InicioInfoLas Falvinas por Lilly Morgan Vilaró



Lilly Morgan, autora de :Ay mama!, tenés cáncer, nació en 1948 en Argentina. Fue vendedora, azafata, moza, periodista de radio, televisión y gráfica, fotógrafa profesional, corresponsal extranjera, periodista de la ONU, Oficial de Información del Instituto de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (INSTRAW), Vocera de Prensa de la Asociación Argentina de Aeronavegantes, Vocera de Prensa de la Secretaría de Medio Ambiente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Vocera de Prensa de la reserva Ecológica Costanera Sur, colaboradora free lance de la BBC de Londres. Actualmente Morgan está radicada en una chacra en Rocha.

Si desean leer más de ella, publica en varios medios de Uruguay y Argentina como colaboradora ad-honorem.


Las Falvinas del territorio Argentánico (por Lilly Morgan Vilaró)


Durante los meses que duró el conflicto bélico entre Argentina y Gran Bretaña en 1982, los corresponsales acreditados ante la Onu, bautizamos a las islas en disputa, las Falvinas. Llegamos a ese consensuado nombre, cansados de llamarlas de la forma diplomática que, hasta se dirimiese el asunto, había establecido la organización mundial. O sea, las Falklands/Malvinas. Al principio, los periodistas norteamericanos y europeos preguntaban cuáles eran las novedades entorno a las Falklands, y los latinoamericanos, africanos y el irlandés, interrumpíamos con un escueto “Malvinas”.
A su vez, cuando nuestro sector preguntaba cómo iban las negociaciones por las Malvinas, la patota angloparlante (idioma oficial de la ONU) soltaba un “Falklands” alto y sonoro. Todo esto le causaba poquísima gracia al “vocero de prensa en inglés”, tal era su título oficial, del Secretario General de la organización, un francés carente del más mínimo sentido del humor y con escasas pulgas. (Sí: el vocero en inglés era francés y se comunicaba en ese idioma con su jefe, el Secretario General, que era un peruano de exquisitos modales, ligeramente machista, de carácter jodido cuando se le cuestionaba una respuesta, y que prefería hablar en francés antes que en español. ¿Raro? No para la ONU).
La cuestión es que, para no molestar más al vocero de prensa, los corresponsales decidimos democráticamente unir las dos palabras. Y así transformamos el nombre en Falvinas. Decisión que irritó muchísimo más al francés, que nos trató de “poco serios”. No nos importó. La mayoría pensábamos que lo que era poco serio era esa guerra inventada por un gobierno militar golpista de Argentina, para aferrarse al poder, y aceptada y abrazada con desesperación por una Primera Ministra británica que iba en camino a ser derrotada en las próximas elecciones. A ninguna de las dos partes les importó que en ese conflicto se fueran a perder vidas.
Ya se sabe que el plan de Leopoldo Galtieri y sus secuaces era hacer un touch and go, y con eso daban por cumplida su misión, la de quedarse en el poder, e iniciar unas hipotéticas negociaciones con Gran Bretaña. Pero una vez que lograron el touch, que les resultó tan fácil ya que Puerto Stanley no esperaba su visita, decidieron quedarse. Se sabe también que el entonces presidente del Perú, haciendo de mediador y bajo las directivas de USA, había logrado convencer a los trasnochados militares argentinos de retirarse. Y que le dieran órdenes al buque Belgrano de pegar la vuelta y retornar a Buenos Aires. Se sabe que el presidente peruano habló con Margaret Tachter y le comunicó que Argentina se retiraba de las islas. Pero la dama de hierro ya había intuido que una guerra salvaría su puesto, y dio la orden de bombardear al Belgrano, sabiendo que con su hudimiento, los militares argentinos no podrían dar marcha atrás. Y ya todos sabemos que no lo hicieron. Reitero: a ninguno de los dos bandos les importó el costo en vidas humanas. Solo evaluaban su propia permanencia en el poder. Eso es lo que no es serio.
