Cuando los porque llueven sobre las sienes no queda otra que cobijarse en el monte febril de los nervios.
Cuando las raíces de tu historia están resecas y desdibujan sombrías formas en la vigilia, ten el valor de lacerarlas, no con odio ciego, si no con amor. Como si fueras a parir un fuego indómito en medio de la oscuridad, como si en tu vientre la estrella danzarina se marchara de ti para danzar en el océano cósmico.
Ayer el sendero verdeante me llevo hasta tus ojos de musgo, si volvería a verte el tiempo se detendría de tal manera que el eje terrestre se dividiría. Quizás necesite atarme al mástil tal como lo hiso Odiseo para no volverme loca con el canto de las sílfides.
Tengo un aullido tragado en la garganta y necesito que lo escuches solo tú y nadie más.
Como siempre gracias por leerme y comentar.