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Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Thomas S. Monson




Thomas Spencer Monson (21 de agosto de 1927) es un autor y líder religioso, y el 16º y actual presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona). Como presidente, Monson es considerado por los seguidores de la religión como un "profeta, vidente y revelador" de la voluntad de Dios en la tierra. Monson ha pasado la mayor parte de su vida participando en diversos puestos de liderazgo de la iglesia y en el servicio público.

Monson fue ordenado apóstol a los 36 años, sirvió en la Primera Presidencia bajo tres presidentes de la Iglesia y fue el Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles del 12 de marzo de 1995 hasta que se convirtió en Presidente de la Iglesia. Logró Gordon B. Hinckley como presidente de la Iglesia el 3 de febrero de 2008.

Monson ha recibido cuatro doctorados honorarios, así como los premios más altas del Escultismo. Monson es el Presidente de los Consejos de Administración Iglesia / Educación del Sistema Educativo de la Iglesia, y fue nombrado por Ronald Reagan al Grupo de Trabajo del Presidente de los EE.UU. para Iniciativas del Sector Privado. Monson está casado con Frances Beverly Johnson Monson, y ellos son los padres de tres hijos.

Thomas S. Monson nació el 21 de agosto de 1927 en el Hospital de St. Marks de Salt Lake City, Utah, Estados Unidos, el segundo de seis hijos nacidos de G. Spencer Monson y Gladys Condie.



Cuenta con antepasados ingleses y escoceses, y creció en una familia entrelazada, muchos de sus familiares viviendo en la misma calle de la de su familia.1 Sus tatarabuelos fueron Charles Stewart Miller y M.McGowan Miller, miembros escoceses quienes dejaron su hogar natal en Rutherglen y viajaron a St.Louis, Missouri en 1849. Ellos tuvieron 11 hijos e hijas, entre ellas Margaret, la bisabuela del presidente. Estando la familia Miller en St.Louis preparando el viaje a Lago Salado, se desató una explosiva plaga de cólera que asoló con muerte a varios miembros infantes de los antepasados del presidente incluyendo los tatarabuelos. Los 9 hijos sobrevivientes quedaron huérfanos de padre y madre y tuvieron que encargarse de las exequias de los miembros muertos con mucha dificultad. A pesar de todo, ellos fieles a su testimonio continuaron con las metas propuestas por sus padres y con gran tesón y esfuerzo en medio de privaciones materiales llegaron a Utah en 1850, entre ellos Margaret con apenas 14 años de edad.

Desde su niñez,Thomas S. Monson junto con muchos de sus familiares, frecuentaban los fines de semana en granjas de otros familiares al oeste del Valle de Lago Salado.

En recientes viajes a México,Thomas S. Monson ha indicado que siente un apego personal por los mexicanos, dado que creció en Salt Lake City en un barrio con muchos residentes de ese país. Monson asistió a la secundaria en el corazón de Salt Lake City desde 1940—1944, donde completó su enseñanza preliminar. En su adolescencia trabajó con frecuencia en la imprenta donde su padre era el gerente general.



Thomas S. Monson fue confirmado obispo en un barrio de Salt Lake a la temprana edad de 22 años, donde había servido como secretario y consejero del obispo anterior, siendo uno de los más jovenes en ser llamado a este llamamiento. El barrio tenía unos 1.000 miembros, entre ellos unas 90 viudas a las cuales visitó con esmero y dedicación.4 Con frecuencia se escucha a líderes de la iglesia mencionar que Thomas S. Monson continuó visitando a las viudas de su congregación aún después de sus cinco años de servicio como obispo.Eventualmente, Thomas S. Monson discursó en los funerales de cada una de estas ancianas.

A los 27 años, en 1954, es llamado a ser consejero del presidente de la estaca de Salt Lake City. Es luego llamado como presidente de misión en la región de Canadá (Ontario-Quebec) a los 32 años,

Para su regreso a su país al concluir la misión en Canadá, Thomas S. Monson reanudó su trabajo en Deseret News hasta que fuese ordenado apóstol de la iglesia en 1963 a los 36 años de edad, el hombre más joven de ser llamado al oficio de apóstol desde 1910 cuando Joseph Fielding Smith fue ordenado a la edad de 33 años.