Casi mil muertos entre argentinos y británicos. Excombatientes argentinos que volvieron a escondidas durante la noche, porque sus jefes no querían que se los viese. Ex combatientes que luego, ya en plena democracia, tuvieron que pelear años para que se los tratase como tales y se les diesen los beneficios y honores correspondientes. Con muchos que cometieron suicidio por no recibir la atención y contención necesaria que se le debe de dar a una persona que luchó en una guerra. No importa que haya sido una guerra ridícula y mal parida. Bah, como casi todas las guerras. Pero esta lo fue más aún.
Para los que combatieron en ella, fue una guerra y punto. En donde el enemigo, sobretodo para los colimbas, muchas veces estaba entre sus mandos superiores. A que viene todo este relato. A que a treinta años del conflicto, parecería que la historia se repite. No en el sentido de que haya un episodio bélico, ya que Gran Bretaña no tiene el menor interés en tenerlo y Argentina no puede ni siquiera pensarlo. Pero si en el sentido de utilizarlo con fines políticos mutuos. Otra vez hay un Primer Ministro británico que no sabe como hacer para distraer la atención sobre los problemas económicos y sociales que enfrenta su país. Si hasta Escocia quiere independizarse de Inglaterra. Bueno, lo quiso siempre. Ahora vuelve a la carga.
Y Cameron aprovecha el escándalo que hizo el gobierno argentino por la visita del príncipe William a las islas, para subirse al caballo y decir, entre otras bobadas, que Argentina es colonialista. Y mandar, para echar más leña al fuego, un buque de guerra súper moderno, con, supuestamente, armamento nuclear. No tengo muy claro cual es la necesidad de reavivar el tema por el lado de Cristina Fernández. Ganó su segundo mandato con el 54% de los votos y está hecha para el resto de la cosecha. A no ser que quiera, según dicen los rumores, tener otro período de cosechas. O que quiera tapar el lío que se le está armando por el tema de la minería.
La cuestión es que Cristina reúne a todo el mundo, oposición incluida, en la Casa Rosada, y dice lo que dijo. Que las Malvinas son argentinas, que es una causa común del país, pero que, por suerte...eeeh, el “por suerte” es mío, no de la señora presidente…Digo: dijo que el reclamo sobre las Islas se hará solo por medio de las negociaciones y en el foro de la ONU, según manda la resolución de 1965. Redactada, en ese entonces, en su gran mayoría, por el embajador radical, Lucio García del Solar, quien siempre insistió que esa era la única vía de negociación. Incluso en medio de la guerra del 82, a través de artículos publicados en el diario La Nación, mientras buena parte del resto del país se olvidaba de quien era Galtieri y lo aclamaba en la Plaza de Mayo. Prosigo. Durante mi estadía en las islas Malvinas en el año 1997, un isleño me preguntó cual era mi posición personal sobre el tema. Le respondí que si las islas estuviesen desiertas, solo pingüinos, elefantes marinos y demás fauna autóctona, definitivamente las consideraría argentinas. Hoy día sigo pensando lo mismo. Es decir: no están desiertas. Hace ya unos 179 que allí viven los descendientes de los que llegaron en 1833.

