DIARIO DE UN SOBREVIVIENTE 1. Milanesas de soja. Ayer fui a su departamento. Me mandó un mensaje invitándome a comer. En realidad eran las doce de la noche y yo ya había comido, pero igual le dije que sí y comí de nuevo. Tomamos vino en esas copas grandes que tiene ella y que no me gustan para nada. Cogimos, tres veces seguidas. Nos bañamos y volvimos a coger. Eran las cinco y media de la mañana, ella a las siete se levantaba para trabajar. - ¿No te querés quedar? Hace frío y no quiero bajar a abrirte. Siempre tuve el sí fácil, y ella desde hace unos meses tiene una cama muy cómoda. Me abrazó para dormir, ¿desde cuándo me abraza para dormir? Igual no me molesta, para nada. Me molesta que no me de un juego de llaves para cuando se le ocurre jugar a las visitas a horarios raros, pero dice que esas cosas la limitan y la ahogan. Entonces yo sigo dependiendo de que ella me abra y de que el dentífrico no se me caiga del dedo. Me desperté a eso de las dos de la tarde porque el sol ya molestaba en exceso. Muchas veces le dije que las cortinas blancas no servían, pero mis opiniones nunca tuvieron lugar acá. Tenía una nota en la mesita de luz: "Te desperté cuando me fui, pero creo que no me escuchaste. Te bajé milanesas de soja del freezer, están en la heladera. Cualquier cosa llamame, igual voy a tratar de volver antes". Buenísimo, hasta las seis encerrado. ¿Milanesas de soja?, ¿en qué momento pudo llegar a dilucidar que a mi me podrían llegar a gustar las milanesas de soja? Igualmente no tenía nada que hacer, pero pocas situaciones son tan feas como estar encerrado. ¿Milanesas de soja, de verdad? Agarré la notebook y me puse a escribir. Por suerte siempre guardo los word en el mail así los puedo seguir desde cualquier computadora. Digamos que es lo único que podía hacer hasta las seis. Era eso o tirarme en la cama a ver televisión, pero la cama ya la había gastado. Así que me puse a escribir. Más allá de todo, me gusta estar acá. Lo disfruto. Ella siempre habla de su espacio, de sus cosas, de sus tiempos y de cómo nunca nadie va a interferir en eso. Y yo la entiendo, a fuerza o voluntad pero la entiendo. El problema radica en que ella me invita a su espacio, y cuando me estoy acomodando me vuelve a remarcar que se siente ahogada. Esa tarde volvió del trabajo a las seis en punto. Dejó caer la cartera y el saco en uno de los sillones horribles que tiene y se tiró en la cama. Usó ese tono que usa para hacerte saber que todo está mal. - ¿Qué estamos haciendo? - Recién llegás del trabajo, yo estaba tomando mate. - No, digo, nosotros. ¿Qué estamos haciendo? - No te entiendo. - Me siento ahogada. Venís, te quedás a dormir, me voy a trabajar y vuelvo y todavía estás acá. - Vos me invitaste. - Sí, pero no sé. Siento que un día me voy a levantar y vas a estar acá para siempre y eso me asusta. Y bajó a abrirme, porque ya no hacía tanto frío. Me dijo que hablábamos en la semana, le respondí que odiaba las milanesas de soja. Si a alguien le interesa, le dejo el lugar donde la voy subiendo: http://www.wattpad.com/22494296-diario-de-un-sobreviviente-1-milanesas-de-soja#.Uf84ZtKBlvA
Diario de un Sobreviviente - Capítulo 1
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