Como apóstol se ocupa de las labores educativas de los programas de la iglesia y además hace apertura misional en 1982, hacía la Cortina de Hierro en el bloque de países de la órbita socialista, logrando en 1985 obtener permiso para construir en la República Democrática Alemana el templo de Freiberg, en Sajonia. Fue una labor condenada por los críticos de la iglesia, en especial por la apariencia de alianzas entre la iglesia y comunistas alemanes de la época.

Thomas S. Monson fue director del comité de la iglesia para la publicación de sus escrituras, comité que en 1970 dirigió la publicación de la edición de las escrituras de la iglesia, incluyendo el añadido de concordancias, referencias y notas de pie de páginas entre los libros canónicos—El Libro de Mormón, Doctrina y Convenios y la Perla de Gran Precio—y la verisón King James de la Biblia en inglés. También presidió sobre los comités de impresión de la iglesia, ejecutivo misional y de bienestar general.

En sus discursos públicos, Thomas S. Monson tiene la reputación de ser un narrador de voz suave y compasiva de historias de individuos que resuelven sus desafíos por medio de la fe, una cualidad usada negativamente por los críticos del liderazgo de la iglesia SUD

Tras la muerte del presidente Spencer W. Kimball en 1985, Thomas S. Monson es llamado como segundo consejero de la Primera Presidencia bajo la dirección del nuevo presidente de la iglesia Ezra Taft Benson, a sus 58 años de edad. Continúa en este cargo, nuevamente con el calificativo de ser el miembro-más-jovén en ocupar el cargo, desde que Rudger Clawson se unió a la Primera Presidencia a los 44 años en 1901.

En 1995, es nombrado primer consejero de la Presidencia bajo la dirección de Gordon B. Hinckley y simultáneamente es el Presidente del Quorum de los 12 Apóstoles. Ejerce dichos cargos hasta la muerte de Hinckley, el 27 de enero de 2008. Durante los servicios fúnebres del presidente Hinckley fue el responsable de organizar y representar a la Iglesia.



Como miembro de las autoridades mundiales de la iglesia SUD, Thomas S. Monson ha servido como enviado internacional y a supervisado la expansión de programas humanitarios. Thomas S. Monson es reconocido por formar asociaciones ecuménicas con otras denominaciones, un esfuerzo que planea continuar como presidente de la iglesia mormona

Thomas S. Monson es elegido como el decimosexto presidente de la iglesia, con el llamamiento de Profeta, Vidente y Revelador el día lunes 4 de febrero de 2008 y fue presentado como presidente de la iglesia el día 10 de febrero de ese año. Pte. Monson, el apóstol de mayor antigüedad para la muerte del Pte. Hinckley, fue sostenido como Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días el día 5 de abril en la Asamblea Solemne que se realizó en la Conferencia General. Escogió a los élderes Henry B. Eyring y Dieter F. Uchtdorf como primer y segundo consejero respectivamente.6 El llamar al presidente de la iglesia SUD se fundamenta en un patrón de sucesión apostólica desde comienzos del siglo XX, en la que el puesto siempre pasó al miembro de más antigüedad en el Quórum de los Doce Apóstoles de la iglesia. Thomas S. Monson fue ordenado a su posición como presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en una ceremonia privada dentro del Templo de Salt Lake City. Thomas S. Monson, a los 80 años de edad, es el hombre más joven en ocupar el cargo de presidente de la iglesia SUD desde Spencer W. Kimball en 1973, quien tenía 78 años en ese año, un llamamiento que dura de por vida.

Para cuando Thomas S. Monson nació había en la iglesia menos de 650 mil miembros, la mayoría de ellos en el oeste de los Estados Unidos. Cuando fue sostenido como presidente, la iglesia contaba con más de 13 millones de miembros, la mayoría de los cuales viven fuera de los Estados Unidos y Canadá.

Algunas citas de Thomas S. Monson para relfexionar

¿El profeta mormón es un cristiano?

Thomas S. Monson es el actual profeta mormón. Muchas personas se preguntan si los mormones son cristianos. Al considerar lo que la Biblia dice acerca de lo que es un cristiano y al examinar las enseñanzas del profeta actual, podemos decidir si los mormones y su profeta mormón son cristianos o no.

La palabra “cristiano” aparece sólo unas pocas veces en la Biblia, siempre como un término que los no cristianos utilizan para describir a los seguidores de Jesucristo. Ellos fueron llamados así por primera vez en Antioquía por las personas que vivían allí, y este evento se registró en el Libro de los Hechos, después de la muerte de Jesús. Por lo tanto, no resulta útil investigar en la Biblia lo que se dice acerca de quién es un cristiano. Sin embargo, podemos saber qué dice la Biblia acerca de ser un discípulo de Jesucristo.

