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Una leyenda es una narración tradicional que incluye elementos de ficción, a menudo sobrenaturales, por ejemplo, dioses; y se transmite de generación en generación. Se ubica en un tiempo y lugar que resultan familiares a los miembros de una comunidad, lo que aporta al relato cierta verosimilitud.

Se define a la leyenda como un relato folclórico con bases históricas. Una definición profesional moderna ha sido propuesta por el folclorista Timothy R. Tangherlini en 1990:

"Típicamente, la leyenda es una narración tradicional corta de un solo episodio, altamente ecotipificada,3 realizada de modo conversacional, que refleja una representación psicológica simbólica de la creencia popular y de las experiencias colectivas y que sirve de reafirmación de los valores comúnmente aceptados por el grupo a cuya tradición pertenece".

Una leyenda, a diferencia de un cuento, está ligada siempre a un elemento preciso y se centra en la integración de este elemento en el mundo cotidiano o la historia de la comunidad a la cual pertenece. Contrariamente al cuento, que se sitúa dentro de un tiempo («Érase una vez...») y un lugar (por ejemplo, en el Castillo de irás y no volverás) convenidos e imaginarios, la leyenda se desarrolla habitualmente en un lugar y un tiempo preciso y real, aunque aparecen en ellas elementos ficticios (por ejemplo, criaturas fabulosas, como las sirenas).


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La Luz Mala

Nuestro interior provinciano es muy lindo en paisajes y bellezas naturales, pero más bondadosa ha sido la naturaleza con el hombre que habita en esas "soledades"; en esa eterna quietud y paz. Soledad que se convierte en compañía para el espíritu, que le infunde melancolía y le fortifica el alma. Pero no siempre hay tranquilidad en esos parajes; las corridas, los velorios, las fiestas religiosas y las supersticiones mantienen inquieto al hombre de cerro y de campo y le tornan divertida su monótona vida. La riqueza cultural de nuestra gente es inimaginable; resultado de la fusión de las antiguas culturas aborígenes, del cristianismo, de las soledades y desventuras que en el marco geográfico se desarrollaron a través de años y años. Un tesoro que el hombre de la ciudad por su vida agitada y sofocante muchas veces no conoce, y que forma parte de nuestra tradición. Entre las supersticiones y leyendas de la gente del campo o de los cerros está la de la "luz mala" o "Farol de Mandinga", mito con trascendencia religiosa que se extiende por casi todo el Noroeste Argentino. En algunas épocas del año (generalmente las más secas) se suelen ver de entre las pedregosas y áridas quebradas de los cerros del oeste tucumano (Mala Mala, Nuñorco, Muñoz, Negrito, Quilmes, etc), a la oración - de tarde -, o cuando los últimos rayos del sol iluminan las cumbres de los cerros y el intenso frío de la noche va instalándose en los lugares sombreados, una luz especial, un fuego fatuo; producto de gases exhalados por cosas que se hallan enterradas conjugados con los factores climáticos; a ella - con terror y morbosidad - los lugareños denominan "luz mala" o el "farol del diablo". El día de San Bartolomé (24 de agosto) es el más propicio para verlos, ya que es cuando parece estar más brillante el haz de luz que se levanta del suelo y que, por creencia general, se debe a la influencia maligna, ya que popularmente estiman que es el único día en que Lucifer se ve libre de los detectives celestiales y puede hacer impunemente de las suyas (Ambrosetti, "Supersticiones y leyendas". La luz es temida también por que imaginan ver en ella el alma de algún difunto que no ha purgado sus penas y que, por ello, sigue de esa forma en la tierra. Generalmente nadie cava donde sale la luz por el miedo que ésta superstición les ha producido, los pocos que se han aventurado a ver que hay abajo de la luz siempre han encontrado objetos metálicos o alfarería indígena - muchas veces urnas funerarias con restos humanos, lo que aumentó el terror- que al ser destapada despide un gas a veces mortal para el hombre, por lo que los lugareños aconsejan tomar mucho aire antes de abrir o sino hacerlo con un pullo - manta gruesa de lana - o con un poncho, de suerte que el tufo no llegue a ser respirado. Debido a la continua migración a las ciudades y centros poblados, y por constante progreso estas leyendas van quedando reservadas solo para los mayores; la juventud se preocupa por otras cosas que estima más importante.-