Desembarcaron en unas islas en donde los únicos habitantes eran unos balleneros argentinos, que habían quedado varados y abandonados a su suerte en ese entonces inhóspito lugar. Que les besaron las manos agradecidos cuando los recién llegados los llevaron a tierra firme argentina. Si esos inmigrantes no se hubiesen quedado allí, y construído lo que hoy día es una próspera comunidad, las islas estarían aún tan desiertas y desoladas como lo estaban en 1833. Más allá de alguna incursión de batallones militares de los diversos países europeos colonialistas.
Léase: Francia, España y Gran Bretaña. Que por lo general se quedaban un rato, y luego huían despavoridos ante las inclemencias del tiempo. Estarían tan desiertas como la Isla de los Estados. Argentinísima ella. Desierta ella. Ni los guardias del penal que existía ahí, se bancaban la soledad y el viento helado. Y eso que el clima de la isla es un poco más benigno que el de las Malvinas. A lo que voy es, que creo que las islas Malvinas son Falklands.
No de los británicos. Sino de los isleños. Llamados despectivamente “kelpers” por los propios ingleses y por los argentinos. Y luego maltratados por los militares de Galtieri, cosa que no contribuyó a que nos tomaran mucho cariño. Y a no confundir: los isleños tienen muchos amigos argentinos, sobretodo entre los habitantes de la Patagonia, y Santa Cruz. Y existía cierto diálogo con los gobiernos argentinos. En el sentido, en que ambos lados se ignoraban mutuamente, pero no se molestaban tampoco. Hasta el 82.
Pero vuelvo al por qué creo que las islas les pertenecen a los isleños. Porque si no fuese así, Argentina tampoco sería de los argentinos. Ya que cuando llegaron los primeros invasores, devenidos en colonizadores, el territorio tenía habitantes originarios. Que fueron debidamente masacrados y los sobrevivientes dispersados y mantenidos al margen del desarrollo de la nación, hasta el día de hoy. Pasó en Chile, Uruguay y el resto de las Américas, incluyendo la del Norte. Mis ancestros, como la gran mayoría de los actuales argentinos, vinieron de Europa por la misma época, un poco antes tal vez, que los que llegaron a las Malvinas. Y se rompieron el alma para forjar lo que es hoy este país. Si alguien viniese a decirme que yo debo levantar campamento y volver al país de origen de mis tatarabuelos porque soy una ocupa-colonizadora, le recomendaría que largase el pegamento y volviese a las pastillas. Además, mi “madre patria” no me abriría los brazos para recibirme, ya que soy cuarta generación nacida en Argentina. Pues bien, los isleños, en su gran mayoría, quieren ser autónomos e independientes. No se sienten argentinos, porque al estar tantos años aislados del continente, y del resto del mundo, mantuvieron su esencia británica. También saben que los británicos los siguen mirando como de segunda categoría. Y tienen miedo de que cuando la situación política lo amerite, Gran Bretaña no tendrá el menor empacho de “devolverlos” a la Argentina. Quieren ser un país soberano con todos los derechos que eso implica. Ya son autosuficientes económicamente, tanto, que pueden pagarse su propia guarnición militar que los proteja de futuras posibles invasiones vecinales. Por su lado, Argentina es un país enorme, con muchas riquezas aún no explotadas, incluyendo el petróleo, que en su gran mayoría está en manos de empresas extranjeras. Tenemos partes del país abandonadas y con un nivel de pobreza tal, que debería de darnos vergüenza. Gran parte de nuestras tierras están en manos de extranjeros, cosa que no estaría mal, si hubiese una política nacional de protección para evitar la explotación y posterior fuga de capitales al exterior, como la que tienen Australia y Nueva Zelanda. No la tenemos. Pocos argentinos se bancarían vivir en las Malvinas, debido al feroz clima y la soledad en que están la mayor parte del año. Aún hoy, con todo el confort moderno que tienen, la vida es muy difícil. ¿Nos cambiaría en algo la vida cotidiana si las Malvinas fuesen argentinas? Digo, más allá del patrioterismo fácil de decir: son nuestras! A veces pienso que la causa Malvinas es un poco como la obra de teatro “Esperando a Godot”. En el sentido en que muchos piensan que cuando “lleguen” las islas, todo estará solucionado. Y no creo que sea así. De última, tendremos otro gobernador, muchos funcionarios al santo botón, varios diputados y senadores con excelentes sueldos, y al poco tiempo, convertiremos, unas prósperas islas, en otra provincia del sur con problemas económicos, pidiéndole plata al estado nacional. Creo que aceptando la soberanía, no de los británicos, sino de los isleños, sobre las Falklands, podremos dedicarnos plenamente al territorio que sí tenemos y que aún tiene mucho por desarrollar y mejorar.
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