En la Biblia no se encuentra la palabra trinidad ni tampoco se enseña allí su concepto. La trinidad es una inadecuada herramienta de evaluación para el cristianismo ya que fue inventada después de la muerte de Jesús.

Entonces, ¿qué dijo Jesús sobre el tema de ser un cristiano?

En la época de Jesús, el término “discípulo” era utilizado para describir a los doce apóstoles. Su explicación de lo que es un discípulo puede ayudarnos a decidir lo que Él consideraba la definición de cristiano, ya que el término discípulo se refiere al seguimiento de Cristo. Un profeta mormón es un discípulo de Cristo, y las cosas que Jesús dijo acerca de Sus discípulos en los tiempos antiguos también se aplican a Thomas Monson.



Reconocer a Dios y a Jesús

El primer criterio de Jesús es que debemos reconocer que Cristo y Su Padre son reales y que debemos honrarlos. Estas escrituras muestran que son seres diferentes y que ambos deben ser reconocidos:

Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre. Todo aquel que confiesa al Hijo tiene también al Padre. (1 Juan 2:23)

Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió.

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me ha enviado tiene vida eterna y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida (Juan 5: 23-24).

Guardar los mandamientos

Otro requisito para ser un discípulo de Jesucristo es guardar los mandamientos. El Nuevo Testamento tiene numerosas referencias al requerimiento de Dios de que guardemos Sus mandamientos.

Dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos (Juan 8:31).

Si me amáis, guardad mis mandamientos. (Juan 14:15).

Amarse los unos a los otros

El tercer requisito que se encuentra numerosas veces en el Nuevo Testamento es amarnos los unos a los otros y tratar a todos como a una familia – la familia que se ama.

En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si tenéis amor los unos por los otros. (Juan 13:35).

Podemos ver que la Biblia realmente no ofrece una lista de doctrinas específicas en las cuales creer si deseamos ser cristianos. Lo que sí dice es que debemos amar a Jesucristo y a Dios, reconocer su realidad y divinidad, tratar bien a los demás y vivir el Evangelio.

Thomas S. Monson, el profeta mormón, ha sido un cristiano toda su vida. Él se crió en una familia que practicaba la caridad cristiana sobre una base regular. Los hombres sin hogar que viajaban por los rieles sabían que podían encontrar una buena comida en la cocina de su madre. Él ayudaba a sus padres a llevar comida y regalos a los necesitados. En su niñez, ofreció su testimonio a la madre desconsolada de un joven soldado que murió, asegurándole que el sacrificio de Jesucristo había salvado a su hijo y le permitiría vivir de nuevo.

En su adultez, el Presidente Monson continuó el modelo que sus padres le enseñaron. Es conocido por el cariño que les dio a las 85 viudas de la congregación que él presidía cuando era adulto joven. Se aseguró de que cada una tenga un pollo fresco para la cena de Navidad. Las visitó en sus hogares y más tarde en los asilos. Habló en cada uno de sus funerales. Thomas Monson reunía alimentos, ropa y otros artículos de primera necesidad para las personas necesitadas que estaban bajo su cuidado en su congregación.

A lo largo de su vida, él ha predicado la necesidad de gran amor y bondad hacia los demás, especialmente a los que están en necesidad. Con frecuencia, da testimonio de Jesucristo y anima a los miembros de la Iglesia a seguir el ejemplo que Él estableció. Además, anima a los mormones a leer la Biblia y aprender sobre la vida y el ministerio de Jesucristo.

En 1990, Thomas S. Monson pronunció un discurso denominado “The Search for Jesus”-Ensign-revista SUD en inglés, diciembre de 1990. En él, dijo,

Desde tiempos inmemoriales, el mensaje de Jesús siempre ha sido el mismo. Él dijo a Pedro, junto al hermoso mar de Galilea: “…[Ven] en pos de mí”. Dijo a Felipe: …“Sígueme”. Dijo al levita que se sentaba en el banco de los tributos públicos: …“Sígueme”. Ustedes y yo, si tan sólo lo escuchamos, recibiremos idéntica invitación: “Sígueme”.

