Día 3 Capitulo 9 El misterio comienza a develarse Eran largos y arduos días los que había llevado y mientras más pensaba en los que se venían, mas me cansaba. A la mañana como es de costumbre me preparé un café con unas tostadas. Claro que esto es ínfimo. Es un detalle nada más. Me puse a pensar que misterio envolvía a estas dos muertes; pensaba en ese Santos que me daba escalofríos. Pero me dije por tan solo un segundo ‘Fernando relájate, ya vas a tener tiempo para resolver el misterio’. Y así fue. Abrí el diario leí algunas noticias, ojeé la sección policiales (solo como pasatiempo). Pasaba las páginas hasta que me detuve en el número cuarenta y cinco. Me llamaba mucho la atención lo que informaba, ya que era mi caso. El titulo enorme y con las letras negras hacía alusión a lo que podía llegar a ser una historia de Jack el Destripador. Al verlo que decía GRAN MISTERIO POR EL DOBLE CRIMEN. LA POLICIA NO TIENE PISTA ALGUNA; francamente me quedé dolido, el caso ya estaba develado, casi cocinado, pero solo me faltaban algunas piezas. En analogía con un rompecabezas era como si supiese que la figura que aparecía representada era un barco –es un mero ejemplo- pero aquellas dos o tres piezas hacían que mi obra flaquee. Además no podía demostrar que yo tenía razón sin esas piezas tan vitales. Cuando ya estaba fuera de casa el celular sonaba como si el llamado fuera urgente. Contesté y sentí que Dios había escuchado mis plegarias. Era la secretaria del comisario anunciando que estaban los resultados de TODOS los análisis que mandé a hacer. Perfecto –dije por dentro- esto es lo que necesitaba así que tomé el primer taxi que vi por la calle y me dirigí hacia la comisaria. Al llegar se vislumbraba un ambiente preocupado, como si el titular del diario hubiese golpeado duro. Es por eso que antes de ir a la oficina del comisario pregunté a algunos el ‘por qué’ de tal preocupación. Con unanimidad me supieron contestar lo que al principio sospechaba, además me agregaron que desde el juzgado estaban presionando para que se termine la investigación, porque si no el acusado iba a ser exonerado por falta de pruebas. Así que después de oír esto fui hasta donde el comisario. Abrí la puerta y lo vi. -Qué tal comisario, vengo por las buenas noticias -Ah! Que tal Fernando, no sé si son tan buenas para mí. Si esto sirve para dilatar las cosas me temo amigo mío que voy a decirle al juez que no hay pruebas contra el hijo de Letterman, ni contra Santos. -Está bien comisario. Le animaría saber que el caso está en su plenitud. Sólo necesito esos resultados y ya concluiré. Le voy a pedir que en dos horas reúna al hijo de Leterrman y a Santos, obviamente participe usted y su ayudante (el que se paró en la silla); los necesitaré de testigos. -Bien Fernando, nos vemos en la sala de reuniones en dos horas, es decir a las 2:00 pm. ¿De acuerdo? -Si comisario, allí estaré. Me fui contento, ya que tenía en mi poder esos resultados que eran las piezas que me faltaban. Los observé detenidamente y, claro, los analicé minuciosamente. No me sorprendió ver que ambas muertes fueron por envenenamiento. Observé los análisis de la sustancia viscosa que hallé en el picaporte y el de los pedacitos de vidrio. A todo esto, y lo que conllevó mis conjeturas, se hacían las 2:00 pm, y el encuentro se hacía próximo. Yo tenía el caso resuelto. -¿Cómo andan señores?