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Info3/24/2012
Historia De eL General Manuel Dorrego

Manuel Dorrego (Buenos Aires, 11 de junio de 1787 - Navarro, provincia de Buenos Aires, 13 de diciembre de 1828) fue un militar y político argentino, uno de los principales referentes del federalismo rioplatense de la primera mitad del siglo XIX. Se caracterizó por su carácter extremadamente fuerte, casi descontrolado. Participó en la guerra de independencia y en las guerras civiles argentinas.
Heroes de La Historia ArgentinaManuel dorrego

Hijo del comerciante portugués José Antonio do Rego y María de la Ascensión Salas, fue el menor de cinco hermanos. En 1803 ingresó en el Real Colegio de San Carlos.

En 1810 se encontraba estudiando en la Real Universidad de San Felipe, en Santiago de Chile, como muchos compatriotas suyos. Fue un representante de los sectores independentistas más exaltados desde los días de la destitución del Gobernador García Carrasco, llegando a gritar "¡Junta queremos!" durante la asamblea en la que los vecinos de Santiago destituyeron al Gobernador, cuando el ambiente reinante era absolutamente indiferente a la idea de la Independencia de España.

Al estallar la Revolución de Mayo se encontraba en Chile, donde participó en la represión de una reacción realista, y desde donde regresó con refuerzos para la guerra de la Independencia.

Entre febrero y marzo de 1811 Manuel Dorrego será el encargado de atravesar la cordillera de Los Andes al menos en 4 viajes para llevar alrededor de 400 soldados chilenos voluntarios a reforzar las tropas argentinas inmersas en la Guerra de Independencia, medida solicitada por el gobierno argentino y apoyada por el líder de la Junta de Gobierno en Chile, Juan Martínez de Rozas1

Se destacó como militar al enrolarse en el Ejército del Norte, teniendo protagonismo en los combates de Sansana y Nazareno, y luego fue dirigido por Manuel Belgrano, llegando al grado de coronel.

Participó como jefe de la infantería de reserva en la batalla de Tucumán y en la batalla de Salta fue uno de los primeros jefes en llegar al centro de la ciudad. Pese a que Belgrano le reconocía valor y capacidad, tuvo problemas por su indisciplina. Eso lo privó de participar en las dos últimas batallas de la campaña al Alto Perú. Belgrano mismo comentaría que no hubiera perdido estas dos batallas si hubiera contado con Dorrego .

Volvió a incorporarse al Ejército después de la derrota, para apoyar la retirada del mismo al mando de partidas de guerrilleros gauchos. Pero el nuevo jefe, San Martín, lo sancionó por haber faltado el respeto a Belgrano, lo que le valió un retraso en su ascenso militar y no participar tampoco en la tercera campaña al Alto Perú.

Al iniciarse abiertamente el conflicto entre federales y unitarios, se encontró a las órdenes del Directorio (unitario) luchando contra los caudillos federales, derrotando inicialmente a Fernando Otorgués en la acción de Marmarajá el 14 de octubre de 1814, aunque luego fue derrotado por el entonces lugarteniente de Otorgués: Rivera en Guayabos, el 10 de enero de 1815.

La participación en el conflicto que afectaba a las Provincias Unidas del Río de la Plata, sin embargo, lo hizo ir acercándose al ideario de José Gervasio Artigas. Se pronunció por el federalismo (algo hasta ese momento inusitado en Buenos Aires), buscando la autonomía de Buenos Aires en igualdad de condiciones que las demás provincias. Sus ideas federales eran un tanto ambiguas. Dirigió un grupo opositor al Directorio, en el que figuraban también Manuel Moreno, Pedro José Agrelo, Domingo French, Vicente Pazos Kanki, Manuel Pagola y Feliciano Chiclana. Apoyaba la posición republicana en contra de las pretensiones de los directoriales de llamar a un príncipe europeo para coronarlo rey. Por otro lado, se opuso a la política del Director Juan Martín de Pueyrredón de acercarse a Portugal para atacar juntos a los federales de la Banda Oriental. Por ello fue arrestado y expulsado por el Director.

Fue condenado al destierro en Santo Domingo, una colonia española. En el viaje fue liberado, el capitán se dedicó a la piratería, y estuvo a punto de ser condenado a muerte por eso. Logró llegar a Baltimore, en los Estados Unidos, donde pronto se le unieron los demás miembros de su partido, expulsados también por Pueyrredón. Allí conoció el federalismo en acción: leyó los periódicos e incluso editó uno en castellano. Se entrevistó con varios políticos, y quedó convencido de su posición republicana y federal.



