InicioArteNovela de zombies (propio)
Novela propia.


Esta es una mini-novela de nueve capitulos que toca el tema zombies de un modo muy libre. Comence a escribirla hace unos meses aproximadamente, aunque creo que ya esta finalizada, podria agregarle algun que otro capitulo extra.
Lo que aqui les presento es el primer capitulo, para ver si es del interes general de la comunidad. De no ser asi, les pido respeten los gustos y capacidades de cada uno, muchas gracias.


Sin mas, aqui el primer capitulo:



Capítulo 1: “Un hombre cualquiera”


Ya entrada la noche, sus dedos recorrían nuevamente las delgadas hojas del libro, nerviosamente hacía desfilar las páginas hacia un lado y otro; nunca terminaba por completo un versículo. Fue un fuerte golpe en la puerta de entrada lo que terminó de enloquecerlo, entonces lanzó violentamente la biblia contra la puerta. Sabía lo que estaba del otro lado, lo escuchaba gemir. Entonces Ian le gritó:
-Así no se suponía que fuese, no lo entiendo! En ningún lugar figuran estas aberraciones, estos… demonios andando por todos lados.
Ian no entendía el porqué de este apocalipsis, diferente al que él había aprendido a aceptar desde niño en sus clases de catecismo. Aunque no era un gran creyente, tenía fe, y aún trataba de encontrar explicaciones para el caos que estaba ocurriendo allá afuera.
Trató de calcular el trayecto hasta la casa de Cynthia, él la amaba, era su única luz en esta obscuridad, si no fuera por ella estaría ya entregado a un terrible destino. Pero sabía que tenía que seguir adelante. Instantes atrás habló por teléfono con ella y le aviso que la iría a buscar, luego apago el celular para ahorrar la carga de la batería y lo guardo en el bolsillo del jean.
Su andar era torpe, pero en esta situación nadie podría recriminárselo, estaba buscando algo que le sirviera como arma, lo que fuera, no importaba. Debería llegar a un medio de transporte seguro y atravesar el barrio que lo separaba de su amor. Él siempre calculaba, analizaba y ordenaba todo en su cabeza; y en esta situación en la que estaba sometido a una presión inusitada, era aún mejor.
Finalmente, en el patio trasero encontró algo que parecía ser oportuno para la situación, aunque oxidada y sin filo, el hacha con la que dio en medio del barro (nunca fue muy ordenado) mataría a cualquiera de esos monstruos si se daba un certero golpe en la cabeza.
Ya dotado de su instrumento volvió dentro de la casa, se colocó las ropas más gruesas que encontró para distanciar su carne de los virulentos dientes que lo embestirían una vez que saliera fuera de su refugio.
Otra vez los golpes en la puerta de entrada, sabía quién era, había compartido algunas tertulias con él acompañadas por asado y vino; pero ahora no habría caso, tratar de hablarle sería imposible, Ian estaba notificado de que “ellos” no albergaban memorias ni razonamientos en su cerebro debido a que este moría algunas horas después de la infección; lo habían informado por un canal de emergencia en la radio.
Otro plan, en teoría efectivo, en práctica, ya lo vería; Pegada a la puerta había una ventana de doble hoja color blanco, si lograba retirar el pestillo que la trababa para luego desplazarla sin hacer algún ruido, podría tirar algo al suelo para distraer a quien antes el llamaba “Tito”, su vecino.
Una lata de conserva fue suficiente para lo planificado, la escurrió a través del pequeño espacio que había logrado abrir sigilosamente; entonces su vecino fue a registrar este suceso, el medio metro que se distancio de la puerta de entrada fue suficiente. Ian se deslizo hacia afuera, sin hacer sonidos, juntó coraje y levantó el hacha, el primero de los dos golpes, dio debajo de la nuca y en medio de una explosión de sangre cayó al suelo, aun gimiendo. El segundo golpe acabó el trabajo de inmediato: halló certeramente el centro del cráneo y reventó la cabeza del pútrido ser. Ian no soportó la hedor y con ello tampoco sus ganas de vomitar. Partió de ahí enseguida, recordando mientras caminaba todo lo que se divirtió con su ex vecino, y aunque trató, no pudo contener algunas lágrimas rebeldes que recorrieron sus mejillas aun coloradas por el esfuerzo anterior.
Miró una casa, que era igual a todas las demás en el barrio cerrado, y fijó su vista en el cartel que estaba pegado junto a la puerta:
-manzana seis, debo seguir –pensó- menos mal que no estoy en el otro extremo del barrio, allí donde se encuentra el riachuelo. Tal vez tenga suerte y encuentre un auto abierto y con llaves. ¿Quién sabe?
Sus pasos eran débiles, y su falta de fuerza estaba radicada en el profundo miedo que sentía en medio de esa penumbra, estando solo, y siendo la presa. El temor agarrotaba sus músculos, pero seguía adelante. De cuando en cuando veía un auto y lo trataba de abrir, pero sin forzarlo demasiado, una alarma sería suficiente para acabar con todo.
A dos cuadras de la entrada, sólo iluminado por las estrellas, un sonido gutural proveniente de una casa, lo congeló; era como si un león comiera a una cebra a metros de él. Pero sabía que en ese lugar no había ni cebras ni leones. No quiso pensar, tragó saliva y siguió adelante.
El hacha ya no goteaba más sangre, se había secado para cuando llegó al ingreso principal del recinto. La garita estaba en medio de dos barreras, una de entrada y otra de salida de autos, ambas bajas. Miró cuidadosamente mientras pasaba junto al puesto de vigilancia y salió fuera del barrio, y allí en medio de la negrura, el milagro: el colectivo rojo que todos los días lo llevaba a la estación de trenes. Inmediatamente, pero sin dejar de mirar a todos lados, subió al enorme coche. Lo inspeccionó para asegurarse de ser el único pasajero y se sentó en donde lo haría el conductor. Pensó que el chofer habría esperado algunos minutos al pasaje, y que ese intervalo fue suficiente para expirar allí mismo. Acompañaba a su teoría, algo de sangre en las escaleras de subida al bus, supuso que en esas mismas escaleras habría dado lugar a la lucha.
Todavía temía apretar el arranque del colectivo, como lo haría antaño para arrancar el motor del Ford sprint que estaba en un banco de pruebas del colegio al que asistió. Se encomendó a los cielos, juntó coraje y presionó el botón. El rugido del motor se escuchó en toda la zona, Ian cerró las puertas.



Si alguien gusta de conocer el segundo capitulo, por favor avizarme. Muchas gracias por su tiempo.


Para ver mis otros post!



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