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El Yasiyateré

Tal el nombre de un pajarito que vive en las selvas del nordeste argentino, cuyo silbido monótono se oye al amanecer y anochecer.
En noches de luna, en Enero, se oye un silbido: yateré...yateré... cada vez más cercano, cada vez más fuerte; entonces, las madres cuidan de no dejar solos ni un sólo momento a sus hijos pequeños.
Es un criatura de entre 2 y 6 años, de cara bonita, rubio, ojos azules o amarillos, sin orejas. Tiene un olor muy fuerte y desagradable.
Rapta niños que encuentra solos al mediodía o a la siesta. Sólo se lleva a los varones, a las mujercitas, por lo general las deja pues tienen el pelo tan largo como él. Lame sus frentes para quitarles el bautismo. Al rato de jugar un rato con ellos, los abandona envueltos en lianas y enredaderas, y los niños quedan mudos, atontados presa del su encantamiento.
Todos los años, para el aniversario del rapto, los chicos sufren ataques de epilepsia, para curarlos hay que bautizarlos de vuelta, cosa que no siempre funciona.
El Yasíyateré usa un gorro o boina roja. Su ropa es amarilla. Alrededor de su cuello tiene muchas llaves de oro y cinco anillos en los dedos. Lleva una varillita mágica, un bastoncito de oro muy brillante en el cual reside todo su poder; si alguien logra quitárselo comienza a llorar, pidiéndolo. Sin su bastón se debilita.
Cuando camina queda solo la huella del pie izquierdo, el derecho no se ve. Vive en lo profundo de la selva y come solamente huevos, miel y fruta. Es dueño de muchísimas alhajas y de tesoros.

Las Brujas
El Yaguareté-Aba


Es una especie de brujo muy temido en nuestro litoral, mitad tigre negro y mitad persona. Las manos y las piernas son de ser humano. Tiene una frente pelada muy ancha. También aparece como toro negro. Come carne humana, de mula y de vaca. Ataca los ranchos y los saquea. Persigue a las novias jóvenes y se las lleva para que le saquen los piojos. Los horneros dan la voz de alarma cuando los ven. Al igual que el tigre-gente (uturunco), utiliza un cuerito para metamorfosearse; pero además se sahúma con plumas de gallina. Para que pierda el poder, dice Elena Bossi que hay que quitarle el cuero y escupirle 3 veces la cara: así queda ciego.
Se lo combate con balas o con machetes bendecidos.
En cuanto muere toma forma humana.


la luz mala

La Umita


Está historia es conocida mayormente en el noroeste argentino, con menos influencia en el norte de Jujuy. Entre varias versiones (Colombres, Coluccio, etc.), transcribiré la de Paleari, que en cierto modo comprende a las otras...
Se cree que el nombre de Umita es un diminutivo castellanizado del vocablo quichua UMA que significa cabeza y, efectivamente, la leyenda se refiere a una cabeza de hombre (algunos obvian el sexo) con abundante y larga cabellera, ojos desorbitados, y tremenda dentadura que flota en el aire por las noches, gimiendo, llorando y provocando el terror entre quienes tienen la triste suerte de encontrarla.
Es un "alma en pena", sin duda, que paga sus culpas con el errabundo y eterno vagar por los caminos solitarios. Nadie sabe por qué fue condenada al Purgatorio, ni por qué se empeña en provocar el susto. Alguna vez un paisano valeroso la enfrentó y lucharon toda la noche, hasta el alba. Ganó y la Umita se transformó en toro o en ternero. Previamente narró su culpa al vencedor pero éste, a sus vez, no pudo contarle a nadie, pues como precio a su hazaña perdió el habla para siempre.


el pombero

El Lobisón


Este ser llegó a la Argentina a través de Brasil, y se tiene noticias de él en el Litoral (N.E.).
Si una familia tiene siete hijos varones, la maldición cae sobre el séptimo. Se dice que es un hombre alto, delgado y con mucho pelo. Antes de convertirse anda muy nervioso y se enoja fácilmente, puede transformarse en los cementerios o cercanías y sobre todo cuando el acólito florece y la luna está llena. Se alimenta con carroña y cuando anda por el monte puede morder a los desprevenidos.
Cuando muerde o salpica con sangre o saliva a sus víctimas, éstas pueden transformarse.
Según Elena Bossi, para protegerse del lobisón hace falta:
- una bala bendecida en 3 iglesias (7 según otros). No se debe apuntar al bulto sino a la sombra.
- un cuchillo bendecido que tenga forma de cruz.v - una linterna con pila bendecida (de lo contrario no alumbrará).
- una alpargata (cuando se le pega al lobisón con una alpargata, se vuelve persona).
Se lo puede atar; pero tiene que ser con lana abierta de tejer. Así se queda quietecito cuando lo enlazan. Si es perro lobisón hay que sujetarlo del cuello; si es perra lobisona, de la mitad de la espalda (media res).
Hay que herirlo sin que se dé cuenta, de lo contrario atacará y matará (sic).