Dorrego era propenso a ganarse enemigos, y la lucha periodística en que se vio enredado desde el comienzo de su gobierno con el partido unitario derrotado llevaron los ánimos a un enfrentamiento apenas latente. Los unitarios esperaron su oportunidad, y ésta llegó con el ejército que había combatido contra el Brasil, cuyos oficiales estaban abiertamente descontentos con el tratado de paz.

Dorrego estaba sencillamente indefenso: a la luz del día se tramaba una conspiración para derrocarlo. Cuando le dijeron que Lavalle (antiguo compañero de armas en el Ejército y a quien Dorrego había recomendado en su momento para un ascenso) estaba a punto de atacarlo, no quiso creerlo. El 1 de diciembre, sin embargo, Lavalle se puso al frente de una revolución y lo derrocó. Ese sería el primer golpe militar a un gobierno legítimamente elegido por el pueblo en la Argentina.

Mientras Dorrego se retiraba al sur de la provincia, los unitarios celebraron una "elección" (en la que sólo participaron ellos) que nombró gobernador a Lavalle. Para darse una idea de cuánta gente votó y con qué garantías, basta decir que se hizo de viva voz en el atrio de una iglesia, custodiada por el regimiento de Lavalle. La legislatura fue disuelta, y los unitarios celebraron que los sirvientes “volverán a la cocina”.

Apoyado por el coronel Juan Manuel de Rosas, el gobernador pidió ayuda a los demás gobiernos provinciales y se dirigió a Navarro. Imprudentemente, esperó allí a Lavalle y sus hombres, por los que fue fácilmente vencido en la batalla de Navarro. Huyó hacia el norte, buscando la protección de Ángel Pacheco, pero fue arrestado por Bernardino Escribano y Mariano Acha y entregado a Lavalle.

Lavalle se negó a conversar con él e inmediatamente ordenó que se lo fusilara, tal como se lo había instigado en la reunión del 30 de noviembre a la que fueron, entre otros, Julián Segundo de Agüero, Salvador María del Carril, los hermanos Florencio y Juan Cruz Varela, Martín Rodríguez, Ignacio Álvarez Thomas, Valentín Alsina. Dorrego , indignado, contestó:

"Dígale que el gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires, el encargado de los negocios generales de la república, queda enterado de la orden del señor general. A un desertor al frente del enemigo, a un enemigo, a un bandido, se le da más término y no se lo condena sin permitirle su defensa ¿Dónde estamos? ¿Quién ha dado esa facultad a un general sublevado? Hágase de mí lo que se quiera, pero cuidado con las consecuencias."
Enseguida le escribió una carta a Estanislao López y otra a su esposa – Ángela Baudrix –, en que les expresó:

"dentro de unas horas seré fusilado y todavía no sé por qué razón."
Legó la mayor parte de sus bienes materiales al Estado y escribió a López que perdonaba a sus perseguidores y le pedía que su muerte no fuera causa de derramamiento de sangre. Eso es exactamente lo que fue, y por muchos años: en efecto, fue el comienzo de la guerra civil que duró hasta mucho después de la Batalla de Caseros.

Sumaria y extrajudicialmente, Lavalle lo hizo fusilar en Navarro el 13 de diciembre de 1828.

Salvador María del Carril, uno de los que había empujado a Lavalle al crimen, le escribía unos días después:

«fragüe el acta de un consejo de guerra para disimular el fusilamiento de Dorrego porque si es necesario envolver la impostura con los pasaportes de la verdad, se embrolla; y si es necesario mentir a la posteridad, se miente y se engaña a los vivos y a los muertos»
historia

TUMBA DEL GENERAL DORREGO .

avalle, por su parte, asumió solo toda la responsabilidad.

"Participo al Gobierno Delegado que el coronel don Manuel Dorrego acaba de ser fusilado por mi orden, al frente de los regimientos que componen esta división. La Historia, señor ministro, juzgará imparcialmente si el señor Dorrego ha debido o no morir, y si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo enlutado por él, puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del bien público. Quiera el pueblo de Buenos Aires persuadirse que la muerte del coronel Dorrego es el mayor sacrificio que puedo hacer en su obsequio. Saludo al señor ministro con toda consideración, Juan Lavalle" (extracto del Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento)
Respecto de la importancia de este hecho para la historia argentina, años después Domingo F. Sarmiento diría:

"...la muerte de Dorrego fue uno de esos hechos fatales, predestinados, que forman el nudo del drama histórico, y que, eliminados, lo dejan incompleto, frío, absurdo."
Sus restos mortales descansan en el Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires.

