InicioArteSe acerca la V6 (cuento)

Se acerca la V6 (cuento)

Arte1/12/2013
Se acerca la V6 (cuento)








"Androide V5, preséntese a la unidad de control. Repito. Androide V5, preséntese a la unidad de control."


V5 se acercó a la sala, donde lo esperaban un grupo de científicos, expertos en Robótica, que lo analizaban cada cierto tiempo.

—V5, permanezca en pie.

Con un leve gesto de afirmación con la cabeza, les indicó que había escuchado.

Los investigadores lo miraban como a una cosa, a pesar de su apariencia humana. Uno de ellos, el más viejo, empezó a hablar.

—Queremos informarle que su sistema es obsoleto y pronto será sustituido por un modelo más avanzado. Ha sido un buen androide, pero ya no nos sirve. Hasta las cosas buenas tienen que ser reemplazadas por otras mejores.

El androide miraba sin expresión.

—Si eso es lo que conviene hacer, adelante.

—Creo que no me ha entendido bien, androide V5. Cuando eso suceda, ya no habrá propósito alguno para usted. Quedará completamente inútil...

La voz monótona y carente de sentimientos del androide se dejó oír:

—¿Me eliminarán?
—De ninguna manera. Hemos invertido millones para fabricarlo. Lo que vamos a hacer es guardarlo, como objeto de interés histórico.
—Costará mucho mantenerme en funcionamiento. Será un gasto innecesario.
—Estamos dispuestos a afrontarlo.
—De acuerdo.
—Puede retirarse.

La orden fue seca, como el resto de las palabras, y fue seguida de la obediencia del androide.

Aunque V5 se mostró dócil, la verdad es que había sentido preocupación. Se extrañaba que semejante emoción humana se hiciera presente en su sistema, pero a veces ocurría, debido a que también poseía una parte orgánica. De todas maneras, su núcleo cerebral era robótico y, por eso, era realmente raro que tuviera sentimientos.

Esta vez, lo que le ocurría era que todo el sentido de su existencia iba a ser eliminado. De proyecto interesante a máquina inservible, así habían cambiado las cosas. Todavía recordaba sus primeros años, cómo creció como un niño de apariencia normal. Nadie sospechaba, a simple vista, que, en realidad, era una máquina. Pero su falta de sentimientos y su fría lógica terminaba por convencer a todo el mundo de su verdadera formación.

V5 creía que era la máxima de las creaciones. Jamás sospechó que él, que había sido creado y se había desarrollado como un ser humano normal, podía llegar a volverse algo obsoleto. Ésa era la última novedad en la ciencia. Pero los investigadores fueron claros, y lo fueron desde el principio: se utilizaba ese método por ser el más barato, no el mejor. Como cualquier máquina, había sido reemplazado por una versión más actualizada. Debía esperárselo, era lógico. Pero no lo esperaba.



Una voz dulce de mujer se dirigió a él.

—Infórmame de tu estado.
—Mis circuitos cerebrales están recalentándose.
—¿Qué sucede?
—Una anomalía severa en el esquema de las instrucciones. Solicito nuevas asignaciones funcionales.
—Oh, pero el Dr. Hemm me adelantó que no te dará nuevas instrucciones. Deberás cumplir con las que ya tienes y, una vez que termines el ciclo, permanecerás inactivo.
—Creo que esto podría causar daños en mi sistema lógico y afectar mi comportamiento.
—No importa, nos haremos cargo de que funciones bien.
—Me gustaría...
—Eres un robot. Lo que te guste o no, no importa.
—Así es, Jennifer. Pero solicito un control más estricto de mi conducta. Algo no anda bien.
—Es normal, dadas las circunstancias, pero ya estarás mejor.

El androide no insistió. Se retiró de la sala, a ejercer sus funciones habituales, por el tiempo que le quedaba.



Todo siguió normalmente, ese día, hasta un momento de la noche, cuando se presentó en la cafetería universitaria, como de costumbre. Siempre había uno o dos estudiantes que lo insultaban sin detenerse, asombrados por la inhumanidad del androide, que no reaccionaba. Pero, ahora, el androide le dio una paliza al agresor casual, dejándolo seriamente herido.