la umita

Las Brujas


Del mismo modo que el séptimo hijo varón de una familia es un lobisón, la séptima hija mujer es una bruja.
Por lo general andan en sus escobas buscando niños para comer. Otros dicen que la que vuela es su cabeza, que se desprende cuando las brujas se acuestan. La forma de descubrirlas, es atrapando su cabeza y marcándola o bien dando vuelta el cuerpo sin cabeza para que se le pegue al revés.


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El Pombero


Es muy parecido al Duende, pero a diferencia de aquel, se lo ha visto muy pocas veces.
Tiene los pies al revés para dificultar su búsqueda. Puede tomar la forma de cualquier animal. Según Bossi, a la distancia parece un carpincho parado en las patas traseras, sus ojos no son como los nuestros, sino chatos, como los del sapo, y con cejas de pelo largo.
Mira fijo igual que las lechuzas. Tiene la boca grande y alargada y sus dientes son muy blancos.
Se dice que es el dueño de los pájaros y del sol y señor de la noche Sale a pasear en los meses de Octubre y Noviembre, cuando empieza el calor (en el N.O. y N.E.).
Cuentan que una vez, el Pombero se enojó con un hachero de la provincia de Formosa: Marco Gavasa, lo sacó del rancho con cama y todo durante la noche y lo dejó en medio del monte. Esto mismo se repitió durante varias noches hasta que una vuelta lo golpeó y lo dejó paralítico. Marco Gavasa murió a los 86 años en el año 1972.
Quiere a los chicos buenos y golpea a los malos. Cuando uno le imita el grito o el silbido, éste le contesta en forma enloquecedora. Dicen que se lo ahuyenta con ajo.




El premio de la Yerba


De noche Yací, la luna, alumbra desde el cielo misionero las copas de los árboles y platea el agua de las cataratas. Eso es todo lo que conocía de la selva: los enormes torrentes y el colchón verde e ininterrumpido del follaje, que casi no deja pasar la luz. Muy de trecho en trecho, podía colarse en algún claro para espiar las orquídeas dormidas o el trabajo silencioso de las arañas. Pero Yací es curiosa y quiso ver por sí misma las maravillas de las que le hablaron el sol y las nubes: el tornasol de los picaflores, el encaje de los helechos y los picos brillantes de los tucanes. Pero un día bajó a la tierra acompañado de Araí, la nube, y juntas, convertidas en muchachas, se pusieron a recorrer la selva. Era el mediodía y, el rumor de la selva las invadió, por eso era imposible que escucharan los pasos sigilosos del yaguareté que se acercaba, agazapado, listo para sorprenderlas, dispuesto a atacar. Pero en ese mismo instante una flecha disparada por un viejo cazador guaraní que venía siguiendo al tigre fue a clavarse en el costado del animal. La bestia rugió furiosa y se volvió hacia el lado del tirador, que se acercaba. Enfurecida, saltó sobre él abriendo su boca y sangrando por la herida pero, ante las muchachas paralizadas, una nueva flecha le atravesó el pecho. En medio de la agonía del yaguareté, el indio creyó haber advertido a dos mujeres que escapaban, pero cuando finalmente el animal se quedó quieto no vio más que los árboles y más allá la oscuridad de la espesura. Esa noche, acostado en su hamaca, el viejo tuvo un sueño extraordinario. Volvía a ver al yaguareté agazapado, volvía a verse a sí mismo tensando el arco, volvía a ver el pequeño claro y en él a dos mujeres de piel blanquísima y larguísima cabellera. Ellas parecían estar esperándolo y cuando estuvo a su lado Yací lo llamo por su nombre y le dijo: - Yo soy Yací y ella es mi amiga Araí. Queremos darte las gracias por salvar nuestras vidas. Fuiste muy valiente, por eso voy a entregarte un premio y un secreto. Mañana, cuando despiertes, vas a encontrar ante tu puerta una planta nueva: llamada caá. Con sus hojas, tostadas y molidas, se prepara una infusión que acerca los corazones y ahuyenta la soledad. Es mi regalo para vos, tus hijos y los hijos de tus hijos... Al día siguiente, al salir de la gran casa común que alberga a las familias guaraníes, lo primero que vieron el viejo y los demás miembros de su tevy fue una planta nueva de hojas brillantes y ovaladas que se erguía aquí y allá. El cazador siguió las instrucciones de Yací: no se olvidó de tostar las hojas y, una vez molidas, las colocó dentro de una calabacita hueca. Buscó una caña fina, vertió agua y probó la nueva bebida. El recipiente fue pasando de mano en mano: había nacido el mate.