Destacó los esfuerzos que las personas hacen en su búsqueda personal de Jesús a lo largo de la historia. Algunos por error se dirigieron a ídolos o siguieron las Cruzadas o debatieron la verdad en los consejos, como el de Nicea.

El presidente Monson nos recuerda que así no es cómo encontramos a Cristo. No encontramos a Cristo ni la verdad en los debates, votaciones o en los modelos mundanos. La manera de encontrar a Cristo es siguiendo el modelo que nos ha dado el mismo Cristo:

La fórmula para encontrar a Jesús siempre ha sido y será la misma: la oración ferviente y sincera de un corazón humilde y puro. El profeta Jeremías aconsejó: “y me buscaréis y me hallaréis cuando me busquéis con todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).

Antes de que podamos emprender con éxito una búsqueda personal de Jesús, lo primero que debemos hacer es preparar tiempo para Él en nuestras vidas y espacio para Él en nuestros corazones. En estos días atareados son muchos los que tienen tiempo para jugar golf, tiempo para ir de compras, tiempo para trabajar, tiempo para jugar, pero no tienen tiempo para Cristo.

Hogares hermosos llenan la tierra y proporcionan habitaciones para comer, habitaciones para dormir, salas de juegos, salas de costura, salas de televisión, pero no tienen espacio para Cristo.

Tenemos un remordimiento de conciencia al recordar sus propias palabras: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo, nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (Mateo 8:20). O nos da vergüenza al recordar: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7). Ningún lugar. Ningún lugar. Ningún lugar. ¿Alguna vez ha habido?

Como discípulo de Jesucristo, Thomas Monson trabaja para animar a la gente a encontrar más tiempo para su búsqueda personal de Cristo. También ayuda a la gente a entender el proceso de hacer esa búsqueda.

La oración, Thomas Monson nos recuerda, es un factor clave en la búsqueda de Cristo. Al orar, construimos nuestra relación con Jesucristo y con Dios y aprendemos a reconocer cuando ellos están hablando con nosotros. Aprendemos a distinguir Sus voces de todas las demás, sabiendo que en Santiago 1:5 del Nuevo Testamento, se nos dice que Dios promete darnos sabiduría si la pedimos con fe, y Dios siempre cumple sus promesas.

Thomas S. Monson recuerda a la gente a tener un claro concepto del Jesucristo que están buscando. Ellos no están buscando el bebé en la historia de Navidad. Estamos buscando al magnificado y resucitado Jesucristo, Hijo de Dios y Redentor de la Humanidad.

El profeta mormón nos dice que una vez que encontremos a Jesucristo, debemos llevarle regalos. Los Reyes Magos llevaron oro, incienso y mirra, pero de nosotros, Cristo pide otro tipo de regalo. Él quiere que nos entreguemos a Él. Esto requiere una mayor intensidad en la entrega de regalos. ¿Cómo nos entregamos a Jesucristo? Un cristiano observará que la Biblia, tal como se muestra arriba, dice que una manera de hacerlo es sirviendo a los demás. El Libro de Mormón dice que cuando servimos a los demás estamos al servicio de Dios.

El Libro de Mormón describe otra de las responsabilidades de aquellos que tratan de ser cristianos y entregarse a Jesucristo. Se dice que cuando somos bautizados hacemos un pacto (promesa) de presentarnos como testigos de Dios.

9 Sí, y estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios, y seáis contados con los de la primera resurrección, para que tengáis vida eterna;

10 Os digo ahora, si éste es el deseo de vuestros corazones, ¿qué os impide ser bautizados en el nombre del Señor, como testimonio ante él de que habéis concertado un convenio con él de que lo serviréis y guardaréis sus mandamientos, para que él derrame su Espíritu más abundantemente sobre vosotros? (Mosíah 18 en el Libro de Mormón).


Esta escritura nos dice que un verdadero cristiano sirve a los demás con compasión. También nos dice que estamos llamados a ser testigos de Dios en todo momento. Esto es, para muchos, la parte más difícil de ser un cristiano.

Ser un verdadero cristiano no se trata de sentarse en la iglesia durante unas horas cada domingo, a pesar de que es parte de ello. No se trata sólo de ser bautizado o de una acción para “ser salvado” de una vez. Se trata de vivir cada momento de nuestras vidas por Cristo, siendo testigos de Él. Tomamos en nosotros mismos Su nombre cuando somos bautizados y eso significa que tenemos la responsabilidad de llevar bien Su nombre, representarlo en con honor, incluso cuando implique un sacrificio personal.

