). Mantuvo el arco invicto y en el encuentro final le contuvo un penal al más que famoso Gerson.

El organismo de estadísticas de la FIFA, la Federación Internacional de Fútbol, Historia y Estadísticas, con sede en la ciudad alemana de Weisbaden, lo distinguió como el mejor arquero sudamericano del siglo XX. Entre sus émulos el más destacado fue Hugo Orlando Gatti. Como alguna vez lo describiera la Revista El Gráfico: "Amadeo fue un arquero sin época".

En junio de 2008, la Honorable Comisión Directiva del Club Atlético River Plate aprobó por unanimidad la imposición del nombre "Amadeo Raúl Carrizo" al nivel bajo de la tribuna General Belgrano del Estadio Monumental.

. Su carrera:

Selección Nacional (1954 - 64):
Partidos: 20.


River Plate (1945-1968)
Partidos: 521.

Alianza Lima de Perú (1968)

Millonarios de Colombia (1968-1970)


. Títulos:

Selección Nacional: Copa de las Naciones 1964.

River Plate: Primera División (1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957).



Y, por ultimo, al jugador que yo tomo como mi favorito...


Gabriel Omar Batistuta
Si hablamos de Gabriel Omar Batistuta, hablamos de gol. Conocedor del área, poseedor de una potencia extrema en ataque y una más que elogiable humildad personal. Atributos que sólo los grandes pueden exhibir. A lo largo de su exitosa carrera profesional, se convirtió en el máximo goleador de la Selección Nacional (56) y es, entre los argentinos, el que más tantos anotó en los Campeonatos Mundiales (10).

Batistuta nació el 1° de febrero de 1969. Fue en su tierra natal, Reconquista, donde comenzó a forjar ese idilio con el arco rival, esa simbiosis entre el arquero abatido y su grito de gol. Allí en la ciudad santafesina, empezó a dar sus primeros pasos en busca de la gloria, una gloria que demoró un poco en llegar pero que después no lo abandonó jamás.

"Bati", como cariñosamente se lo conoce, debutó en Primera División en 1988 defendiendo la camiseta de Newell's Old Boys de Rosario. Un año más tarde, pasó a uno de los clubes más grandes de la Argentina: River Plate, institución donde no pudo explotar su capacidad de rompe redes. Pero el fútbol, ya le estaba haciendo su guiño cómplice: En 1990 fue comprado por el archirrival Boca Juniors. En la Ribera todo fue distinto: se consagró como goleador, se recibió de ídolo y saltó a la Selección Nacional. Todo fue vertiginoso, como sus carreras, que casi de manera invariable, acababan derrotando a impotentes arqueros.

Sus primeros pasos con la celeste y blanca fueron brillantes, consiguió la Copa América de 1991 y fue galardonado con el Balón de Oro como el mejor jugador del certamen. Dos años más tarde, obtendría nuevamente este título. Luego, en la Selección, usó la camiseta número 9 en 3 mundiales: Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea/Japón 2002.

La excelente performance en Chile 1991, hizo que sus goles cruzaran el Atlántico y desembarcaran en el viejo continente. En 1991, llegó a la Fiorentina de Italia. Sus comienzos no fueron del todo buenos, al punto que tras su segunda temporada, el club perdió la categoría. De cualquier manera, un año más tarde, el conjunto de la ciudad de Florencia de la mano de sus goles (fue el máximo anotador de la Serie B) volvió a la Primera División. Fiel a su costumbre, continuó rompiendo redes, lo que lo convirtió en uno de los delanteros más codiciados por el universo futbolístico.

En 1998 logró un hito aún no superado: se transformó en el máximo goleador de la historia de la Selección. En un enfrentamiento por eliminatoria frente a Paraguay, anotó un gol clave que le permitió superar la marca que tenía hasta ese momento Diego Armando Maradona.