Las Aguas del rio Bermejo


Hubo un tiempo en que las aguas del Bermejo fueron claras como las de sus vecinos, los ríos Pilcomayo y Uruguay. Un tiempo en que a sus orillas no se asomaban, como hoy, las casas de los pueblos formoseños, ni eran surcadas por las embarcaciones de los argentinos descendientes de europeos. Las tierras que recorría el Bermejo eran disputadas por dos tribus enemigas: los tobas y los matacos. Unos y otros atrapaban los peces de su cauce, se sumergían en su frescura en las tardes calurosas, deslizaban las canoas por su corriente y se sentaban a sus orillas en las noches de luna. La mayor afrenta que sufrieron los tobas durante esa larga guerra fue la captura de la hija del cacique, una joven hermosa y decidida, que pasó de vivir en sus chozas a las de los matacos. Aunque extrañaba a los suyos, poco a poco sus captores se le hicieron menos extraños, sobre todo desde que conoció al hijo del cacique y comenzaron a pasar largas horas juntos. Se enamoraron mientras conversaban a la sombra de un urunday, mientras nadaban en el río, mientras caminaban en silencio siguiendo al ciervo de los pantanos... Pero sus relaciones eran imperdonables. La unión entre una toba y un mataco estaba prohibida por los hombres y maldita por los dioses. Cuando el consejo de la tribu dio órdenes estrictas para prohibir los encuentros entre los jóvenes, ellos establecieron citas secretas y se amaron más todavía a la sombra de su sigilo. Sin embargo, no estuvieron a salvo de las habladurías, de los comentarios a media voz que deslizaban las viejas cuando se sentaban en rueda a tejer su yicas (bolsas tejidas con fibras vegetales) y a moler las semillas del algarrobo. Tampoco de las miradas de alguno que los había sorprendido al entrar en el monte tras un armadillo fugitivo o para recoger los frutos del jume. Y llegó el día en que, reunido nuevamente el consejo de la tribu, debieron comparecer ante él. Los jefes, que ya habían deliberado, los miraban en silencio. Los corazones de los jóvenes se aceleraron ante esos rostros severos e imperturbables. El cacique habló con voz suave y firme. Era preciso que todos respetaran las tradiciones de la tribu, con más razón tratándose del heredero de la autoridad: se les exigía la separación inmediata y definitiva. Ante la decidida oposición de los jóvenes príncipes, que se sabían unidos por los lazos indestructibles urdido por palabras, miradas y gestos recientemente descubiertos, alma con alma y cuerpo con cuerpo, el consejo emitió el fallo final: los amantes serían sacrificados, se les arrancarían los corazones y éstos serían arrojados al río, como lección y advertencia para quienes se atrevieran a contrariar las leyes de los hombres y las disposiciones divinas. El sol del mediodía brillaba en lo alto del cielo mientras la tribu se reunía pra presenciar la ejecución. Si algo de viento agitó las ramas de los arbustos, si las cigarras cantaban su canción filosa y monocorde, si el río dejó oír su rumor, nadie lo supo cuando los jóvenes fueron llevados a lo alto del barranco y muertos por el haiawú (hechicero de la tribu), cuando el agua aceptó sus corazones sangrantes y se tiñó de rojo para siempre. Cumplido el sacrificio, a los pocos días, la gente se acercó al barranco por un rumor: los corazones no habían sido arrastrados por la corriente; flotaban juntos exactamente en el mismo lugar en el que habían caído. ¿Era acaso que los dioses no estaban conformes con el fallo? ¿Sobrevendrían entonces pestes, sequías y escasez? Los jefes acordaron sacar los corazones del agua y convertirlos en cenizas, para que que no quedara rastro de ese amor que había desconocido la tradición. Todos los matacos formaron la gran pira, no hubo nadie que contrariara a los dioses. Los corazones ardían al compás de los pimpines (tambor mataco), abrasados por el fuego que, cada vez más alto, ahuyentaba los mosquitos e iluminaba los cuerpos de los bailarines. Días después, cuando un enviado volvió al lugar para comprobar que las cenizas hubieran sido dispersadas por el viento, vio con asombro cercano al terror que donde estuviera la pira había crecido un arbolito desconocido. Entre sus verdes hojas mostraba dos únicas flores rojas, una al lado de la otra, en forma de corazón. A la sombra del letanetá, como llamaron los matacos a la nueva planta, y mecida por las aguas del río que encontró su nombre, nació entonces la amistad entre los tobas y matacos, que todavía luchan en el monte para sobrevivir.

