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Freno al Islam en Europa. La batalla de Viena, 1683

Info12/9/2011
La Batalla de Kahlenberg, o Segundo Sitio de Viena, tuvo lugar en Viena en 1683.
Los turcos habían asolado ya los Balcanes y toda Hungría.
Ahora asediaban la capital imperial del Sacro Imperio Romano Germánico.




Unos 150.000 soldados turcos, al mando del visir Kara Mustafá, pretendieron conquistar la ciudad como puerta de la islamización de toda la Europa Central. Marcó el comienzo del declive del Imperio otomano en Europa.

Lo inició el gran visir Kara Mustafá, que necesitaba desesperadamente un éxito militar para reforzar su posición inestable.



Esperó lograrlo en una campaña contra el emperador Leopoldo I, que estaba distraído con las amenazas de Luis XIV de Francia.
Los turcos, avanzando con una fuerza abrumadora, habían reunido al mayor ejército musulmán desde los tiempos de Saladino.





Sitiaron la ciudad el 16 de julio, pero su falta de artillería de asedio y la feroz resistencia de la ciudad permitió a Leopoldo pedir al Papa reunir un ejército. Y así fue, el Papa llamó a una cruzada, ésta vez para defender una ciudad cristiana, Viena.

A la llamada acudieron todos los países cristianos de Europa (excepto el propio rey de Francia, al que llamaron «el rey Moro»), bien con tropas, o solo con aportación monetaria (como hizo España).

No obstante, la mayor ayudan lo hicieron los polacos y los alemanes, en ayuda de tropas austríacas. Derrotaron al ejército turco en una batalla librada delante de los muros de la ciudad el 12 de septiembre.





El 12 de septiembre, una coalición de reyes y príncipes de naciones cristianas: Juan III Sobieski (o Jan III Sobieski), rey de Polonia, lideraba la coalición; el margrave Luis Guillermo de Baden-Baden, llamado Türkenlouis (Luis el Turco); el duque Carlos V de Lorena y otros muchos príncipes, generales y ministros alemanes, polacos y austriacos, junto con voluntarios italianos, acudieron a la defensa de la capital Viena del imperio de Leopoldo I.





Por el contrario, Luis XIV de Francia, había apoyado el ataque turco contra el corazón de Europa.

Las tropas cristianas alcanzaban la mitad de los efectivos turcos y no contaban prácticamente con artillería sin embargo, el alto mando turco no consideró a las tropas de socorro, compuestas por polacos y tropas de todo el Imperio como una amenaza, y no ordenó a sus tropas situarse en formación de batalla, algo que costó la cabeza al general otomano pocos días después.

Aprovechando esto, los aliados lanzaron una carga de caballería arrolladora sobre las tropas turcas.





La batalla fue violentísima y breve y en su mayor parte, se desarrolló en el campamento otomano y en las trincheras.
Los otomanos, al no estar en formación no pudieron detener la carga de los aliados. En pocas horas los turcos sufrieron unas 20.000 bajas, huyendo una parte considerable de ellos. Viena no había caído en poder otomano.





Como anecdota cabe decir que los turcos habian cavado unas trincheras por debajo de las murallas que desembocaban en el centro de la ciudad.
Trabajaron de noche para no despertar sospechas, pero desconocían que los panaderos de la ciudad también trabajaban en el horario nocturno, y fueron quienes dieron la señal de alarma. Viena se salvó gracias a sus panaderos, los cuales obtuvieron una recompensa.
Estos a su vez, idearon dos bollos de repostería, uno con el nombre de “emperador”, y otro al que denominaron “croissant” (media luna), como una especie de burla al emblema musulmán turco.





Viena ya había sido librada del asedio turco por Carlos V en 1525.
La Batalla de Lepanto (1571) había detenido el avance turco por el Mediterráneo.
Pero a mediados del siglo XVII, la dinastía de los Köprülü había guerreado contra una cansada Venecia y había penetrado en las extensas regiones del oriente europeo.





Por eso, la Batalla de Kahlenberg supuso un antes y un después en la historia europea.
Se opuso al poder del Imperio otomano, el cual ya no se extendería más.
Poco a poco, Austria, Hungría, Rusia y Polonia irían recuperando sus territorios perdidos.





La derrota le costó a Mustafa su puesto y, finalmente, su vida.
El 25 de diciembre de 1683, Kara Mustafa fue ejecutado en Belgrado -lugar donde se había retirado con su ejercito derrotado- por orden del comandante de los jenízaros, siendo estrangulado con una cuerda de seda (esta era la pena capital que se aplicaba a personajes de alto rango en el imperio Otomano) y su cabeza fue entregada al Sultan Mehmed IV en una bolsa de terciopelo.
Se dice que sus últimas palabras fueron "asegurénse de atar bien el nudo".





Según algunos historiadores, si Viena hubiera sido conquistada en 1683, esto habría supuesto un paso enorme para la posible conquista del resto de Europa por parte de las fuerzas islámicas, aunque con toda seguridad esto sería ya impracticable debido a la abrumadora inferioridad militar y tecnológica del Islam respecto a Europa, la conquista de Viena también podría haber supuesto el acceso del Imperio Otomano a esta tecnología civil y militar.

Para la Iglesia cristiana de la época supuso un importante triunfo.




Conmemoracion de la batalla de Viena en la actualidad en Krakow (Polonia)















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