Una Tabla
Una tabla recibe ansiosa la sangre que brota del cogote pelado que no quiso ser lo que debía ser. Un rebelde, un cantor al crepúsculo cuando en realidad al amanecer se lo necesitaba.
Una tabla recibe ansiosa la sangre que brota de esos ojos tristes, ojos vítreos, ojos-espejo que vieron lo que nadie vio. Olieron colores insípidos y ahora lo pagan.
Una tabla recibe ansiosa la sangre que brota de la venas, venas que transportan música, sangre melodiosa que se pierde porque nadie la quiere escuchar, sin embargo la hace eterna.
Una tabla recibe ansiosa la sangre que brota de la lengua del poeta que por no decir palabras impuestas la mordió hasta matarla.
Una tabla recibe ansiosa la sangre que brota del aleteo de una alondra, que herida por el filo plateado de la luna, cayó en tu cocina.
Y pensaste que era un gallo y pensaste que la sopa iba a ser reparadora. No, la sopa de letras muertas llena pero no alimenta. Ahora la alondra no volará, no llorará, no cantará, no nos regalará el sonido azul de sus dulces ojos. Maldito cuchillo que no supo escuchar ni ver lo bello de lo no muerto, de lo que no duerme, de lo que se sueña…
Preguntas

¿De qué manera la pena deja de ser un lastre para convertirse en una amable compañía?
¿Dónde está Dios cuándo el Diablo lo necesita?
¿Un poema de un solo verso será un uni-verso?
¿Por qué cuando encontramos una respuesta enseguida buscamos otra pregunta?
Seres
Hay seres que poseen el secreto de la vida, son extraños y muy raros. Tan raros que moran en las vísceras de las ranas. Por las noches cuando la luna nos limpia con su frialdad, podemos escuchar a los pequeños duendes que apretando las entrañas de los animalitos quieren comunicarnos ese secreto. Lamentablemente nuestra razón sólo nos permite apreciar el croar de los anfibios…

Lágrimas
Las lágrimas que no se lloran, las palabras que no se dicen; los abrazos que no se dan; los besos perdidos; las canciones olvidadas… son alfileres de plata negra clavándose en el pecho, son llamas sucias que nos abrasan por dentro. Esperando el llanto; el verbo; el contacto; la música que nos redima y transforme la pena en alegría.
El rostro del pequeño,
con sus mechoncitos sobre la frente,
se esconde tras la cresta del gallo amarillo.
Pobre gallo sin pico, pobre niño sin cuerpo.
La mica de tus ojos
En una plaza violeta sentada en una rosa te vi. El viento se tomaba el trabajo de despeinar, uno a uno, tus cabellos en una brillante cámara lenta. Caminé hacia vos y me alejé cada vez más. Y ahí estabas, tu aroma, una caricia en sepia, me lo dijo. Te susurré al oído palabras invisibles y me senté a tu lado. El sol hizo brillar la mica de tus ojos, las mariposas se posaron en las espinas y formaron flores agitadas.
No nos tocamos, nos sentimos.
Vos allá, yo acá.
Como debe ser, como no queremos que sea…