A veces, la fatalidad llega en los momentos más inesperados. Así, un ladronzuelo serbio de poca monta encontró la muerte esta semana al intentar robar una cerveza de un establecimiento.
Al contrario de lo que podría parecer, su fallecimiento no fue fruto de un enfrentamiento con el propietario o de una persecución de la Policía.
Según informó el diario local ‘Blic’, su mano quedó clavada en el enrejado de la verja que protegía la nevera de las bebidas que había fuera de la tienda y permaneció a la intemperie durante toda la noche, lo que, al parecer, le causó la muerte debido a las bajas temperaturas.
Su cadáver fue encontrado a la mañana siguiente por un dependiente que no daba crédito a lo sucedido. “Su mano estaba atascada entre las rejas de la verja y la puerta de la nevera, que había logrado abrir”, dijo.
Por otro lado, en la localidad austriaca de Innsbruck, un hombre de 39 años de edad, murió ahogado en una alcantarilla al intentar recuperar su teléfono móvil, que se había caído por una alcantarilla.
Nadie se explica por qué el hombre, que perdió los nervios al ver caer su teléfono por el desagüe, en vez de darlo por perdido, metió la cabeza por la boca de la alcantarilla para recuperar el aparato, con tan mala fortuna que perdió el equilibrio, y su cuerpo quedó atrapado.
Increíblemente, falleció ahogado en el desagüe, de apenas 60 centímetros de profundidad.
“Cuando encontramos el cadáver, no lo podíamos creer, se ahogo en un baso con agua”, dijo un agente de la Policía local que acudió al lugar de los hechos.
La alcaldesa de la ciudad ha hecho un llamamiento a la población para que evite riesgos innecesarios y, en casos como éste avise a los bomberos. Pagar los 40 euros que cuesta ese servicio, dijo, es mejor que jugarse la vida.
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