Cancion para dorrego




Historia del Caudillo Güemes

Güemes se crió en el seno de una familia adinerada. Su padre, Gabriel de Güemes, nacido en Santander, en la provincia española de Cantabria, era un hombre ilustrado y cumplía funciones de tesorero real de la corona española. Logró que su hijo tuviera una buena educación con maestros particulares que le enseñaron los conocimientos filosóficos y científicos de su tiempo. Su madre era María Magdalena de Goyechea y de la Corte, de origen salteño.

Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en la finca donde vivía con su familia. A los 14 años se enroló en el Regimiento Fijo de Infantería, cuyo cuartel central estaba en Buenos Aires pero tenía un batallón en Salta a raiz de la rebelión de Túpac Amaru II desde 1781.

En 1805 fue enviado con su regimiento a Buenos Aires, ya que el virrey Sobremonte temía un ataque inglés. Éste se produjo al año siguiente, iniciando las invasiones inglesas, participando Güemes en la Reconquista de Buenos Aires. Al año siguiente participó también de la Defensa de la ciudad y protagonizó una curiosa hazaña: al ver que un barco inglés había encallado por una bajante repentina del río, dirigió una carga de caballería y lo abordó. Fue una de las muy pocas veces en la historia que un buque de guerra fue capturado por una partida de caballería.

En 1808 sufrió una enfermedad en la garganta, de la que surgió una seria deficiencia al hablar, una pronunciación gangosa de las palabras, que causaba la burla de sus compañeros. Todo indica que sufrió las complicaciones que suelen acompañar a la hemofilia, enfermedad que hasta ese momento no era conocida, y que dificulta mucho la cicatrización de las heridas externas e internas. Logró su traslado a Salta .
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Después de la Revolución de Mayo de 1810, fue puesto al mando de un escuadrón gaucho en la Quebrada de Humahuaca (provincia de Jujuy) y en los valles de Tarija y Lípez, impidiendo la comunicación entre los contrarrevolucionarios y los realistas del Alto Perú. En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del capitán Güemes fue decisiva.

Permaneció en la zona de la Quebrada hasta después de la derrota de la Batalla de Huaqui, y prestó su ayuda a los derrotados que huían; allí comenzó su famosa guerra de recursos, con la que posiblemente retrasó el avance de partidas realistas antes de la llegada del ejército principal, que mandaba el general Pío Tristán.

Con su ayuda, el general Pueyrredón logró atravesar la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas. Pero cuando el general Manuel Belgrano asumió el mando del Ejército del Norte, ordenó su traslado por indisciplina, causada por un lío de polleras de otro oficial. Permaneció en Buenos Aires, agregado al Estado Mayor General.
Al conocerse en Buenos Aires el desastre de Ayohuma, Güemes fue ascendido a teniente coronel y enviado al norte, como jefe de las fuerzas de caballería de San Martín, nuevo comandante del Ejército del Norte. Se hizo cargo de la vanguardia del ejército reemplazando en ese puesto a Manuel Dorrego , otro oficial brillante que había sido desterrado por problemas de disciplina.

Se presentó en Salta como el protector de los pobres y el más decidido partidario de la Revolución (de la que empezaban a dudar las clases altas). Pero aun así, no logró nuevos aportes de recursos de parte de la clase adinerada. Es en esta época cuando se evidencia la figura de su hermana María Magdalena "Macacha" Güemes como una de sus principales colaboradores.

San Martín le encomendó el mando de la avanzada del río Pasaje (hoy llamado río Juramento, porque en sus márgenes el general Belgrano hizo jurar obediencia al gobierno de Buenos Aires, la Asamblea del Año XIII, y la Bandera Nacional). Poco después, asumía también el mando de las partidas que operaban en el Valle de Lerma (en el que está la ciudad de Salta ). De este modo iniciaba la Guerra Gaucha, ayudado por otros caudillejos, como Burela, Saravia, Gorriti o Latorre. Ésta fue una larga serie de enfrentamientos casi diarios, apenas cortos tiroteos seguidos de retiradas. En esas condiciones, unas fuerzas poco disciplinadas y mal equipadas pero apoyadas por la población podían hacer mucho daño a un ejército regular de invasión.