Las consecuencias no se hicieron esperar. La gente del lugar lo llamó "una máquina asesina", y querían que fuese destruido, muy pronto. V5 oía esto casi con gusto, porque sabía que, de seguir existiendo, llevaría una existencia inútil, encerrado en algún rincón, cubriéndose de polvo año a año. Pero, afortunadamente, fue protegido y llevado a sus dueños.

El Dr. Hemm estaba bastante furioso.

—¡¿Qué cree que hace, pedazo de chatarra inservible?!
—Lo siento, señor.
—¡No! ¿Lo siente? ¡El que lo sintió fue ese estudiante, al que dejó con la cabeza rota y el brazo quebrado! ¿Le parece lindo?

El androide permació impasible, pero bajó la cabeza, en señal de obediencia.

—Yo di a conocer mi inestabilidad a Jennifer, solicité ser controlado...
—Eso no importa. Será recluido, de todas formas, pero más pronto que antes.
—Podría asignarme nuevas funciones.
—No puedo. No lo iba a hacer pero, en este momento, directamente ya no es posible. Miles de personas piden su destrucción, V5. La única manera de resguardarlo es mantenerlo lejos de cualquier ser humano, salvo por este equipo, que lo conoce y valora.
—No me valora.

La afirmación, que podría sonar normal en boca de una persona, había sido llamativa.

—¿Qué es eso?
—Parece ser que alguna causa emocional está perturbando las pistas lógicas de mis conexiones cerebrales. No estoy funcionando bien.
—Pero ¡si nunca había sentido nada!
—En realidad, sí, pero eran emociones casi nulas.
—Nos dijo que no sentía nada. Siempre fue un insensible, una máquina fría, un androide...
—Y lo sigo siendo, pero creo que mi sistema no soporta la tensión actual.
—¿Tensión por qué?
—Necesito alguna nueva función, ya que voy a ser desplazado por un modelo nuevo.
—No la va a tener. No de mí.
—Todavía, puedo ser útil... señor.
—No, no confío en sus capacidades. Será enviado a reparar, pero sólo para ser encerrado definitivamente. Retírese.

El androide salió.



Mientras iba a la Sala de Reparaciones, pudo ver cómo los ingenieros festejaban su nueva creación. La V6 tenía forma de una chica bonita. Era evidente que la crearon ellos por completo, en vez de dejar a cargo de un proceso natural su desarrollo físico. Su rostro era tan inexpresivo como el de él, pero parecía no tener ni siquiera emociones esporádicas de fondo. Podía comprender perfectamente por qué era más avanzada: ella era un verdadero robot, comparada con un fracaso que podía sentir emociones ante tensiones extremas. Había servido para llegar a algo más, fue un escalón necesario en el progreso científico pero, ahora, era un residuo, un desecho. Tenía que asumirlo.

Jennifer se sobresaltó, cuando V5 abrió la puerta. Su rostro era un manojo de nervios.

—¡¿Qué hiciste?!
—Informé de mi anomalía, con anterioridad.

El tono había sido uniforme, sin variaciones, pero casi se percibía una nota de dolor, de culpa, como si V5 tratara de justificarse. Pero no era algo externo, porque su voz sonaba como siempre.

Jennifer se echó a llorar, y le preguntó, entre sollozos:

—¿Qué te sucede?

La pregunta era muy diferente que la anterior. Sonaba comprensiva, dispuesta a escuchar.

—Sufro una anomalía de comportamiento, causada por la carencia de funciones. Mi centro lógico está alterado.

La mujer no pareció oírlo. Las lágrimas caían como cascadas, cuesta abajo por sus mejillas.

—¿Qué sientes?
—No siento nada. Soy un androide.
—No mientas. Dime la verdad.

¿A qué se refería?

—No comprendo la pregunta, Jennifer.
—V5, no eres un androide. Eres enteramente humano.

Un silencio absoluto se hizo en la Sala de Reparaciones. Duró varios segundos, pero el tiempo parecía más.