A veces, ser un cristiano y aún más a menudo ser un cristiano mormón significa enfrentarse a la discriminación, a la persecución y a privaciones. Esto significa en ocasiones se enfrentará a injurias, descubriendo así que a pesar de las leyes se le niega un empleo o el mismo trato que otros reciben en su profesión. A veces, significa que un maestro atacará su fe en clases. Sin embargo, estos son asuntos temporales. Para un cristiano, la perspectiva eterna es la que cuenta. Cuando se ve desde el esquema eterno de las cosas, los desafíos de ser un cristiano son mínimos en comparación con las bendiciones de ser un cristiano.

El profeta mormón ha pasado la mayor parte de su vida enseñando sobre Jesús y sirviendo a Cristo. Él ha pasado incontables horas en servicios voluntarios como líder en una iglesia laica. Es conocido por pasar incontables horas sirviendo a personas, así como a la iglesia en su conjunto.

¿El profeta mormón es cristiano?

Por sus frutos los conoceréis. ¿Se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?

17 Así, todo buen árbol da buenos frutos, mas el árbol malo da malos frutos.

18 No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos.

19 Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.

20 Así que, por sus frutos los conoceréis

21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7).

Citas de Thomas S. Monson sobre el juzgar a los demás

En una conferencia reciente para las mujeres mormonas Thomas S. Monson animó a las mujeres a ser más amables entre ellas y evitar las críticas. A continuación está la cita de ese sermón y de varios pensamientos de discursos anteriores sobre el tema de no juzgar a los demás.

Cada persona es única

Mis queridas hermanas, cada una de ustedes es única. Ustedes son diferentes entre sí en muchas formas. Hay algunas de ustedes que son casadas. Algunas se quedan en casa con sus hijos, mientras otras trabajan fuera del hogar. Algunas de ustedes se quedaron con el nido vacío. Hay otras que están casadas, pero no tienen hijos. Hay algunas que están divorciadas y otras que son viudas. Muchas de ustedes son solteras. Algunas tienen títulos universitarios, y otras no. Hay algunas que pueden permitirse ropa de última moda y hay quienes son afortunadas si poseen un atuendo dominical apropiado. Tales diferencias son casi innumerables. ¿Nos tientan dichas diferencias a juzgarnos los unos a los otros?

La Madre Teresa, una monja católica que trabajó entre los pobres de India la mayor parte de su vida, dijo una profunda verdad: “Si juzgan a las personas, no tendrán tiempo de amarlas”. El Salvador nos ha amonestado: “Éste es mi mandamiento: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado”. Yo pregunto: ¿Podemos amarnos los unos a los otros si nos juzgamos unos a otros? Y respondo, junto a la Madre Teresa: No; no podemos. (Reunión General de la Sociedad de Socorro, 25 de setiembre de 2010).

Valor para abstenerse de juzgar

Permítanme hablar primero del valor para abstenerse de juzgar a los demás. Quizás se pregunten: “¿Eso realmente requiere valor?”. Yo les respondería que creo que hay muchas ocasiones cuando abstenerse de juzgar—o de decir chismes o criticar, cosas que por cierto son similares a juzgar— requiere un acto de valor.

Lamentablemente, hay quienes sienten la necesidad de criticar o denigrar a los demás. Sin duda, ustedes se habrán encontrado con ese tipo de personas y lo harán en el futuro. Mis queridas amiguitas, no existe la necesidad de preguntarse cómo debemos comportarnos en esas situaciones. En el Sermón del Monte, el Salvador declaró: “No juzguéis”. Más adelante, amonestó: “Cesad de criticaros el uno al otro”. Al estar rodeadas de sus compañeras y sientan la presión del grupo para criticar y juzgar, se requerirá verdadero valor para no participar en ello.

Me atrevo a decir que hay jovencitas a su alrededor que, debido a los comentarios hirientes y críticas que ustedes han hecho, a menudo quedan excluidas. Parece ser lo normal, en especial en esta época de su vida, ser cruel o evitar a las personas que parezcan ser diferentes o no concuerden con lo que nosotros o los demás creen que deberían ser.