Con su ejército formado por gauchos del campo, rechazó el avance del general Pezuela y posibilitó el inicio de un nuevo avance hacia el Alto Perú. Bajo el mando del general José Rondeau, tuvo un papel destacado en la victoria de Puesto del Marqués. Pero, indignado por el desprecio que mostraba éste por sus fuerzas y por la indisciplina del ejército, se retiró del frente hacia Jujuy. Daba por descontado la derrota del Ejército del Norte en esas condiciones y, en ese caso, necesitaría a sus hombres. Al pasar por Jujuy se adueñó del armamento de reserva del ejército; al enterarse, Rondeau (que era también director supremo) lo declaró traidor.


Güemes había conversado con San Martín sobre sus ideas de atacar Perú desde Chile. Pero San Martín necesitaba tener las espaldas cubiertas, con fuerzas activas en la frontera norte de Salta , para mantener ocupados los ejércitos realistas muy lejos de Lima. La persona más indicada para dirigir esas operaciones era Güemes, y San Martín lo nombró General en Jefe del Ejército de Observación. Éste estaba continuamente informado sobre los movimientos de San Martín en la campaña del Pacífico, y cuando éste desembarcó en la costa peruana, decidió avanzar hacia el Alto Perú.

Pero ya no podía contar con el Ejército del Norte, del que sólo quedaba una pequeña división al mando del coronel Alejandro Heredia (que estaba a órdenes de Güemes), y algunas armas en Tucumán. Pero éstas estaban en poder del gobernador Bernabé Aráoz, que las estaba usando para tratar de volver a la provincia de Santiago del Estero a la obediencia a su gobierno.

A principios de 1821, el gobernador de Santiago, Ibarra, pidió auxilio a Güemes, y éste invadió Tucumán, más para apoderarse de las armas que necesitaba que por solidaridad. Pero el ejército salteño, al mando de Heredia (tucumano), fue derrotado por el tucumano al mando de Arias (que era salteño, extraña coincidencia).

El cabildo de Salta , formado por las clases altas de la ciudad, cansadas de pagar las contribuciones forzosas que exigía Güemes, aprovechando la ausencia del caudillo, lo acusó de “tirano” y lo declaró depuesto. Muchos de sus miembros se habían puesto de acuerdo con el general Olañeta para entregarle la ciudad. Güemes regresó sin prisa, ocupó pacíficamente la ciudad, y perdonó a todo el mundo. Ésa fue la llamada "Revolución del Comercio"; aunque fracasada, dio inicio a un partido de oposición, conocido como "Patria Nueva", en oposición a la "Patria Vieja", es decir, al partido de Güemes.

Pero no todo había terminado: Olañeta ya estaba en camino, y mandó al coronel “Barbarucho” Valdez por un camino desierto de la Puna, guiado por miembros de la familia realista Archondo. El 6 de junio, Valdez ocupó la ciudad de Salta , y al salir a combatirlo, Güemes fue herido por una bala. Siguió a caballo hasta una hacienda a dos leguas de la ciudad, pero su herida, como cualquier herida profunda de un hemofílico, nunca cicatrizó.

Murió diez días después, el 17 de junio de 1821, a la intemperie, en un catre improvisado por el Capitán de Gauchos Mateo Ríos, en la Cañada de la Horqueta (cerca de la ciudad de Salta ). Tenía 36 años y fue el único general argentino caído en acción de guerra externa.
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Apenas unas semanas después de su muerte, sus hombres obligaron al ejército español a evacuar Salta ; la guerra gaucha seguía funcionando. Fue la última invasión realista al norte argentino, con lo que Güemes, aunque no llegó a verlo, finalmente venció a sus enemigos.

En Buenos Aires, la noticia del fallecimiento del general Güemes fue publicada bajo el título "Ya tenemos un cacique menos"; el artículo que lo anunciaba demostraba más alivio por la muerte de un enemigo ideológico que pesar por la pérdida de la ciudad de Salta en manos realistas.