-saludé a Santos, el hijo de Letterman, al comisario y a su ayudante tan solo con esa frase englobadora. Como saben –continué- los he citado porque tengo el caso resuelto y debo anticipar que ambas muertes tienen relación entre sí a pesar de que parece que nos estemos enfrentando a un loco al mejor estilo Jack el Destripador. Para empezar quiero decirles que me llamó la atención una sustancia viscosa, mejor dicho irregular; que se hallaba en el picaporte de la puerta de su casa –señale al hijo de Letterman. Realmente me pregunte ¿cuál es el fin de utilizar esta sustancia? Después me di cuenta que la razón es porque no es un fin sino un despiste. Luego me llamaron la atención, en ambas escenas del crimen, unos fragmentos que yo pensaba que eran de vidrio (hasta que hoy me llegaron los análisis y comprendí que no era así). El asesino, así, nos jugó dos bromas intentando despistarnos. Al ver la sangre derramada en el suelo y al supuesto asesino (porque estoy convencido de que no lo fue) con un cuchillo en la mano, todo el mundo pensaría que la señora Letterman fue brutalmente masacrada. Pero hay algo que no tuvieron en cuenta. La sangre estaba derramada uniformemente, por lo que la víctima había sido asesinada horas antes… -Pero que dice Fernando ¡Qué locura es esa! –Interrumpió el comisario- -Déjeme continuar y lo entenderá. Ya que si no, la sangre estaría esparcida de manera irregular y en forma de ‘charco’. El asesino, conocedor del tema, envenenó a la víctima y conservó el cadáver en un ambiente propicio para luego simular que la había matado otra persona con el fin de quedar exonerada. Bien pasemos a la segunda muerte. El señor Joaquín Stefen. Nuevamente el asesino dibuja todo para que creamos que se ha ahorcado, que acabó con su vida porque estaba atormentado. Pero no fue así lo he comprobado con anterioridad. Ya que vi como el cuerpo no tenía rastros de que haya hecho fuerza alguna. Sus manos no estaban tensionadas para nada. Su cuerpo parecía muy laxo, por eso me pregunté ‘¿Si yo me hubiera matado, hubiese hecho esfuerzo alguno?’ Evidentemente sí. Algo que no tuvo en cuenta el verdadero asesino y que pude corroborar con los estudios, otra vez el veneno se hace presente, pero en muy pequeñas dosis; me animaría a decir que, primero primero utilizó un somnífero muy potente, para después envenenar a la víctima y finalmente colgarla para que todo pareciese que tenía su terminación. Es decir, que así nosotros pensaríamos que Joaquín mató a la señora Letterman, y tras haberlo hecho se sintió atormentado y la muerte devino tras esta angustia. Pero no es lo que pensé. Y luego veo OTRA VEZ los fragmentos de vidrio. Aquí el asesino monta otra escena espectacular que casi. Casi me engaña pero no fue así. Señor Letterman usted es el asesino -¡Pero que estupidez dice! –Dijo el hijo de la señora Letterman- Yo no pude hacerlo, le dije que me fui y que llegué al momento del asesinato -Sí pero usted montó la escena como para que apuntemos a otra persona una vez y cuando no le salió, lo intentó de nuevo. Aunque usted es muy inteligente y lo planeó desde un principio. Digo planeó que si la culpabilidad no recaía toda sobre Joaquín usted se las ingenió para que recayera sobre otro desde el principio. -¡Pero qué idioteces dice! ¡Demuestre su loca teoría! Así nos reímos todos porque considero que esto es una broma -Como usted lo prefiera. Si no quiere admitirlo. -¡Le aseguro que no estoy para idioteces! -Cuando detecté la sustancia en el picaporte le pregunté si la había percibido y me dijo que no, pero recuerdo fielmente que usted no utilizó las llaves para abrir la puerta de su casa, en un principio. Ya que usted dijo claramente que su puerta había sido violada. Pero una vez mencionado esto, y reflexionando sobre lo dicho, se dio cuenta de que esto podía causarle, o no, perjuicios. Así que modificó su perspectiva y dijo que usted ‘Nunca tocó la puerta’. La excesiva necesidad por aclarar que nunca lo había hecho fue para dejar entrever que usted no entendía de lo que le estaba hablando. Pero no logró despistarme. Le pregunto ¿usted sabe que es esa sustancia que había en el picaporte? -No… -su cara era de pocos amigos- -Vaselina. ¿Sabe para qué se utiliza, en algunos casos? -Dígame usted que sabe más que yo. -Para los problemas de piel. Pregunto ¿Sabe quién tiene problemas de piel? -No… -Su amigo Santos. El me aclaró que tenía problemas en las piernas, que su piel se caía y que es le molestaba mucho. Pero pregunto otra vez ¿Sabe que eran esos fragmentos que pensaba que eran de