El Salvador dijo:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros. …

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”

Thomas S. Monson, “Tengan valor”, Liahona, mayo de 2009, págs. 123-127

El peligro de las etiquetas

A veces, las ciudades y las naciones llevan sus etiquetas especiales de identidad. Éste era el caso de una fría y vieja ciudad del este de Canadá, a la cual los misioneros llamaban “Kingston, la Ciudad de Piedra”. En los seis años anteriores sólo había habido un converso a la Iglesia en Kingston, aunque durante todo ese período los misioneros asignados habían estado trabajando constantemente; nadie se bautizaba allí; cualquier misionero que hubiera estado en esa ciudad atestiguaría esto. Para ellos, el tiempo que pasaban en Kingston era como si lo pasaran en prisión. Para los misioneros, su más grande deseo, incluso sueño, era que lo trasladaran a otro lugar, a cualquier otro lugar que no fuera ése.

Mientras oraba y meditaba sobre ese lamentable dilema, como lo requería mi responsabilidad de presidente de la misión, mi esposa me hizo notar un pasaje del libro A Child’s Story of the Prophet Brigham Young [Historia de Brigham Young, relato para niños] y me leyó que Brigham Young (1801-1877) llegó a Kingston, Ontario, Canadá, en un frío y nevoso día. Predicó en la ciudad unos treinta días y bautizó a cuarenta y cinco almas. Allí estaba la respuesta. Si el misionero Brigham Young había podido lograr el éxito, también podían hacerlo los misioneros actuales.

Sin dar explicaciones, retiré a los misioneros de Kingston, a fin de romper el ciclo de frustración; luego, hice circular esta noticia: “Pronto abriremos a la obra misional una nueva ciudad, la misma en la que predicó Brigham Young, bautizando a cuarenta y cinco personas en treinta días”. Los misioneros empezaron a especular en cuanto al lugar. En sus cartas semanales imploraban ser asignados a ese paraíso terrenal. Así pasó el tiempo; entonces, fueron seleccionados cuatro misioneros––dos nuevos y dos con experiencia–– para aquella aventura proselitista. Los miembros de la pequeña rama prometieron su apoyo; los misioneros prometieron su vida; y el Señor honró sus promesas.

En solo tres meses, Kingston se convirtió en la ciudad más fructífera de la Misión Canadá. Los edificios de piedra gris todavía estaban allí, la apariencia de la ciudad no había cambiado, la población seguía siendo la misma; lo que había cambiado era la actitud. Y la etiqueta de la duda había dado paso a la de la fe.

Thomas S. Monson, “Etiquetas”, Liahona, setiembre de 2000, págs. 5-6.



Paciencia con los jóvenes


Una correcta perspectiva de nuestros jóvenes es totalmente esencial para aquellos llamados a servirles. Ellos son jóvenes, flexibles, ansiosos, y llenos de infinita energía. A veces cometen errores. Recuerdo una reunión donde nosotros los de la Primera Presidencia y los Doce estuvimos revisando un error de juventud que cometió un misionero. El tono fue serio y más bien crítico, cuando el Élder LeGrand Richards dijo: “Ahora, hermanos, si el buen Señor hubiera querido poner la cabeza de una persona de cuarenta años en el cuerpo de una persona de diecinueve, Él lo hubiera hecho. Pero, no lo hizo así. Colocó la cabeza de un joven de diecinueve años en un cuerpo de un joven de diecinueve años, entonces debemos ser más comprensivos”. La actitud del grupo cambió, el problema se resolvió y continuamos con la reunión.

Citas de Thomas S. Monson sobre la moralidad


Thomas S. Monson es el profeta de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros a veces son llamados mormones. Él es llamado para compartir la palabra de Dios y para enseñar las creencias mormonas. En las siguientes citas, él habla sobre la moralidad y la importancia de mantener los estándares morales de Dios, incluso si el mundo se burla de usted por hacer esto.



La maldad nos rodea

Hace muchos años, en una asignación en las bellas islas de Tonga, tuve el privilegio de visitar la escuela de la Iglesia, la escuela secundaria Liahona, donde a los jóvenes les enseñan maestros que tienen un vínculo común de fe, que imparten capacitación para la mente y preparación para la vida. En esa ocasión, al entrar en un aula, me di cuenta de que los alumnos escuchaban absortos a su instructor tongano. Tanto él en su escritorio como ellos en los pupitres tenían los libros cerrados. El maestro tenía en la mano un raro anzuelo hecho con una piedra redonda y con grandes caracolas. Aprendí que eso era un maka-feke, una trampa para pulpos. En Tonga, el pulpo es un exquisito manjar

El maestro explicó que los pescadores de Tonga se deslizan sobre los arrecifes remando su canoa de balancines con una mano y oscilando el maka-feke con la otra. El pulpo sale de su guarida rocosa y se lanza sobre el cebo, confundiéndolo con un deseado manjar. Tan tenaz es el apretón de los tentáculos del pulpo y tan firme su instinto de no soltar la preciada presa, que los pescadores lo levantan y lo ponen directamente en la canoa.