Durante la mayor parte del siglo XIX, tanto en Salta como en el resto de la Argentina, la figura de Güemes fue interpretada solamente como la de un caudillo, que había soliviantado a las masas campesinas contra las clases altas de la sociedad; esta "falta" era apenas disminuida por el patriotismo demostrado a lo largo de su carrera militar.2 Sólo a principios del siglo XX, esa imagen comenzó a cambiar, a través de su más conocido biógrafo, Bernardo Frías,3 que presentó la vida de un jefe militar y político patriótico y desinteresado, capaz de movilizar a la masas en contra del enemigo, aunque no intentó librarse de la visión elitista de la sociedad, que mostraba poco aprecio por sus gauchos. Sólo a partir de ese momento, Güemes comenzó a aparecer como el esforzado y heroico jefe de la frontera norte, héroe absoluto de la provincia de Salta .Su gesta militar fue recordada por el escritor Leopoldo Lugones como la Guerra Gaucha, nombre con que se la conoce desde entonces. Una de sus biografías más extensas es la de Atilio Cornejo,4 que sigue la línea tradicional, así como la monumental obra "Güemes documentado", de su descendiente Luis Güemes, en 13 tomos.5

En el último tercio del siglo XX, comenzó también a verse a Güemes como un protector de los pobres de su provincia, coincidiendo con estudios similares respecto de los caudillos federales. Solamente a principios del siglo XXI comenzaron a ser estudiadas en profundidad las características políticas de su gobierno, la estructura de lealtades en que se apoyaba y las razones de sus enemigos internos.6

Militarmente, la actuación de Güemes en la guerra de la Independencia argentina fue absolutamente crucial: sin su estrategia, no hubiera sido posible defender el norte del país después de tres derrotas, ni hubieran sido posibles las campañas de San Martín. Bajo su mando, las ciudades de Salta y Jujuy y su campaña defendieron al resto de la Argentina sin ayuda exterior.

Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta .


Cancion Para Martin Miguel de Güemes



Historia de Ángel Vicente Peñaloza

Si bien no se ha podido encontrar su acta bautismal, se deduce que nació en 1796 en Malanzán un pueblo de la Costa Alta de la Sierra de los Llanos, en el sur de la actual provincia de La Rioja. Era el hijo primogenito y legitimo de Juan Esteban Peñaloza y de Úrsula Rivero. Sus abuelos paternos eran Nicolás Peñaloza, un próspero hacendado ganadero, y Melchora Agüero. Sus abuelos maternos eran Bernardo Rivero, hijo de un portugués, y Mercedes Torres. Todos ellos eran miembros de familias de largo arraigo e influyentes en la zona.

Fue educado en sus primeros pasos por un tío abuelo, un prestigioso sacerdote llamado Pedro Vicente Peñaloza, que le puso de apodo "Chacho" apócope de muchacho, en los primeros años de su vida, ya que consta que éste falleció en 1801, es decir cuando aquél tenia solo cinco años.

Se casó en la Iglesia de Malanzán el 10 de julio de 1822 con Victoria Romero de Orihuela, con la que tuvo tres hijos: dos de ellos fallecidos al poco tiempo de nacer, y Ana Maria Peñaloza quien no dejó descendencia. Además adoptaron a un huérfano, hijo de un familiar llamado Indalecio Peñaloza, que se casó luego con Eudosia Flores Vera.
Desde joven fue oficial de milicias, bajo el mando de Juan Facundo Quiroga. En 1826 combatió con el grado de capitán en la batalla de El Tala, en la que fue seriamente herido por el ejército unitario de Gregorio Aráoz de La Madrid, tras esta batalla fue ascendido a capitán de milicias.

Más tarde peleó, siendo uno de los principales de la escolta de Juan Facundo Quiroga, en Rincón de Valladares, La Tablada y Oncativo. Después de esta derrota participó en la reconquista de La Rioja para el partido federal, y se destacó en La Ciudadela, definitiva derrota unitaria, en que capturó un cañón con su lazo y lo arrastró hasta sus filas, por este hecho Quiroga le otorgó el rango de teniente mayor.

