2 de Abril. Día para recordar. Para volver a pasar por el corazón. El 30 de marzo de 1982 los militares nos habían dado duro. Éramos estudiantes universitarios y fuimos a la convocatoria de la CGT contra la dictadura que empezaba a mostrar su debilidad. Hubo gases, palos y balas de goma. En Buenos Aires un asesinado: Dalmiro Flores. Un joven obrero metalúrgico.
Dos días después los militares ocupaban las Islas Malvinas . Recuperaban ese entrañable territorio en manos de los británicos. Era un manotazo de ahogado. Un gesto demencial para lograr perpetuarse en el poder. Confusión y engaño. Sentimientos encontrados. Nacionalismo.
Nosotros teníamos un grupo literario. Le debo a Patricia Bussa y a Boris Padován, amigos y poetas, el haber iluminado nuestas conciencias en esos días de triunfalismo hipócrita. Patricia con sus ojos claros clamaba contra la guerra, cualquier guerra. No podía ser bueno lo que estaba por pasar. Y Boris, que llegó a una reunión de nuestro grupo con una remera con la bandera inglesa. Era su protesta personal. Su grito valiente y solitario. Era una locura. Y lo fue.
Por los chicos caídos en Malvinas, que en gran medida contribuyeron con su sacrificio al retorno a la democracia. Por sus familias. Por Malvinas que, algunas vez, volverán a ser argentinas. Tal vez porque como escribió un poeta: “nosotros en este continente nos vamos a la luz irremediablemente”.
Por todo y por todos: Memoria.





a la fecha los ex combatientes suicidados llegan 400, mucho más que los 267 muertos en combate
Despues de todo las Islas Malvinas siempre seran ARGENTINAS.