Fue fácil para el maestro pasar de ahí a explicar a los anonadados jóvenes que el maligno, o sea, Satanás, ha creado maka-fekes, por así decirlo, para atrapar a las personas desprevenidas y apoderarse de su destino.

Hoy estamos rodeados de los maka-fekes que el maligno oscila ante nosotros y con los que intenta atraernos y luego atraparnos. Una vez que la persona los agarra, es sumamente difícil soltarlos, y a veces hasta casi imposible. Para protegernos, debemos reconocerlos por lo que son y después ser firmes en nuestra determinación de evitarlos

Constantemente ante nosotros está el maka-feke de la inmoralidad. Casi en todo lo que vemos, hay quienes quieren hacernos creer que lo que antes se consideraba inmoral ahora es aceptable. Pienso en el pasaje de las Escrituras: “¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que ponen tinieblas por luz, y luz por tinieblas”. 1 Tal es el maka-feke de la inmoralidad. En el Libro de Mormón se nos recuerda que la castidad y la virtud son preciadas sobre todas las cosas.

Cuando la tentación llega, recuerden el sabio consejo del apóstol Pablo, quien declaró: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”.

Thomas S. Monson “Leales a la fe”, Liahona, mayo de 2006, págs. 18-21



Responsabilidad personal por la moralidad

El doctor Karl Menninger, el destacado científico que fundó y puso en marcha el mundialmente conocido centro psiquiátrico de Topeka, estado de Kansas (Estados Unidos), señaló que la única forma en que nuestra doloida, atribulada y perturbada sociedad puede esperar prevenir las enfermedades sociales que la cosan es si reconoce la realidad del pecado. Esa idea es el tema de su famosa publicación Whatever Became if sin? (¿Qué ha sucedido con el pecado?), en la que hace una súplica a los seres humanos para que nos detengamos y contemplemos lo que nos estamos haciendo a nosotros mismos, a los demás y a nuestro universo. El doctor Menninger hizo referencia a Sócrates, que se hizo la pregunta: “¿Por qué los hombres, sabiendo lo que es bueno, hacen lo malo?” El doctor Menninger dijo: “He llegado a la conclusión de que la generalizada excusa de que todos lo hacen, tan prevalente en el mundo actual de los negocios, está debilitando a las personas. Es preciso comprender que nosotros mismos tenemos la responsabilidad de corregir nuestras transgresiones individuales: las mentirillas que suponemos son inofensivas, el fraude menor, la apatía, cosas ésas que caracterizan nuestra falta de interés en lo que pasa a nuestro alrededor. Además, recalcó: “Si todas las personas volviera a ser conscientes del concepto de la responsabilidad personal y el hombre una vez más volviera a sentir culpabilidad por sus pecados y se arrepintiera y estableciera una conciencia que le sirviera de freno a los pecados, la esperanza volvería otra vez al mundo”.

Permítanme compartir con ustedes una lección que aprendí cuando era niño. Por cinco generaciones, nuestra familia ha sido propietaria de una cabaña de verano en el parque Vivian, en el cañón de Provo. Para mí, los meses de julio y agosto significaban salir a caminar, a pescar y a nadar a diario en el “pozo” de natación en el que había una enorme roca desde la cual nos lanzábamos hacia las veloces corrientes que se estrellaban violentamente contra ella formando peligrosos remolinos. La mayoría de los nadadores solían lanzarse al as frías aguas y se dejaban arrastrar por la corriente, pasando a toda velocidad por la enorme roca para por último llegar hasta las aguas tranquilas y la acogedora ribera arenosa del río; digo la mayoría, excepto uno. Se llamaba “Beef” Peterson. En su traje de baño llevaba inscrito el título de “Salvavidas”, y su cuerpo era muestra de gran fuerza. Al igual que los demás, Beef se lanzaba al agua nadando con rapidez corriente abajo en medio de los remolinos, para de pronto darse vuelta y empezar a nadar corriente arriba. Por un corto trecho, sus poderosas brazadas lo impulsaban hacia adelante, pero luego la velocidad de la corriente lo mantenía en un mismo lugar mientras él luchaba con todas sus fuerzas contra el río. Después de un rato, Beef se cansaba, se echaba hacia atrás y empezaba a nadar plácidamente hacia la orilla, exhausto. El nadar contra la corriente llegó a ser una de las características de Beef Peterson.