Su carrera, sustentada en su insaciable voracidad goleadora, continuó en ascenso en el fútbol italiano. En el 2000, después de 9 maravillosos años, dejó la Fiorentina para pasar a la Roma. En el equipo de la capital italiana obtuvo lo que le faltaba: el codiciado scudetto del Calcio. Un título que el club no lograba desde 1982 y para el cual "el Rey León", tal cual se lo conoce en la península itálica, hizo un aporte propio de su inagotable patrimonio: goles, goles, goles: marcó 20.

En enero de 2003 pasó a Internazionale de Milán, donde no le fue bien (sólo anotó 2 tantos) y luego pasó a Al Arabi de Qatar, donde cobró una fortuna por convertir goles durante casi 3 años (fue el máximo anotador de la temporada 2003/2004, con 26). Fue allí donde el 13 de marzo de 2005, le puso fin a una carrera llena de éxitos, por supuesto a lo grande: su equipo obtuvo el Campeonato.

Por su potencia en el área, por su excelente remate y por esa sociedad perpetua que se generó entre él y la red, quedará para siempre en la historia grande del fútbol argentino. Una imagen que no podrán deteriorar ni el tiempo, ni el moho, ni la desmemoria, porque la escribió con esa tinta indeleble e incorruptible que dejan rojas las manos y las gargantas, la que emana de la palabra más codiciada y mágica del fútbol: ¡¡¡GOOOL!!!

. Su carrera:

Debut en la Selección Nacional: 27 de junio de 1991, Argentina 1 - Brasil 1.

Selección Mayor 1991-2002:
Partidos: 78
Goles: 56


Debut en Primera División: 25 de septiembre de 1988, Newell´s Old Boys 1 - San Martín de Tucumán 0.

Newell's Old Boys 1988/89:
Partidos: 28. 24 (Liga) y 4 (Copa Libertadores)
Goles: 8. 7 (Liga) y 1 (Copa Libertadores)


River Plate 1989/90:
Partidos: 24. 21 (Liga), 2 (Copa Libertadores) y 1 (Supercopa)
Goles: 4. (Liga)

Boca Juniors 1990/91:
Partidos: 47. 34 (Liga), 12 (Copa Libertadores) y 1 (Supercopa)
Goles: 19. 13 (Liga) y 6 (Copa Libertadores)


Debut en la Liga Italiana: 1° de Septiembre de 1991, Juventus 1 - Fiorentina 0.

Fiorentina, Italia 1991-2000:
Partidos: 332. 243 (Serie A), 26 (serie B), 39 (Copa Italia), 21 (copas europeas), 1 (Supercopa Italiana) y 2 (Torneo Anglo-Italiano)
Goles: 207: 152 (Serie A), 16 (serie B), 24 (Copa Italia), 11 (copas europeas), 2 (Supercopa Italiana) y 2 (Torneo Anglo-Italiano)

Roma, Italia 2000-02:
Partidos: 86. 63 (Serie A), 1 (Copa Italia), 21 (copas europeas) y 1 (Supercopa italiana)
Goles: 33. 30 (Serie A), 1 (Copa Italia), 2 (copas europeas)

Inter, Italia 2003:
Partidos: 12
Goles: 2 (Serie A)

Debut en la Liga Qatarí: 10 de octubre de 2003, Sirija 0 - Al Arabi 2.

Al-Arabi, Qatar 2003-05:
Partidos: 26
Goles: 26

. Títulos:

Selección Nacional: Copa América (1991 y 1993), Copa Kirin World Annual (1992), Copa Rey Fahd (1992) y Copa Artemio Franchi (1993).
River Plate: Campeonato de Primera División (1989/90).
Fiorentina: Copa Italia 95/96, Supercopa Italiana (95/96), Campeonato Italiano Serie B (93/94).
Roma: Campeonato Italiano Serie A (2000/2001), Supercopa Italiana (2000/2001).
Al Arabi: Liga 2003/2004.

. Distinciones:

Máximo goleador de la liga italiana (1995, 26 goles).
Mejor jugador sudamericano del año (1994).
Máximo goleador de la Copa América en 1991 (6 goles) y en 1995 (4 goles).
Máximo goleador en la historia de Fiorentina.
Máximo goleador argentino en la historia del Calcio.
Máximo goleador en la historia de la
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