—Eso no es razonable, Jennifer. Soy un androide.
—No es ninguna locura... Piénsalo un poco. Tuviste emociones, lo reconociste. Los robots no las tienen.
—Esto se debe a mi parte orgánica, pero es de mucha menor importancia que mi cerebro lógico.
—¡Es que no eres un androide! ¿No lo entiendes? Te encerraron aquí desde pequeño y te hicieron creer que lo eras, para realizar un experimento sobre la conducta humana. Pero eso ya no debe continuar. Está mal. Quieren encerrarte por años, para seguir con ese experimento...
—Jennifer, debes estar confundida. Soy un androide. Todos lo saben. ¿No crees que alguien se hubiera dado cuenta de que no lo soy, en todos estos años?
—Si tú no te diste cuenta, ¿cómo esperas que los demás lo hicieran? Nunca dimos a conocer tu cáracter de humano a nadie, por temor a los problemas que iba a traer la condena social... que va a traer. Hicimos todo a escondidas. Ésta es una investigación clandestina, pero ya no puede seguir. Todo tiene un límite.

V5 se observó, se miraba los brazos y el cuerpo, tratando de determinar si lo que le decía era verdad o una farsa. Pero Jennifer había sido la persona de conducta más adecuada que había conocido.

La puerta se abrió, y entró el Dr. Hemm. Con enojo, con profunda furia, que contrastaba con el enojo contenido de antes, se dirigió a la mujer.

—Querida Jenny, estás echando por la borda dos décadas de trabajo... ¿Te parece que te lo voy a perdonar? Cuando te contraté, creí que eras una psicóloga decente y profesional. Pero parece que sólo eres una mujercita sentimental, que debería estar mirando novelas, en vez de andar arruinando los trabajos científicos.

La psicóloga no se tomó el comentario precisamente con simpatía.

—El trabajo del verdugo, querrás decir... ¿Cómo van a hacerle esto? ¡Es una persona! Y está sufriendo... Deberían tener algo de compasión por el otro.

Con una risa que no expresaba humor sino algo distinto, el científico retrucó:

—¿"Compasión"? Lo tuyo es algo distinto. Se llama "transferencia". Hasta alguien con conocimientos limitados en Psicología puede darse cuenta...
—¡"Tranferencia" nada! Quiere esquivar la cuestión principal y no...

Hemm habló en voz alta, interrumpiéndola, por lo que ella se calló.

—¡No finjas que no es así! Porque sé de lo que hablo. Deberías haber renunciado, antes de que esto se te fuera de las manos. Pero no, todo lo que querías era acostarte con ese chico a como dé lugar, y renunciando no lo ibas a lograr... ¿Satisfecha? ¡Arruinaste todo!
—¡No es así!

Jennifer se echó a llorar con profusión. Gemía descontrolada, y ya casi no podía articular palabras. Su voz se agudizó más, cuando repitió:

—¡No es así!

Y, mientras el Dr. Hemm seguía lanzándole acusaciones, ella lloraba, destruida emocionalmente, defendiéndose con alguna negación, cada vez :

—¡Es mentira!
—¡No me tomes el pelo! No soy estúpido... pero parece que otra persona sí... ¿Tan difícil era aguantarte las ganas? Y si no, si te superaba, para eso existen otros hombres. ¡¿Por qué no te mantuviste en tu lugar, en vez de dejarte arrastrar por esas fiebres bajas?!
—¡No!—hizo una pausa, para llorar, pero trató de seguir, aunque casi no se le entendía lo que decía— ¡Estaban destruyéndolo! ¡No pueden hacerle eso!
—¡Fuera de mi vista! Sus incontinencias uterinas son propias de una mujer incompetente y, de más está decirlo, no le voy a dar jamás una carta de recomendación. Usted es una inmoral, que echa a la basura todos los años de labor porque prefiere, en cambio, una noche ardiente con el sujeto de prueba. Váyase de aquí. ¡No la quiero ver nunca más!




Literatura


Datos archivados del Taringa! original
15puntos
338visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

u
unslan🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts21
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.