Mis hermanos y hermanas, estoy seguro de que muchas veces tenemos el deber y la responsabilidad de nadar contra la corriente y contra la ola de la tentación y del pecado. Al hacerlo, tendremos más fortaleza espiritual y podremos desempeñar nuestras responsabilidades divinas.

Thomas S. Monson, “La felicidad… la búsqueda universal”, Liahona, marzo de 1996, 4-5

Valor para defender la rectitud

En las cuatro décadas desde la Segunda Guerra Mundial, los niveles de moralidad han disminuido una y otra vez. En la actualidad hay más personas en la cárcel, en reformatorios, con libertad condicional, y en más problemas que nunca antes. Desde cuentas de gastos ficticias hasta grandes latrocinios, desde delitos menores hasta crímenes de pasión, las cifras son más altas y siguen incrementándose. La delincuencia asciende en espirales; la decencia desciende a toda velocidad. Muchos están en una gigantesca montaña rusa de desastre, buscando emociones del momento mientras sacrifican la felicidad eterna. Conquistamos el espacio pero no podemos controlarnos. Por lo tanto, perdemos el derecho a la paz.



¿Podemos de alguna manera reunir el coraje y esa firmeza de propósito que caracterizaba a los pioneros de una antigua generación? ¿Ustedes y yo, en hechos actuales, podemos ser pioneros? Un diccionario define a un pionero como “uno que va antes, mostrando a los demás el camino para seguir. ¡Oh, el mundo sí que necesita pioneros en la actualidad!”.

Olvidamos cómo los griegos y romanos prevalecieron magníficamente en un mundo primitivo y cómo ese triunfo terminó, cómo la pereza y la debilidad llegaron finalmente hacia ellos para arruinarlos. Al final, ellos quisieron más que libertad, querían seguridad, una vida cómoda; y lo perdieron todo––seguridad, comodidad y libertad. Desde la confusión de nuestro mundo moderno, las personas sinceras inquisitivamente se preguntan a sí mismos: “¿A quién debemos escuchar? ¿A quién debemos seguir? ¿A quién debemos servir?”

En la actualidad, el conflicto crónico se impregna hasta en el interior personal del Príncipe de Paz. Sin embargo, sobre los conflictos de contención declaró que el “espíritu de contención no es mío, sino es del diablo” (3 Nefi 11:29).

Pero si tenemos oídos que realmente escuchan, seremos conscientes del eco del antiguo Capernaúm. Aquí la multitud rodeaba a Jesús, trayendo a sus enfermos para ser sanados. Aquí un hombre paralítico levantó su lecho y anduvo, y la fe de un centurión romano restauró la salud de su siervo.

Muchos dieron la espalda a nuestro Hermano Mayor, quien decía: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan14:6), y siguieron ciegamente tras ese Flautista de Hamelín del pecado quién nos guiaría hacia pendientes resbalosas para nuestra propia destrucción. Satanás astutamente llama a almas con problemas con sonidos verdaderamente tentadores.



No respondan a este señuelo; por el contrario, manténganse firmes en la verdad. Los anhelos insatisfechos del alma no serán calmados por una búsqueda interminable de alegría entre las emociones de sensación y vicio. El vicio nunca lleva a la virtud. El odio nunca promueve el amor. La cobardía nunca proporciona coraje. La duda nunca inspira fe.


Para algunos es difícil resistirse a las bromas y a observaciones desagradables de algunas personas tontas que ridiculizan la castidad, la honestidad, y la obediencia a los mandamientos de Dios. Pero el mundo siempre ha denigrado la adherencia al principio. Cuando se le mandó a Noé construir un arca, el tonto populacho miraba al cielo despejado, luego se mofaban y abucheaban–– hasta que llegó la lluvia.



Espero les haya gustado y me dejen puntos. Sobretodo los miembros de la Iglesia. Gracias.


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