vidrio? -Supongo… -Piel amigo mío. Era piel. Usted la utilizó para inculparlo en primera y segunda instancia. -Pero ¿qué sentido tendría matar a alguien que no conozco? -Le pregunto yo ¿qué sentido tiene matar a su madre? Pero voy a ser cortés y contestarle. Usted llevaba una relación con muchas fricciones con su madre. Quiso ocultarme que usted y su madre se llevaban muy mal. Pero usted había mencionado que tuvo una fuerte discusión con su madre. Dicha pelea se produjo por el llamado de un extraño a su casa. Su madre se negó a contarle quien era y usted estalló en cólera. Así de la nada estalló en cólera, sinceramente no conozco mucha gente que lo haga; pero usted si. Debo decirle querido amigo, que ahí tampoco pudo despistarme. Ese llamado era de su padre y usted lo odiaba con toda su alma. Su madre lo había llamado para pedirle algo muy importante que exigía una cita, pero usted se negó a que este hecho se realice y por eso montó en cólera. -Que sagaz investigador. No pensé que fuera tan bueno. -Usted montó además ambas escenas, como ya lo he dicho. Pero todo surgió cuando me pregunté por qué entraría usted justo en el momento del asesinato encontrando al supuesto asesino con un cuchillo en la mano y clamando sorprendido y timorato ‘no quería que lo vieras’. Esa frase fue la que despertó mis sospechas, porque no se trataba de un don nadie como usted lo calificó, sino, de alguien que usted conocía perfectamente. Él, a diferencia de usted, solo tenía referencias de usted; es decir no le conocía la cara, pero él sabía quién podría ser usted. Por su cara de desconcierto entiendo que no estoy tan desfasado, y me remito a decir que Joaquín Stefen era su padre y que no soportó jamás la decisión de él de marcharse y dejarlos prácticamente en la calle. Usted me lo aclaró, él no conocía siquiera su rostro joven Letterman, es por eso que aprovechó la situación para pensar su venganza, fría y calculada. Y ahora pasaré a explicar cómo planeó todo y de qué forma inculparía, primero a Joaquín y más tarde a su propio amigo Santos. Recuerdo que hablé con el jefe de Joaquín quien me dijo claramente que no tenían muchos pedidos por parte de la familia Letterman, es más que ese pedido era excepcional, único. Era para una graduación. Como supo que su madre habló con él, su padre, presionó la tecla ‘re-llamar’ o ‘re-dial’ para conseguir datos sobre el paradero de su desaparecido padre. Cuando oyó que mencionaban el nombre de la empresa donde trabajaba se le encendieron las luces. Ya que como es de saber cuando uno llama a un comercio le atienden diciendo primero el nombre de la empresa y luego preguntan qué es lo que desea. Así usted comenzó a pensar la manera de inculpar a Joaquín. Organizó un pedido falso pero no consideró que este sería extraordinario, y al no haber motivos para festejar, dicha encomienda atrajo mi atención ¿Por qué los Letterman harían un pedido sin ningún tipo de conmemoración que se avecine? Dada la mala relación que tenía con su madre aprovechó esto para asesinarla con un veneno que usted mismo preparó, y que ella lo consumiría. El veneno utilizado fue el sulfato de talio, o veneno para ratas. Claro, usted sabía que era casi imperceptible este tóxico, por eso lo utilizaría. Conservó el cuerpo en perfecto estado, ya que como sabemos los organismos no entran en severa descomposición si se los mantiene en un ambiente propicio. Es por eso que me llamó la atención la extrema rigidez del cuerpo; y de ahí mis reiterativas preguntas: ¿por qué si la muerte fue producida hace instantes, el cuerpo presenta tal dureza?; ¿No debería estar un poco mas tibio? ¿Por qué el cuerpo estaría así, si la policía tardaría apenas veinte minutos? Y cuando investigué un poco más las respuestas iban apareciendo solas. Usted me aclaró que le encantaba la química, un gran conocedor. Así que dilucidé que usted presentaba un gran conocimiento sobre estos temas. Respiré, tomé un vaso de agua. Me rasqué la cabeza