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El primer vuelo de las luciérnagas


Isondú fue el hombre más hermoso entre todos los guaraníes. El más alto, el más fuerte, el más hábil. Había que verlo disparando una flecha, remando en la canoa, bailando en las ceremonias de los payés (médico hechicero). Cuando era chico, no había madre en su tevy (familia extensa de los guaraníes que configuraba una unidad social y ocupaba una única gran vivienda) que, al verlo reírse, no le hiciera una caricia y, cuando le llegó la hora del tembetá (amuleto guaraní que llevaban los hombres adultos. Consistía en un palito en forma de T que atravesaba el mentón) ya había muchas indiecitas que querían casarse con él. A todas les gustaban sus manos diestras, su mirada penetrante y su perfume a madera. Junto con el amor que despertó en tantas muchachas, se despertó también la envidia de los hombres. Los que habían jugado con él sobre las hojas de palmera y más tarde en los claros o en el río ahora le tenían rabia. Por eso prepararon la emboscada. A Isondú lo esperaron un atardecer. Temprano habían cavado el pozo en el camino y lo habían disimulado bien: ya se sabe que los guaraníes eran especialistas en cazar con trampas, y esta ya estaba lista. Después se sentaron a esperar, y a tomarse la chicha de maíz que habían llevado. Isondú volvía de la aldea vecina, donde tenía parientes. Venía solo, pensando en una chica que había conocido allí, la única muchacha que estaba seguro de poder querer. Sin duda pronto se casaría con ella, ya se la imaginaba junto a él, con el cuerpo adornado con pinturas y una flor - la orquídea más hermosa que él pudiera encontrar - en su largo pelo negro. Contento y cansado iba por los caminos de la selva, espantándose los mosquitos de tanto en tanto. A él, tan grande y fuerte, se lo veía pqueño al lado de los árboles inmensos. Cuando faltaba poco para llegar a su aldea, empezó a escuchar las risas y los gritos de sus enemigos. Pero no se inquietó, porque era joven, no le tenía miedo a nada y había sido siempre demasiado dichoso como para suponer que se acercaba la desgracia. Cuando escucharon sus pasos, los otros se quedaron callados. De pronto, Isondú tropezó entre unas lianas y cayó en el pozo. Los otros salieron enseguida de sus escondites y empezaron a reírse y a burlarse de él: - ¡Isondú! ¡Isondú! ¡Te cazamos como a un tapir! - A ver, ¿de qué te sirve ahora ser tan valiente? - ¡Isondú! ¡Ahí va un anzuelo para que muerdas! ¿O querés que llamemos a tu mamita para que te salve? Y mientras tanto le tiraban palitos, frutos y unas bolitas de arcilla dura con las que cazaban ratones y los pájaros. Isondú les gritaba: - Pero, ¿qué hacen? ¿qué les pasa? ¿qué les hice yo, cobardes? - Y desde abajo les devolvía los proyectiles. Uno de los agresores le contestó: j- Ya vas a ver si somos cobardes. - Y agarró su maza y le pegó a Isondú en un hombro, en la cabeza, en la espalda... Los demás se envalentonaron y entre insultos hicieron lo propio: el cuerpo de Isondú se fue llenando de cardenales y de sangre, y allí quedó, acallado, caído sobre un costado en el fondo del pozo. En la selva era casi de noche. Los asesinos seguían en el borde de la trampa, paralizados por el miedo. De pronto vieron confusamente que Isondú se movía, que su cuerpo tomaba de a poco la forma de un insecto y que en el lugar de cada herida se encendía una lucecita. Isondú agitó sus alas y salió volando: ya estaba libre. Un momento después centenares de Isondúes se dispersaban en la selva, debajo del techo que forman allí los árboles, los helechos y las lianas, iluminando intermitentemente la noche guaraní. Muchos de estos insectos traspusieron los ríos, dejaron atrás la selva y se perdieron en el campo. En la Argentina, algunos le siguen diciendo "isondúes", otros los llaman "bichos de luz, otros "tuquitos" y otros luciérnagas. En las noches más oscuras vuelan a nuestro alrededor, y, cuando creemos que se han ido, se encienden otra vez unos metros más allá, como estrellas terrenales.

