El comunista moderno ya no se circunscribe a la acción saboteadora y subversiva, ni a las guerrillas, ni al terrorismo. Ahora respeta el modelo democrático, al menos en sus formas electorales, aunque sus modales siguen siendo dictatoriales y totalitarios.
Socialismo y comunismo son ideologías político-económicas nacidas del marxismo. Por tener este origen común, han estado siempre fuertemente vinculados a lo largo del siglo XX. Se puede decir que el comunismo es una doctrina escindida del socialismo y con unas formas mucho más radicales en cuanto al concepto de propiedad privada. Desde hace décadas el socialismo se ha ido desmarcando del comunismo adoptando una postura cada vez más conservadora.
Marx, Engels, Lenin y Stalin
El socialista latinoamericano apenas habla ya del socialismo, sino de un neo socialismo del siglo XXI, donde Simón Bolívar ha reemplazado a Marx. Cuando llega al poder todavía aspira a ser el jefe del barrio, sigue detestando la libertad de expresión, y acusando a los medios de comunicación de estar al servicio de los intereses económicos porque cree que el interés por la economía es un pecado mortal. Según el típico socialista, solo interesa la "justicia social" que identifica con la igualdad y algo misterioso que denominan “repartición equitativa de la riqueza”, que en los hechos no ha pasado de ser el asalto de las arcas fiscales con diversidad de escusas muy nobles.
Todo buen socialista es un filántropo, pero siempre a costa del dinero del Estado. Han convertido a la política en una falsa ocupación de beneficencia pública, no ha dejado de ver al Estado como una gran vaca lechera a la que puede ordeñar de mil formas, empezando por incontables programas sociales y terminando por las consabidas subvenciones. Y cuando se encuentra con la cruda realidad de la falta de fondos, es porque ya ni siquiera quedan reservas en el Banco Central, debido a que éste suele ser siempre la primera víctima del atraco socialista.
Simón Bolívar
La experiencia de la historia no les sirve de nada. Peor aún, suelen negar la realidad y fabularla, prefieren la doctrina. Por eso nunca aprenden que las empresas en manos del Estado terminan siempre en fracaso. Las razones son muy simples: nadie es dueño de nada y a nadie le importa nada. Además las empresas públicas son el mejor escenario para la corrupción en todos los niveles, desde el obrero más básico hasta los amplios directorios. Ya que, usan las empresas públicas para dar empleo indiscriminado debido a que la brillante economía neo socialista suele deprimir el mercado laboral, gracias a benefactoras leyes que supuestamente favorecen a los trabajadores. Por ello las empresas públicas acaban superpobladas de trabajadores parásitos que son utilizados al mismo tiempo como bases partidarias de apoyo al tirano. Todo es un círculo vicioso de la incompetencia.
Los discípulos de Chávez no han escatimado esfuerzos en alcanzar la grandeza bolivariana. Bolivia, Ecuador y ahora Argentina se han sumado con pasión a la insana tarea de desfalcar las arcas públicas con infinidad de programas sociales, subvenciones y empleos parásitos, dilapidar sus reservas, (incluso, en el caso argentino, defraudar a medio mundo ignorando su deuda externa).
Estos socialistas del siglo XXI son víctimas de una ideología que no se sustenta en la praxis, es decir, en la realidad, pero están dispuestos a “morir por sus ideales”. No son muy diferentes a sus antepasados, pues siguen detestando al “sistema”, permanecen denigrando al empresario y atacando a la empresa privada, odiando a los EEUU, y no han dejado de vivir atormentados por sus viejos fantasmas: los poderes fácticos y los intereses económicos. Incapaces de discernir adecuadamente las responsabilidades, critican a las empresas por no invertir en las comunidades, y se muestran incapaces de condenar la ineptitud del Estado que es el verdadero responsable de tales inversiones y receptor de los cuantiosos impuestos que las empresas pagan. Los progres son simplemente incapaces de reconocer el fracaso del Estado y solo saben culpar a la empresa privada.
El socialista ahora sigue soñando con un mundo regido por un gran Estado benefactor, donde no exista el mercado nefasto, “donde todas las mercancías adquieren un valor mientras el ser humano se denigra”, y aspiran a un mundo sin mercado, donde tan solo reine la buena voluntad de un noble tirano que los alimente con su mano bondadosa, mientras la sociedad sucumbe en la más asfixiante mediocridad y servilismo, alejada del mundo y dominada por un tirano o una vergonzosa dinastía.