y continué con mis deducciones. -Bien no hablen todavía-continué- déjenme terminar. Entonces para que la culpabilidad no recayera en usted plantó pistas falsas por la escena del crimen, tratando de hacernos creer que había sido otro el genio que perpetuó ambos asesinatos. Dejó rastros de piel muy duros que, al principio, confundí con vidrios. Pero como tenía muchas dudas de lo que fuese las mandé a analizar. Luego untó al picaporte con vaselina, producto que usan aquellas personas para alivianar esos problemas de piel. Sabía que su amigo presentaba estos problemas, y entonces lo usó como escudo para su propia reputación. Además, usted, cotejaba que su amigo era un poco extraño que tenía además el síndrome de Tourette y hablaba sandeces en determinados momentos. Entonces, pensó, que nuestras sospechas recaerían más sobre Santos. Pero no fue así. Cuando hablé con él noté que cuando le pregunté cómo pensaba que le quedaría un collar similar al que traía puesto Joaquín se puso muy nervioso, lo noté porque empezó a insultar en demasía; y cuando un Tourette se pone nervioso se exacerba su tic. Supuse, así, que él sabía algo, algo que usted le contó que hizo. El sabía de las muertes y por eso se puso tan nervioso. Además se puso de esa manera en el primer interrogatorio. Pero amigo, se preguntará ¿por qué no sospecho de Santos? La respuesta está en que él, jamás conoció la casa. Por eso cuando hablé con él me cercioré de eso, preguntándole cosas referentes a la casa, que obviamente, no supo contestar. Una vez que mató a su madre se dispuso a concretar su fin primario, matar a su padre al que le tenía un profundo odio. Fue a la casa de Joaquín, lo adormeció, lo envenenó y luego lo colgó. Ya he hecho la comprobación de que fue una escena armada y mal armada diría yo. Entonces colocó, otra vez, el elemento distractor, los fragmentos de piel cerca de la escena del crimen. ¿Dudas o preguntas? Cayó el silencio y el acusado con la cabeza gacha apretaba sus labios con ira. Levantó de a poco la cara, se le dibujaba una frustración indómita. -Tiene razón detective –dijo el hijo de Letterman- siempre odié a esa vieja por ocultarme lo de mi padre, y a mi padre por haberse ido y habernos abandonado. Cuando la escuché hablando con él para pedirle plata no lo pude tolerar y monté en cólera. Así que preparé ambos asesinatos tal cual lo ha descrito. -Sí y todo se vio exacerbado cuando se enteró que su nombre real era Lautaro Stefen. Eso fue lo que le dijo Joaquín que usted omitió. Algo me llamó la atención en esa frase y sabía que faltaba un fragmento. -¡Pero como supo! Cómo ha llegado a descubrir que mi nombre era Lautaro -Simple porque la famosa cadena que había visto en Joaquín. No la imitación que le mostré a Santos, si no la que colgaba del pecho del ahora difunto decía “Lautaro algún día te encontraré”. Parecía tallada a mano, es decir, no se compra en cualquier lado eso. -Entonces, mi madre me ocultaba la verdadera desaparición de mi padre -Así parece, debió investigar más antes de actuar pasionalmente. Ahora ya es tarde. Déjeme decirle como moraleja que no debe guiarse tanto por lo que oye. Las palabras son mentirosas. Su madre debió tener sus motivos para ocultarle la desaparición de su padre. Y con estas palabras Lautaro era llevado a prisión preventiva donde aguardaría unos días hasta que el juicio se inicie. En lo que a mí respecta nunca dudé de mi corazonada; las personas cambian en su juicio, en su perspectiva. Y la respuesta siempre es una sola. Siempre que el asesino se las ingenie para colocar trampas, yo me las ingeniaré para desarmarlas. Pero lo que rescato de todo esto es que siempre, o en general, se elige el camino más corto y, así, ahogar a la verdad. No solo con asesinatos, sino, en muchos matices de la vida. En fin otro caso resuelto; otra verdad que se aúna con la realidad. -F I N-
Capitulo 9 -Fin- El misterio comienza a develarse
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