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El Quemadito


Esta leyenda tiene un origen real. En el camino entre Miraflores y Huillapina (Catamarca) se encuentra una cruz en la que se ha colgado un tarrito de hojalata. Todo caminante deposita en él una limosna. En este lugar descansan los restos de un paisano muerto por las huestes de Mariano Acha (adicto a la causa del general Lavalle). Acha acusó al infortunado de ser espía de Facundo Quiroga (que luchaba contra las provincias que obedecían a la Capital) y lo mandó quemar en una hoguera. El quemadito posee poderes mágicos, entre los cuales figura el de encontrar animales perdidos.

Las Brujas


La flor del Ceibo

Antes que los españoles pisaran las tierras que baña el Paraná, vivía allí la tribu de los guaraníes. Estos eran comandados por un cacique cuya hija única no había encontrado todavía hombre para cazarse ya que su fealdad negaba los brazos de cualquier indio de la zona. Pero Tupá la había bendecido con una virtud que compensaba su desdicha, su voz y su canto eran tan bellas que los mismos pájaros de la zona la envidiaban. Su bella voz le valió el nombre de Anahí ( la de la voz de pájaro). Un día hubo un gran revuelo y grandes preparativos entre los indios.
_¿Que pasa?_preguntó Anahí a uno de los guerreros_¿por que vístes las galas de guerrero y afílas las flechas?
_Es que un peligro nuevo nos amenaza. Esta vez no son nuestros habituales enemigos los que nos atacan, sino hombres muy raros, vestidos con trajes brillantes y duros. Además llevan flechas que arrojan fuego. Tu padre no quiere avisar a los niños y las mujeres porque no sabe si son enviados por el genio del mal, o el genio del bien. O si son hombres como nosotros; y si son hombres querrán pelear. Por eso nos ordenó que estuvieramos preparados.
Una vez desembarcados, los españoles instalaron un campamento provisorio. No tardaron los guaraníes en darse cuenta que no eran enviádos infernales o celestiales sino hombres como ellos que querían apropiarles las tierras y usarlos como esclavos.

El cacique, sabiendo que eran mas débiles en cantidad, decidió atacar con valor y coraje, él no queria ser un esclavo de los colonizadores, y esa misma noche, con la sigilosidad que los caracterizaba, guió a los guerreros al combate, que fue largo y sangriento.Toda la noche lucharon los indios por su libertad, y el alba los vió volver derrotados conduciendo los despojos de los que habían caído.
Anahí les salió al encuentro, y al preguntar por su padre, en el silencio de los hombres derrotados descubrió que nunca volvería. Fue enterrado el cacique en las tierras sagradas como es la tradición, y un dulce y armonioso canto, como el que solía escuchar cada mañana, lo acompañó al encuentro con Tupá. Los sobrevivientes del combate se reunieron en asamblea para discutir quien sería el próximo cacique, ya que Anahí era hija única y no se había casado con nadie. Fueron varias las opciones que se dieron: Establecer juegos de supervivencia, combates, alianzas, y muchas cosas mas, pero el tiempo pasaba y cada día desembarcaban mas españoles.Uno de los guerreros levantó la voz y dijo: _Yo sé que muchos de ustedes me van a seguir, que otros me odiarán, pero yo propongo entregarnos a los españoles y ser sus esclavos, nosotros somos fuertes y quisas algun día podremos hacer un trato, al menos viviremos, yo prefiero vivir como esclavo y no morir como un tonto. Anahí al escuchar tales palabras, y al ver que casi todos los sobrevivientes al duro combate lo seguían, se paró en una piedra y alzando su delicada pero potente voz dijo:

_Si!, peleen y tal vez morirán, entréguense y vivirán, al menos un tiempo. Yo lucharé con ustedes, aún mas, haremos un ejercito y atacaremos a los españoles, por que prefiero morir como una valiente guerrera que cambió su vida por la libertad de su pueblo, a vivir sabiendo que podría haber sido libre, pero nunca intenté lograrlo.
Y algún día, cuando nuestros hijos, y cuando los hijos de nuestros hijos nos recuerden, ellos sabrán que los españoles nos pueden quitar la vida, pero jamás nuestra libertad!!