Desde su regreso a La Rioja fue comandante del Departamento de Los Llanos. Tras el asesinato de Quiroga, en 1836, ayudó al gobernador de San Juan , Martín Yanzón, a invadir La Rioja. Fueron severamente derrotados.
Fue perdonado por el nuevo gobernador, Tomás Brizuela, y lo acompañó en su unión a la Coalición del Norte contra -el también federal aunque porteño- Juan Manuel de Rosas, en defensa de la autonomía de su provincia (Brizuela y Peñaloza, quizás engañados por la propaganda unitaria consideraban culpable de la muerte de Quiroga a Rosas). Los unitarios, con quienes Brizuela y Peñaloza eran más benevolentes que Rosas, le pusieron de segundo jefe al coronel Joaquín Baltar, que resultó una pésima influencia. Apoyó la campaña de Juan Lavalle en su provincia, y acompañó a Gregorio Aráoz de La Madrid (su antiguo enemigo) en su campaña contra San Juan y Mendoza. En la batalla de Rodeo del Medio, la influencia de Baltar le impidió combatir, y fue una de las causas de la derrota. Tuvo que huir a Chile en 1841.

Al año siguiente regresó como parte de una absurda campaña organizada por los exiliados unitarios desde Chile. Iba acompañado por Yanzón y el coronel Santos de León. Sólo el prestigio de Peñaloza les permitió obtener algunos éxitos, pero éstos provocaron la reacción del gobernador de San Juan , Nazario Benavídez, que lo persiguió hasta Tucumán y lo derrotó. De todas formas, Peñaloza regresó a Los Llanos, donde fue derrotado por segunda vez por Benavídez, en Illisca; y por segunda vez huyó a Chile.

Dirigió una segunda invasión en 1845 y derrotó al gobernador riojano. Pero, entendiendo que su causa no tenía sentido, pidió y obtuvo protección de Benavídez. Éste lo envió con el rango de comandante de milicias en 1848 a deponer al gobernador riojano, y nombrar en su lugar a Manuel Vicente Bustos, que lo nombró comandante de Los Llanos.
Desde 1854 fue comandante de armas de la provincia, y al año siguiente fue ascendido a general. Era muy prestigioso entre los gauchos humildes de La Rioja y las provincias vecinas, y se comportaba como uno más de ellos, salvo cuando mandaba en el ejército. Ellos lo consideraban, también, su protector, su abogado, el solucionador de los problemas de cada uno de ellos.

En octubre de 1858 fue asesinado Nazario Benavídez por los partidarios del gobernador Gómez, por lo que el Chacho dirigió una campaña con la que hizo triunfar la intervención federal. Desde entonces, el presidente Justo José de Urquiza lo tuvo como su hombre de confianza en la zona.

En enero de 1860 derrocó al gobernador Bustos, que se acercaba cada vez más a los unitarios de Buenos Aires, y nombró en su lugar al coronel Ramón Ángel. Poco después fue interventor federal en su provincia.

Después de Pavón, en 1861, el interior del país quedó abierto a los unitarios. Hacia Cuyo salió el coronel Ignacio Rivas y hacia Catamarca el general Wenceslao Paunero, que enviaron varias expediciones contra La Rioja. Mientras tanto, Peñaloza ofreció mediar en la guerra entre los federales y unitarios del norte del país. Pero a pedido del gobernador tucumano Gutiérrez, se unió a éste, aunque fueron derrotados por los unitarios. Regresó a La Rioja, perseguido por sus enemigos, que los derrotaron en varias batallas; los oficiales prisioneros eran fusilados, mientras muchos soldados eran torturados y degollados. La represión fue increíblemente feroz, y eso mismo dio fuerzas a los federales para seguir luchando. El mismo Domingo Faustino Sarmiento aconsejaba:

Si Sandes mata gente, cállense la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición, que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor.
Pese a su superioridad numérica y de movimientos (Peñaloza llegó reunir una fuerza de 2.000 a 6.000 combatientes),1 Peñaloza fue derrotado repetidas veces por las tropas mitristas mucho mejor y más modernamente armadas (armas a repetición, ametralladoras). Tras sitiar la ciudad de San Luis, logró firmar un tratado de paz llamado Tratado de La Banderita a principios de 1862, en que se le ofrecían garantías. Cuando llegó la hora de cambiar prisioneros, se dice que Peñaloza entregó los suyos, pero no recibió ni uno: todos sus hombres habían sido fusilados. En 1863, el gobernador puntano, Juan Barbeito, repelió una nueva invasión de tropas leales a Peñaloza, unos 1.600 montoneros2 habían incursionado con éxito parcial en la zona norte de la provincia.
os militares que debían hacer cumplir el tratado continuaron con la persecución a los aliados de Peñaloza, por lo que este volvió a alzarse en armas en marzo de 1863. Logró varios éxitos en San Luis, Córdoba, Catamarca y Mendoza, e incluso depuso al gobernador riojano.

