La misma vieja historia de siempre
La misma vieja historia de siempre,
unos dicen la verdad otros mienten.
universo entero de caos y desorden,
una guerra que se extiende;
una tristeza que lo consume todo
como caries a los dientes.
Una anarquía total
donde las emociones se prostituyen
y las palabras más rebuscadas
intentan vestir a mis desnudos pensamientos,
a los de decenas, a los de cientos,
almas desconsoladas condenadas al lamento.
¿Y qué importa esto que siento?
Así como importa el burro al atardecer
cuando siente de todo menos placer,
una carga que no eligió,
era su destino y es lo que me digo yo,
este es mi destino, es la vida que me toco
ya sea que me guste o no.
La misma vieja historia de siempre,
palabras que desaguan las penas que el poeta siente,
la que para el mundo es indiferente,
pero; ¿de qué otra manera podría ser?
si es la misma vieja historia de siempre,
heridas ya cicatrizadas aun con el dolor latente,
quemaduras en un alma, huellas de la maldad
nacidas en el mismísimo fuego ardiente.
Desde el averno los demonios bailan al son de mis lágrimas,
que se evaporan antes de caer por la envejecida mejilla,
como el suicida sombrío que se lanza al vacío
y sonríe antes de la oscuridad.
Es la misma historia de siempre,
aquella de la que pocos entienden
La que nadie debería explicar,
Porque por experiencia ajena nadie aprende…
unos dicen la verdad otros mienten.
universo entero de caos y desorden,
una guerra que se extiende;
una tristeza que lo consume todo
como caries a los dientes.
Una anarquía total
donde las emociones se prostituyen
y las palabras más rebuscadas
intentan vestir a mis desnudos pensamientos,
a los de decenas, a los de cientos,
almas desconsoladas condenadas al lamento.
¿Y qué importa esto que siento?
Así como importa el burro al atardecer
cuando siente de todo menos placer,
una carga que no eligió,
era su destino y es lo que me digo yo,
este es mi destino, es la vida que me toco
ya sea que me guste o no.
La misma vieja historia de siempre,
palabras que desaguan las penas que el poeta siente,
la que para el mundo es indiferente,
pero; ¿de qué otra manera podría ser?
si es la misma vieja historia de siempre,
heridas ya cicatrizadas aun con el dolor latente,
quemaduras en un alma, huellas de la maldad
nacidas en el mismísimo fuego ardiente.
Desde el averno los demonios bailan al son de mis lágrimas,
que se evaporan antes de caer por la envejecida mejilla,
como el suicida sombrío que se lanza al vacío
y sonríe antes de la oscuridad.
Es la misma historia de siempre,
aquella de la que pocos entienden
La que nadie debería explicar,
Porque por experiencia ajena nadie aprende…