El pueblo indigena, conmovido por las palabras, y convencidos de su fuerza y astucia, decidieron atacar pero de otra manera. Ellos sabian que los españoles no conocian el territorio. Bastaba que un soldado se alejara para que una silenciosa flecha lo atavezara de parte a parte. Hasta los mas pequeños de la tribu los atraían hacia las profundidades del bosque para hacerlos caer en las garras de un animal peligroso.
Pero la temeridad estaba llamada a ser la desgracia de Anahí. Un guerrero le había mostrado cuál era el español que habá dado muerte a su padre, y ella desde ese dí no hacía mas que vigilarlo buscando la ocación precisa para terminar con él. Una noche observó que estaba de centinela , y se llegó muy cautelosamente hasta muy cerca, porque no era una tiradora muy experta. Favorecida por las sombras que la ocultaban, Anahí extendió su arco, una flecha silvó siniestramente y el centinela rodó por el suelo arrojando un grito espantoso. Sin embargo la joven indiecita se había arriesgado demasiado. En un momentolos españoles, que estaban alertas debido a las tantas desapariciones, acudieron en auxilio de su compañero.
Llegado el amanecer, los epañoles prepararon un plan de ataque con la intención de capturar al cacique de la tribu, quien ya se había ganado la fama de los españoles al creer que medía mas de 4 metros de altura y que en sus batallas podía matar cientos de guerreros con tan solo sus manos, que era el hijo de una bestia y que sus garras median mas de dos metros. Atacaron los españoles y grande fue la sorpresa de éstos al ver que el famoso cacique de la tribu no era mas que una joven muchachita que no media mas de 5 pies de altura. Anahí fue apresada y la llevaron a la presencia del jefe español.
_Una mujer que mata como un hombre.¿Sabes lo que te espera por asesinar a un centinela?. Anahí no entendía una palabra de lo que el jefe español decía, pero sí podía presentir lo que le esperaba. _Levadla al bosque,atadla a un árbol y quemadla viva_Sentenció el capitán.La indiecita fue conducida al bosque, donde despues de ser salvajemente abusada, fue sugetada a un arbol y rodeada con haces de leña. Un soldado roció con grasa la madera y arrimó la tea. Débiles lenguas de fuego se propagaron por las ramas junto con un humo negro y sofocante.Y entre el humo y el fuego, la infeliz muchacha quedó oculta a los ojos de los verdugos, quienes en vez de escuchar los gemidos de dolor, sentían que un agradable y tranquilizador canto surgía de la garganta de Anahí; era la misma melodía que había entonado el día del entierro de su padre. Murió como una valiente guerrera de Tupá y sabía que él y su padre los esperarían mas allá del horizonte. Los centinelas estaban a punto de retirarse cuando de repente observaron algo que los dejó pasmados. Las llamas se depegaron del suelo y se elevaron hasta la copa del árbol, llevando a la india envuelta en un manto de fuego. Y , al llegar arriba, se introdujeron entre las ramas con violento chisporroteo. Mudos de terror se habían quedado los españoles . Miraban al pie del árbol y no veían a la joven, miraban a la cima y el espectáculo de aquél fuego que iluminaba las hasta las puntas de de las hojas sin quemarlas, les producía un temor mas grande todavía. Por fin uno acertó a mover la piernas y echó a correr hacia el campamento. los otros lo siguieron en precipitada carrera hasta que el lugar quedó desierto. Mientras tanto, un indio que estaba oculto entre unos matorales, también había visto el prodigio y corrió a contarselo a el brujo de la tribu. _ Es la mano de Tupá _dijo_ que eleva el alma de Anahí para llevarsela consigo. Llévame hacia ese lugar. Como ya amanecía se acercaron cautelosamente para evitar que los oyeran los españoles, que tenían su campamento no lejos de allí. _¡Aquí es! ¡Aquí esta la leña de la hogera! Miraron la copa del árbol. Las llmas no coronaban ya al árbol, que ahora ostentaba orgulloso, su copa cuajada de flores de una clase que nunca nadie habia visto antes. Esta flor no tenía perfume, tenía la forma de las lenguas de la llama que la envolvieron hasta matarla, y era roja como su sangre generosa. Era la flor del ceibo, flor que habita actualmente la zona del litoral, pero que crece en cualquier sitio, y que Argentina la adoptó como flor nacional.