A fines de marzo, el Chacho escribió al presidente Bartolomé Mitre:

los gobernadores de estos pueblos, convertidos en verdugos de las provincias... destierran y mandan matar sin forma de juicio a ciudadanos respetables sin más crimen que haber pertenecido al partido federal... Los hombres todos, no teniendo ya más que perder que sus existencia, quieren sacrificarla más bien en el campo de batalla.
El llamado a la lucha se hacía en nombre de Urquiza, con cuya ayuda contaban, pero éste no apoyó en nada la revuelta, e incluso los condenó en público. El gobernador Sarmiento, designado Director de la Guerra contra Peñaloza por el Ministro de Guerra Gelly y Obes, escribió al presidente:

no economice sangre de gauchos, es lo único que tienen de humano.
Mitre respondió:

Quiero hacer en La Rioja una guerra de policía. Declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles el honor de partidarios políticos, lo que hay que hacer es muy sencillo.
Quedaban fuera de la ley, y por consiguiente se los podía matar en cuanto se los capturaba. Peor que en la época de Rosas. Sus oficiales volvieron a masacrar a los vencidos.

El 20 de mayo de 1863 las tropas del Chacho se enfrentarán en Lomas Blancas (en Los Llanos) con un contingente de 600 hombres de infantería y caballería de las fuerzas de Paunero, comandadas por Ambrosio Sandes, Pablo Irrazábal, Ignacio Segovia y Julio Campos.

Peñaloza tuvo una corta victoria, cuando el 10 de junio se produce en Córdoba una revolución encabezada por el partido federal (apodado "ruso" y los liberales moderados que depone al gobernador Justiniano Posse, impuesto el año anterior por la fuerza de las armas del ejército nacional mandado por Paunero. Convocado por los revolucionarios, el Chacho entra a la ciudad de Córdoba el 14 de junio. Mientras tanto, Paunero reúne un ejército de 3.000 hombres y se dirige a la ciudad. Peñaloza quiso evitar sufrimientos a la ciudad y salió al campo a enfrentar a Paunero con 2.000 hombres.1 Éste lo derrotó el 28 de junio en Las Playas, sufriendo los montoneros 300 muertos, un número no precisado de heridos y 720 prisioneros. Casi todos los oficiales prisioneros fueron fusilados.

El caudillo huyó a los Llanos, de allí al norte, a la Cordillera, y por el oeste de la provincia, nuevamente a los Llanos donde reorganizó su montonera, reclutando 2.000 gauchos.3 De esa forma destruyó los caballos de los enemigos y los desorientó por completo. Luego invadió la provincia de San Juan , y estuvo a punto de tomar la capital. Pero el coronel Irrazábal lo derrotó en Los Gigantes.


El vencedor lo persiguió hasta Los Llanos, y Peñaloza se rindió al comandante Ricardo Vera, entregándole su puñal, la última arma que le quedaba. Una hora más tarde llegó Irrazábal y lo asesinó con su lanza, e hizo que sus soldados lo acribillaran a balazos. Era el 12 de noviembre de 1863.

Su cabeza fue cortada y clavada en la punta de un poste en la plaza de Olta. Una de sus orejas presidió por mucho las reuniones de la clase "civilizada" de San Juan . Su esposa, Victoria Romero, fue obligada a barrer la plaza mayor de la ciudad San Juan , atada con cadenas.

Al conocer la noticia, Sarmiento exclamó:

No se que pensaran de la ejecución del Chacho, yo inspirado en los hombres pacíficos y honrados he aplaudido la medida precisamente por su forma, sin cortarle la cabeza al inveterado picaro, las chusmas no se habrían aquietado en seis meses.
Muy poco tiempo más tarde, sin embargo, ya tenía un defensor: el poeta José Hernández publicó una Vida del Chacho. Poco después, el poeta Olegario Víctor Andrade escribía en su homenaje uno de sus poemas más bellos. Dos o tres décadas más tarde, la propia provincia de La Rioja lo convertía oficialmente en un héroe. En su facón, que se exhibe en el Museo de Historia de La Rioja, puede leerse la inscripción que definía su carácter: "Naides, más que naides, y menos que naides".4


Canciones Para el Cacho Peñaloza








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