InicioArteEl vacío. Capitulo I y II ( Alesana )

El vacío. Capitulo I y II ( Alesana )

Arte10/10/2013
Alesana - The emptiness



El color de su rubor juvenil había desaparecido de ella al igual que la misma sangre de sus venas sobre el lecho en el que yacía. Una imagen insoportable para la vista, pero de alguna manera retorcida sólo parecía realzar su exquisita belleza, como un lirio en una tumba. Hoy es 16 de Abril de 1898. Yo soy un dibujante que vive en un pequeño pueblo llamado Slough, el cual está situado diecinueve millas al este de Charing Cross en las afueras del Gran Londres. Estoy aquí para contarte una historia. Una historia que torturará tus pensamientos de día y envenenará tus sueños de noche. Y aunque haré todo lo posible, no hay palabras que puedan ser escritas, ni trazos de pincel puestos sobre el lienzo que puedan describir el crudo y completo horror de la noche en la que Annabel murió. El vacío te perseguirá...

Capítulo Uno: Unos ojos vacíos acusan a un rostro tan malvado






Mis ojos se abren con el escozor de la luz del sol. Algo anda mal. No la clase de mal que sientes cuando recién despiertas de un mal sueño, sino Algo verdaderamente malvado. Una sensación de pánico y desesperación corre por mis venas con una urgencia tal que salto de la cama sin tomar en cuenta la columna de la cama que mi cabeza inevitablemente golpeará. ¿Qué es ese olor? Tan desconocido. Lo único que reconozco en su almizcle es a Annabel, pero es como si algo tan profundamente pútrido estuviese encubriendo su tentador aroma. ¿Por qué estoy temblando? ¿Estoy equivocado con respecto al sueño? Tal vez esté atrapado en los últimos segundos de una pesadilla tan horrorosa que incluso mientras estoy parado aquí despierto no puedo escapar de su garra. Un sorbo de agua y un momento para recobrarme deberían ayudarme a poner las cosas en su lugar. ¿Dónde estuve anoche? ¿Qué hice? Recuerdo la cena, las bebidas, las risas. Recuerdo hacer el amor con Annabel. Recuerdo dibujar. Sí, mi dibujo, mi última obra maestra. Oh, no puedo esperar para que mi dulce amor ponga sus ojos en mi mayor logro hasta la fecha. La va a complacer muchísimo. Debería despertarla, estoy demasiado emocionado para dejarla seguir durmiendo.

Me acerco para sacudir dulcemente a Annabel de su sueño y encuentro que mis manos están cubiertas de sangre. El olor, el temblor, el pánico. Contra mi voluntad, volteo mi mirada hacia la horrible escena que yace en la cama sólo a unas pulgadas de donde yo dormí. La dura realidad de lo que estoy viendo pasa sobre mí a medida que caigo sobre mis rodillas gritando, llorando, vomitando. Esto no puede estar pasando. Todavía estoy dormido, nunca desperté. Me arrastraré a la cama, envolveré mis brazos alrededor de mi dulce Annabel, y por la mañana despertaré con la suave caricia de sus labios. Con toda la fuerza que encuentro me meto en la cama y me muevo lentamente junto a la mujer con quien he compartido los últimos siete años de mi vida. Fue en este preciso momento que noté la dolorosamente angelical belleza de sus ojos. Tan gentiles, tan indulgentes, y ahora en este aparentemente interminable instante, perfectamente quietos. Su piel, una vez exuberante y resplandeciente está ahora sumergida en una piscina carmesí.

No estoy completamente seguro de qué atrajo mi atención hacia el espejo en la pared. No estoy diciendo que si no hubiera visto mi reflejo en esa fatídica mañana las cosas hubieran marchado diferentes al final. Todo lo que sé es que hasta el día en que muera no volveré a dormir otra vez. Mientras se revela el misterio detrás de las últimas horas de la vida de Annabel, el viejo, roto espejo que ha estado colgado en mi habitación desde que puedo recordar dejaba perfectamente clara una cosa. Yo, el Artista, había matado al único amor que conoceré alguna vez, Annabel.


Capítulo Dos: Manos sudorosas no podrán cerrar la puerta






Un espejo nunca miente. Ellos lo saben. Todo el mundo lo sabe. ¿Acaso no ves lo que ellos ven? Un espejo nunca miente. Yo veo lo que ellos ven. Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo lo sabe.

Siempre he estado fascinado por el completo y definido poder que la mente humana posee por encima de lo que los ojos ven. En alguna parte en el desove de miles de sinapsis y posibilidades, el cerebro a veces descifra bastante improbable e incorrectamente lo que los ojos realmente han presenciado. Estos son los propios pensamientos a los que me aferro mientras estoy parado sobre el cuerpo de mi amada
Annabel, recostado en una sanguinaria pesadilla.

(Pronto estarán aquí...)

Mis oídos están abrazándose a la esperanza. Juraría que ella me está contando secretos en el más débil de los susurros. Se me eriza la piel mientras me paseo por la habitación sólo para ser seguido por sus ojos inmóviles. Sabiendo que quedarme aquí, en la presencia de mi pecado, seguramente causaría que me vuelva loco, decido mover el cadáver. Resistiendo la urgencia por besar sus labios, indudablemente fríos como el hielo, envuelvo los restos cuidadosamente en las sábanas de la cama empapadas de sangre y la ato con las cuerdas de varias longitudes que puedo encontrar.

(Pronto estarán aquí...)

Incluso mientras arrastro su cuerpo a través de los corredores de la casa y por la escalinata que lleva al sótano, todavía estoy en negación. Todo esto es una broma elaborada. Voy a volver a entrar en la habitación con los sonidos de risas y de felicidad. "¡Te atrapamos!", me van a gritar. Dios, este cuerpo es pesado, ¿Y dónde en este sucio sótano oscuro voy a almacenar un maldito cadáver? Creo que recuerdo haber visto un hacha allí abajo. Tal vez si el cuerpo fuese más pequeño podría meterlo debajo de los ladrillos sueltos del suelo.

(Pronto estarán aquí...)

Al borde de la histeria absoluta, corro de regreso al piso superior y aseguro la puerta, sellando para siempre a mi querida Annabel en su último lugar de reposo. Con mi espalda contra el roble macizo de la antigua puerta, me deslizo hasta el suelo e intento recobrarme una vez más. Gritos apagados resuenan en los pasillos, sólo seguros de ser mi muerta amada regresando a la vida. Aullando mientras lucha contra los impedimentos que aprisionan su cuerpo, ella correrá por las escaleras y hacia mis brazos, bañándome con besos de perdón. Ya no puedo soportar este lugar de terror. Sin la certeza de hacia dónde voy, sólo tengo que estar seguro de correr muy lejos de aquí. Después de todo, pronto estarán aquí.



Del album The emptiness de Alesana.
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