FIN


la luz mala


La Yerba Mate


Una de las versiones de la creación de la Yerba Mate se encuentra en la provincia de Misiones, y se refiere a Caayarí, La abuela de la yerba.
Un día Jesús, acompañado por San Juan y San Pedro,salió a viajar por el mundo, dando por fín en Misiones. En una ocasión llegaron a la casa de un viejecitoque tenia una hija joven,bella y buena, a quien quería tanto que para conservarla siempre feliz e inocente, lejos del mundo y sus pesares,trajo a vivir a un bosque no pisado aun por la planta humana.
El viejecito era tan pobre como hospitalario, asi que, para obsequiar a los viajeros, no vaciló en sacrificar la única gallina que poseía.
Al ver tal acción el señor preguntó a San Juan y San Pedro que harían ellos en su lugar a lo que contestaror que premiarían al viejo por su caridad y buenos sentimientos.
Convino en ello Jesús, y llamando y llamando al buenhombre le dijo: __Tú que eres pobre y has sido generoso; yo te premiaré por ello. ¿Que anhelas?¿Que hay en el mundo que pueda complacerte o darte alegria?
__Señor__contestó humildemente el bondadoso anciano__, poseo una hija a quien amo con delirio; si algo pudiera pedir a Aquél para el cual nada es imposible,pediria para mi hija una dilatada existencia sin penas, odios ni dolores y, para después de la muerte, un recuerdo dulce y cariñoso,impreso en el corazón de cuantos la hubiesen conocido.
__Tu puro y conmovedor deseo__dijo el señor Jesús__se verá satisfecho; no solo haré a tu hija inmortal, si no que le daré tal virtud que será siempre recordada con cariñoso afectopor los hombres de los bosques y de las campañas, a los cuales proporcionará un sabroso y sano regalo.
FIN


Juan B.Ambroseti(De tierra de paz)

La segunda de las leyendas (de origenGuaraní) habla de Yací (luna); ésta, dulce divinidad aborigen, protectora de los buenos, se debe la irrupcion de Caá (Yerba Mate) en tierras Americanas. Yací, que acostumbraba a tomar forma humana de una bella mujer rubia a fin de pasear por la tierra, ambulaba por el bosque, llevando por toda compañia a una Araí (nube) que había encarnado en una blanca doncella.
Yací y Araí ambulaban por los bosques aspirando su aroma placidamente, cuando de pronto, frente a ellas, terrorifico, con las sanguinolentas fauces abiertas y las pupilas fulgentes, apareció un poderoso yaguareté. Ya iba a lanzarse sobre ellas_aunque diosas, al adquirir forma humana habian perdido sus virtudes_cuando derepente una silvante flecha se clavó en un costado del animal.
Bramó éste de dolor y de rabia, y apesar de su herida, que manaba sangre, lanzóse contra quien lo habia herido, un indio ya viejo que se ocultaba tras un grueso tronco, teniendo un arco en una mano, y una aguda flecha en la otra.
Saltó el tigre y lo esquivó el hombre con el proposito de cargarlo de nuevo; pero no dió lugar la fiera que tornó a saltar sobre él; mas hábil el hombre,agachose, y a tiempo que el animal pasaba sobre su cabeza, clavóle el dardo en pleno corazón. Cayó el Yaguareté fulminado.
En tanto, Yací y Araí ya habian tenido tiempo de ponerse a salvo cobrando sus prístinas formas de luna y de nube; y así, cuando el indio salvador buscó a las mujeres, no pudo hallarlas.
desolló al yaguareté y encaramóse contra un árbol porque la noche se acercaba.
Allí en sueños se le aparecieron ambas deidades; le digeron quienes eran,y que en agradecimiento a su buena accion, ellas le habían hecho nacer una nueva planta: Caá, e indicáronle como habría que hacer uso de ella , tostándola, porque era venenosa.
el indio creyó que fuse aquella cosa de sueños, mas al despertar, ya de día, vió en el sitio indicado por las diosas que una nueva planta levantábase en vez de la maraña antigua.

FIN


el pombero
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