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Un Millon de Barquitos (Cuento Propio)

Arte10/4/2013
Un Millon de Barquitos
Por @OliverTours


Nuestras virtudes son, a menudo,
hijas bastardas de nuestros vicios.

Friedrich Hebbel



Leonardo doblo la hoja por la mitad, lentamente tomo el borde de la unión y lo llevo al centro vertical del papel. Hizo lo mismo con el otro borde. Levanto las partes restantes de abajo y las trabo con un par de vueltas.
Giro. Torció. Movió. Y volvió a girar.
Al terminar un pequeño barco de papel se posaba en su mano.
Tomo otra hoja y repitió el proceso. Así estuvo, toda una tarde en su habitación. Sus padres lo llamaban, preocupados, y el respondía que estaba bien, que solo estaba estudiando.
A la noche no bajo a cenar, al día siguiente no bajo a desayunar.
Sus padres, preocupados, decidieron entrar por la fuerza al cuarto.
Leonardo dormía, sobre su escritorio había una carpeta abierta y un par de libros. Aliviados, se fueron. El joven abrió los ojos, el engaño había tenido éxito, rápidamente y con agilidad se levanto de la cama y abrió el placar. Una marea de barcos de papel, de todos los tamaños y colores, lo llenó hasta los talones.
Era feliz.

Nadie sabe por qué las personas se vuelven adictas a armar barquitos de papel. Algunos dicen que es por una cuestión genética, es decir, si los abuelos de uno tenían esa patología uno puede llegar a heredarla.
Otros sostienen que es algo sociológico, un estudio de la Universidad de Pennsylvannia revela que el 70% de los jóvenes tuvieron un contacto con barquitos de papel y que el 20% alguna vez armo más de diez. De estos, el 80% Vivian en casas con techos a dos aguas, lo cual podría influir, si nos ponemos a pensar, en la relación entre los barquitos de papel y los ingresos de las familias a las que estos jóvenes pertenecen.
En general, por lo menos en este tipo de adicción, los tratamientos suelen ser muy largos y complejos. La imposibilidad del sujeto adicto de liberarse de la costumbre de armar barcos con cualquier cosa, dificulta las tareas.
Se han reportado casos en los que los adictos han construido con diferentes utensilios, barcos de similares características visuales. Ocasionando otro tipo de adicciones.

El tiempo pasó y Leonardo continuo con su vicio que, lentamente, se transformo en dependiente. Las cosas se complicaron a medida que sus necesidades fueron aumentando. Las hojas de la carpeta se le acabaron y tuvo que comenzar a robar de otros lugares de la casa. Pronto los papeles para anotar teléfonos desaparecieron, los diarios también.
No se supo mas nada de la agenda de su padre, ni de los libros de cocina de su madrea. Los posters de su hermana desaparecieron, junto con los manuales de los aparatos electrónicos.
La casa quedo sumida en una total pobreza.
Su madre dejo de cocinar por qué no tenía sus libros, su padre perdió el empleo por no asistir a las reuniones que tenia anotadas en su agenda, la hija fue expulsada del colegio por robar posters a sus compañeras, para compensar esos que no tenia.
La comida comenzó a escasear y, aun sin un lugar en donde anotarlo, la madre de Leonardo recordó de memoria el teléfono de un Centro de Rehabilitación Para Los Adictos a Armar Barcos de Papel. Leonardo seguía en su cuarto, abducido por la adicción, que se había complicado aun mas por la imposibilidad de esconder su deficiencia. Para evitar que sus padres sospecharan, el siempre decía que estaba estudiando o que estaba acostado; pero era mentira. Preparaba siempre sus barquitos y los guardaba, ahora de una manera ordenada, dejando atrás esa tarde en la cual inundo todo su cuarto con barcos de papel.
Dejaba un par de carpetas sobre la mesada y encendía la radio “Para tranquilizarme” le decía a sus padres.

El informe del médico del Centro de Rehabilitación expresaba que la adicción de Leonardo, salida de su propia boca, había surgido por la falta de atención que tenía en su casa.
Su padre, que trabajaba en una fábrica de Palomas para Magos, no estaba casi nunca en la casa, salvo los fines de semana, y no se ocupaba de sus hijos más que en la parte monetaria.
Su madre, una ama de casa frustrada, vivía todo el tiempo cocinando comida que nunca comían, por que las terminaba regalando al primero que pasaba por la calle.
Hacía mucho tiempo que la familia de Leonardo no comía algo que no fuera Arroz con queso de algún delivery de la zona.
Todas estas situaciones, sumadas a un desengaño amoroso, llevo a Leonardo a armar un barco de papel para despejar sus tensiones.
Todos sabemos las catastróficas consecuencias que esto le trajo.

Continuando con las vicisitudes de Leonardo, es conveniente abordar la génesis misma de este problema, que recae en la poca voluntad de nuestro adicto.
Leonardo se jactaba de comprender bien el mundo. Era un joven ágil, astuto y rápido de mente; una de esas personas que le cae bien a todo el mundo.
Pero, justamente, esa gran capacidad, de ser aceptado por la sociedad, tuvo su detonante, o su punto de giro, en el momento en el cual Paola entro a su vida.
Paola era una rebelde, pero tras esa mascara de rebeldía se escondía un secreto de un carácter tan turbio que hizo cambiar la vida de Leonardo.
Paola, como Leonardo más tarde, era adicta a armar barcos de papel. Pero ella lo ocultaba bien, con estilo. ¿Cómo? Los regalaba.
Caminaba por la calle todo el tiempo con su cartera en un brazo, y una bolsa en la otra; y a cada persona que pasaba, le regalaba un barquito.
LA gente, contenta por la simpatía de la joven, a la que no le faltaba belleza, aceptaba de buena gana e, incluso, le sonreían.
El amor comenzó de improviso. Leonardo paso a dar una lección al pizarrón y el profesor llamo también a Paola, ella, galante, tomo un barquito de su pequeña bolsa y se lo entrego. Leonardo, sorprendido, por no haber registrado a esa compañera nunca antes y por la extrañeza de tener un objeto que nunca antes había visto en su mano; agradeció y le sonrió.
La lección fue un desastre, ambos fueron reprobados. Pero el joven quedo turbado por toda la secuencia que había vivido.
A la salida del colegio le pregunto qué era eso que le había regalado. Ella le contesto, entre risas, que era un barco hecho con papel. Leonardo se sorprendió y le pregunto, por curiosidad, como se hacían y si le podía enseñar a hacer uno.

Paola nunca más apareció por la ciudad, Leonardo nunca más supo de ella, y luego de salir del Centro de Rehabilitación, tampoco quiso buscarla.
No le guardaba rencor pero sus recuerdos eran muy poco amenos, quería olvidarse de cualquier tipo de papel y pliegue. De cualquier recuerdo de un barquito.
Dicen que Leonardo es viejo, que vive en la casa de sus padres, luego de que estos murieron. Su hermana, también anciana, cada tanto lo va a visitar y le lleva un poco de arroz.
Sigue teniendo el encanto que tenia de joven, el de caer siempre bien. Solo que ahora tiene una memoria prodigiosa, víctima de no poder usar hojas de papel, y sus vecinos lo tienen en buena estima.
Es curioso y siempre está de buen humor.
Nadie sospecharía que un anciano así podría haber sido un adicto, aunque pensándolo bien, no sé si lo haya sido.
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